Sentados junto al fuego, relatos mapuche para niños y niñas, Ina kütral anüleyin, Pu epew ñi püchi zomo ka püchi wentxu ngealü, de Jaime Huenún Villa con ilustraciones de René Eduardo Rapimán Marín, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2025. 87 páginas.
Generalmente la literatura infantil es entendida como la producción artística escrita y adaptada para niños y niñas, con textos de diverso género e ilustraciones que buscan captar el interés a través de un lenguaje sencillo, con hermosas diagramaciones y temas universales, cuyo objetivo es proporcionar diversión, desarrollar la imaginación y fomentar la lectura, la comprensión y la formación en valores.
Dicho lo anterior, la literatura infantil también es afinada considerando las etapas de desarrollo, el tipo de entretención que se propone desde lo auditivo en no lectores, con imágenes e ilustraciones que enriquecen la experiencia visual, o bien ante un lector infantil que obtiene placer en la forma en que se abordan los temas relacionados con la identidad, el respeto, la empatía, la superación, la familia y todo aquello que pueda ser concerniente con su entorno próximo, sin perder de vista la finalidad artística y lúdica, con las posibilidades de repetición que le dan esa sensación de tranquilidad y seguridad a los relatos, de allí las frases de: “Había una vez” , "Érase una vez...", "Hace mucho tiempo…", "Cuentan que en un lugar lejano...", o “Cuentan los abuelos…” “En tiempos de Maricastañas…”, “Antiguamente cuando los animales hablaban…”, “Cierta noche, cuando todavía el mundo estaba comenzando a crecer…”, “Érase una vez una hoja de árbol que soñaba con volar…” o bien otros más creativos y absurdos: “Cuando las ranas cantaban dormidas en el baile del charco…”, “Ese día parecía que el sol era un gran queso que se derretía chamuscando las alas de los pájaros, entonces fue que…”. De lo anterior es que a través de la literatura infantil es posible estimular la curiosidad, la creatividad, el desarrollo de pensamiento mágico, es posible ampliar el vocabulario, la reflexión crítica, estimular el análisis y es un gran recurso para la socialización. De allí que relatos bilingües generen una nueva expectación, tanto para niños y niñas hablantes de lenguas indígenas como para monolingües, pero nunca debe faltar la noción de juego y eso incluye las palabras su uso y acompañamiento, la palabra es también música y quien cuenta o canta, puede establecer riquísimos matices para que quien esté al paso del oído pueda acercarse al susurro o a la voz vibrante que nos transporta con sus acentos y tonos, incluso cuando no tenemos esos códigos culturales y lo que escuchamos proviene de otra lengua, hay allí otra inquietante fascinación frente a qué nos quiere decir, o qué nos está diciendo, por ello el tono de voz y el perfume del lenguaje nos acaricia y qué mejor que sea en la primera y en la segunda infancia, allí estamos ansiosos por conocer y acercarnos a la compañía de los relatos que nos ensancharán el mundo.
En las culturas indígenas de América Latina, el fuego tiene un significado multifacético alcanzando desde lo práctico hasta lo espiritual y lo político, junto con ser una herramienta de supervivencia para cocinar los alimentos, iluminar la noche y calentarse, mejorando las condiciones de vida, además de ser considerado un elemento clave en los rituales de purificación, el fuego también se utiliza para comunicar, especialmente a través del humo y marcar transformaciones en los territorios, es además, la creencia de ser un símbolo de la fuerza vital que mantiene el equilibrio del cosmos y la cohesión comunitaria. También es un elemento que permite el manejo del paisaje, la creación de herramientas y, en contextos de guerras o conflicto, es un instrumento de control territorial o resistencia. De allí que también se entienda que el fuego es símbolo de cambio, de purificación y de sacrificio y es también un símbolo mágico, de modo que existe una conexión con lo sagrado, entendida como espacio de comunicación, una conexión entre el mundo de lo humano con el mundo de lo espiritual, permitiendo la conexión con los antepasados y las deidades. El fuego es también purificación y transformación, en especial en los rituales, Quechua, Aymara y Maya el fuego se utiliza para purificar espacios y objetos, y para marcar el carácter sagrado de momentos importantes en las ceremonias, de allí la idea del equilibrio cósmico, porque mantener el fuego encendido asegura la mediación del fuego con el universo, protegiendo así a las comunidades de las fuerzas malignas. Entonces el fuego es el centro de la vida comunitaria mapuche, y al interior de la ruka reúne a la familia para compartir historias, entrelazar y crear nuevos conocimientos que vienen a fortalecer la identidad colectiva. El fuego es el maestro de la memoria que ilumina las relaciones sociales y organiza la vida comunitaria, señalando la presencia y las marcas de territorio, no por nada la quema de los tres camiones históricos de Lumaco vienen a responder a la represa hidroeléctrica de Ralco (1997- Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle) que autoriza a ENDESA para inundar cementerios, bosques, montículos y grandes peñas ceremoniales transformando el legado de las tierras milenarias. Lumaco, hasta el día de hoy es un ejemplo de que el fuego tiene un significado político y de poder territorial, y a ratos el gobierno de turno intenta apagar el fuego con bencina, al no reconocer la plurinacionalidad que se configura en el Estado de Chile.
Desde la filosofía occidental ya contamos con la Alegoría de la Caverna de Platón, en donde el fuego proyecta en el muro imágenes de lo que el hombre encadenado sólo ve en tanto reflejo, pero cuando corta sus cadenas puede enfrentarse a lo real, allí la imagen ya no es lo difuso de la idea de las cosas, sino que son las cosas mismas las que dan a la mente la idea para construir los significados, el fuego es el símbolo de la transformación, la purificación, la energía y la pasión, representando la constante evolución de la materia y el espíritu, la destrucción de lo antiguo para dar paso a lo nuevo. La naturaleza del fuego es dual, así como ilumina, destruye, simbolizando tanto la creación como la destrucción, la pasión espiritual como el castigo de las pasiones desenfrenadas. Para Heráclito, el fuego es la primera materia y fuerza, el elemento que se transforma en todo lo demás (agua, tierra) y que a su vez se transforma a sí mismo. Es el principio del cambio constante y la naturaleza del universo. En muchas tradiciones culturales, el fuego es un símbolo de lo divino, una fuerza que revela los secretos del cosmos y que guía al ser humano en su camino espiritual, los pasos hacia la autoconciencia que permite alcanzar niveles superiores de entendimiento. Pero el fuego ahora, en estos días tiene atrapada a Europa, los grandes incendios de España recuerdan no sólo el calentamiento global, sino el fastidio con que los gobernantes proyectan el futuro, cuestión que hoy por hoy se echa de menos, no sólo en Gaza y la muerte por hambruna con bombas y morteros destrozando niños y niñas mientras buscan refugio y no hay misericordia, sólo gritos de horror cuyos ecos llegan a Ucrania y a Rusia, mientras por ahora Jaime Huenún nos presenta su nuevo libro el día 4 de septiembre en Carmen 340, salón Silva Henríquez, con la presencia de docentes y alumnos de la Carrera de Educación Básica de la Universidad Católica Silva Henríquez, con la presentación de Carola Vesely junto a la cuentacuentos mapuche Rayén Alcapán. Y la invitación a acompañar al autor desde la junta de vecinos Blas Cañas y La Radio Comunitaria Santa Isabel. El texto contempla seis relatos (Pu epew) bilingües, con una presentación del autor, que nos lleva a recorrer historias de “muchas lunas atrás” para que la imaginación en el momento preciso, también, se ilumine.
Hans Schuster, Escritor.
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