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Sobre el 11 de septiembre de 1973 - Diversas opiniones y columnas...

No quería escribir pero se me aparecieron mil Mariposas amaranto a 47 años del Golpe en Chile. Por Tito Tricot

Pensé no escribir nada por primera vez en 47 años Por rabia, por soledad, por este país de mierda que tiene la maldita costumbre de repetir la historia de muerte en escarcha, de tiempo en tiempo. Hasta que en la madrugada nuevamente escuché las últimas palabras de Allende y se me alborotó la garganta de miles de mariposas amaranto. De esas que agarran fusiles sin importar de dónde, ni porte ni balas. Ni nada. Porque no había nada que perder, lo estábamos perdiendo todo, hermano. Y lo peor de todo es que lo sabíamos. Siempre lo supimos. El golpe andaba por las calles de Valparaíso, se paseaba por las plazas, husmeaba por sus cerros, se solazaba en el mar. Hasta que nos golpeó el golpe, Y aunque a nadie le importe mi historia pues es tan pequeña ante la inmensidad del océano porteño y del colosal coraje de tantos, se las contaré igual porque estas endemoniadas mariposas no me dejan dormir.

Ese martes de septiembre de 1973 salté de la cama, apenas entendiendo lo que pasaba. Ni siquiera recuerdo bien lo que dijo Allende en la mañana. Tan sólo sabía que debía salir y con mi revolver calibre 22 enfrentar a todas las Fuerzas Armadas de Chile. Una locura, un suicidio seguro, pero siendo casi un niño nada importaba: éramos la Primera Línea de entonces. Estábamos dispuestos a todo, sin saber nada. Veía pasar a los camiones repletos de militares con sus armas en ristre, armados para la guerra. Y los vecinos, a quienes conocía desde chico, aplaudiendo y yo gritándoles: ¡¿Pero cómo aplauden imbéciles que no se dan cuenta que esto es el fascismo, están locos hijos de puta?¡ Pero no estaban locos, el loco era yo con mi revolver de juguete que en dos segundos hubiese sido acribillado sin piedad por los militares y la Armada que ya tenían copada la ciudad. Mi ciudad, nuestra ciudad.

La misma ciudad donde viví en la casa de Allende, estudié en el Liceo Eduardo de La Barra, donde estudió Allende, caminé por los lúgubres pasillos del hospital Van Buren donde él trabajó, Lo cual no significó absolutamente nada para él que nunca lo supo ni menos se enteró quien fui yo. Pero da lo mismo porque hoy lo puedo contar aunque nunca nadie me cree. En todo caso, es irrelevante, lo realmente significativo es que el golpe cercenó nuestra vida en dos, partió un sueño hermoso en mil pedazos y nada volvió a ser jamás igual. Por eso aquellos que dicen que dejemos de quejarnos y miremos al futuro, sólo le decimos dos cosas: Primero, Ustedes no pueden ni siquiera imaginarse vivir en un gobierno popular donde los trabajadores, los pobladores, los mapuche, las mujeres, los estudiantes por primera vez en su vida era protagonistas de su propia vida. Que por fin reían, comían decentemente, leían, iban al cine, al teatro, a conciertos. Que nosotros los jóvenes éramos felices construyendo un Chile digno sin pedir nada a cambio. Sin dinero y puro corazón. No había Centros Comerciales, ni AFPS, ni ISAPRES, ni el agua era privada, la educación era gratis, se acabó el latifundio, se nacionalizó el cobre y se estatizó la banca, Segundo; ¡Váyanse a la mierda! Nunca, pero nunca olvidaremos a todos los asesinados, desaparecidos, torturados, violadas y violados, exiliados, presos.

¿Es que saben ustedes lo que es ser torturado? ¿Estar, más solo que la soledad? ¿Más oscuro que la oscuridad? Porque sencillamente no cabe más negritud en el minúsculo espacio dentro de la maloliente capucha. Y así, sin aviso alguno te azota la corriente, esa serpiente que se te mete en las venas, los ojos, la nariz, te destempla los dientes y te sale por la boca convertida en un grito desenfrenado que no puedes evitar, aunque quieras. Es que no puedes hacer nada mientras el cuerpo se convulsiona en una es­piral de crueles sinfonías. Malditas sinfonías inconclusas. Luego las preguntas. Y siempre las mismas respuestas: No tengo idea. Y más corriente que sube en intensidad mientras la serpiente se arrastra inmisericorde por los poros, reven­tando arterias en estallidos naranjas y azules que uno distingue níti­damente aún bajo la capucha. Son estrellas nortinas, relám­pagos sureños, temporales porteños, pero expelidos por la fuerza de otro, porque no es tu garganta la que grita. Es un alarido extraño, hermano, vomitado desde la profundidad de tus entrañas, pero por alguien más.

Por eso, las últimas palabras de Allende fueron un poco como la electricidad: me alborotaron la garganta y no pude dormir porque la lucha continúa. El sueño puede haberse trizado pero octubre demostró que nada se detiene a pesar de los golpes.

Dr. Tito Tricot

Sociólogo

Director

Centro de Estudios de América Latina y El Caribe-CEALC


Septiembre, un mes de controversias para los y las chilenas. Por Luis Mesina

La mañana del martes 11 de septiembre amaneció fría, la ciudad de Santiago estaba oscura, con un cielo amenazador presagiando quizá la tragedia que un poco más tarde caería sobre todo el territorio nacional azotando al país por más de 17 años.

Era un 11 de septiembre del año 1973.

Es un mes que durante años la oligarquía y los sectores dominantes nos han impuesto a través de un currículo manipulado, el 18 y 19 de septiembre como el día de la independencia nacional y de las glorias del ejército. Ambas fechas son una farsa. No fue sino hasta 1818 cuando se proclamó el acta de independencia. Tampoco puede llenarse de gloria este ejército cuando arrastra sobre sí una larga secuela de crímenes contra su propio pueblo y una extensa y larga lista de desastres y derrotas contra otros ejércitos. La propia ciudadanía jamás le ha reconocido algún mérito a las FF.AA chilenas, las “fiestas patrias”, fecha en la que se busca fortalecer los sentimientos patrios son en realidad, para el pueblo, una fiesta gastronómica donde adquieren más valor las empanadas, el terremoto y el vino tinto, que alguna proeza de estos “valientes soldados”.

Pero septiembre es también una fecha importante, no para todos por supuesto; pero, para un sector significativo es la llegada al poder de Salvador Allende y la Unidad Popular. Gobierno que llenó de esperanzas a los sectores más desposeídos de nuestro país. Es un mes apreciado para quienes recuerdan ese día que abrió por primera vez las puertas para que el hombre y la mujer sencilla avizoraran un mundo mejor.

Es por supuesto, un mes donde debemos recordar y recapacitar sobre nuestro pasado, entendiendo que una sociedad que persigue, algún día ser prospera y justa, debe superar sus angustias y sus tristezas.

Chile aun no logra superar las heridas abiertas que se produjeron hace 47 años atrás, por el contrario, pareciera que cada vez se acrecientan mucho más. Y es que una minoría que se ha enseñoreado en estas casi cinco décadas de todos los bienes públicos de nuestro país muestra no estar dispuesta a ceder. Ha dictado las leyes y nos ha impuesto una Constitución espuria; ha controlado la economía sin contrapesos acabando con conquistas trascendentales para nuestro país, como la reforma agraria que durante los gobiernos de Frei y Allende habían logrado restituir la propiedad sobre la tierra en beneficios de las mayorías; ha entregado nuestros recursos naturales como el cobre y el litio a los capitales foráneos; han entregado el agua, el bien más sagrado para el ecosistema al mundo privado; han controlado y mancillado, a través del sucio financiamiento la política convirtiendo la actual democracia en un remedo del cual las mayorías ya no sienten absolutamente ningún aprecio.

Son 47 años donde las heridas para muchos siguen abiertas, pues aún no sabemos el paradero de muchos desaparecidos; aun no logramos alcanzar la justicia que supone castigo para quienes con el peso del Estado abusaron, torturaron y asesinaron. Chile aún está en deuda y mientras lo esté, será difícil alcanzar la justicia y la paz por la que tantos hombres y mujeres han luchado y caído.

El 18 de octubre pasado está emparentado con este largo caminar de nuestro pueblo, cuando millones de habitantes de nuestro territorio salieron a correr el cerco de la injusticia demandando transformaciones sociales, económicas y políticas. Al igual como en septiembre del 73, el poder y quienes lo detentan han respondido con lo único que pueden y saben hacer, con represión, tortura y muerte.

La historia sirve para conocer, para aprender, sirve en definitiva para trazar nuestros proyectos de vida. Quienes en septiembre de 1970 le dieron el triunfo a Salvador Allende, son los mismos que debieron pagar el precio más caro de nuestra historia el 11 de septiembre de 1973; pero, después de 47 años, surge nuevamente la esperanza, pues los que se levantaron el 18 de octubre son los herederos de aquellos que entregaron sus vidas por un mundo mejor. Pues como decía Allende: “podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza”.

Hoy, conmemoramos a todos los caídos, a Salvador Allende y a todos los que han sufrido y refrendamos nuestro compromiso por no detenernos, por seguir avanzando, por seguir luchando, tenemos un desafió el próximo 25 de octubre de ganar con el apruebo y luego, luchar por correr el cerco y alcanzar un verdadero proceso constituyente soberano, con participación y representación de los que han luchado, así podremos realmente rendir un homenaje a tantos que han dado su vida por hacer de Chile un mejor país.

En esta fecha tan emblemática, recordamos para reflexionar las palabras de nuestro querido cantautor Patricio Mans

Llegó volando el cuervo sobre mi suelo
Para sembrar las ruinas y el desconsuelo.
Durante largos siglos los yanaconas
Le entregaron las llaves de la corona.
Durante largos siglos fue ensangrentando
El suelo de los pueblos que iba violando.
Perforando las tierras de la labranza
Para escarbar el oro de la templanza.
Se limpió las dos manos con mi bandera
Y no faltó en mi patria quien aplaudiera.
Porque hay desventurados que por migajas
Besan la bota sucia que los ultraja.
“Para que nunca más, ni perdón ni olvido”


Septiembre 11, 1973, Santiago, Chile por Gustavo Gac-Artigas

En el cielo azul debieron elevarse los volantines, sueños de niños debían juguetear entre las nubes, el canto de los pájaros debía fundirse con la risa de la gente de mi pueblo, la esperanza cantaba en el corazón de las mujeres de mi pueblo, los muros sonreían ingenuamente celebrando las conquistas del presente y las aspiraciones del futuro.

Era un 11 de septiembre, era un año en equilibrio entre el pasado, el presente y el futuro, era el 1973, el 11 de septiembre de 1973, el país era Chile.

El cielo se oscureció, los aviones de guerra cortaron el hilo de los volantines, el hilo de la esperanza de un pueblo, un general traicionó su juramento, generales desleales le acompañaron, del cielo llovió fuego sobre el palacio de gobierno, sobre mi pueblo.

Era una mañana de primavera, se suponía que el aroma de las flores entraría por las ventanas, en su lugar entró el olor de la pólvora, el olor de la sangre derramada, el grito de dolor de un pueblo, el grito guerrero del ejército de Chile.

Al día siguiente sobre el palacio de gobierno, sobre un techo ennegrecido por el humo, un mástil, y en él, una bandera resistió a las llamas, resistió a las bombas, resistió a la infamia, no flameaba al viento, agachó la cabeza avergonzada.

Ese día no se renunció a la libertad, ese día se escondieron los volantines para poder elevarlos el día en que cayera la dictadura que ensombreció el cielo de Chile. Puro Chile es tu cielo azulado, dicen las primeras estrofas del himno nacional, puro Chile cantaban los verdugos ensuciando el suelo de Chile. Intentando destruir la semilla libertaria de un pueblo, tapaban con vendas los ojos de los torturados para negarles el cielo azulado.

El alma de un poeta moría de pena, tanto era el dolor de su pueblo, y el poeta era puro pueblo. Lo velaron en su casa de amores, La chascona, en las faldas de la cordillera. Destruyeron sus libros y sin quererlo regaron la tierra con sus versos; Neruda se volvió inmortal, el dictador se volvió símbolo universal de la infamia.

Cada uno ocupó su puesto en la historia.

Neruda junto a Allende al lado de los humildes de mi tierra, Pinochet y los suyos al lado del dolor y la crueldad.

Unos construían esperanza, otros destruían la esperanza, unos construían la victoria, otros, los vencedores ese 11 de septiembre, sin saberlo, construían su derrota, grababan sus nombres en las páginas de la historia de la infamia.

Hoy, 47 años más tarde, en un mes de septiembre el cielo azul de mi país se ve surcado por alegres volantines, volantines en alegres manos de niños, desde el fondo de las minas, desde la superficie de los lagos, deslizándose por la cordillera surgirán las voces de la gente de mi pueblo, junto a ellos las sonrisas robadas a los desaparecidos durante la dictadura, los gritos acallados de los torturados, cantando, marchando junto a mi pueblo, y junto a ellos los versos del poeta,

oh primavera,
devuélveme a mi pueblo.
¿Qué haré sin ver mil hombres,
mil muchachas,
qué haré sin conducir sobre mis hombros
una parte de la esperanza?
¿Qué haré sin caminar con la bandera
que de mano en mano en la fila
de nuestra larga lucha
llegó a las manos mías?
Ay Patria, Patria,
ay Patria, ¿cuándo
ay cuándo y cuándo
cuándo
me encontraré contigo?

Y ante los versos de Neruda, que se calle mi pluma.

* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Reside en Nueva Jersey, EE UU.


El 11 de septiembre y la disputa por la Memoria. Por Felipe Pizarro Cerda y Daniel Olate Galindo

En su obra La Batalla de la Memoria, María Angélica Illanes nos relata el caso de Pedro, obrero asesinado a días del golpe de Estado de 1973, cuyo cuerpo fue abandonado en el paradero 5 de Vicuña Mackenna. Un cuerpo anónimo, silenciado, cuya historia militante se desconocía. Ante esto la autora se pregunta “¿Qué es lo que sus cuerpos mutilados encarnaban? O, para decirlo de otro modo, ¿cuál era el proyecto que mataron en sus cuerpos? ¿Cuál era la biografía colectiva del obrero Pedro, arrojado en el paradero 5 de Vicuña Mackenna?”. Tras esta interrogante se esconde uno de los desafíos más importantes de la transición (pactada) a la democracia: ¿Qué y cómo recordar?. En efecto, esta transición hizo emerger la memoria como un espacio de disputa, donde se han enfrentado diversas formas de recordar, predominando una memoria oficial que ha invisibilizado la memoria político popular, marginando a la sociedad de su propio pasado, y reflejando las tensiones políticas del contexto de producción del recuerdo.

Durante la transición, la memoria oficial de lo que representa septiembre de 1973 se autoproclamó sin posición ideológica, instalando una política del olvido. Esta se materializó institucionalmente a través de la judicialización de las violaciones a los derechos humanos y las comisiones de verdad y reconciliación. La necesidad de justicia y verdad, sin embargo, omitió la historicidad y la representación ideológica de esos cuerpos y, por otra parte, soslayó el juicio histórico y social. Del mismo modo, esta política del olvido levantó la consigna del ‘nunca más’ al mismo tiempo en que mantenía la Ley de Amnistía de 1978, y traía de vuelta al dictador desde Londres para ser juzgado por los Tribunales de Justicia chilenos. Por otro lado, se instaló una narrativa política que relativizó las responsabilidades sobre el quiebre de la democracia, justificando el actuar de las Fuerzas Armadas como una respuesta a la ´sobreideologización´ de la sociedad durante la Unidad Popular, desconociendo con ello el proyecto político de izquierda que democratizó la sociedad durante el siglo XX.

Los efectos sociales de la memoria oficial se pueden describir bajo la lógica del eterno presentismo. La política del olvido propició la ausencia de historicidad, dejando el cuerpo colectivo sin ligazón con su propio pasado. Al no haber pasado popular ni historicidad de los sujetos, se excluye a la sociedad del recordamiento, condenándola al presente, a una memoria impedida, manipulada. Estos ‘silencios de la transición’, no han hecho otra cosa que relativizar las responsabilidades y culpar a todos los chilenos del pasado reciente: ¡Todos matamos a Víctor Jara! se indicó alguna vez en una editorial de El Mercurio. Cuando la responsabilidad es de todos, entonces no es de nadie. Y estas desvirtusiones de la memoria las seguimos presenciando en la actualidad. Por lo mismo, hoy somos testigos de la pantomima de la derecha chilena haciendo uso de la poesía de Víctor, y es que, para la memoria oficial el cantautor debe ser sólo eso, un poeta, sin sustento político, sin historicidad. Por otra parte, los aportes de la historiografía a la memoria durante los inicios de la transición, se enfocaron en explicar la derrota y resaltar el terror, a fin de comprender las causas que llevaron al final de la Unidad Popular. Aportes urgentes que buscaron colaborar con la búsqueda de verdad. El terrorismo de Estado pasó a ser un foco de análisis desde múltiples aristas y disciplinas, revelando su estructura, sistematicidad, verdugos, crueldad y sus efectos sociales. Se fue configurando así una memoria focalizada en el trauma y la víctima que, aunque crucial y en combate con su propio contexto político de producción, posicionaba la muerte y la tortura por sobre las experiencias de lucha y la historicidad de sus protagonistas. Al despolitizar al sujeto y sus anhelos, su recuerdo ya no resulta incómodo para la memoria pactada de la postdictadura.

Lo que cierra el 11 de septiembre es una trayectoria político popular. Lo que abre es una disputa por la memoria aún pendiente. Múltiples actores sociales y académicos están luchando contra el silenciamiento, haciendo que la historia de Pedro, y de muchos y muchas, pueda ser apropiada no desde la muerte y la derrota, sino que sea resignificada desde el proyecto político que encarna, que sirva como bandera de lucha para las disputas presentes y futuras, y no solo como una muestra más del Museo de la Memoria.


EL GOLPE DE ESTADO, LOS MILITARES QUE ESTUVIMOS JUNTO AL PUEBLO Por Enrique Villanueva

El 11 de septiembre de 1973 es parte de nuestra historia, pero una historia tergiversada y acomodada al interés de quienes la han escrito o relatada, esta es una de las razones por las cuales 47 años después de ese hecho, que cambio nuestras vidas de manera radical, se repiten situaciones y hasta los personajes que jugaron un rol y que llevaron a un país entero a ese brutal y triste desenlace. Con cierto desparpajo han acusado a Allende de haber hecho un mal gobierno y de haber creado las condiciones para la polarización de la sociedad chilena, algo que han hecho desde la derecha y desde la centro izquierda, eludiendo responsabilidades hasta hoy no asumidas, olvidando que la violencia ideológica y discursiva, la violencia terrorista, durante los tres años del gobierno popular, fue un instrumento para desestabilizar al gobierno y crear caos en el país.

Para quienes vivieron y sobrevivieron al golpe de Estado y a la dictadura, para las generaciones de jóvenes que aun sienten los impactos de un sistema económico usurero creado e impuesto a balazos, no hay justificación posible mas que la cobardía e indiferencia, para que luego de casi cinco décadas, los que tuvieron la responsabilidad directa en el genocidio que cometieron por 17 años se escondan en la impunidad e intenten nuevamente imponer un modelo de sociedad en la cual sobrevivan sus intereses y privilegios. Tampoco es aceptable ni leal con todos aquellos que perdieron la vida luchando por la democracia (incompleta) que tenemos, que las cúpulas militares continúen sintiéndose héroes de una guerra inventada, la que en la realidad fue la ocupación que hicieron de su propio país y un ataque en contra de miles de personas desarmadas.

No es admisible que las elites económicas que defienden un modelo que les brindó años de enriquecimiento a costa del abuso de las fuerzas de trabajo intenten ahora con los mismos argumentos enfermizos del pasado, crear la imagen de que Chile esta siendo atacado por “alienígenas y comunistas”. Menos aceptable es el rol de quienes en la centro izquierda, asimilando todo el discurso de la derecha, toman distancia del presidente héroe, que murió combatiendo solo y con sus mas cercanos y leales seguidores, ni menos, que se denigré a nombre de una democracia construida en base a acuerdos espurios, a un gobierno que intento hacer transformaciones, que hoy son vigentes y que pudieron significar un cambio real en la vida, fundamentalmente del pueblo trabajador, explotado y empobrecido. Por eso es que indigna escuchar y repetir ese discurso anticomunista que fue la excusa para perseguir y asesinar al militante de la izquierda y a todos los y las simpatizantes de la Unidad Popular, muchos de los cuales nunca fueron militantes de partido alguno, los asesinados y desaparecidos, partiendo por el ejemplo de Salvador Allende, todos y todas, fueron perseguidos por haber intentado construir un país distinto, son compatriotas ejemplos para nuestra futuras generaciones y deben ser recordados con orgullo y no en voz baja. Son otros los que han vivido en la impunidad y que merecen reproche, no son los militantes de la izquierda, son políticos, periodistas, maestros, catedráticos, publicistas, de la prensa, el libro, la tribuna y militares, quienes son parte de la premisa y la causa de las convulsiones y efectos del golpe de Estado de 1973 que hasta el día de hoy lamentamos.

Danmiato memorae le llamaban los romanos el dejar en el olvido a personas o instituciones que contradecían el poder religioso y político de la época, que es lo que ha sucedido en nuestro país, como si se pudieran arrancar las páginas escritas con honor y sacrificio, relegando a personajes tan decisivos para nuestra historia como Manuel Rodríguez, los Hermanos carrera, Balmaceda y en la historia reciente a Salvador Allende, a los dirigentes y militantes comunistas y socialistas, del MIR y del FPMR, a muchos cristianos que se comprometieron con el ideario de la UP, todos ellos con su sacrificio y esfuerzo son los que que abrieron la ruta de la democracia. Sin embargo nos imponen a personajes como la del Coronel Silva Renard, autor del asesinato de miles de obreros en la escuela Santa María de Iquique, la de Patricio Aylwin uno de los protagonistas del golpe de estado, ni hablar de los intentos que hizo la Concertación para lavar la imagen del general Cheyre, “el general de la transición” le llamaban y ahora preso por cómplice de crímenes de lesa humanidad.

Pero no se atreven a recordar y a institucionalizar el papel y la figura del General Rene Schneider, asesinado por la extrema derecha para evitar que Allende asumiera la presidencia de la República en 1970. Al General Bachelet, al General Poblete, al Coronel Cantuarias del ejército. A los marinos que fueron detenidos y torturados antes del 11 de setiembre por denunciar el golpe de estado y a todos los militares que en sus cuarteles se opusieron a la masacre militar en contra e su propio pueblo.

A estas alturas y con tanta mentira que se ha dicho y escrito, se olvida que Salvador Allende llegó a la presidencia de la República como un presidente socialista y mandatado por el pueblo para llevar adelante un programa de gobierno socialista y que eso fue lo que marco el antes y e después de nuestra historia. Ese gobierno democrático alteró el esquema político controlado por la oligarquía y el latifundio chileno, quienes hasta ese entonces marcaban el rumbo y el cambio de presidentes sin alterar la estructura de poder político ni económico.

Salvo algunas excepciones, como la de Balmaceda en 1891 o la de Pedro Aguirre Cerda en 1938, el gobierno de Salvador Allende fue una victoria política que removió la sociedad y a sus elites conservadoras hasta en sus más escondidos sentimientos, quedando establecido tácitamente al principio y explícitamente después, que Allende y su gobierno eran enemigos de estas clases y elites dominantes las que, por lo tanto, no iban a participar en su gobierno y no entregarían sus privilegios sin luchar.

Ese odio de clases no logro desarticular al gobierno de Allende y el apoyo a la Unidad Popular creció, incluso en los meses anteriores el golpe, así lo demuestra la elección parlamentaria de 1973 en la que obtuvo el 43,4 % de los votos, un hecho que indudablemente aceleró los planes golpistas, porque constataron que el gobierno de la UP y su presidente, tenia el apoyo de su pueblo. A pesar de los ataques de El mercurio, de la cámara de diputados, los ataques de la derecha, de los empresarios y comerciantes coludidos con el golpe, de los continuos ataques de Eduardo Frei, de Patricio Aylwin, del bloqueo norteamericano a nuestra economía, Allende continuó avanzando y ganando apoyo en el pueblo, pero sin crear lo mas importante en ese momento, la defensa de su gobierno.

Desde el primer momento la derecha demostró con hechos que la violencia era el camino para terminar con Allende, mataron al Comandante en jefe del Ejercito, al general Rene Schneider, para impedir que Allende llegara a la presidencia en 1970, en julio de 1973 asesinaron al edecán de la presidencia de la republica, Comandante de la marina Arturo Araya, crímenes en los que participaron oficiales del ejercito comprados por la CIA junto a terroristas de extrema derecha, Patria y Libertad. Intentaron un levantamiento militar, la sublevación del Coronel Souper en el blindado Nº2 en contra del gobierno en agosto de 1973. Finalmente presionaron al Jefe del ejercito, al general Prats quien renunció a su cargo de Comandante en Jefe del ejercito dejando a Pinochet en su reemplazo.

Por eso aun queda la insatisfacción tremenda, el vacío histórico como suele llamarse, de la incapacidad de la dirigencia de la Unidad popular para crear las condiciones para defender la voluntad popular, expresada democráticamente, y las conquistas alcanzadas. Pero esa dirigencia no se movió de la idea equivocada, que las Fuerzas Armadas eran respetuosas de la constitución y que se mantendrían al margen de los procesos y disputas políticas.

Honestidad política, consecuencia con una tradición que nunca fue tal, porque lo cierto es que las FFAAA y a lo largo de nuestra historia, han sido siempre el ultimo recurso de la burguesía y del latifundio para defender sus intereses. O fue un error, que lo diga la historia, pero esa fue una apreciación política errónea, lo fue antes y lo es ahora, la oficialidad de las Fuerzas Armadas chilenas se consideraban ( y consideran ) parte integrante y con un papel protagónico dentro de las estructuras del Estado.

Se sienten por convicción ideológica el último recurso de la violencia institucionalizada, para preservar la soberanía, la integridad territorial, la defensa contra cualquier agresión desde el exterior. Y como sucedió en 1973, actúan convencidos, como instrumento de la Doctrina de la Seguridad Nacional en la lucha contra el enemigo interno.

Esa es la historia, las decisiones políticas erróneas impidieron que luego del Tanquetazo se tomara la iniciativa para hacer una limpieza en el ejercito, dando de baja a todos los oficiales golpistas y poner al descubierto sus relaciones con los civiles sediciosos, pero no se hizo, a pesar de la oportunidad que era propicia. Luego vino la renuncia del general Prats, quien abandonó su puesto de mando en los momentos mas críticos del gobierno de la UP, no soportó la presión sobre el y particularmente la que le pusieron mujeres de militares, ese fue el momento decisivo para los golpistas ya que saliendo Prats, en el alto mando militar, no había un general que simpatizara con el gobierno y que estuviera dispuesto a mantenerse fiel a su juramento. Para los militares que estuvimos hasta el último con Allende la renuncia de Prats fue la llave que abrió la puerta a la decisión final del golpe, porque si él u otros oficiales hubiesen adoptado una posición constitucional, mientras eso pasara el golpe no era posible sin una rebelión militar interna. Las fuerzas armadas funcionan a través de una cadena de mando, de manera jerarquizada y disciplinada, lo que hubiera permitido que en los distintos eslabones del mando se hubieran manifestado todos aquellos que si estaban dispuestos a mantenerse en la línea constitucional y otros quienes derechamente habíamos decidido defender al gobierno.

Quizás en el ultimo llamado de Allende en su discurso de despedida envió el mensaje para el futuro, el que aun no es asimilado como lo fue su obra y su vida : “Las Fuerzas Armadas no pueden permanecer impasibles ante el derrumbe de nuestra Patria… Estamos formados en la escuela del civismo, del respeto a la persona humana, de la convivencia, de la justicia, del patriotismo…”

Han pasado 47 años desde 1973 pero aun están en nuestra memoria esos momentos en que la situación histórica nos puso frente a la disyuntiva de ser fieles a nuestro deber militar, a nuestro juramento de servir a la patria, o traicionar este juramento y nuestros principios haciéndonos parte de una conspiración que terminó en acciones cobardes como la traición, la tortura y el asesinato de personas inocentes, a nombre de la patria y de la lucha en contra del comunismo. Esa es la diferencia entre nosotros, militares leales a nuestro pueblo, y el puñado de generales, oficiales subalternos y suboficiales, quienes conspiraron en contra de un gobierno elegido democráticamente y legalmente constituido por voluntad popular. Nos pusimos al lado del pueblo y de la defensa del gobierno de Chile, manteniendo una postura digna en un momento y en un ambiente corporativo en el cual solo pensar distinto significaba el encarcelamiento, la tortura y en casos, la muerte. A estas alturas algunos de esos militares honestos y patriotas ya no estan con nosotros, algunos murieron a consecuencias de las torturas a las que fueron cometidos, entre ellos el general Bachelet, el Coronel Cantuarias, otros cayeron asesinados durante la lucha antidictatorial, como Enrique Reyes e Ivan Figueroa y otros, que nos dejaron a consecuencia de enfermedades. A todo ellos, sin distinción, nuestro reconocimiento y homenaje, a los que levantaron la voz cuando había que hacerlo, en momentos en que las ruindades y las ambiciones personales, la traición política y la mentira se apoderaron de Chile y de nuestras instituciones, opacando por medio del terror el pensamiento libre, el arte y la cultura. Finalmente, Chile tiene que cambiar, Chile ya está en el camino de cambio y lo haremos sin olvidar nuestro pasado, la lista de héroes y heroínas anónimos (as), que cayeron luchando con el poder dictarorial es larga. Son ejemplos que no debemos olvidar porque señalan que las ideas de cambio y, por un país mas justo no han fracasado, por el contrario hoy han adquirido mayor fuerza y vigencia, es la la realidad la que confirma su validez histórica.

Enrique Villanueva

EL DESENLACE DE UNA TRAICIÓN

El 11 de septiembre la traición de los generales ya no tenían vuelta atrás, a las 08:40 horas desde el Ministerio de Defensa, el teniente coronel Roberto Guillard transmite la primera proclama para fijar la poscion de los cobardes golpistas: “Teniendo presente: primero, la gravísima crisis social y moral por la que atraviesa el país; segundo, la incapacidad del gobierno para controlar el caos; tercero, el constante incremento de grupos paramilitares entrenados por los partidos de la Unidad Popular que llevarán al pueblo de Chile a una inevitable guerra civil, las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile exige: primero que el señor Presidente de la República debe proceder de inmediato a la entrega de su alto cargo a las fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. Segundo, las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros de Chile están unidos para iniciar la responsable misión de luchar por la liberación de la patria del yugo marxista y la restauración del orden y la institucionalidad. Tercero, los trabajadores de Chile deben tener la seguridad de que las conquistas económicas y sociales que han alcanzado hasta la fecha no sufrirán modificaciones en lo fundamental. Cuarto, la prensa, las radioemisoras y canales adictos a la Unidad Popular deben suspender sus actividades informativas a partir de este instante, de lo contrario recibirán castigo aéreo y terrestre. El pueblo de Santiago debe permanecer en sus casa a fin de evitar víctimas inocentes”.

Todos estos momentos los vivimos en las unidades militares, en una mañana que se fue transformando en una tensa espera, contarlo es difícil, porque no es posible traspasar al papel la tremenda tensión e incertidumbre que se vivía en esos momentos. A las 09:00 de la mañana los movimientos en la Base aérea de el Bosque eran mas intensos, empezaban a organizarse y a salir a la calle las unidades de contrainsurgencia, dirigidas por Oficiales y suboficiales escogidos, quienes fueron preparados para ello y con bastante antelación, asi entonces estaba sucediendo todo lo que denunciamos, en repetidas oportunidades, a las autoridades de gobierno.

Un grupo nos fuimos a escuchar la radio, enterándonos de los primeros bombardeos aéreos sobre puntos estratégicos de Santiago y luego del ataque a la Moneda. El que se inició alrededor de las 11:20 de la mañana, a esa hora, los aviones Hawker Hunter hicieron la pasada de estabilización sobre la casa de gobierno y viraron en 180 grados a la izquierda para iniciar el ataque. El primer avión impactó los cohetes en la Moneda cerca de las 11:30, el objetivo era aniquilar a las fuerzas vivas, al presidente y a quienes estaban junto a el. Para ello utilizaron los cohetes Sura P-3, un armamento que primero atraviesa las estructuras y paredes y luego estalla, provocando una destrucción interior significativa.

Con el bombardeo aéreo a la Moneda, a la casa presidencial, el símbolo de la democracia, se había desatado la acción militar que selló el carácter fascista y violento de todo lo que vendría después, una manifestación de odio de clases, con toda la violencia posible. Así quedó registrado, aviones de combate, tanques, y fuerzas de infantería, atacaron sin miramientos la casa presidencial, dispuestos a aniquilar al presidente de la república, quien con no más de unas decenas de valientes chilenos, defendían sus vidas y con ellas la dignidad de Chile.

En medio de ese ataque desigual, ordenado por los jefes militares fanáticos, que le habían traicionado, irrumpieron las palabras de Allende, cada una se sentía como verdaderos aguijones, que golpeaban nuestras conciencias. El presidente, con una tranquilidad admirable, intentaba hacer comprender a los chilenos y chilenas, que estábamos frente a una situación difícil e histórica para Chile.

Fue un momento de silencio absoluto, que no es posible describir en un papel, era la mezcla de impotencia, pena y rabia, frustraciones. Las palabras de Allende nos emocionaron hasta lo máximo, nadie pudo contener las lágrimas:

«… Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con nuestro ejemplo, que en este país hay hombres que saben cumplir con la obligación que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por mandato consiente de un presidente que tiene la dignidad del cargo entregado por su pueblo en elecciones libres y democráticas. En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la Patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil: es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor.

Pagaré con mi vida la defensa de los principios que son caros a esta Patria. Caerá un baldón sobre aquellos que han vulnerado sus compromisos, faltando a su palabra... roto la doctrina de las Fuerzas Armadas… Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos… Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición».

Ese mensaje de Allende fue su despedida y también el anuncio de una barbarie, recién allí empezamos a darnos cuenta de lo que venía, la bestialidad vestida de uniforme estaba desatada, sellando la suerte de una generación de hombres y mujeres, que soñaron, que lo dieron todo por un ideal solidario y que pagarían con sus vidas por ello. Así terminaron con la vida un presidente valiente y comprometido con su pueblo, que desafió al gran imperio de la época y a los sectores económicos dueños del país, quienes durante tres años se resistieron a perder sus privilegios y que no trepidaron en desatar una oleada de asesinatos para terminar con el gobierno socialista que les amenazaba. El once de septiembre Richard Nixon cumplió sus amenazas, quien según lo rebelan grabaciones desclasificadas por la CIA, se refirió a Salvador Allende como un «hijo de puta» a quien quería «patear el trasero», que había que hacer gritar su economía o después de la nacionalización del cobre en 1970, que era hora de “pegarle a Chile en el culo”.

El desenlace fue muy rápido, los hechos se fueron sucediendo uno tras otro, y parecía que nadie podría detener este torbellino, desde las primeras horas de la mañana la Fach empezaba a ser protagonista del golpe civil militar y de la represión sobre la población indefensa. Entre el 12 y 15 de septiembre, empezaron a llegar a la Escuela de Especialidades los primeros presos y presas políticas, la mayoría eran personas que vivían en los alrededores de la Base Aérea de El Bosque y San Bernardo.

Eso fue algo dantesco y atemorizador, en la mañana de uno de esos días de septiembre, ingresaron varios camiones, cerrados, (facilitados a la Fach por Villarín y Cumsille), de los cuales empezaron a ser bajados a empujones, hombres y mujeres, los hombres con sus camisas en la cabeza y las mujeres con sus sostenes como capuchas, formando una fila en dirección a los hangares de aviones. Varios de nosotros fuimos testigos de esas escenas brutales, eran varias decenas de personas, con sus cabezas cubiertas, amarrados, con las manos en la espalda, en una larga fila, golpeados y caminando.

Algunos de ellos eran maltratados más que otros, se decía que esos “eran los jefes comunistas o miristas del plan Z ”, quienes iban a quemar la base aérea, nuestras casas y asesinar a los militares. Los agresores, oficiales y suboficiales de la Fach, actuaban con la prepotencia del poder en sus manos, lo que les permitía decidir sobre la vida de las personas, inocentes o culpables, hombres, mujeres y ancianos, sanos o enfermos daba los mismo. Eran escenas que nos inundaban de impotencia, con la angustia de saber y comprobar, que durante los tres años pasados, que en las dirigencias políticas, de la UP, nadie entendió lo brutal que podía ser la reacción política y militar al gobierno socialista de Allende y la necesidad de prepararse para defender al pueblo y al gobierno. Ahora frente a nuestros ojos desfilaban personas, victimas de esa brutal realidad, en manos de fanáticos que iban a disponer de sus destinos, encerrándolos en un hangar de aviones y en los talleres de electricidad de aviación, pare ser vejados y torturados. Después de dos y tres días de inicisdo el golpe militar, definitivamente no había comunicación con el exterior, la idea de la resistencia popular y luego la de un levantamiento de algún mando militar, leal al presidente Allende, se habían esfumado. Las comunicaciones con la UP y los partidos ya no eran posible y nosotros habíamos quedado aislados, el dia 14 de septiembre nos enteramos que la resistencia en Indumet y otras fábricas habían sido sofocadas y que los rumores de un levantamiento militar, eran solo eso, rumores, y que la única realidad era la represión que estaba siendo cruenta e incontrolada.

El día 15 todavía quedaban focos dispersos de resistencia, protagonizados por compatriotas, quienes aún en condiciones desventajosas, siguieron el ejemplo heroico de Salvador Allende, levantando una resistencia armada al cruento golpe de estado. Acciones que, si bien no lograron reordenarse estratégicamente, dejaron el ejemplo de un compromiso político tremendo, basado en la lealtad a los principios y a un pueblo, que en esos momentos estaba siendo brutalmente avasallado.

Ya no cabía duda de que estábamos en presencia de una “guerra sucia”, la Junta Militar tenia el control del país y aplicaba todo el poder del Estado, para llevar a cabo “el exterminio del comunismo, del marxismo y los marxistas” justificación para detener torturar y matar. Fue una persecución guiada por fanáticos, que se erigieron como defensores del país, en contra de una subversión de izquierda, que nunca existio.

A pesar de toda esta brutalidad y abuso de poder las Fuerzas Armadas continúan siendo instituciones aisladas respecto de la sociedad y de su necesario control, continúan en el mismo aislamiento intencional que permitió, que un grupo de oficiales superiores ambiciosos, traicionaran su juramento y los valores institucionales, arrastrando a los militares a una guerra en contra de un pueblo indefenso y transformándolas en ejecutores del terrorismo de Estado.

Hoy ese aislamiento es la fuente de los abusos y de la corrupción que esta corroyendo a las FFAA, permitiendo que, en los estratos más altos del mando militar, un grupo privilegiado de oficiales superiores y subalternos, que se rigen por leyes propias, como una casta, hayan estafado al Estado, enriqueciéndose y esquilmando el tesoro público, actuando en un mundo cerrado, con desprecio a la civilidad y a la organización política y social. Es incomprensible tambien, que despues de haber vivido todas estas experiencias, las FFAA chilenas y carabineros mantengan una política de defensa disociada con el interés nacional y que la Doctrina de la Seguridad Nacional, reformulada, sea la base de la formación de los futuros oficiales y suboficiales. Con esto, las Fuerzas Armadas continuan siendo un sistema que se reinventa con el capitalismo, generando una cultura amarrada a la negación de la memoria, a la sistemática liquidación del pasado y a una apuesta por el presente sin asumir sus responsabilidades criminales.

Enrique Villanueva


Último discurso de Salvador Allende: https://www.lemondediplomatique.cl/2011/09/ultimo-discurso.html


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