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Resultados electorales: cuando inexorablemente el tiempo pasa la cuenta. Por Luis Osorio Olivares

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Observar resultados como los que se han conocido el día de hoy, se encuentran antecedidos por años de precedencia, según la óptica bajo la cual se miren, podrán ser 50, 33 o 4 años, eso no importa, lo principal es el abandono de la construcción de una sociedad país de sentido humano y la aceptación de una convivencia en un ambiente de transformación postergada e intencionada para que no ocurra, la perpetuación del statu quo.

Hoy se ha dado un paso que resulta incómodo para algunos, al prosperar la voluntad de anular motivado por distintas convicciones, pero en un acto de plena conciencia y sabiduría, con el consiguiente triunfo de la derecha extrema, el cual para los que anularon era totalmente predecible y con justa razón. Ser militante de un partido del ala progresista o de izquierda, dejó de ser garantía de la claridad sobre las transformaciones que el país requiere. Inevitablemente estamos enfrentando las consecuencias de las decisiones que provienen del mundo político, al cual algo les impidió tener una mirada de proyección y saber en lo que se embarcaban al momento en que le dio el vamos al actual proceso constituyente. En apariencia, firmar un cheque pensando que tendrían avales y no midiendo lo que venía.

El espectro que no se ubica en la derecha es una gama tan amplia de pareceres, que apenas logran coexistir entre ellos, siendo ese atributo bastante negativo para llevar adelante procesos de cambios profundos. Levantar una nueva constitución y elegir de manera directa sólo una porción de participantes con un nivel bajo de injerencia en su redacción, es tendencia que hace retroceder en lo que se podría estimar como la existencia de una democracia ficticia.

Sopesar los 33 años, lleva a constituir una trama en que partidos con presencia durante todo ese período y los más nuevos, están diferenciados por grados de responsabilidad según años de existencia y convicción, que en rigor llegan a La Moneda, con un sentido irrefutable carente de unidad. No se aprecian factores de unión, con sectores que vienen desde los inicios de la concertación, manteniendo estructuras diseñadas en dictadura, sin preocuparse de mantener medios de comunicación que apoyaran las expectativas generadas en el término del gobierno cívico militar, incluyendo el no haber liderado un proceso de cambio constitucional materia que era evidente para alcanzar una democracia real; otros sectores de gran convicción que lideraban desde hace años la idea de una nueva constitución, con palabras claras de Asamblea Constituyente y junto al pueblo, optó por un proceso totalmente alejado de esa propuesta acuñada por años; en tanto los que surgen desde los movimientos estudiantiles del 2011, hacen un tránsito pasando por el parlamento y luego llegando al gobierno, sin más posibilidades de levantar como pilares de apoyo a partidos de una responsabilidad clara en lo que determinó haber llegado al estallido social. Ciertamente elementos que no logran encajar unos con otros.

Podrá ser irresponsabilidad, falta de experiencia, pero lo medular de una constitución es que su significado es una visión de sociedad y convivencia en todos los aspectos que atañen al bienestar, miradas de sistemas económicos diferentes, construcción de un espacio social opuesto al actual. Si no se comprende los acontecimientos y la historia de esta manera, llegando a un proceso eleccionario con dos listas oficialistas, la señal es clara no hay visión compartida y se superpone una disputa de poder, con algunos que tienen otra sucursal en la cual atienden necesidades de socios que van en extinción. Desde afuera eso está muy presente y su interpretación, aunque existan discursos que tratan de adornar o distorsionar, es una realidad de consecuencias inevitables. Es la visión miope de no haberse dado cuenta que el país funciona al ritmo de la derecha y sus estrategias, aunque el triunfo hoy fue de los republicanos, los nexos bajo cuerda son fuertes entre derecha extrema y la tradicional.

Los resultados obtenidos, ya no se tratan de un voto de castigo como puede suceder en una elección de otro tipo. Podríamos hablar de un estallido manifestado en las urnas que lleva al país a un momento histórico muy particular y delicado, hay rabias que se manifestaron en las calles y ahora se expresaron en los votos.

Sin embargo, lleva a una claridad de la imposibilidad de cambiar un sistema por dentro como ha sido la opción de los hoy perdedores. Se ha pasado la cuenta a quienes nos gobernaron desde el año 1990 y que aún siguen en competencia seguramente ya por última vez, no haciendo caso de su edad avanzada posicionados en la cumbre de los adultos mayores.

Hay una lección al término de la jornada, que se debe obtener de los que han entregado mucho a lo largo de la vida y no se les han abierto oportunidades, del trabajador de diversas zonas del país en actividades muy variadas y quienes coexistieron 41 años con el sistema de AFP. Hoy se encuentran desilusionados, pero no con el resultado del 4 de septiembre de 2022, sino con la forma de actuar de los que se sienten representantes de la ciudadanía y mandatados para llegar a acuerdos que se alejan de lo que debería ser un país de siglo XXI, el sentido común no funcionó.

El gobierno sin lugar a dudas debe sentir que trabaja mucho para el país, presentando avances, no obstante, éstos no alcanzan a ser transformaciones estructurales. Estamos con 33 años de retraso y un futuro por delante, más la experiencia de cómo no se hacen las cosas, un factor posible, es no haber estado de manera vivencial en períodos que han marcado la historia moderna más reciente del país desde 1973 en adelante.

Estamos lejanos de lo que podríamos haber imaginado después de transcurridos 50 años desde el golpe de estado. Ya no hay que esperar que los responsables y derrotados recapaciten. Es el momento de empezar a construir un Chile muy diferente sin quedarse estancados mirando las elecciones del 2024 y 2025, estamos en un nuevo despertar a largo plazo, ante la imposibilidad de rehacer lo que no se quiso hacer, nos situaron en una reacción ciudadana que no tenía otra forma de expresarse para no caer nuevamente en una postura de obediencia.

Hay que construir espacios donde deben participar muchos, metas claras atendiendo a que todo es posible después de haber dado un paso de liberación, sin violencia de ningún tipo y dejando fuera la que viene desde un estado represivo a partir del cual se formó el Chile actual, las cosas no fueron casuales, sino que planeadas en sus inicios y obedecidas después.

Algunos deben dar un paso al costado y a otros les falta por aprender, por sobre todo desde el paso de la actitud individual a la actitud social. Resulta esperanzador haberse dado cuenta, el trabajo por delante es arduo y debe asumirse con mucha responsabilidad y unidad, las alamedas no se abren solas y muchos menos con quienes en forma hipócrita, se preparan para rendir homenajes en el contexto de los 50 años del golpe de Estado, sin haber homenajeado con hechos concretos a lo largo de su trayectoria política a los que fueran sus compañeros de ideales.

Las generaciones más jóvenes deben ser las llamadas a comprender y reaprender, esta vez no se rodearon de un buen entorno, y en algún tiempo tenían la conciencia plena de la forma en que el país se fue estructurando, pero finalmente no supieron leer de manera adecuada la historia, tal vez por un apresuramiento indebido.

A contar de este momento se debe reorientar el rumbo y fijar el hito cero para un sistema diametralmente opuesto, único camino para la sociedad justa, teniendo cuidado de la forma en que se llevan adelante los procesos, pensar y actuar. Puede ser de mucha amplitud convocar al país a trabajar juntos, pero ello no es posible si el norte no es común por diferencias basales de criterios enraizados en un sistema que se gestó en un clima extremo de atropello a los derechos humanos, donde lo esencial no ha tenido variación.

Lo fundamental de la presente columna, es el internalizar el trabajo con mirada de largo plazo. En lo inmediato vendrá la decisión en el mes de diciembre, de optar por una constitución redactada por la derecha en el siglo XXI o la redactada por la derecha en el siglo XX. Ahí finaliza una parte de la historia, pero lo central es que desde ahora comienzan desafíos no contemplados, en un país que en el hoy se fue armando tal cual es, hay que replantear las esperanzas y sueños.

7 de mayo de 2023

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