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Seguiremos protestando: Piñera no abandona su guerra. Por Alex Ibarra

El fracasado Gobierno de Sebastián Piñera, ocupa un lugar protagónico en la crisis del neoliberalismo, que tanto temen los poderes económicos que ven en riesgo sus paraísos fraudulentos generadores de pobreza y provocadores de injusticia. Es evidente que estos son los principales responsables de la instalación de la violencia.

La "guerra" ha continuado sostenidamente hace más de cuatro meses, seguro se prolongará con cierta intensidad en marzo, ya que en el Congreso están en carpetas esperando votación una serie de proyectos de ley que buscan autorizar mayores abusos represivos. Claramente está bélica práctica no tiene nada que ver con la democracia ni con la paz.

El discurso de Piñera es totalmente incongruente, pero esta sentencia no aporta ninguna novedad, es parte de una biografía que ha mostrado la falta de límites éticos en la concentración del capital propia de una clase poderosa que es responsable de la corrupción de la política al interior de los poderes del Estado.

Cualquier presidente que ve fracasado su Gobierno puede entrar en desesperación al sentirse decepcionado. Sin embargo, los que concentran el capital sentirán más fuerte la herida, por lo tanto las reacciones serán más agudas. La confluencia entre política y poder económico es un gran peligro para la democracia. Así se puede entender la no renuncia del Gobierno ni del Congreso a pesar del aumento de la crisis.

Desde aquí surge el llamado que hoy hace Piñera, ofreciendo más condenas, hoy es el turno de condenar a los que no condenan la violencia. La guerra de Piñera es contra todos aquellos que no aceptan los intereses que representa, todo el que no esta de acuerdo, aunque sea la inmensa mayoria, es condenable. Frágil versión de la democracia cautelada por años por los chicos de Chicago y sus cómplices.

La violencia se viene estructurando como sistema sin parar desde el Golpe de Estado cívico-militar que terminó el sueño de un pueblo. Varios políticos han aportado su grano de arena, por eso algunos asustados han pedido perdón aunque siguen declarándose inocentes.

El anhelo de justicia suele ser brutalmente apagado a través de estrategias sistemáticas de aplicación de fuerza que viola los derechos humanos.

Es fácil un discurso vacío condenatorio de la violencia cubierto en la retórica falaciosa en defensa de la "democracia". Con esto se busca instalar mayores garantías para aumentar la violencia del Estado a fin de defender lo que ya no tiene remedio: el capitalismo salvaje. La condena de la violencia que hacen algunos sujetos comprometidos con lo nefasto es contradictoria dado que ofrece aumentar el abuso a las víctimas.

Es complejo el tema de la violencia, sin embargo es lícito recordar la voz de Fanon que en su libro "Los condenados de la tierra" afirmaba que la única violencia legítima es la de las víctimas.

Toda violencia es violencia, pero por ningún motivo se puede justificar cualquier tipo de violencia. Hay violencias que son ilegítimas, que podemos condenar oponiéndonos a ellas. Siguiendo a Arturo Roig podria decir que ésta es la moralidad que contiene la protesta.

Alex Ibarra Peña.
Dr Estudios Americanos.

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