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Salud mental, nueva constitución y comunidad. Por Cristina Bianchi

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“Extraordinario, fuera de lo común”.
Ésta es una de las definiciones de locura que encontramos en el diccionario de la RAE.

“Te amo con locura”
“Estoy loca por salir a dar una vuelta”
“Este tipo está loco”
Muchas son las expresiones que utilizamos en nuestro día a día que tienen que ver con la locura.

Sin embargo, todo lo imprevesible nos asusta, porque no sabemos como tratarlo. La mejor forma de superar el miedo es conocer lo que nos intimida. Hay personas que razonan de forma diferente, que tienen problemas, que no se sienten bien, que escuchan voces, que no están conformes con las normas de comportamiento establecidas.

Dicho que cada persona es diferente, hay una biodiversidad que refuerza la identidad de cada sujeto. Ningún hilo de hierba es igual a otro. Todos son similares, pero cada uno es diferente: uno será más alto, uno más bajo, uno crecerá más rápido, otros serán de un verde distinto. La diversidad es aceptada en la naturaleza, no es vista como amenaza, más bien como variedad dentro la cual se manifiesta la vida.

En la sociedad uniformada en la que vivimos, donde todo el mundo se pone en fila para entrar al metro a las ocho de la mañana y a las seis de la tarde y lo ve como normal, cierta divergencia es admitida y hasta se forman canales para que la misma se pueda expresar. Por ejemplo, en los estadios o en algunos festivales está aceptado que las personas se liberen y hagan cosas que tal vez no harían en la vida común. Quién no ha gritado hasta quedar sin voz en un concierto? Quién nunca ha hecho alguna locura en su vida?

Lo difícil es salir de estos espacios, momentos, tiempos reservados a la locura para llevar un poco de anticonformismo en la vida común y corriente. Por ejemplo, vestirse de manera rara en un contexto formal; apagar el celular cuando estás con tu familia; declamar poemas en un cruce. Estas provocaciones nos sacan de nuestra carrera diaria para vivir (o sobrevivir) y regalan una sonrisa o, al menos, dejan unas preguntas.

Más allá de celebrar la diversidad, la locura en este sentido es bien distinta a la peligrosidad que a menudo los medios de comunicación le asocian. Tener algún problema de salud mental no es sólo algo con lo que se nace; puede ser también algo que cada uno de nosotros podría desarrollar si se dieran ciertas condiciones. La constante incertidumbre de trabajo; el sistema educativo que no enseña a enfrentar la vida, sino más bien está dirigido a que encajemos en roles predefinidos por otros; un sistema de salud que no permite concentrarse en la sanación, sino que obliga a concentrarse en donde buscar el dinero para obtener medicamentos: todos estos factores de desestabilización emocional se suman a la crisis actual. Ésta última, largo de ser causada por el coronavirus que como una amenaza mundial de desconocido origen plana sobre la humanidad para acabar con ella, se debe a decisiones improvisadas tomadas en el miedo e intencionadas a la militarización sanitaria y no sanitaria.

El sentimiento de no encajar en el sistema preestablecido es muy fuerte entre los adolescentes que, en su normal desarrollo de la personalidad, carecen en sus vidas de actividades, líderes y grupos saludables que alimenten su crecimiento y se dirigen a fáciles soluciones como tomar desmedidamente y hacer uso de drogas.

Para los trabajadores padres y madres de familia, la sensación de tanto esfuerzo durante años conlleva una profunda depresión cuando ya no saben como alimentar a sus familias o cuando el deseo de futuro parece inalcanzable frente a la urgencia del día a día. Es este mismo futuro que la actual clase chilena de medianos y bajos ingresos ya no vislumbra.

La falta de salud mental es uno de los frutos evidentes del individualismo capitalista que intenciona sustituir con cosas, las relaciones primarias. La elección de la sobriedad como valor para la vida se coloca en total contradicción con el estilo preestablecido por el sistema actual, porque predilige las preguntas sobre la necesidad de adquisición de bienes y servicios (La pregunta: “Es necesario para mi vida?”) en lugar de preguntarse: “Puedo adquirirlo?”. De allí, el reúso, lo sharing y otras formas de generar vecindad basadas en un sentido de comunidad de valores y no de comunidad de consumo.

En estas relaciones de cercanía con la gente, radica la atención al otro, a su salud física y mental, a su situación económica y familiar. El retorno a las comunidades, a los pueblos rurales de parte de una franja de jóvenes-adultos que ya se manifiesta ampliamente en varios países, nos habla de una nueva ruralidad, ya no percibida como la prosecución en el lugar natural por nacimiento, sino más bien cuenta una forma de vida divergente y capaz de recuperar las dinámicas positivas de las comunidades rurales.

La economía local sostenible contra las multinacionales extractivas, el reconocimiento pleno de los pueblos originarios, los derechos de la mujer y de las disidencias sexuales son otros de los factores que están hoy en día en las mesas de diálogo que se han querido ignorar desde una autoridad que desde el comienzo de su mandato no ha representado a la mayoría de los chilenos.

Resumiendo, salud mental, biodiversidad, derechos del welfare, sistema capitalista, nueva constitución, nueva ruralidad: éstos y muchos más son los argumentos que la generación actual está plasmando con sus manos para tejer con nuevos colores el futuro de Chile. Pero para tejer se necesita un telar que funcione y este telar es la Constitución. Por eso, este 25 de Octubre los chilenos y chilenas tendrán la posibilidad de votar por un nuevo telar donde empezar a tejer una nueva época que ya ha empezado en las asambleas, en los cabildos y en los movimientos estudiantiles de todo el país.

12 de septiembre de 2020

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