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Siete razones para votar Apruebo y Convención Constitucional. Por Alejandro Basulto

A días para que se lleve a cabo el plebiscito del 25 de octubre, donde la ciudadanía chilena votará entre seguir con la actual y cuestionada constitución (la opción “Rechazo”) o cambiarla por una que en esta ocasión será redactada y ratificada en un proceso democrático y abierto, donde todas y todos podrán participar, para así dar origen a nuestro primer pacto social. El Apruebo es la opción favorita de muchas y muchos. Y es que tan solo a priori, el tener una constitución que no se adapta a la realidad chilena y que carece de un origen democrático, debería ser suficiente motivo para estar de acuerdo con la redacción de una nueva.

De hecho, son decenas las razones para votar Apruebo y Convención Constitucional. Son tantas como la cantidad de diferentes sensibilidades y militancias políticas que existen en el país. Desde la izquierda a la derecha; desde el socialismo, pasando por la socialdemocracia y el socialcristianismo, hasta el liberalismo y los sectores menos conservadores de la derecha; todos tienen sus propios argumentos para acabar con la constitución de Jaime Guzmán. Una demostración de la masividad y diversidad democrática de esta opción. Ante la cual, en este texto me voy a limitar a solo dar 7 razones, que al menos según mi opinión, son las más importantes para votar a favor de nuestro primer pacto social.

 Histórica Esta sin duda debe ser una de las razones más interesantes y de peso, y lamentablemente, una de las menos escuchadas. Porque de las cinco constituciones que hemos tenido como país (1823, 1828, 1833, 1925 y 1980), todas han sido redactadas en procesos de carente y dudosa participación ciudadana. Siendo escritas cuatro de ellas cuando la mujer no tenía derecho a voto y el pobre estaba limitado en el ejercicio de sus derechos democráticos debido al inquilinaje y otras precarias realidades propias de la época. En resumidas cuentas, todas fueron redactadas por hombres y de un sector económico minoritario pero muy poderoso y elitista del país. Pudiéndose entender a cuáles intereses siempre sirvieron. Además de quedar manifiesto que nunca ha habido un pacto social en nuestra historia. Votar Apruebo y Convención Constitucional, sería tener la oportunidad de que por primera vez en nuestro país, todas y todos participemos en el nacimiento y construcción de nuestra nueva constitución.

 La Constitución de 1980 no es legítima La constitución de la Comisión Ortuzar y de la dictadura cívica militar de Augusto Pinochet, en la que jugó un papel protagónico en su redacción el abogado gremialista y franquista, Jaime Guzmán, no solo fue redactada por una minoría designada y representante de la oligarquía (elegida a dedo por la Junta Militar), sino que además, el plebiscito en el que se ratificaría, estaría lleno de vicios e injusticias contrarias a todo espíritu democrático y republicano. Partamos por el hecho de que un importante porcentaje de la población estaba injustamente detenida y privada de ejercer sus derechos políticos, además de que había personas asesinadas, desaparecidas y exiliadas, entre tanta otra gente de la oposición que fue víctima de la persecución criminal de ese régimen.

La campaña y votación de la constitución de 1980 fue un proceso lleno de corrupción e irregularidades. Ya que sumadas a las sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos, la campaña se realizó de manera desigual (por ejemplo, solo el oficialismo podía acceder a la televisión) y que tuvo una jornada de sufragio en la que se pudo votar más de una vez, además de que existía un tribunal electoral y un sistema judicial intervenidos por el ejecutivo. Esto último, la ausencia de la separación de poderes y de un carácter democrático de estos, también se vio en el plebiscito de 1989. Sin olvidar que ahora a muchos le dio por utilizar la firma de Ricardo Lagos como una validación de la constitución actual, cuando esta reforma se dio en un contexto de quórums constitucionales supra-mayoritarios, senadores vitalicios y tras un acuerdo del congreso binominal que dejó afuera a gran parte de la ciudadanía. Votar Apruebo y Convención Constitucional, es también repudiar democráticamente toda esa corrupción y transgresión a nuestros derechos fundamentales.

 Una gran asamblea constituyente única en el mundo Nuestro proceso constituyente es único en el mundo. Contará con la primera y hasta ahora única asamblea constituyente (o convención constitucional) que será paritaria en el mundo. Y sí, hablo de AC, porque han existido asambleas constituyentes que surgieron desde lo institucional (como la colombiana) como también otras que no; o también han habido AC que exigieron consensos y/o quórums (como la sudafricana), y otras que no. Y que han surgido en todo tipo de contextos, como fue el caso de la asamblea constituyente de Italia, que se hizo tras la derrota del fascismo de Mussolini en ese país.

Pero no solamente estamos ante una AC paritaria, sino que ante una que ya tiene aprobada los pactos para independientes y frente a la que actualmente está en tramitación darle más facilidades a quienes no militen en un partido, como bajar de un 0,4% a un 0,2% para la inscripción de una candidatura y de un 1,5% a un 0,5% para la inscripción de una lista electoral, el número de firmas de ciudadanos independientes con respecto a la cantidad de electores que sufragaron en el distrito en la elección de diputados/a anterior. Es decir, es un proceso que se está corrigiendo y abriendo cada vez más a la ciudadanía.

Además de que también está en el Congreso y tras importantes avances, la legislación que crearía escaños reservados para pueblos indígenas, para garantizar de esa manera que las naciones originarias de este país tengan participación en este histórico proceso constituyente. El que ha sido criticado por la regla de ⅔ para aprobar y llegar acuerdos en la interna de la Convención Constitucional, estipulación que podría haber sido mejor, como un ⅗, pero que es beneficiosa en cuanto no deja nuestra constitucionalidad a merced de una mayoría circunstancial, sino que la hace producto de un consenso que le dará mayor trascendencia y viabilidad a lo largo de los años. Por esto, además de ser importante votar Apruebo, también hay que votar Convención Constitucional y no Mixta, porque la segunda no es paritaria y estará conformada en un 50% por los criticados congresistas actuales (elegidos por sus pares y que podrán seguir ejerciendo al mismo tiempo su labor legislativa).

 Un nuevo modelo El actual sistema neoliberal se está derrumbando, y por su propio peso. Ejemplo de aquello es la desigualdad, que se ve en todo ámbito, siendo Chile junto con México los países más desiguales de la OCDE y uno de los 25 más desiguales del mundo, donde el 10% más pobre vive con un ingreso mensual promedio de 190.710 pesos por hogar y el 10% más rico con 3.230.016, en un universo en el que el 50% del país tiene un ingreso menor a 680 mil pesos, según consignó la Casen en el 2017. Modelo en el que las pensiones para la vejez son vergonzosas e indignantes, las que de manera autofinanciada solo alcanzan el promedio de 252.765 y la mediana de 92.348 pesos, muy inferior al sueldo mínimo y ético actual. País que en derechos sociales como salud y educación, demuestra una fatal y estigmatizante desigualdad, concentrándose la mayor cantidad de los fallecimientos en Fonasa y contando con un sistema educacional que es el tercero que más segrega por realidad socioeconómica en la OCDE. Y ni hablar de los problemas relacionados con la intromisión del fanatismo religioso en lo público, el centralismo que ahoga regiones y el abuso contra los pueblos originarios, entre tantos otros.

Ante esto y más, es necesario un Estado Social (como en Noruega, Finlandia, Francia, Portugal, etcétera) con una fuerte presencia en los derechos sociales; un Estado Laico, que no afecta ni subsidie religión alguna con los impuestos de todas y todos (una educación laica que no adoctrine es fundamental); un Estado regionalizado o federal, en el que las regiones cuenten con más autonomía y recursos, para que sus habitantes no se vean obligados a migrar a la Región Metropolitana para buscar un mejor vivir; un Estado Plurinacional, que reconozca a las naciones indígenas, sus lenguas y sus costumbres, además de garantizar su legítima autonomía y derechos sobre sus propias y lamentablemente usurpadas tierras; y un Estado con un Sistema Semiparlamentario o Parlamentarista, que ponga fin a este hiper presidencialismo que permite los peores autoritarismos.

 Interés superior del niño/a, igualdad de género y otros contenidos También, más allá del modelo de estado que se busque en este proceso constituyente, hay principios, instituciones, derechos fundamentales, que sin ser parte de la estructura en lo macro, son muy importantes para los nuevos marcos constitucionales que guiarán las leyes y la institucionalidad del país. En ese sentido, es importante erradicar primero los mitos con respecto a los contenidos que se buscan en esta nueva carta magna. Y ahí aparece la autonomía del Banco Central, como algo que supuestamente se busca acabar, cuando no es así, sino que esta independencia se puede mejorar y profundizar, además de también optimizar y modernizarse más aún la institución, agregándole un mayor compromiso con principios como la probidad, la transparencia y la equidad de género (un directorio paritario sería muy bueno).

En línea con el Banco Central, hay varias instituciones relacionadas con la seguridad pública y la protección de los civiles ante los agentes del Estado, que deben estar consagradas con su respectiva y necesaria autonomía en la nueva constitución, agregandósele a las que ya están: la Defensoría de las Víctimas, Defensoría Penal Pública, Defensor del Pueblo, Defensoría de la Niñez y el Instituto de los Derechos Humanos. Materia de gran interés y preocupación en la población, que podría tener una mejor respuesta con policías modernizadas y democratizadas, que realmente estén sujetas al poder civil, que respeten y protejan Derechos Humanos y que idealmente también tengan un enfoque de trabajo más comunitario y menos represivo. Y esto debe venir de la mano con nuevos principios que rijan el actuar del Estado ante esta materia, como: velar por la prevención y la reinserción ante el delito, que la cárcel siempre serán una medida cautelar o sancionatoria de ultima ratio y que los derechos que toda persona tiene serán respetados en toda instancia de privación de libertad.

También es importante que la nueva constitución que nazca de este proceso constituyente, consagre y vele por el cumplimiento de los derechos de la niñez y adolescencia. El interés superior del niño y su autonomía progresiva, son mínimos civilizatorios que hoy constitucionalmente no están garantizados. Y por último, en línea con la modernización de nuestra constitucionalidad, se hace necesario un enfoque de género y de la diversidad, para de esa manera erradicar desde el Estado el machismo, la violencia de género y la LGBTIQfobia, y que en línea con aquello, estén incluidos, por ejemplo, los derechos sexuales y reproductivos en este primer pacto social.

 Ante las injusticias, las demandas ciudadanas y la violencia ¡Más democracia! Es muy importante dejar algo bien claro: El proceso constituyente se originó como una respuesta democrática ante las injusticias y las exigencias ciudadanas que se manifestaron masivamente, con más de un millón de personas en las calles, durante el estallido social. No fue un cheque que le entregó la clase política a quienes practicaban la violencia. La que sigue siendo un fenómeno aislado y minoritario con respecto a la gran mayoría que se manifiesta pacíficamente, sin olvidar, que quienes la practican –por sobre todo los hechos violentos de mayor connotación social– han manifestado en más de una ocasión, oponerse a este plebiscito y hasta han hecho de su lema el: “yo no voto, me organizo”.

Para finalizar este punto, la violencia no ha venido solo desde un solo sector, sino también ha sido habitual en el Rechazo, donde convocantes de marchas y miembros de sus comandos, han dado rienda suelta a discursos de odio (apología a la dictadura, incluida), sin olvidar la peligrosa presencia de grupos de choque en sus movilizaciones. Ante esto, además de hacer un llamado a que la justicia actúe con todo su rigor, es importante señalar, que frente a un sistema político desacreditado y una ciudadanía dividida, la mayor urgencia es reencontrarnos en el diálogo, siendo la convención constitucional una buena instancia.

 El Chile y la democracia que merecemos todas y todos Para finalizar, votar Apruebo y Convención Constitucional es votar a favor de una mayor democratización del país. Cuando salimos de la dictadura, nos encontrábamos como una democracia limitada, la que después, gracias a ciertas reformas, pasó a ser una imperfecta. Los habitantes de Chile merecen una democracia plena, en la que puedan ser partícipes y constructores de su destino. Y lamentablemente, la actual constitución, aún con todas las modificaciones que se le han hecho, no da abasto. Tal como esperaba su principal redactor, Jaime Guzmán, fue hecha de un modo que para sus adversarios ideológicos se le haga muy difícil gobernar de una manera muy distinta a lo que él quisiera o reformarla en sus artículos más trascendentales. Como ha ocurrido cuando se ha querido hacer del agua un derecho de todos o también cuando se intentó crear un fondo colectivo de pensiones, y hasta para algo tan minúsculo como la disminución de los sueldos de los parlamentarios en un 50%, no se pudo debido a que con su altos y arbitrarios quórums y con su Tribunal Constitucional ideologizado, esta actual constitución ha demostrado ser funcional a los intereses de una minoría conservadora y mercantilista. Lo que este 25 de octubre podemos cambiar, para que así tengamos un ordenamiento jurídico que le pertenezca y le sea beneficioso a todas y a todos por igual.

Alejandro Basulto
Periodista y director en Asociación Pensamiento Penal

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