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Sin excusas: Chile conmemora el tercer aniversario del estallido social. Por Gustavo Gac-Artigas

Les chiquilles están nuevamente en la calle; en septiembre recién pasado los estudiantes marchaban frente a la Moneda, el palacio presidencial. En su interior, los que fueron los dirigentes del estallido social, desde las ventanas se preguntaban y si yo tuviera su edad, ¿marcharía?

La aprobación del presidente cae, la del gobierno cae, el presidente Boric dice “recibimos con humildad el mensaje de las masas”.

Simpática respuesta, no es la primera vez que el presidente habla así, pero la simpatía tiene límites, el cometer errores y reconocerlo, siempre con humildad, tiene límites, la juventud tiene límites.

La estruendosa derrota del proyecto constitucional sometido a aprobación señala causas, y la masa, la mayoría del pueblo se expresó. ¿Se le escucha?

Nuevamente “con humildad”, pero abre la puerta a la cocinería, a declaraciones contradictorias, a quienes quieren imponer ideología, no ideas, manuales. Se buscan números para negociar, no ideas.

La confianza baja y la humildad no basta.

Si hace tres años se les hubiera pedido humildad a los gobernantes y las cosas no cambiaran, humildemente pienso que las calles seguirían llenas, les chiquilles marchando, las canciones llenando las avenidas, los carteles, con errores ortográficos y a veces de contenido, levantándose. Es que la humildad no basta.

La economía, tiene que funcionar, y la distribución de la riqueza ser equitativa, no se trata de hablar a río revuelto de modelitos, ambos fracasados, se trata de encontrar caminos, vías, se trata del bolsillo de los que sufren, de doña Juanita.

Los sin casa quieren techo, los hambrientos quieren pan, los estudiantes quieren saber para qué estudian, los que comenzaron a marchar quieren seguir marchando por un Chile que se aleje de los fantasmas del pasado, por un Chile que ofrezca un futuro a todos, independientemente de su cuna, de su partido, de su género, del color de su piel.

La violencia debe parar; el lumpen, los narcos, las mafias, se aprovechan de la violencia social, lo social no debe confundirse con violencia. Los overoles blancos son overoles negros, como negro parduzco eran los uniformes que marcharon en Europa.

Quemar un bus es quemar el transporte de quienes lo necesitan, los humildes, peor aún, el humo oculta las intenciones de los nuevos gobernantes, el humo favorece a los enemigos del cambio.

Sin humildad, presidente, arremánguese las mangas de la camisa, y marche, sin humildad marche con les chiquilles, con esa generación que quiere cambios, que quiere tener un futuro. Sin humildad póngale coto a la discusión sobre una nueva constitución. No son las componendas sobre el número de constituyentes, no se trata de la influencia de tal o cual partido, se trata de mirar por todos, de juntar todas las manos todas, de que sea luego con el voto que el pueblo decida, no me gusta, rechazo, me escucharon, apruebo.

Y abra los balcones de la Moneda, para que entre un aire renovador que haga avanzar, sin humildes excusas, los deseos de su pueblo, mi pueblo, nuestro pueblo. Escuche sus voces, esas voces que fueron sus voces, esas voces que no manipulaban, que no querían una cuota en el poder, esas voces todas, que querían cambiar el rumbo de un Chile herido e injusto. Las voces sin interés de los que no tienen nada que perder y no las de aquellos que calientan los oídos del gobernante en provecho propio. Difícil tarea distinguir en esta nueva-vieja sinfonía a aquellos que quieren dejarla inconclusa.

Y recuerde, señor presidente, los locos, los niños y los poetas dicen la verdad.

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Gustavo Gac-Artigas es escritor, poeta y hombre de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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