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Septiembre de 1973, antes del golpe de Estado civil militar. Por Enrique Villanueva M.

Durante la primera semana de septiembre la tensión que se vivía en el país era inmensa, en las calles, en los hogares, en las fábricas, en los centros de estudio y también en las FF.AA, las contradicciones políticas, sociales y la conspiración organizada, hacia rato que había penetrado los cuarteles, los militares a esas alturas ya eran protagonistas del proceso político. Sin embargo y hasta el final, el presidente Allende y los dirigentes del gobierno de la Unidad Popular estaban convencidos que las Fuerzas Armadas, sus mandos institucionales cumplirían su rol y en consecuencia al servicio de los intereses superiores de la nación, manteniéndose al margen del acontecer político como instituciones profesionales, apolíticas, obedientes y no deliberantes, con una organización jerárquica basado en los principios de disciplina y obediencia.

Fiel a sus convicciones involucró a los Comandantes en Jefe de las FF.AA y otros oficiales en el gobierno, para intentar controlar la situación política y social que se vivía en el país, en agosto de 1973 , pero en la práctica su estrategia fue permanentemente impugnada por los oficiales comprometidos, desde antes que Allende asumiera el mando de la nación en 1970, electo por voto democrático y popular, con el movimiento de extrema derecha Patria y Libertad. Tal como se demostró con el asesinato del Jefe del ejército, el general Rene Schneider en octubre de 1970, con el intento de golpe de estado a través del levantamiento insurreccional del regimiento blindados de Santiago y con el asesinato del edecán del presidente de la república, el Capitán de Navío, Arturo Araya, en julio de 1973, oficiales de las FF.AA y de carabineros estuvieron directamente involucrados en la planificación y ejecución de estas acciones terroristas.

En la Fuerza Aérea los oficiales al mando de la institución y tambien nosotros que estábamos en los rangos más bajos, sabíamos de los vínculos de oficiales y en menor medida de suboficiales con Patria y Libertad, de su participación en la planificación de atentados en contra del gobierno, entre ellas, la voladura de torres de alta tensión, la destrucción de oleoductos y cortes de caminos, hechos que fueron reiteradamente denunciados a las autoridades de gobierno. En este contexto, fueron tres años durante los cuales quienes habíamos decidido mantenernos leales al Presidente de la Republica y al gobierno de la Unidad popular observábamos como la subversión ganaba terreno, como lo denunciaron militares leales al gobierno en el ejército, en la armada y en carabineros , sin que de parte del gobierno y de los mandos de las FF.AA, surgiera una mano fuerte que sancionara todos estos comprobados intentos sediciosos.

No sé cuál de todas las acciones y crímenes cometidos por la derecha y en los cuales estuvieron directamente involucrados oficiales de las FF.AA, durante el gobierno de Allende es el más abominable, pero el crimen del General Schneider, el asesinato del jefe del ejército producto de un complot en el cual estuvieron involucrados generales y otros oficiales, asociados con un gobierno extranjero, no solo demostraba hasta donde eran capaces de llegar, sino que, señalaba que habían militares que estaban dispuestos a quebrar la institucionalidad democrática y de eliminar lo que ellos por convicción doctrinaria identificaron como “el peligro comunista” que amenazaba a la nación. Por esta razón impedir que Allende ocupara la presidencia de la república en 1970 luego de ser elegido democráticamente, se convirtió rápidamente en el primer objetivo de los conspiradores en el ejército, un objetivo compartido con el gobierno de Estados Unidos de la época, lo que se demuestra en los papeles desclasificados de la CIA, en la preocupación del presidente Richard Nixon por el peligro que representaba Allende, para los intereses imperialistas en Chile y en el continente, si este asumía el gobierno y se consolidaba: “Si [Allende] puede demostrar que puede establecer una política marxista antiamericana, otros harán lo mismo”, expresó el presidente estadounidense. Kissinger estuvo de acuerdo: “Tendrá efecto incluso en Europa. No solo en América Latina”.

Así entonces el objetivo de neutralizar a Salvador Allende fue asumido como propio por parte de la oficialidad en las FF.AA identificando en el presidente electo y a su gobierno, como el peligro comunista que por su formación doctrinaria militar debían combatir, en particular los generales chilenos y oficiales quienes en esa década ocupaban los cargos de mayor responsabilidad en las FF.AA de Chile, formados desde los años 50 en la Doctrina de Seguridad Nacional. Una doctrina creada por Estados Unidos para impulsar la lucha anticomunista en todo el continente y contener, con la intervención de los militares, el ascenso de los movimientos nacionalistas, revolucionarios y anticapitalistas, que, en su conjunto, amenazaban el establishment norteamericano, en particular después del triunfo de la revolución socialista en Cuba.

Para Estados Unidos el primer paso entonces fue impedir que un presidente elegido democráticamente por los chilenos y chilenas asumiera su cargo para gobernar y si este lograba superar este obstáculo, el segundo paso era digitar o manipular su derrocamiento, lo que se constituye en el origen del complot que terminó con la vida del Comandante en Jefe del ejército. El general Schneider era públicamente reconocido por la lealtad a sus principios, a la constitución y era contrario a una intentona golpista, el asesinato organizado por oficiales de las FF.AA de Chile y de Carabineros, junto a patria y libertad, fue el pretexto para intentar provocar una insurrección en el ejército y frenar así, o dejar sin efecto, la investidura de Allende como presidente de Chile en octubre de 1970.

El crimen del jefe del ejército fue también una demostración de que al menos una parte de los generales y oficiales ubicados en los altos mandos dejaron hacer, porque algunos de ellos estaban comprometidos con lo que estaba sucediendo, estos no cumplieron con su deber militar al mando de instituciones jerarquizadas en donde opera la verticalidad del mando y en las cuales una orden desde la cúspide del mando significaba en ese momento enjuiciar y separar de las filas a los sediciosos. Lo demuestra también el hecho que la investigación del crimen del general Schneider, no fue conocida en su totalidad por la opinión pública chilena, porque se impidió dar a conocer la trama que se escondía tras el asesinato, al final se sanciono con penas irrisorias a los generales involucrados y que no podían ocultar su participación, pero quienes en rangos inferiores participaron en este complot criminal nunca fueron investigados.

El complot fracasó y Allende se hizo presidente pero la conspiración en el interior de los cuarteles del ejército, de la Fuerza Aérea, de la marina y en Carabineros se continuó organizando y consolidando, sin que los mandos institucionales jerárquicamente al mando de la institución hicieran lo que debieron hacer para detenerla. Lo que quedó demostrado en junio de 1972, fecha en la que se produce “el Tanquetazo”, oportunidad en la que el coronel de ejercito Roberto Souper, del regimiento Blindado 2, atacó La Moneda y el Ministerio de Defensa en un intento de los militares para remover al gobierno de Salvador Allende en complicidad con el movimiento terrorista Patria y Libertad.

Ese día en la Fuerza Aérea, el 29 de junio, fecha de la sublevación del coronel Roberto Souper, la FACH nos acuarteló y en la base aérea de El Bosque varios oficiales exigieron que se apoyara a los alzados, en esa oportunidad algunos oficiales llegaron a proponer que se bombardearan los cordones industriales. El Tanquetazo dejo en evidencia a los golpistas, en la Fach uno de los oficiales que destacaba, en la base aérea de El bosque, era Carlos Ottone Mestre, quien en oportunidad del levantamiento movilizó al personal con afirmaciones de que la Base estaba a punto de ser atacada por extremistas de izquierda. Así también sucedió en la Base aeronaval de El Belloto, oficiales de la marina encabezados por el jefe de la base, capitán de fragata Vásquez, discutían abiertamente sobre la necesidad de apoyar el golpe del coronel Souper, sin embargo no hay evidencia que algunos de estos oficiales hubieran sido sancionados o separados de las filas al menos por sus faltas a los deberes militares.

Luego de ese atentado en contra del gobierno, la sedición en las FF.AA cobro una nueva víctima, el Capitán de Navío Arturo Araya asesinado el 27 de julio de 1973 por un comando de ultraderecha, un complot que fue organizado y realizado con oficiales de las FF.AA, su objetivo era crear divisiones en las filas y desatar una persecución en contra de la izquierda a quienes los medios de prensa señalaron como los autores del asesinato. En suma las graves faltas que cometieron los oficiales y suboficiales involucrados en actos de sedición durante los tres años del gobierno de Allende, violentando los reglamentos institucionales y faltando a los deberes militares no tuvo la sanción debida, estos actuaron siempre protegidos por la oposición de ultraderecha y demócrata cristiana, sintiéndose ademas, amparados y financiados por el gobierno de Estados Unidos para cometer sus fechorías.

En el interior de los cuarteles, en la Fuerza Aérea las consecuencias del levantamiento militar de junio y la falta de reacción del gobierno para desarticular las redes golpistas genero también preocupación y desanimo, particularmente entre quienes a esas alturas habíamos denunciado repetidamente la sedición y que estábamos dispuestos a defender el gobierno popular. Sin una respuesta del gobierno con el intento insurreccional militar del Tanquetazo y con el asesinato del edecán del presidente Allende, la oposición al gobierno de la Unidad Popular paso a la ofensiva iniciando una nueva etapa de coordinaciones para prepararse en todos los terrenos para dar un golpe definitivo.

En septiembre de 1973 el foco principal de la oposición estaba centrado en denunciar al gobierno y a la izquierda de “estar preparando una insurrección” “amparando la formación de un ejército paralelo”, denuncias a las cuales el Partido Nacional ( Jarpa) Patricio Aylwin y Eduardo Frei se pusieron a la vanguardia, en una entrevista en octubre de 1973 Frei declaraba que “El marxismo, con conocimiento y aprobación de Salvador Allende, había introducido en Chile innumerables arsenales, que se guardaban en viviendas, oficinas, fábricas, almacenes. El mundo no sabe que el marxismo chileno disponía de un armamento superior en número y calidad al del Ejército; un armamento para más de treinta mil hombres, y el Ejército chileno no pasa de esa cifra”.

Mentiras como estas, organizadas por la oposición civil y militar a Salvador Allende, son las que apoyaron y provocaron la organización del golpe de estado, falsedades lanzadas permanentemente durante tres años a través de los medios de prensa de la época, mentiras en la que están implicados políticos, empresarios entre otros, que hoy después de cincuenta años aún se protegen en la impunidad. La verdad de lo sucedido indica que el derrocamiento violento del gobierno de la Unidad Popular fue el producto de planes y acciones, que se desarrollaron durante tres años por la derecha chilena ( partido Nacional y el movimiento terrorista Patria y Libertad) por la Democracia Cristiana, los colegios profesionales, la elite empresarial chilena y el gobierno de Estados Unidos de la época.

Entre muchos, hubo un hecho que los generales y la oficialidad golpista en las FF.AA en medio del clima de mentiras y de incertidumbre, en los meses previos al golpe, utilizaron para sacar a las FF.AA a la calle con la excusa que “el pueblo estaba armado y que tenia armas para enfrentar a las FF.AA”, lo hicieron a través de la implementación de la Ley de Control de Armas, planificando acciones que permitían probar a las tropas en acciones de represión reales. Lo que buscaban con esta arremetida era demostrar que los obreros de los cordones industriales y los pobladores estaban armados, amedrentar a la población y como lo supimos de inmediato, dar un mensaje a quienes éramos leales al gobierno de Salvador Allende, el objetivo era detectar dentro de las FFAA a los oficiales y suboficiales que se demostraran contrarios a la realización de dichas operaciones.

En esa oportunidad fuimos testigos directos de esta trama, cuando un contingente de alrededor de doscientos soldados de la Fuerza Aérea, con apoyo de tres helicópteros, cuatro camiones de transporte, dos buses, dos furgones e iluminándose con bengalas disparadas desde los helicópteros, allanaron el Cementerio Metropolitano y posteriormente la empresa Cobre Cerrillos. Horas antes, soldados de la Armada habían hecho lo mismo en un allanamiento de las oficinas de DINAC, en Valparaíso. Días antes la marina irrumpió en un liceo de hombres, con tal rudeza, que posteriormente, los altos mandos ofrecieron disculpas al director.

El allanamiento de la industria de Cobre Cerrillos fue realizado por efectivos de la Fach de los Grupos 10 y 7 después de acoger una denuncia que nunca tuvo remitente, sin embargo allí llegaron a la empresa disparando y encañonando a los trabajadores, destruyendo instrumental tecnológico y materia prima vital para la industria, al final nunca aparecieron las armas que buscaban pero dejaron en claro lo que venia en las semanas siguientes, el golpe de Estado civil militar del 11 de septiembre.

Así se gestó y se realizó la traición del generalato y parte de la oficialidad castrense a su juramento, a su historia y a la confianza genuina que Allende deposito en los militares chilenos, entendiendo que las FF.AA debían ser parte del proceso de cambios que la mayoría trabajadora, de jóvenes con sueños de futuro, buscábamos y apoyábamos para nuestro país. En un discurso en ocasión del acto de entrega de la Condecoración Presidente de la República y de la espada O’Higgins a nuevos generales en marzo de 1971, Salvador Allende les dijo “ Vais a recibir las espadas que simbólicamente representan todo un pasado, un presente, un futuro para el pueblo y para Chile. En esta espada están grabadas, con la vida de los que antes los precedieron en el camino de las armas, el lema ennoblecedor que ellas tienen: “No me saques sin razón, ni me envaines sin honor”. AL final no solo desenvainaron sus espadas sin honor, sino que, volcaron sus armas cobardemente en contra del pueblo.

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