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Revolución social en Chile, de Manuel Riesco y Luis Corvalán: un comentario (y una fe de erratas). Por Pablo Aravena Núñez

Este reciente libro es el resultado del Seminario que CENDA realizó a lo largo de 2024 con el título de “La revolución social en Chile en el centenario de Lenin y Recabarren.” Su texto está compuesto por dos partes: una histórica, cuya elaboración ha correspondido a Luis Corvalán Márquez, y otra teórica y sociológica, que fue elaborada por Manuel Riesco.

La tesis central que este último postula en la segunda parte del libro sostiene, entre otras cosas, que “las revoluciones suceden”; que estas resultan de la emergencia de recurrentes ciclos irrupción de la actividad popular en la esfera política, los que, a su vez, constituyen una respuesta a los abusos que el pueblo sufre de parte de las clases dominantes, ciclos que, sin embargo, para triunfar requieren de una dirección política a la altura de las circunstancias, dirección que se encarnaría en la existencia de lo que llama “partido revolucionario del pueblo trabajador”, cuyos rasgos describe. Bajo estos supuestos, que argumenta con mucho detalle, incluso historiográficos, Riesco, junto con caracterizar la crisis de legitimidad que hoy afecta al sistema institucional chileno, define las grandes tareas que se le plantean al próximo ciclo de irrupción de actividad popular en el sistema político, las que consistirían en “terminar con los principales abusos y distorsiones originados el 11 de septiembre de 1973, los que no han sido corregidos sino agravados por los gobiernos democráticos que sucedieron a la dictadura,” abusos que esencialmente son cometidos por un número reducido de grandes grupos económicos nacionales y extranjeros, que Riesco identifica.

En cuanto a la primera parte del libro, elaborada por Luis Corvalán, aborda el estudio del proceso político verificado en el país entre mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado y la segunda década del siglo XXI. La tesis que argumenta sostiene que: 1)a mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado se produjo el agotamiento del modelo de Industrialización por sustitución de Importaciones (ISI), frente a lo cual emergieron tres proyectos globales que se propusieron reemplazarlo. Uno fue el de los grupos del gran capital, representado políticamente por los partidos de la derecha. Otro fue el de la izquierda, apoyado en el movimiento obrero y popular, y el tercero, fue el de la DC, basado en los lineamientos de la Alianza para el Progreso del presidente Kennedy y de la Doctrina Social de la Iglesia; 2) que con la instauración de la dictadura la pugna entre estos tres proyectos globales se resolvió en favor del proyecto del gran capital local (y de las transnacionales).
Tal fue el neoliberal, cuya implementación práctica durante la dictadura se verificó mediante un extremo terrorismo de Estado; y 3) que a la caída de la dictadura, la lucha entre proyectos globales que caracterizaron a los decenios anteriores, no se reanudó, ni en la práctica surgieron proyectos alternativos al neoliberal en curso. En efecto, la DC y la Izquierda histórica, en el marco de grandes cambios mundiales ˗entre ellos el derrumbe de la URSS˗ ahora no sólo dejaron de tener proyecto propio, sino que aliados, pasaron a administrar el de la triunfante oligarquía plutocrática y de las transnacionales, aunque intentando “humanizarlo”. De tal modo se terminó de cerrar el ciclo histórico iniciado a mediados de los años cincuenta.

Hay que decir que, en esta parte del libro, al confeccionar su maqueta se deslizó un error de trascripción que es necesario reparar. El error se produjo en la página 53. En esta, erróneamente, se dice que “… a comienzos de mayo Patricio Aylwin asumió la presidencia del PDC y, a fines del mismo mes, la del Tribunal Constitucional. Presionado por la oposición, se declaró incompetente para pronunciarse sobre los vetos del Ejecutivo al proyecto Hamilton-Fuentealba”. La formulación original, y correcta, del texto decía lo siguiente: “a comienzos de mayo Patricio Aylwin asumió la presidencia del PDC y a fines del mismo mes el Tribunal Constitucional, presionado por la oposición, se declaró incompetente para pronunciarse sobre los vetos del Ejecutivo al proyecto Hamilton-Fuentealba”. Esperamos que el lector del libro comprensivamente tenga en cuenta esta aclaración, en espera de una segunda edición que corrige este y otros detalles, siempre tan caros al rigor del historiador.

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