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"Rito de primavera": ciclo vital del nacer y morir bailando. Por Alex Ibarra Peña

José Vidal es un coreógrafo notable que cuenta con un extendido reconocimiento artístico y profesional. Su aporte a la danza en Chile, tiene que ver con el cómo piensa el movimiento y sin duda con una forma de sentir la danza. Son ya treinta años de trayectoria los que lleva sobre sus hombros los cuales le dotan de una autoridad innegable, parte del efecto de su trabajo ha tenido como fruto un mayor acercamiento con el público, ayudando con esto a la popularización de la danza rescatándola del lugar del especialista sin alejarse de los aspectos rigurosos de la disciplina.

Dentro del programa celebrativo de los quince años del GAM, espacio cultural que es escenario fundamental para la difusión de la danza, era esperable contar con la participación de este coreógrafo. La elección de "Rito de primavera", entrega la posibilidad de poder disfrutar de una fiesta de la danza, cuestión fundamental para las celebraciones.

Antes de la puesta en escena aparece la amable invitación a que hacernos parte de la performance, disponiéndonos a una exploración sensorial con algunas peticiones que requieren de colaboración. Esto hará que la experiencia resulte bastante más próxima, hoy se diría inmersiva, nótese que este trabajo cuenta con más de una década desde su creacíón.

Entrando ya en la escena los cuerpos del elenco aparecen con sus formas insinuadas con tenues colores que van rodeando algunas de sus partes, de vez en cuando destellos de luz revelan los cuerpos desnudos, recordándonos el nacimiento antes de que el vestir cubra nuestra inocencia. Esa sensación prístina recobra la apreciación de la beleza de los cuerpos. Los performance en el escenario son los cuerpos que se van moviéndose acompañados con un canto polifónico que acrecienta la seducción del espectador. La música es una incitación para entregarse al delirio de la danza que donaran los casi cincuenta participantes del elenco.

Un nacimiento al baile que traerá el destino como un padecimiento hasta la muerte. La danza ocupando la existencia total de estos seres humanos que manifiestan que el latido del corazón tiene un ritmo, imagen que sirve para esa comprensión metafísica del cuerpo que es parte de la comprensión existencial que suele aparecer en las obras de Vidal. Ese latido del ser que es parte de la extensión del movimiento de la tierra con esa expresión telúrica que a ratos hace que volvamos a lo tribal, a eso que antecede nuestra forma actual de habitar.

Sentir la danza vibrando desde el escenario por la fuerza de los bailarines hasta nuestros pies, fluir a la danza colectiva como miembros de un cuerpo que se libera desde el inconsciente hacia una percepción más propia de nosotros mismos aceptando la representación performativa aportando un tránsito a la esencia del cuerpo que somos. Tremendo acto de recuperación del movimiento en donde el cuerpo pasa a ser un centro de gravedad al cual se le celebra desde el rito siendo parte de lo sagrado.

Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra

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