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Shakespeare clausurado. Por Felipe De La Parra Vial

¿Quién estrenará en las próximas décadas a Romeo y Julieta de Shakespeare, en versión de Neruda? ¿Quién denunciará al Avaro de Moliere? ¿Quién descifrará las claves de la Cantante Calva de Ionesco? ¿O cantará el “Moritat” de la Opera de los tres centavos de Brecht? ¿Qué será de las dramaturgas chilenas Nona Fernández o de Manuela Oyarzún, en el futuro?... Ni hablar de Isidora Aguirre que nunca “ganó” un Fondart. ¿Seguirá Pirandello y sus personajes en busca de autor? ¿Estarán ya los hechos consumados para las tablas chilenas como predijo Juan Radrigán?

En el Chile hoy nadie lo puede saber. El Teatro Nacional Chileno proveniente del Teatro Experimental de la Universidad de Chile, que cumplió este 22 de junio 79 años, no lo puede responder. El Estado, los gobiernos y la propia Universidad lo han abandonado. La metáfora de esta clausura es que sus butacas en la sala Antonio Varas son las mismas desde su apertura en 1954 -¡hace 66 años!- y no tiene elencos estables de directores y de actrices y actores. Solo hay un grupo de abnegados profesionales, trabajadores y técnicos que han hecho maravillas en los últimos 47 años para mantenerlo en pie con dignidad y excelencia artística, hoy con el talentoso director Christian Keim.

Nadie se podría imaginar que la Orquesta Sinfónica suspendiera y dejara afuera las grandes sinfonías y obras de Beethoven, Mahler, Mozart, Bach, o del concierto para Fagot “Tierra Sagrada” del chileno Nelson Vinot…porque no hay presupuesto. Y lo mismo con el talentoso elenco del Ballet Nacional, Banch, del recordado Ernest Uthoff. Ni en broma.

El Teatro Nacional Chileno necesita recuperar su sitial fundador, porque nació del Estado y de todos los chilenos. Desde esa historia nacieron los otros teatros universitarios y el movimiento teatral chileno que hoy se extiende por más de 200 elencos y más de 400 salas en todo el país. La casa matriz, sin embargo, se las tiene que arreglar con lo que se puede.

Las generaciones que crecimos viendo el mejor teatro del mundo y de los dramaturgos chilenos en el Antonio Varas, tendremos que transformarnos en “los hombres libros” para contar esa historia como en el libro “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, antes que quemen la memoria de los clásicos.

El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio debe asegurar esos ingresos que alcanzan a $1.500 millones al año para recuperar el principal espacio para el teatro en Chile. El Teatro Nacional Chileno, el Teatro de Chile, debe tener cuerpos estables para hacer temporadas con el mejor teatro del mundo y del país, a precios muy bajos, como fue su tradición. Es tiempo que vuelvan al Teatro Antonio Varas los estudiantes como lo fue hasta los inicios de los 70. Las nuevas generaciones se lo merecen.

Esos fondos existen en el presupuesto del ministerio, es cosa de voluntad política. Si no los usan, los ejecutan, solo los perderán.

Quién debe estrenar a los clásicos es el teatro de todos los chilenos.

No pierdo la esperanza que algún día vuelva Shakespeare en el sueño de una noche de verano y el Estado entienda que es responsable que sigamos sufriendo una pandemia de ignorancia y olvido.

Felipe De La Parra Vial
Director de Entrama Cultural

Reunión, en 1941, con el rector de la Universidad de Chile, Juvenal Hernández, en la que se formalizó el Teatro Experimental en la Universidad de Chile.

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