A propósito de los 100 años del Trabajo Social Latinoamericano, porque no hablar de uno de los tantos debates históricos en el Trabajo Social que, sin lugar a duda, ha sido lo relacionado con los métodos tradicionales para la intervención, como lo son el método de caso, grupo y comunidad. Al menos para Colombia estos han sido los métodos fuertes y de mayor uso no sólo en el ámbito académico, sino que, a la vez, son continuamente referenciados por Trabajadores/as Social en su ejercicio profesional. Entre los años 2003 y 2008 unidades académicas pertenecientes al Consejo Nacional Para la Educación en Trabajo Social (CONETS) propusieron emplear un nuevo método denominado integrado, ello para intentar ‘integrar’ en un solo método caso, grupo y comunidad como si el problema fuera sólo de nombre o de forma.
Son varias las cuestiones de fondo que llevan a las/los Trabajadores Sociales a interpelar los métodos tradicionales. Por una parte, se encuentran argumentos relacionados con que estos métodos segmentan la población, desconectando a los agentes y/o actantes (Raffestin, 2018) de la red de relaciones en la que se mueven y las que, a la vez, inciden en sus condiciones de vulnerabilidad. Al segmentar por grupos humanos o micro escrituras se pierde de vista el mundo (el vasto mundo del que hacemos parte), los nodos y la red de relaciones que han consolidado estos actores y que de alguna u otra forma son perentorios considerarse al momento de analizar la esencia que fundamenta sus problemas sociales.
Por otra parte, se plantea que los métodos tradicionales han sido uno de los aspectos que han ocasionado la intrumentalización del Trabajo Social en Colombia y en Latinoamérica, ya que al centrarse en la gestión de los problemas sociales por individuos o grupos, no sólo desconecta las causas de las consecuencias, sino que a la vez las estrategias de intervención propuestas al no ser pensadas en clave beta del problema, no logran dar respuesta estructural a la cuestión, sino que más bien ofrecen una alternativa al problema que en palabras de Enrique Leff (2004) no es nada más que una disminución de velocidad al navío, pero se continua en la misma dirección que viene reproduciendo el problema. Cuando laque,strategias de intervención están localizadas en una consecuencia concreta, son más de naturaleza estética que de naturaleza transformativa del problema, pues como lo advierte Leff (2004), en vez de sugerir un cambio de ruta, de modelo o de estructura, indirectamente se está ‘sugiriendo’ continuar en el mismo camino, pero disminuyendo la velocidad con la intención de que las consecuencia que se seguirán reproduciendo en tiempo y espacio, sean a partir del momento de la intervención, lo menos evidentes posibles.
Los métodos tradicionales en consecuencia han sido considerados de carácter paliativos, limitados que no abordan ni develan las estructuras que continuamente reproducen los problemas, que hacen énfasis en lo individual, que no corresponden a los contextos sociales y culturales y que no incentivan el empoderamiento de las poblaciones de cara a que sean ellas mismas las que trabajen en la transformación de sus situaciones y reclamo de la justicia social. Quizás sean más las críticas que motivan la disolución de estos métodos, bien sea por vía de la reflexión epistémica o por vía de estudios previos que logran fundamentar la inutilidad de estos métodos para el desarrollo riguroso del Trabajo Social Latinoamericano.
¿Pero si el problema no es el tipo de método, sino más bien la perspectiva y el foco desde los que se han fundamentado para la intervención del trabajo social?, ¿si el problema no es el método, sino más bien la lectura que como profesión / disciplina hemos realizados de los mismos en el marco de la contemporaneidad? Y ¿si realmente estos métodos son necesarios para el Trabajo Social ya que la historia y el contexto actual lo que nos muestran es que son más necesarios que antes?
Como propuesta para intentar comenzar a responder a las interrogantes anteriores (sólo como apertura al debate), sugiero que los métodos tradicionales de intervención del Trabajo Social se mantengan, no sólo como necesidad para nuestro ejercicio, sino como un polo a tierra que nos ha dado desarrollo y fundamentación, así como críticas internas y externas que nos han posibilitado repensarnos, pero en este caso organizarlos desde una perspectiva de los Estudios Territoriales y en especial, desde el concepto de escala. Ya no se trata de individualizar a las personas, ni de segmentar a las comunidades en grupos o demás para desarrollar la intervención, sino que más bien lo que se propone hacer es determinar la escala en la que se ubica el origen del problema, así como las escalas en que este incide y una vez analizado esto, establecer la propuesta de intervención conforme a la escala y no conforme a los actores sociales, pues en la escala se hayan los actores sociales, de hecho, la escala existe en tanto es agenciada por estos.
Existen dos tipos de escala de acuerdo con Jérôme Monnet en Beatriz Nates Cruz (1999), una de las escalas corresponde a la escala de manejo territorial y la otra a la escala de representación. La escala de manejo territorial es aquella que se refiere a la medida geográfica de la correspondencia entre un espacio y su representación cartográfica: “la escala 1/100.000 significa la distancia entre dos puntos en el espacio representado es dividida por 100.000 en el mapa” (1999, p.64). Está escala es la que se representa en el mapa y la que en consecuencia es definida por actores tales como lo gobiernos locales y nacionales. La otra escala también conocida como las cáscaras del ser humano (los territorios sensibles), son aquellas que en palabras de Abraham Moles (1975) se refieren a los diferentes horizontes mediante los cuales el individuo, el actor social y/o agente organizan su relación con el entorno y con el vasto mundo.
Este tipo de escala se configura o se organiza no sólo mediante la relación actor, espacio, actor, sino también mediante una construcción cognitiva que los actores mediante las ideas y los significados van elaborando representaciones de los diferentes espacios geográficos en los que transitan, habitan o desean transitar. No necesariamente el actor debe haber apropiado la escala para hacerla suya, puede integrar múltiples escalas sin la necesidad de apropiación física, pues las va organizando y apropiando simbólicamente a través de la construcción cognitiva elaborada a partir de imágenes y/o discursos de actores que si han habitado esos territorios.
Dicho esto, la escala que nos interesa implementar como fundamentos de los métodos tradicionales del Trabajo Social para su re-definición y/o re-configuración, es la escala de representación (los territorios sensibles); la que depende del manejo, definición y producción de los actores sociales. En este sentido y de acuerdo con Jérôme Monnet (1999) según el tamaño, un territorio puede ser definido por:
• Territorios de la intimidad: una pequeña extensión que abarca el cuarto, la casa y el jardín, en los que podría abordarse al individuo, las familias y las comunidades articuladamente;
• Territorios de la familiaridad: se trata de una extensión mayor mediante trayectorias repetidas, el espacio en una red de usos y hábitos, aquí se hace alusión a la calle, el barrio, la vereda, el pueblo, los campos, las comunas y los parques. En esta escala nuevamente se aborda al individuo, la familia y a las comunidades en un continuo debido a que la vivencia de lo común y de lo cotidiano transita de una escala a otra;
• Territorios de la gobernabilidad: extensión mayor y en donde se hace alusión a la ciudad entera, la región y el país. En este caso se aborda al individuo, la familia y a la comunidad conectado con las diferentes estructuras e instituciones que constituyen al país y que tienen incidencia en la reproducción del problema social;
• Territorios de la alteridad: abarca la extensión del vasto mundo representado en el continente y el planeta. Esta escala se produce mediante el corpus de ideas culturales relacionadas con la globalización y la comunicación masiva. Aquí se aborda al individuo, la familia y la comunidad en clave globalidad situada.
Las escalas de los territorios de gobernabilidad y de alteridad aunque no están al alcance físico ni de los actores sociales ni del/la trabajador/a social, como si lo están las escalas de intimidad y de la familiaridad, son perentorias ya que están centradas en la comprensión e incidencia de las estructuras globales e institucionales en la vida de actores sociales y en su lectura, se hace factible explicar por ejemplo, como el incrementos de los aranceles, es un problema que agudiza las condiciones laborales y sociales de las familias e individuos de alguna región bien sea rural o urbana de Colombia.
Esta propuesta de cimentar la intervención desde el uso y manejo de la escala de representación de los actores sociales fortalece a mi modo de ver, una visión de intervención articulada, situada en redes, sensible a los contextos y a las subjetividades, y es coherente con los principios éticos, políticos y metodológicos del Trabajo Social contemporáneo latinoamericano. Así mismo, es garante de un enfoque centrado en la estructura y no en el individuo; despliega una visión integradora y holística; evita la reproducción continua de las desigualdades a propósito de la intervención paliativa; trabaja en pro de la transformación social en tanto el foco está en la estructura y finalmente, establece modelos de intervención direccionados a intervenir /o abordar directamente la beta del problema.
Referencias
• Leff, E. (2004). Racionalidad ambiental. Reapropiación social de la naturaleza. Siglo veintiuno editores.
• Monnet, J. (1999). Las escalas de la representación y manejo del territorio. En Territorio y cultura. Del campo a la ciudad: últimas tendencias en teoría y método. Compiladora: Beatriz Nates Cruz. Producciones digitales Abya-Yala, Ecuador.
• Moles, A. (1975). La teoría de los objetos. Colección comunicación visual. Gustavo Gili Editorial, Barcelona.
• Raffestin, C. (2018). Territorio, frontera y poder. Icaria espacios críticos editores.
Milton Velásquez Arias
Filiación institucional: Docente ocasional Tiempo Completo Programa de Trabajo Social Tecnológico de Antioquia -IU- (Medellín, Colombia), presidente del Consejo Nacional de Trabajo Social (CNTS), vicepresidente (s) del Consejo Nacional para la Educación en Trabajo Social (CONETS), Colombia
Correo: Milton.velasquez@tdea.edu.co presidencia@cnts.gov.co
