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Semillas mapuche de Magdalena Salazar, por Hans Schuster

Semillas mapuche de Magdalena Salazar, ilustraciones de Raquel Echenique, Ocho Libros Editores, Primera Edición, 2016. Páginas no numeradas.

La noción de semilla, desde una perspectiva filosófica, simboliza el potencial de la vida, el comienzo y la esperanza. Representa la potencia que se convierte en acto, la totalidad de lo que puede llegar a ser algo, conteniendo en sí misma toda la información necesaria para su completo desarrollo. Metafóricamente se utiliza para la propagación de ideas, la continuidad de la vida en diversas especies y la capacidad interior de las personas para desarrollar valores comunitarios y talentos. Su simbolismo principal, está bajo la noción de potencia y acto, siendo la semilla el máximo exponente de este concepto, a modo de ejemplo, ya que en su diminuto tamaño encierra la totalidad de la planta que espera las condiciones adecuadas para manifestarse y llegara a ser árbol. Pero semilla también posee la condición de representar el comienzo y el futuro, representando el inicio de una nueva vida, bajo la idea y principio de expectativas y el futuro latente de un proyecto, una representación, un ser vivo, o el desarrollo de la personalidad humana.

Por otra parte, se entiende la noción de un potencial interior, que se utiliza, nuevamente como metáfora, para considerar y nominar lo viable e intrínseco de los seres humanos, entre ellos los valores, estableciendo la diferencia entre los valores morales y los valores éticos, dado que no son lo mismo, aunque están estrechamente relacionados. La ética corresponde al estudio filosófico sobre la reflexión incluyendo los valores morales, buscando establecer los principios universales para justificar la conducta, en tanto que, la moral se refiere al conjunto de normas, costumbres y valores que una sociedad o grupo, que considera correctos o incorrectos. Por ello se entiende a la ética como la teoría reflexiva, y la moral, en cambio, es considerada como la práctica de las normas y valores utilizados permanentemente en la vida cotidiana.

La semilla, entonces viene a garantizar la perpetuación de la especie, convirtiéndose en un símbolo de la continuidad vital a través de generaciones. No podemos olvidar "Canto para una semilla", cantata del compositor chileno Luis Advis, basada en los textos de Violeta Parra. La obra es un homenaje a la vida y obra de Violeta, organizada a través de una serie de décimas, creando así un relato poético y musical que comparte la personalidad, experiencias y el simbolismo que obra y autor representan. En su estructura, la cantata se compone de secciones que abarcan diferentes etapas de la vida de Violeta, como "La Infancia", "El Amor", "La Denuncia" y "La Muerte". La maestría de Luis Advis consistió en seleccionar, adaptar y organizar los versos de Violeta para construir una narración coherente que busca iluminar los hilos de su vida y su proyección como símbolo de su tiempo. (Sugiero vuelvan a escucharla para revitalizar el espíritu de estos tiempos, en Youtube existen varias versiones), del maestro iquiqueño Luis Advis Vitaglich que combina la poesía de Violeta con la música folclórica chilena, utilizando ritmos e instrumentos tradicionales, pero con armonizaciones y timbres inesperados que vienen a enriquecer la obra, estrenada en 1972 y que ha sido interpretada por artistas como Isabel Parra y el grupo Inti-Illimani.

Desde el punto de vista estético una de las extensiones filosóficas frente a la vida cotidiana y/o espiritual, consiste en entender la obra artística como fundamental para "plantar semillas" de pensamientos positivos, con buenos deseos, o de cultivar el espíritu crítico y aportar a la meditación y la atención en los detalles. La obra de arte es por naturaleza semilla del cosmos. De allí que represente diversos ciclos que conjugan lo bello, lo grotesco u otras formas en que el ser humano se manifiesta y trata de transformar el mundo, siendo el punto de partida el sentido de la obra con sus estructuras, formatos y existencias cada vez más complejas, estableciendo en sí mismas la noción de continente y contenido, la obra no es dicotómica es en sí misma uno y el todo al mismo tiempo. La semilla, al igual que la obra de arte, es el germen de una idea o un concepto que, al ser propagado y cuidado, puede transformarse y dar frutos en otras mentes, de allí cierto grupo de enseñanzas religiosas y parábolas han venido a acompañar el andar humano a través del tiempo.

Sin embargo, vez llegado el siglo XIX con el movimiento romántico, alcanza también el siglo de oro de la literatura infantil. Serán muchos los autores que editarán sus obras con una extraordinaria aceptación entre el público más joven, los cuentos de Hans Christian Andersen, Condesa de Ségur, Wilhelm y Jacob Grimm, Oscar Wilde y Pedro Antonio de Alarcón, Gustavo Adolfo Bécquer, Saturnino Calleja y Fernán Caballero junto a las magníficas novelas como “Alicia en el país de las maravillas” -Lewis Carroll-, “La isla del tesoro” -Robert L. Stevenson-, “El libro de la selva” de Rudyard Kipling, “Pinoccio” -Carlo Collodi-, los folletines de aventuras de Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo...) las novelas de Jules Verne “20.000 leguas de viaje submarino”, “La isla misteriosa”, “De la Tierra a la Luna” o Emilio Salgari con “El corsario negro”, “ Sandokán”; sin olvidar a Jack London; las novelas históricas de Walter Scott, las novelas del oeste de Karl May, las novelas policiacas de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, las novelas góticas o de terror como “Drácula” de Bram Stoker o “Frankenstein o el moderno Prometeo” de Mary Shelley; “Las aventuras de Tom Sawyer” de Mark Twain, entre otras, las que propiciaron un contexto novedoso para la instauración de un nuevo género literario destinado al lector más joven en el siglo XX, donde la producción de Literatura Infantil y Juvenil coexiste con las obras del género adulto, como es el caso de Peter Pan, El Principito, El viento en los sauces, Pippi Calzas largas, los libros de Guillermo de Richmal Crompton, los múltiples libros de Enyd Blyton, los cómics DC o Marvel, los de la Escuela Bruguera o la colección de relatos sobre la familia Mumin de la escritora y artista finlandesa Tove Jansson. En todas las obras mencionadas se destaca una nueva visión que ofrecer al pequeño lector, donde, además de abordar los temas clásicos como las aventuras o el descubrimiento de nuevos mundos, se tratan de la superación de los miedos, la libertad, las aspiraciones, el mundo de los sueños y los deseos, como actos de rebeldía frente al mundo adulto.

“Semillas Mapuche” de Magdalena Salazar, no se queda atrás, en los relatos Ayllin (Ternura. La verdadera luz) Alenkan (Con la cresta iluminada) Lemunantu (Luz de bosque) y Upen (Volar de pájaros), en los textos se descuelgan las historias como si se descolgara el cielo con las ásperas manos de palabras antiguas que vienen derramando sangre hirviendo en la vibración del aire y las pifilcas que también vienen soplando su fogón. De allí la importancia de plantar nuevas ideas junto a la herencia cultural del día a día, y taparle la boca al silencio, un voto más o un voto menos hará la diferencia en como las personas escogerán el futuro, ya mañana en la segunda vuelta, estaremos claros hacia qué lado queda inclinada la balanza y la alegría de unos será la amargura de otros, pero como en todo, florecerán las artes y estará presente la dignidad humana, que despertará una y otra vez en plena calle mientras los corruptos seguirán desfilando por los tribunales, los Hermosillas y los Quintanillas, el guatón del no me contaminen el lago, el coludido empresario del salgan de mi eclipse, la muñeca bielorrusa, el juez del crucero, van a aparecer todas, incluyendo ex alcaldes y alcaldesas, las ex diputadas, las calilas, las mojojojo y la Maiga.

Hans Schuster, escritor.

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