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Salvador Allende: a 112 años de su nacimiento

CUANDO CONOCÍ A ALLENDE Por Miguel Lawner  

     A fines de 1951, el Partido Socialista resolvió apoyar a Carlos Ibáñez del Campo, en la elección presidencial que tendría lugar el 4 de septiembre de 1952.

     Salvador Allende y un puñado de otros militantes de su Partido rechazaron tal acuerdo y dieron vida al Partido Socialista de Chile, que designó al propio Allende como su candidato a dichas elecciones, en una coalición llamada Frente del Pueblo, que agrupó a otras fuerzas progresistas. 

     La Juventud Socialista en pleno, dirigida por José Tohá, se unió a este nuevo Partido. Acabábamos de ganar las elecciones de la FECH con una colación de Izquierda: FAU (Frente de Avanzada Universitaria), integrada por socialistas, radicales y comunistas, que aún vivíamos en la clandestinidad, porque continuaba vigente la Ley de Defensa de la Democracia, impulsada por el presidente traidor, Gabriel González Videla.

     Allende arrendó una casona colonial de tres patios situada en calle Serrano a pasos de la Alameda, donde se instaló la secretaría general de su campaña.

     Nosotros el lote de militantes de la Jota de Arquitectura, así como compañeras de la Escuela de Artes Aplicadas, asumimos la tarea de confeccionar los afiches de la campaña, dibujados a mano con témpera, en láminas de papel estraza tamaño Mercurio, (80 x 110 cm) conteniendo las consignas fundamentales de la campaña: Derogación de la Ley Maldita,([1]) Reforma Agraria, Tierra para el que la trabaja, Casa para los Sin Casa y otras. Todas las noches, salíamos a pegarlos con engrudo en los muros de la ciudad. Era una faena que nos enorgullecía y competíamos quién los hacía más hermosos.

     Allende los divisó un día, caminando por la calle y solicitó que colgáramos un lote de afiches en la misma secretaría. Fue la primera vez que nos encontramos con él y estábamos muy emocionados. Nos estrechó la mano, cálidamente a cada uno. Por cierto que se fue de beso con Anita y con otras compañeras de Artes Aplicadas. Estábamos tan emocionados. Trasmitía naturalmente entusiasmo y convicciones. Salimos con las energías multiplicadas.

     Se aproximaba el fin de la campaña y el comando organizó la Marcha de la Victoria, días antes de la elección. Un compañero escultor, el cojo Duhalde,([2]), que efectivamente sufría una cojera bastante pronunciada, resolvió hacer una escultura en yeso, que encabezaría nuestra marcha. Concibió una figura en gran tamaño basada en la famosa escultura soviética el Obrero y la koljosiana([3]) con un varón de gran tamaño, marchando brazo en alto.

 

El Obrero y la koljosiana es una estatua de 24,5 m hecha en acero inoxidable por la escultora soviética Vera Mújina, para ser expuesta en la Exposición Universal de París, que tuvo lugar el año 1937.

     Duhalde trajo una rastra, a fin de que pudiéramos conducir la escultura encabezando la marcha. Trabajó día y noche durante muchos días. Lucía espectacular cuando la vimos concluida. El día de la marcha debíamos sacarla más temprano, a fin de llevarla hacia Avenida Matta esquina San Diego donde se iniciaba el desfile.

     Al tratar de sacarla del patio interior de la Secretaría, nos encontramos con la sorpresa que la escultura no cruzaba las puertas, porque el brazo en alto, tenía una altura mayor. Quedamos paralizados. Tras unos instantes en silencio, el cojo Duhalde cogió una sierra y comenzó a amputar el brazo a la altura del hombro. Quedaron colgando algunos alambres, que utilizó para amarrarlo a una altura menor, solución bastante precaria, que no aseguraba su mantenimiento.

     En fin, llegamos al punto convenido y así desfilamos, teniendo que afianzar el brazo varias veces. La marcha se inició en dirección a Vicuña Makenna, donde giramos hacia la Plaza Italia y desde allí por la Alameda hasta la Plaza Bulnes, donde se levantó la tribuna desde la cual Allende nos deslumbró con un discurso espectacular. Fue la primera vez que lo escuchamos hablar en público.

     Al término del acto, debíamos trasladar la escultura de regreso a la secretaría en calle Serrano, donde Duhalde cogió un mazo y la destruyó por completo, en una actitud casi enloquecida.

     Al día siguiente, tuvo lugar la concentración del paco Ibáñez, que concentró miles y miles de personas confluyendo a la misma Plaza Bulnes sin orden alguno, pero copando las calles de toda la ciudad. Quedamos bastante desmoralizados.

     El día 4 de septiembre tuvieron lugar las elecciones, donde pude votar por primera vez en mi vida y además fui electo secretario de mesa en el local de la Séptima Comuna situado en la Escuela Federico Errázuriz, (Hoy República Argentina), donde cursé mis primeros años de preparatoria.

     Terminados los escrutinios, me dirigí a la Secretaría General de Allende, muy concurrida a esa hora, donde comenzaban a conocerse los primeros resultados.

     Los jóvenes nos ubicamos en el patio, próximo a un gran ventanal, en el cual se había ubicado una radio de gran tamaño, que trasmitía las primeras cifras. A medida que avanzaba la hora, los resultados eran cada vez más abrumadores en favor de Carlos Ibáñez, generándonos bastante desazón. Nadie habría la boca, hasta que el propio Allende rompió el silencio diciendo en voz alta: “Compañeros, no preocuparse. Todavía no llegan los resultados de Lota”.

     Efectivamente, Lota fue el único lugar donde triunfó Allende, pero digamos con unos dos mil votos.

     El resultado final otorgó el triunfo a Ibáñez con más de 400.000 votos. Allende obtuvo 52,000, equivalentes al 5% de la votación.

     Sin embargo, ese fue el comienzo de una carrera que culminó con la victoria en septiembre de 1970.

     Participamos con Anita en las cuatro campañas presidenciales y percibimos como nuestro compañero Allende fue creciendo como político y como ser humano. Tuvimos el honor de asumir altas responsabilidades en su gobierno. Miro hacia atrás y califico como un privilegio haber sido partícipe de un momento tan excepcional en la historia de Chile. La obra realizada nos llena de orgullo.

     No hay líder izquierdista del Siglo XX, que haya tenido la vigencia que tiene Allende en el mundo entero. Su ejemplo ilumina hasta el día de hoy los movimientos progresistas en Europa como en América Latina.

     Hoy habría cumplido 102 años. Hace 47 años que nos dejó, pero nos sigue acompañando en todas las causas nobles que libran los pueblos de la tierra por construir una sociedad donde imperen la fraternidad, la justicia y el bien común.

 

Miguel Lawner

26.06.2020.

 

 

 


[1] Así fue como el pueblo bautizó a la Ley de Defensa de la Democracia, que prohibió la existencia del Partido Comunista y el diario El Siglo, descabezó al movimiento sindical, borró de los Registros Electorales a 20.000 personas y exoneró de la Administración Pública a otro tanto.

[2] Duhalde era hijo de Alfredo Duhalde un latifundista de Osorno, militante del Partido Radical, quién asumió como Vicepresidente de la República, el año 1944ª raíz del fallecimiento prematuro del Presidente Juan Antonio Ríos. Duhalde fue quién ordenó disolver una manifestación sindical programada en la Plaza Bulnes, donde fueron masacrados por carabineros, 8 asistentes, entre ellos Ramona Parra, obrera de los Laboratorios Recalcine. Otra hija de Alfredo Duhalde, Margot fue la primera aviadora chilena, quién además, resolvió combatir en la Segunda Guerra Mundial enrolándose en la Royal Air Force de Inglaterra.

[3] Koljos, es el nombre de las granjas colectivas organizadas en la Unión Soviética, tras la victoria de la revolución de Octubre 1917.


ALLENDE SIN PEDESTAL Por Manuel Cabieses

Salvador Allende nació el 26 de junio de 1908, hace 112 años. Pero los años no pasan, está vivo en el alma del pueblo que lo considera uno de sus héroes. Sus críticos lo llamaban “El Pije” porque era muy cuidadoso en el vestir. Eso gustaba a las mujeres y a Allende le gustaban las mujeres. Siempre fue valiente, no solo el 11 de septiembre en La Moneda. En 1952 se batió a duelo con el senador Raúl Rettig. Dispararon a matarse una fría madrugada de agosto. Para el público el motivo fue lavar injurias, para los íntimos fue un lío de faldas.

Sus familiares y amigos lo llamaban “El Chicho”. Luchó toda su vida para ser Presidente de la República. Candidato cuatro veces. La primera en 1952 obtuvo 5,4% de los votos, la nada misma. No se rindió. El mismo acuñó el chiste de la la lápida de su tumba: “Aquí yace el Dr. Salvador Allende, futuro Presidente de Chile”.

Tenía un olfato político extraordinario. En su tercer intento, 1964, todo parecía indicar que triunfaría. A media mañana, en las puertas de un recinto electoral, nos dijo al Negro Jorquera y a mí -eufóricos por el ambiente de victoria que se respiraba-: “No, cabros, vamos a perder otra vez…” Y así fue. Aunque Allende logró 38,92%, lo aventajó el demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva, cabalgando una campaña del terror que le costó (a la CIA) seis millones de dólares.

La tenacidad de Allende era admirable. En 1964 lo acompañé -como redactor político de “El Siglo” - en la elección complementaria de un diputado en Curicó. Detrás de cada candidato estaban Allende, Frei y el radical Julio Durán, apoyado por la derecha. A diario había mítines en pueblo y caseríos de la provincia. En las mañanas Allende salía a recorrer los campos en su vehículo provisto de un altavoz. Donde veía un grupo de campesinos labrando la tierra se detenía y dirigía a ellos: “Compañeros, buenos días, les habla el doctor Salvador Allende….”. Y seguía un breve discurso en tono coloquial sobre reforma agraria, la nacionalización del cobre y otros cambios que necesitaba Chile. La semilla política quedaba sembrada.

La elección complementaria la ganó el candidato socialista. Pero eso motivó que la derecha se volcara a favor de Frei. Corrían ríos de dinero y toneladas de mentiras.

Pero Allende no levantó bandera blanca. Representaba una Izquierda vigorosa con un programa socialista acorde a la realidad del Chile de entonces. Un “socialismo con sabor a empanadas y vino tinto”. La piedra angular: la nacionalización del cobre. En el plano regional la Revolución Cubana iluminaba nuevas esperanzas. En septiembre de 1970 Allende recibió el 36,6% de los votos. La decisión quedó en manos del Congreso Pleno y se tejió una conspiración que permitiría la reelección de Frei después de un gobierno express de Jorge Alessandri. La CIA armó un comando terrorista que en octubre asesinó al comandante en jefe del Ejército, René Schneider. Allende firmó entonces un pacto de garantías democráticas para obtener los votos de la DC. Una camisa de fuerza que luego serviría a la oposición para una sucesión de acusaciones constitucionales contra ministros, intendentes y el propio Presidente Allende, que dio cobertura al golpe de 1973.

Al grupo de amigos de suma confianza de Allende, lo llamaban la “Orden del Baño”. Entre ellos Víctor Pey, Manuel Mandujano, Jaime Faivovich y los periodistas Augusto Olivares y Carlos Jorquera. Los tres últimos mis compañeros en “Punto Final”. A veces Allende participaba en nuestras reuniones en el departamento de Faivovich en Pedro de Valdivia Norte. Allende era valiente en todos los terrenos y arriesgaba todo su capital político cuando lo veía necesario. Lo demostró en 1968: era presidente del Senado y acompañó a Tahiti a Pombo, Urbano y Benigno, los cubanos sobrevivientes de la guerrilla del Che, lo que desató una virulenta campaña en su contra.

Cuando “el doctor” se transformó en el “compañero Presidente” estuve con él en algunas ocasiones. Una vez recibí una invitación a cenar en la casa de calle Tomás Moro. También estaban su hija Beatriz (la Tati) y el novelista Jorge Edwards. Nunca supe para qué me invitó. En su novela “Persona non grata”, la imaginación de Edwards me hace aparecer como un “comisario político” encargado de dar visto bueno a su designación como ministro consejero de la embajada de Chile en La Habana. La verdad es que yo no tenía idea de su nombramiento, por cierto un error de Allende. Otra vez fue cuando estuvimos a punto de ir a una huelga en “Noticias de Ultima Hora”, diario propiedad del PS. Para evitar el escándalo político que significaría, el Presidente Allende nos llamó a la directiva del sindicato a La Moneda. Nos sacó el compromiso de llegar a un acuerdo con la empresa. Lo que no supo fue que no teníamos intención de llegar ir al paro, sólo presionábamos por un arreglo mejor. Otra vez fue en la primera Asamblea de Periodistas de Izquierda, en abril de 1971. Presidí la comisión organizadora y Felidor Contreras, era el secretario. Ambos hicimos los discursos de rigor y luego habló el Presidente. Un discurso que abarcaba las rutas probables de un periodismo libre y democrático, compañero de las luchas del pueblo. Fue una Asamblea histórica: baste decir que la delegación más numerosa era de periodistas de “El Mercurio” y que las deliberaciones las presidió Eliana Cea, redactora política de “La Segunda”.

Bueno, sí, eran otros tiempos. Pero quién asegura que no volverán. Con otros nombres, nuevas ideas y otras propuestas. Pero con el coraje y lealtad al pueblo que tuvieron Salvador Allende y otros héroes de nuestra Izquierda.

MANUEL CABIESES DONOSO


26 DE JUNIO; 112° NATALICIO DEL PRESIDENTE SALVADOR ALLENDE. POR RICARDO KLAPP SANTA CRUZ

“crear una nueva sociedad que asegure a cada familia, a cada hombre o mujer, a cada joven y a cada niño, derechos, seguridades, libertades y esperanzas”
Presidente Salvador Allende Gossens,
Estadio Nacional, 5 de noviembre 1970.

Este 26 de junio, se cumplen 112 años del Natalicio de Salvador Allende. Su legado que trasciende a los partidos de Izquierda, esta domiciliado en el pueblo que anhela transformaciones sociales. Fue un puente y una articulación de unidad, entre democracia y socialismo.

Además, el año 1997, la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) proclamó al 26 de junio, como Día Internacional en Apoyo de las Víctimas de la Tortura, para evitar cualquier forma de tortura o tratos crueles, inhumanos o degradantes, siendo responsabilidad del Estado llevar a cabo las acciones necesarias para ello. El Protocolo Facultativo contra la Tortura, propone la creación de mecanismos nacionales o locales de prevención de la tortura. El 26 de junio de 1970, Salvador Allende, asistió en Puente Alto, a los funerales de los estudiantes asesinados por la represión Claudio Pavez (Liceo Industrial) y Patricio González (liceo Nocturno).

Allende, líder popular, fue Diputado, Ministro de Salud, Senador, Presidente del Senado y elegido Presidente de La República en 1970. Como jefe de Estado, en su programa, puso énfasis en la redención social y económica del pueblo. Sus ideas y consecuencia, dieron origen a su legado emancipador, para construir una sociedad más humana, justa y mejor. Las mentes y corazones del pueblo creyeron y confiaron en él, y en el proyecto liberador inclusivo y popular. Las actuales generaciones de allendistas, luchan por una Constitución democrática, contra el abuso de las AFP, por una salud, educación, viviendas dignas, apoyan al pueblo mapuche y a los derechos humanos, sociales y culturales.

Este año, no realizaremos el tradicional acto público de homenaje, si, imprimiremos un afiche, le haremos un reconocimiento a organismos y compañeras y compañeros e imprimiremos una revista conmemorativa de los 50 años del triunfo del pueblo allendista, que fue la maduración de un proceso acumulativo social y popular y de ideales éticos.

La Unidad Popular, fruto de largos años de lucha, movilización social y popular. Proceso que llevó al triunfo a la Unidad Popular el 4 de septiembre de 1970. La unidad de las fuerzas transformadoras. La unidad se dio de forma amplia, con los Partido Comunista (PC), el Partido Socialista (PS), el Partido Radical, (PR), Movimiento de Acción Popular Unitario (MAPU), la Acción Popular Independiente (API) y el Partido Social Demócrata (SD). Posteriormente, se unió La Izquierda Cristiana (IC).

El Programa Popular, permitió grandes transformaciones, como Nacionalizar el Cobre. La Reforma Agraria, el medio litro de leche para todo niño y niña del país. Promover el florecimiento del muralismo y la cultura como acción importante del desarrollo humano, la educación y la salud para todos, el trabajo digno y creador, los trabajos voluntarios. La cesantía se redujo al 3% y las autoridades públicas no podían ganar más de 20 sueldos vitales. Se construyeron más de 100 mil unidades habitacionales. Se trataba de consolidar un país soberano, solidario, integrado a los países de la región, con el debido respeto a la autodeterminación de los pueblos.

El triunfo popular de 1970, movilizó un enérgico ánimo de rebeldía, de sentimientos compartidos, con una ética de solidaridad humana, de entrega y desprendimientos personales. Había que construir, colectivamente, una primavera de esperanzas y de creatividad emancipadora. Fueron tiempos de pelo largo, los malones, las alpargatas, flacuras y barbas, patillas y boinas, el paltó, el montgomery, los bototos y las ojotas, manta e castilla, teléfono de disco, del tranvía y el trolle, los libros publicados por Quimantú “sol del saber”, el trabajo voluntario. Echar a andar, darle dignidad y protagonismo. La lucha por la verdad, la memoria y la justicia social. Vivíamos la alegría en las calles, entonando “El pueblo unido jamás será vencido” el “…y que fué” y el Himno Venceremos.

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