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Sociedad, poesía y música. Por Hiranio Chávez Rojas

Una tradición que acompaña a las familias es la radiotelefonía, informa de acontecimientos sociales nacionales y del mundo, cumpliendo la misión de dar a conocer y mantener al día con las noticias, comunicando realidades, entreteniendo, educando y vinculando la sociedad, con una diversidad de contenidos bajo una particular mirada y cuidada editorial, que identifica de manera clara un lineamiento en la metodología usada para la entrega de información, sobre todo cuando esta tiene un significado y sentido político, el que es propagado desde esferas de poder económico, las que en su gran mayoría están en manos de consorcios poderosos, controladores de la información, ligados a estos sectores.

Escuchando un programa radial cuyo eslogan dice “radio la voz de Paine, comunitaria de verdad”, pude comprobar una manera de informar distinta, conectada con la comunidad; entre otras, referida a la difusión de músicas populares y tradicionales no sólo de Chile, sino también de América, con una programación que nunca estará en la llamada parrilla musical de otras emisoras. ¿Será por su objetividad informativa sin compromisos con poderes económicos y al servicio de la comunidad? Esta inferencia es producto de la escucha cotidiana de éstas, que en determinados horarios se conecta y comparte las ondas y frecuencia con Radio Universidad de Chile, conformando la red de “las radios que piensan" con filiales tanto regionales como comunales.

Estas músicas, nos hacen viajar a la diversidad cultural, sonora y poética de nuestro continente, dándole sentido de Unidad como lo pensaron José Martí, Bernardo O’Higgins, José De San Martin, Morelo, Artigas, entre otros pensadores y luchadores independentistas americanos del siglo XIX, que lucharon por independizarse de la corona, y también por la abolición de la esclavitud de chinos y negros traídos a América.

A aquellos negros esclavos que escapaban de sus opresores, les llamaban cimarrones, quienes conformaban pequeños poblados o Quilombos en la profundidad de los montes. Muchos de ellos se alistaron en el ejército del General San Martín, esperanzados en obtener su libertad, ingresando en los Batallones de pardos número 8 y 11, vestidos con uniforme llamado “a la turca”, para diferenciarlos de los combatientes blancos y mestizos. Ambos batallones, con sus correspondientes bandas musicales, a su repertorio habitual, incorporaron músicas y danzas populares en uso en la Plata colonial, llegando a Chile con cuatro danzas que pasarían a formar parte de la identidad musical y tradicional del país. Ellas son: el “Pericón”, el “Cuando”, el “Cielito” y la “Sajuriana”.

Hemos podido conocer y reconocer la poesía hablada y cantada, proveniente de la España colonial, cuya métrica poética llegó a cada rincón de América, influyendo en la forma de componer música y poesía en las culturas locales, desarrollando nuevas identidades como resultado del mestizaje.

Merece particular atención en el ámbito artístico, el aporte realizado por aquella manifestación conocida como Hip hop y su fuerte influencia jamaiquina, siendo ésta considerada una forma de vida y cultura muy amplia, reconocida por ejemplo, en la manera de vestir, al igual que en el sorprendente baile acrobático proveniente de sectores periféricos de Nueva York, como el Bronx, barrio marginal de Afroamericanos y Latinos, siendo referente para muchos jóvenes, quienes practican este estilo, con dedicación y perfección. Pablo chill-e Ft anita tijoux - facts 2 (joven de la pobla)

El Rap propio de esa cultura, invade el mundo a partir del año 1973 con su estilo musical rítmico poético, cuya métrica de canto libertario nacido en un sistema socio político capitalista, da cuenta de la gran brecha social surgida desde la marginalidad y estigmatización de barrios de minorías étnicas.

En su repertorio musical está la denuncia, la crítica y exposición de la realidad social. 12 Viaje Sin Rumbo - Tiro de Gracia

En Chile otro ejemplo son los poetas populares del siglo XVIII, XIX y XX, quienes narran situaciones y contextos de la contingencia, tales como la pobreza y la explotación, lo político, lo religioso e histórico y desde esta gran diversidad temática, fueron creando Décimas, Cuartetas, Brindis, Seguidillas, Romances, Corridos y Cuecas, que hablan y cantan como forma de divulgar estas realidades; propia manera de comentar e informar en el medio popular, plasmando la llamada Literatura de cordel, cuyos folletos eran impresos por los propios poetas para ofrecerlas a la comunidad, siendo su sustento y forma de vida en aquellos contextos urbanos y rurales.

Allí está la Lira Popular, gran referente de la realidad noticiosa, creada por autores considerados marginales, o periféricos por sectores hegemónicos y autodefinidos como “cultos”. Entonces, ¿de qué manera el pueblo subalterno puede decir, puede criticar o, puede manifestar su descontento frente a ese poder, si no es con su creatividad silenciosamente, bulliciosa representando a los sin voz?. Allí está el arte popular, ese que aprende, desarrollando su creatividad en el seno de los acallados, con versos que replican realidades, como en la Cueca, danza nacional de Chile, o en valses, tonadas y canciones, con versos y estrofas que inundan el cancionero tradicional y popular chileno. Me recuerda por ejemplo un par de canciones que están en la memoria del patrimonio oral de nuestro país.

El año 1967 acompañé en guitarra al destacado folclorista Héctor Pavez Casanova (QEPD) en la grabación del vals “Las penas del minero”, en un disco de vinilo larga duración del sello Odeón. Esta canción fue aprendida de un cantor callejero de Santiago que narra la injusticia social ocurrida a los mineros del carbón de aquella época.

  • “Con picota en mano cavando la tierra
  • como sombra triste en la oscuridad
  • así día y noche se ven los mineros
  • sin más compañía que la soledad
  • tienen la esperanza que vengan algun dia
  • a dar una justa recompensación
  • así va la vida del pobre minero
  • oscura y terrible como el socavón

Estribillo

  • Cuando la tragedia llega hasta sus puertas
  • jamás han mostrado todo su dolor,
  • porque los mineros saben que son hombres
  • y ocultan su pena con resignación,
  • saben que algún día ya no muy lejano,
  • su vida de un golpe se terminará
  • y en la boca mina quedarán sus hijos,
  • esperando tristes que salga el papá.

ESTRIBILLO.

  • Fatal ironía tiene su destino,
  • que se contradice con la realidad,
  • trabajan sus manos sacando riquezas,
  • ellos siempre pobres luchan sin cesar.
  • Los pobres mineros le entregan al rico,
  • la vida y la fuerza de su juventud,
  • después cuando mueren quedan olvidados
  • en las cuatro tablas de un negro ataúd”.

Héctor Pavez - Las Penas del Minero

La canción social siempre estará comentando la interioridad del ser humano, volcando contenidos de esas realidades cotidianas individuales y colectivas, en una intención de revelar todo aquello que los conductos de información oficial, ya sea prensa, radio y televisión, no transmiten por innumerables razones, como por ejemplo, causas de carácter político, que no están en la línea editorial del poder, por ello históricamente los creadores se han mantenido en el anonimato como cultura subalterna, sin tiempo para ser relevados en su carácter colectivo, al igual que su cancionero. En la cueca, nuestra danza nacional sus versos tienen la libertad de recibir contenidos universales de la vida, siendo ella en su heterogeneidad un verdadero espejo de la sociedad y su enorme diversidad.

  • “Cuatro esquinas tiene un cuadro,
  • cuatro tiene mi pañuelo,
  • cuatro tiene la cama, donde duerme mi consuelo”.
  • Otra copla:
  • Quién dice que no se goza, con gusto lo que es ajeno
  • sabiendo disimular, se goza mejor que el dueño”.
  • La mujer del herrero dicen que tiene,
  • por detrás de la Fragua, quien le hace al fuelle.
  • Quién le hace al fuelle si.
  • quién no ha robado,
  • fruto del huerto ajeno disimulado.
  • “Ya no cambia la vida, prenda querida”.

Y así, son miles de cuecas con los más diversos temas del ser humano, naturaleza, históricos, políticos, filosóficos, geográficos, religiosos, del amor y pícaros.

En la década de los años 80 del siglo XX, aún se encontraba en la ciudad un poeta llamado Lázaro Salgado, que junto a su esposa “Emita”, mantenían ese viejo oficio vendiendo su trabajo impreso en sencillas cuartillas, cantando en un escaño de la calle Ahumada, a metros de la desaparecida, e icónica “Feria del Disco”, dirigida por doña Marta González Marnich, lugar cercano a la Plaza de Armas de Santiago.

Don Lázaro y doña “Emita” representan una imagen detenida en el tiempo, como el último poeta trovador de aquella antigua Lira popular de la literatura de cordel, con su “oratura”, “oralitura” y “sonorituras”, haciéndonos viajar a contextos sociales diversos. Pero sobre todo, la tierna imagen de ese matrimonio que mostraba su arte y trabajo con la dignidad de artistas populares e intelectuales.

Esos viejos poetas dejaron su tiempo en escritos y bellas xilografías, cuya imagen grabada sintetizaba su sentir invitándonos a recordarlos, quedando por siempre en la memoria histórica de Chile. Don Hipólito Casas Cordero, Bernardino Guajardo, Daniel Meneses, Juan Bautista Peralta, Críspulo Gándara y un largo listado de “puetas” de todo el país, incluidas mujeres que cultivaban este arte. Doña Rosa Araneda, Graciela Vergara, entre otras que se atrevieron a crear poesía, siendo por lo general el canto a lo pueta rol masculino.

Por otro lado, muralistas mexicanos en general con formación académica, a diferencia de los poetas populares que se forman por tradición oral, ambos por igual reflejan y retratan en las calles y muros, historias conocidas por sus culturas, quedando impresas con signos reconocidos culturalmente por la comunidad.

Reconocidos muralistas mexicanos como Siqueiros, Tamayo, Rivera, Orozco, entre muchos otros, hablaron desde sus obras para contarnos la historia y los necesarios cambios para el pueblo mexicano. Esos grandes maestros dispusieron su arte para ser compartido sin restricción y de manera pública.

Pintores y muralistas chilenos, como Roberto Matta, entre otros, llevaron a la calle ese lenguaje visual, retratando realidades y la necesidad de cambios para el país. Surgieron de ese lugar jóvenes seguidores, en barrios populares y su gran referente fueron las “Brigadas Ramona Parra”, las que colorearon los muros de Chile, pintando hasta las estrellas arriba de los andamios, verdaderos monos trepando al imaginario universo creativo, trasladándose en un viejo camión por la ciudad, chicas y jóvenes con sus overoles pintarrajeados, sentados al borde trasero del viejo camión, prestos a saltar en movimiento con la rapidez propia del oficio. Allí el mono González, hoy Premio Nacional de Artes, trazaba en las paredes y Lily, ahora cineasta y profesora, niña morena, delgada y frágil, rellenaba con maestría los diseños y frases, llamando a la conciencia para luchar por cambios sociales y políticos en el Chile del siglo XX.

Esta otra poesía que se lee en “las paredes de mi ciudad”, como el poema de Paul Éluard, con el que Gian Franco Pagliaro compuso la canción, “Yo te nombro Libertad", basado en ese poema. Gian Franco Pagliaro - Yo te nombro Libertad

Viajando en el ferrocarril que conecta sectores rurales y urbanos conduciéndonos a diversos pueblos y a la capital, nos acompañan en el trayecto comerciantes, músicos callejeros y cuentacuentos y un sin número de personajes en esta feria en movimiento. Un grupo de músicos jóvenes, sin instrumentos, solo con un pequeño parlante y micrófono, abordan el metrotren improvisando versos, rapeando la travesía, al comentar rítmica y métricamente características de los pasajeros, algunas entretenidas y divertidas.

Estos improvisadores repentistas nos ayudan a sentir que el viaje es más corto, sacándonos sonrisas que ayudan a soportar el estrés social y laboral, producto de conflictos y políticas nacionales que afectan nuestra economía y vida cotidiana. La experiencia del viaje en ferrocarril permite la tranquilidad del desplazamiento, evitando el uso del automóvil en una ciudad sobrepoblada de vehículos. Por supuesto que es más seguro y entretenido escuchar a estos artistas callejeros que nos recuerdan la tradición de los poetas populares de los siglos XVIII en adelante, siendo un referente poético musical para jóvenes con mayor acceso a información global, en que las palabras brotan contextualizando lugares, barrios, cultura urbana y marginal no oficial, creando sonorituras reflejadas en su decir.

Don Pablo Neruda escribe en prosa poética “Las palabras” y en uno de sus versos se refleja la historia sintetizada de la conquista.

“Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas (…) Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra, pero los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecillas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes, el idioma. Salimos perdiendo, salimos ganando, se llevaron el oro y nos dejaron el oro, se lo llevaron todo y dejaron todo, nos dejaron las palabras”. Mario Lorca Las Palabras de Pablo Neruda

O el verso del cantor y poeta popular Pedro Yáñez, dice :”El canto nació del Hombre, nació con el pensamiento. Primer padre de la Historia fue madurando en el tiempo”.

Durante la década de los años ochenta, un grupo de cantores populares jóvenes, reactivaron ese oficio, pero no imprimiendo, sino que cantando en festivales y escenarios teatrales, payando y dialogando con el público, como los hermanos Santos y Alfonso Rubio, Jorge Yáñez, Eduardo Peralta, Pedro Yáñez, Francisco Astorga y su hermana Cecilia, entre otros, sin olvidar que la vigencia tradicional de esta poesía, nunca ha dejado de estar en novenas religiosas, al igual que en el canto de Alféreces de los bailes chinos, o sirvientes en lengua Quechua, dedicados a la virgen, con sus contrapuntos de salutación, como ellos nombran a estos encuentros, cada vez que asisten a bailar a algún santo patrono.

Hubo un memorable enfrentamiento poético entre dos “puetas” antagónicos de finales del siglo XVIII que quedó en la memoria de la tradición, ellos fueron don Javier de la Rosa y “el mulato Taboada”, quienes payaron hasta que uno se convirtió en el triunfador.

En esta poesía rescatada gracias a la memoria popular, vemos cómo la tradición oral cumple la función de dar vida y transmitir hechos sociales, históricos y culturales, objetivo que logra su sentido al quedar impreso en anales de investigación y estudios especializados, demostrando la capacidad de retener el conocimiento adquirido como educación tradicional.

Los poetas populares payan “a lo humano”, referido al mundo cotidiano o historia, “a lo divino” por “Antiguo y nuevo testamento” y las “sagradas escrituras”.

Este contrapunto evidencia opuestos sociales y culturales que reflejan la realidad hegemónica instalada en ese periodo de tiempo.

Escucharlo nos permite ingresar a ese momento, dando una imaginaria vida a lo ocurrido. Hoy podemos interpretar su contenido más allá de la simpleza del ingenio del uso del lenguaje, apareciendo las diferencias sociales y económicas de origen. Aquí en este contrapunto están “el débil y el poderoso” y todo lo que significan esas diferencias. Paya entre Don Javier de la Rosa y el Mulato Taguada. Santos Rubio, Manuel Dannemann. 1969.

Chile es un país de grandes artistas, escritores y poetas, como Gabriela Mistral y Pablo Neruda, premios Nobel de Literatura, o la genial Violeta Parra, consecuente con su poética, que cantó la diferencia social, denunciando el país oculto de los sin voz. Con su verso puso el acento y acorde social en sus creaciones, al igual que Víctor Jara, actor, poeta y cantor mártir que se quedó grabado en el alma de Chile, por la barbarie de una dolorosa dictadura civil militar iniciada el 11 de septiembre de 1973 durante 17 años. Ambos cantores, Violeta y Víctor, quedaron reflejados en murales callejeros y en el corazón de los chilenos. Es importante mencionar a creadores reconocidos por la ciudadanía como, Rolando Alarcón, Patricio Manns, Richard Rojas, Raúl De Ramón, Nano Acevedo, entre muchos otros.

Al comparar realidades en el hoy, nos damos cuenta que poco o nada ha cambiado, apareciendo la colonia europea de aquellos tiempos abiertamente esclavista, donde dichos opuestos evidencian el poder de unos sobre los otros, al considerar a seres humanos como objetos de uso, que jamás podrán estar al nivel del sujeto ostentador del poder definido como hegemonía y subalternidad

Es la historia de nunca acabar, el de arriba se impone sobre el de abajo, es cosa de observar un gallinero, donde las aves viejas duermen junto al gallo en las escalinatas superiores y las más jóvenes en las inferiores, amaneciendo cagadas por las capas superiores. Siendo en la vida real, el espejo de una sociedad donde los poderes económicos, las comunicaciones, los bienes propios de una Nación y sus recursos, son repartidos por estas castas hegemónicas neoliberales, que se han apropiado del mundo con nuevos esclavos, no traídos del corazón de África, sino de los propios países donde han instalado un consumismo mercantilista, siendo esta una herramienta poderosa del capitalismo, como nuevas formas de sometimiento al igual que en la colonia, cuando llegaban a “hacerse la América” y cambiaban cuentas de vidrio por metales preciosos bajo engaño, usurpación y desalojo de tierras a sangre y fuego, convirtiendo a sus habitantes en esclavos y peones del nuevo poder en el nuevo mundo. Situación que ningún gobierno en este continente ha sido capaz de revertir, demostrando lo contrario al inclinar cabezas al servicio de poderosos imperios contemporáneos.

En la cultura tradicional aparece graciosamente el verso, “Un pajarillo me ha dicho que cazaba sobre tarde, que los pájaros más grandes, se comen a los más chicos”.

La falacia de la paloma de la paz montada en una estrella que trae la nueva era al mundo, no existe ni aquí, ni allá, ni acullá, siendo reemplazada por el “águila de la guerra”, que al igual que in illo tempore, se apropia de territorios, expulsa sus habitantes, asesina impunemente, con la complicidad poderosa del águila carroñera y sus aliados del primer mundo, que son como el mono que no ve, no escucha, ni menos habla de esos genocidios y barbaridades ocurriendo en pleno siglo XXI.

Cuando conducimos un vehículo por carreteras, a veces aparece una señalética con un triángulo indicándonos un peligro delante del camino, signo universalmente conocido por su significado, entonces, si hoy vemos dos triángulos superpuestos formando una estrella, ¿tendré que leer que es doble el peligro que tenemos delante? Pero ya todo fue cocinado y los resultados son urbi et orbi.

¿Para qué me preocupo? Si, “ojos que no ven, corazón que no siente”. Es el dicho popular reflejando cierta indiferencia frente a actos, eventos, situaciones sociales y políticas que afectan a la sociedad y a quienes habitan en ella, mientras que otros aprovechan los resultados de actos inhumanos y agresores con, “a caballo regalado, no se le miran los dientes”, o “a río revuelto, ganancia de pescadores.” Los dichos calzan perfecto para quienes provocan y ensucian la humanidad con sus guerras, ocupaciones territoriales, para destruir y luego construir bajo sus condiciones engrosando sus propias arcas.

¿Será esta la nueva humanidad que estamos experimentando que regirá el mundo?

Ya aparecen nuevas cabezas de territorio global dividiendo el control de la economía social y política, que ya no es solo la “antorcha de la libertad”, surgiendo otras alternativas y paradigmas que abren el horizonte o el Imperio del norte y su billete verde, ahora otros colores asoman en la economía mundial.

El águila calva, cada vez va quedando más desplumada ante la presencia del mítico “dragón rojo” que se alimenta de sus plumas, permitiéndole crecer para volar por el mundo.

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