Hace unas semanas algunos medios hacían eco sobre la situación de la Dra. Sonia Kabana, a quien se le imputaba supuestamente haber recibido un "millonario sueldo" durante parte del año 2024. Ante una noticia así, la gente que no esté enterada del funcionamiento de la Academia ni del sistema universitario en general, encontraba motivo de indignación e injusticia ante lo que leía, y más cuando los mismos medios trataban de propiciar, a través de la forma en que la noticia era publicada, una espuria comparación con al caso de Marcela Cubillos.
En ese contexto, tuve de inmediato el deseo de publicar esta columna, sin embargo opté por esperar a que transcurriese el suficiente tiempo, porque a lo que apuntaré es a una discusión estructural. Por tanto, la coyuntura es sencillamente una buena y propicia manera de ingresar a aquello que me interesa analizar, pero no será el núcleo central de la discusión. Por lo demás, considerando que estamos en pleno período previo a las elecciones presidenciales, reflexionar en torno a la educación se torna hoy políticamente más central que nunca.
Pensar en torno a la universidad hoy día significa lidiar con un sentido común que aún expresa dentro de él la destrucción del tejido social realizado por la dictadura. Para el caso específico de la Educación Superior, podemos ubicar el momento de inicio del desmoronamiento de los núcleos a partir de los que se había construido lo público y lo común, en la reforma del año 1980, con la que empezó a desdibujarse la relación entre la Educación y lo público. Aquel fue el estilete con el cual se comenzó a desangrar el cuerpo republicano de la nación y que, luego de décadas de continuas reformas y destrucción casi ininterrumpida de lo público, condensa sus resultados en la escena de un expresidente afirmando que "la educación es un bien de consumo". Estas palabras claramente no son la expresión de un sujeto en su particularidad, sino que son la consecuencia directa de la destrucción del tejido social del campo popular: es la apertura a la normalización que sustenta la privatización de la vida en todas sus esferas.
En este camino explicativo, una primera puntualización que se debe realizar es aclarar la función de la Educación Superior, y es que en este punto nuevamente el sentido común neoliberal ha terminado por limitar y achatar el entendimiento de lo que debería ser esta, confinando y equiparando su rol y significado a la simple "formación de capital humano". Esto, en términos concretos, para las personas termina viéndose traducido en la afirmación de que el rol de la universidad sería primordialmente el relativo a la formación de pregrado.
Es la confluencia de esto, sumado a las hondas privatizaciones de las diversas esferas de la sociedad, lo que ha dado como resultado el tener un sistema de educación superior donde existen algunas instituciones universitarias que han llegado a funcionar casi como una "fábrica de diplomas", en las que, además, la maximización de sus ganancias ha tenido como contrapartida la precarización absoluta de los docentes que enseña en ellas, generando el fenómeno que ha sido conceptualizado como "profesores taxis", y que no es otra cosa que profesores que, en un contexto de gigantesca precarización laboral, se ven sojuzgados a tener que trabajar simultáneamente en múltiples instituciones para completar las suficientes horas en la consecución de obtener un salario digno.
Entonces, retomando el hilo: contrario a lo que trata de afirmar la monserga neoliberal, la universidad históricamente no solo se ha dedicado a "formar capital humano", sino que sus funciones han sido muchísimo más complejas y amplias. Estas múltiples funciones pueden agruparse en tres grandes áreas: 1. formación, tanto de pregrado como de postgrado, 2. producción científica y académica, 3. vinculación institucional entre la producción científica y la sociedad.
Este agrupamiento por áreas de sus funciones puede verse refrendado en documentos como la "Declaración Mundial Sobre la Educación Superior en el Siglo XXI" (UNESCO, 2019) o informes como "Educación Superior en Iberoamérica. Informe 2024" (Secretaría General Iberoamericana, 2024), los que, por lo demás, son enfáticos en indicar que asegurar una continua mejora en la calidad de las instituciones, así como asegurar la igualdad en la oportunidades de acceso, es indispensable en la perspectiva de asegurar sociedades más democráticas y con menos desigualdad.
En segundo lugar y prosiguiendo el ejercicio de comprensión histórica de la universidad moderna, debe haber claridad en relación a que la universidad pública, así como el sistema educativo en su conjunto, siempre se vio enlazado a la construcción de los diversos proyectos nacionales (De Sousa Santos, 2007), por lo que es una institución que va de la mano del Estado en tanto aparato. Por lo mismo, su financiamiento siempre fue un asunto público, sin que eso haya obstado a que la misma universidad funcionase con autonomías específicas. Para hacer una analogía que pueda hacer más transparente este asunto contra-intuitivo para la mirada neoliberal: exactamente el mismo movimiento ocurre con en el sistema judicial: este es independiente, pero financiado por el Estado, sin que este financiamiento pueda poner en discusión, de ninguna manera, su carácter independiente.
El meollo de la cuestión es que la privatización y mercantilización de lo público mencionado antes, no es algo que se limite al caso chileno, sino que responde a la avanzada contradicción entre capital y trabajo que resquebrajó el orden ligado a las diversas variaciones del Estado de Compromiso, dando lugar así a la forma estatal neoliberal (Harvey, 2007). Este momento lo podemos ubicar mundialmente aproximadamente entre la década del 70 y el 80 del siglo pasado. La forma Estado neoliberal fue ligada a la preeminencia del capital financiero y la creación de nichos oligopólicos amparados por el aparato del Estado, los que, a la vez, apuntaban al espacio de comercio global, de esta forma perdiendo centralidad los espacios nacionales a favor de una globalización que no era otra cosa que un orden político y económico en que el gran capital fue el gran beneficiado (García Linera, 2023).
En estas coordenadas se da la crisis de la universidad como institución, en un contexto donde lo nacional y el bien público va perdiendo prioridad; la consecuencia directa de esto fue el desfinanciamiento y la descapitalización de la universidad pública.
Así, la universidad pública va quedando a su deriva, teniendo que tratar de sobrevivir adaptándose a la lógica mercantil, es decir, la mercantilización neoliberal induce a la universidad pública a tener que sobreponerse a su desfinanciamiento a través de la generación de ingresos propios, lo que la lleva a adoptar diversos tipo de privatizaciones y alianzas con el capital. Este mismo movimiento lo que va generando progresivamente es que la frontera entre la universidad pública y la privada vaya desdibujándose, deviniendo la universidad en una suerte de empresa que funciona como mercado de gestión universitaria.
Ahora, enmarcando todo esto en el caso particular de Chile, la afirmación primordial es que desde las reformas neoliberales las universidades públicas se han visto ante serios problemas de financiamiento, y es que el sistema sigue funcionando con criterios propiamente mercantiles: el financimiento basal es escaso y lo que ocurre con la llamada gratuidad es que sencillamente se subsidia en términos de demanda. Esto último dista de ser equivalente a un financiamiento al sistema, sino que remite a la lógica de formación de capital humano en contextos de mercado.
Es esta misma limitación del financiamiento lo que lleva a las diversas universidades públicas a tener que disputar por aquello que pueda propiciar tener un mejor financiamiento basal, y descontado lo relativo al proceso de captación de demanda de pregrado, uno de los criterios relevantes en lo que respecta al Aporte Fiscal Directo, es el referente a las publicaciones científicas de alto impacto. Asunto que, por otra parte, es fundamental en lo que refiere al segundo agrupamiento de funciones que indicamos arriba (la universidad como productora de conocimiento científico).
Realizada la delimitación histórica, entonces ahora podemos analizar los casos específicos desde los que partió la columna: la Dra. Sonia Kabana es una investigadora de una productividad excepcional, tanto en lo referido a la calidad como a la cantidad de sus artículos e investigaciones, de la misma forma, su nivel de relevancia en la academia (medido a partir de las citas que se hacen de sus trabajos) es sencillamente extraordinario. Es decir, si reducimos y leemos su contribución enmarcada solo en lo que compete a las dimensiones de financiamiento con los que la Universidad de Tarapacá logra funcionar, con su contratación es la institución la que obtiene un gran beneficio al tenerla en su plantilla, no al revés. Al leer el asunto en estas líneas, se puede afirmar que el trabajo que la Dra. Kabana realiza en la Universidad de Tarapacá contribuye de importante forma a la permanencia y consolidación de la institución en la que ella se desempeña. Y podemos ir más allá. Aquello que se distorsionaba como un "sueldo millonario" no es nada más que la compensación excepcional con la que se retribuye la productividad académica excepcional. Y esto, nuevamente, para el caso de la Universidad de Tarapacá ha cumplido un doble propósito.
Son innegables los problemas ligados al centralismo que hay en Chile, ¿y qué mecanismo puede tener una universidad estatal regional para atraer académicos de primera línea cuando estamos cruzados por un sistema que ata a las instituciones a sojuzgarse a criterios de mercado? Pues la respuesta es obvia: incentivos económicos.
Al calor de estas clarificaciones el caso de la Dra. Sonia Kabana debe ser leído como el funcionamiento que debe esperarse de un sistema de educación superior supeditado a criterios de mercado. Porque, y este es el otro punto fundamental, toda el relato neoliberal siempre ha buscado constituirse a partir de la individualización del mérito, y en este caso estamos, sin lugar a dudas, ante alguien que es notable y único en lo que realiza. Y el contraste de esto lo podemos encontrar con el otro caso mencionado al inicio: Marcela Cubillos, quien representa lo más horrible y nefasto del sistema. Cubillos no existe académicamente y aun así recibía un sueldo (y este sí era sueldo y no una suma de incentivos) gigantesco. No solo no existe en cuanto a producción académica, ¡sino que tampoco realizaba clases! Y todo esto, además, en una institución de educación superior privada a la que le llegan fondos públicos debido a la forma en que está estructurado el sistema. A la luz de esto, los casos son incomparables. Más allá de los análisis comparativos que se puedan realizar, la ocasión y contexto se torna propicio para colocar en discusión el sistema en su conjunto, en un momento donde, de hecho, lo que marca el período histórico mundial es la incertidumbre general que, en su reverso, lo que permite es que existan las posibilidades materiales de cambiar los ejes fundamentales desde los que está estructurado el Estado en su forma neoliberal.
Estamos en un tiempo de tránsito histórico (García Linera, 2023) donde solo las reinvenciones democráticas que impliquen la reinvención del Estado pueden otorgar salidas viables a la crisis política general (Monedero, 2024). En este escenario, poder comenzar a discutir y plantear mecanismos que permitan construir una institucionalidad universitaria no supeditada a la lógica de la mercancía, se torna perentorio. Sobre todo cuando tener un sistema de educación de calidad es una condición sine qua non para el desarrollo sostenible de los pueblos. Cómo comenzar a pensar el re-articular materialmente lo público por fuera del mercado es entonces la cuestión.
Francisco Vergara Muñoz . Sociólogo Universidad de Buenos Aires
Referencias
De Sousa Santos, Boaventura. (2007). La universidad en el siglo XXI. Para una reforma democrática y emancipatoria de la universidad. Plural editores.
García Linera, Á. (2023). La comunidad ilusoria. Sudamericana.
Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo. Akal.
Monedero, J. C. (2024). Política para indiferentes. El desgobierno de las palabras. Fondo de Cultura Económica.
Secretaría General Iberoamericana. (2024). Educación Superior en Iberoamérica. Informe 2024. Centro Interuniversitario de desarrollo.
UNESCO. (2019). Declaración mundial sobre la educación superior en el Siglo XXI: Visión y Acción. Revista Educación Superior Y Sociedad (ESS), 9(2), 97-113.
