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Solidaridad y política. Por Carlos López Dawson

INDEXAR LA FELICIDAD

Se han creado estadísticas curiosas para medir la felicidad de los habitantes de Estados mediante los cuales se levanta listados que indicarían cuales son los países mas felices. Es todo un tema cuyo rigor es discutible, pero son índices que se pueden considerar en políticas públicas. No cabe duda de que todas las ideología conocidas tienen por objetivo la felicidad, de manera que cuando proponen sus planes su objetivo es ese. Desde luego hay ideologías que solo contemplan como humanos a quienes reúnen ciertos requisitos, por ejemplo, pertenecientes a una raza determinada. Pero, también hay ideologías universales, que no hacen distinciones. Entre ellas las más difundidas son el liberalismo, socialismo y comunismo. En estas tres ideologías lo que tienen en común es la solidaridad.

El liberalismo y la solidaridad son dos conceptos que a menudo se debaten en el ámbito ético y político. La solidaridad se considera una virtud humana fundamental. La solidaridad y la libertad son condiciones recíprocas necesarias para el desarrollo humano y la creación de un orden social con equidad. Sin embargo, el liberalismo se puede asociar con el egoísmo cuando las reglas permiten que el fuerte no tenga control. Entonces aparece la desigualdad.

El socialismo propone que el Estado participe en la economía regulando los medios de producción. Existen diversas corrientes dentro del socialismo y surgió como respuesta al capitalismo industrial y sus desigualdades sociales. Dicho sintéticamente la diferencia entre socialismo y comunismo está en el procedimiento para alcanzar el objetivo, el socialismo democrático, social democracia, por ejemplo, propone un proceso gradual, de convencimientos, el comunismo propone un cambio radical por medio de la eliminación inmediata de las clases sociales y el establecimiento de la absoluta igualdad social, que resultaría en la desaparición del Estado. El medio para alcanzar esto es la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción. El socialismo combate el egoísmo y promueve la solidaridad. Este cambio puede ser democrático o revolucionario, dependiendo de las condiciones políticas que se enfrenten.

LOS OBSTACULOS PARA LA FELICIDAD

Si bien todas las ideologías plantean la felicidad como objetivo, todas se enfrentan al mismo problema: la desigualdad económica, problema global que tiene consecuencias significativas en toda la humanidad. Para evitarlo se requiere de políticas públicas que promuevan la equidad y la justicia social, así como fomentar la transparencia y la rendición de cuentas en los sistemas económicos y políticos. El problema es cómo hacerlo sin caer en mitos ni mentiras.

Reducir la desigualdad económica no solo es una cuestión de justicia, sino también de eficiencia económica y estabilidad social. Mientras más sean los que quedan atrás más grande será el peso económico para el conjunto de la sociedad. Al trabajar juntos para superar este desafío, podemos construir un mundo más equitativo y próspero para todos. Combatir la desigualdad y lograr un mundo mas justo permitirá a la humanidad sobrevivir. + La acumulación de riqueza en unos pocos destruye no solo la convivencia, sino también el planeta, por lo tanto, la sobrevivencia de la especie humana.

EL PECADO DEL CONSUMISMO

Otro obstáculo es el consumismo. La tendencia de adquirir, consumir o acumular bienes y servicios que, en muchas ocasiones, no son necesarios para las personas, está conduciendo al agotamiento del planeta como ya lo advirtieron científicos de NN.UU. (https://www.eluniverso.com/noticias/2021/01/26/nota/9601813/cientificos-advierten-futuro-espantoso-extincion-inedito-estudio/#:~:text=27%20de%20enero%2C%202021%20-%2009h21%20La%20investigaci%C3%B3n,con%20el%20fin%20de%20frenar%20la%20crisis%20medioambiental.). Sin embargo, la disminución del consumo, en los actuales estándares económicos, pueden causar, a su vez, problemas económicos graves en el empleo y las consecuencias del desempleo. Parece un círculo vicioso y cuya solución está a la mano: educación. Como sea, la libertad de consumir se asocia a un concepto de libertad, lo que es un error por cuanto el consumo depende de los recursos que tiene el consumidor y no de la libertad. El ser humano siempre podrá hacer lo que desea si tiene como hacerlo. Lo importante es educarnos para evitar llegar al extremo de extinción. Ya no se trata de una posible extinción por una guerra nuclear sino por la ambición y el consumo.

Seguramente es más entretenido ir a un lugar donde se exhiben ´productos a bajo precio con luces y espectáculos, como un duty free, por ejemplo, que ir al almacén del barrio. El comerciante hará lo posible por atraer al consumidor, es su trabajo, pero el deber de la comunidad es educar para impedir la extinción. Ese es el desafío de la humanidad. Frente a esta realidad las modernas ideologías decimonónicas, como el liberalismo y el socialismo no ofrecen solución. Y menos las ideologías conservadoras. Por qué no se trata de ideologías sino de ciencia. No es una cuestión entre libertad y sumisión, sino de trabajo en equipo para lograr que nuestros descendientes sobrevivan y no sean testigos de una nueva extinción de las especies vivas, incluida la humanidad.

LA NECESIDAD DE LA NORMA

Cuando la convivencia se torna imposible, entonces se requiere regularla. De allí resulta la importancia de normar las conductas. La norma, como otras manifestaciones humanas, evoluciona, como un acto necesario o inevitable, no obstante que algunos logren imponer por un tiempo sus normas arbitrarias o egoístas por encima del desarrollo o evolución del humanidad.

Obviamente que la evolución es de los seres humanos. La palabra “norma” proviene del latín “norma-ae”, que originalmente significaba escuadra y una guía para que los aprendices siguieran un patrón. Es una regla que se debe seguir o ajustar las conductas, tareas, actividades, etcétera. Desde luego hay normas inevitables como las técnicas, toda vez que si no se respetan algo no funcionará. Otras son acuerdos entre las personas, de manera que se pueden cambiar sin afectar la esencia. Se crean o acuerdan para establecer las bases de un comportamiento aceptado dentro de una sociedad u organización. En este caso tas normas se aplican en distintos ámbitos de la vida y se espera que sean aceptadas por todos. Si cada grupo humano escribe su historia, no cabe duda de que parte de ella está conformada por las normas que la rigen, por las leyes y costumbres que sanciona el poder, normas que tienen historia porque son el resultado de un devenir, de una actitud, de un pensamiento que no es estático sino mutable, y ello alude al fenómeno de la historicidad.

La historia del derecho tal como lo conocemos hoy , en general, no es un proceso circunscrito a los límites exclusivos del territorio de un Estado, sino un fenómeno que arranca sus orígenes de Europa, que se prolonga por todas partes y adquiere entonces un desarrollo y transformación condicionados por el medio y las necesidades locales y en la medida que el mundo se globaliza, las culturas se han hecho universales, el derecho también va adquiriendo ese carácter retroalimentándose de otras culturas en un proceso de globalización.

LA NORMA INTERNACIONAL.

Un obstáculo importante es la violación del derecho internacional. Por ejemplo, del Derecho Diplomático: Según el Artículo 22 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, las sedes de las misiones diplomáticas son inviolables. Esto significa que los agentes del Estado receptor no pueden ingresar a ellas sin el consentimiento de la misión diplomática. Todas las Embajadas son sedes diplomáticas, y están protegidas de cualquier intervención policial sin previa autorización.

Esta materia esta reglada por la Convención de Viena, tratado, firmado en 1961, que regula los derechos y obligaciones entre organizaciones y estados internacionales. Establece que las sedes de las misiones diplomáticas son inviolables, y también prohíbe el embargo o revisión del mobiliario de dichas sedes. Cuando se irrumpe en una embajada el Estado que lo ejecuta ha incumplido estas disposiciones.

Algunas de las posibles sanciones y consecuencias podrían incluir: Diplomáticas: El país cuya embajada ha sido invadida puede retirar su personal diplomático de la embajada invadida y romper relaciones diplomáticas con el país invasor.

Legales y económicas: El Estado afectado puede denunciarlo en la Corte Internacional de Justicia (CIJ). La CIJ podría imponer una sanción pecuniaria (multa) o apartar al Estado infractor de ciertos comités y votaciones en organismos multilaterales como la Organización de Estados Americanos (OEA).

En resumen, un pais que viola la Convención de Viena podría enfrentar consecuencias legales, diplomáticas y económicas. El derecho internacional considera la invasión de una embajada como una violación de la soberanía de otro país. La situación se agrava si se desconoce el derecho al refugio eventual de una persona asilada en el recinto diplomático afectado.

EL DERECHO DE ASILO

El derecho de asilo es un derecho internacional de los derechos humanos, que puede disfrutar cualquier persona fuera de su país de origen en caso de persecución política. En América Latina existe una práctica antigua y es parte del derecho internacional reconocido por los Estados de América. El derecho de asilo es un derecho fundamental recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, en el derecho de la Unión Europea y en muchas constituciones. Según ACNUR a finales de 2019 había 4,2 millones de solicitantes de asilo en el mundo. En 2019 se presentaron dos millones nuevas solicitudes de asilo. EE.UU fue el mayor receptor mundial de nuevas solicitudes individuales (301.000), seguido de Perú (259.800), Alemania (142.500), 85% Francia (123.900) y España (118.300).

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tiene la facultad de adoptar medidas para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales, de acuerdo con el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas. Estas sanciones pueden variar en su alcance y naturaleza, desde sanciones económicas y comerciales amplias hasta medidas más selectivas, como embargos de armas, prohibiciones de viajar y restricciones financieras.

En la actualidad, existen 15 regímenes de sanciones que respaldan soluciones políticas de conflictos, la no proliferación de armas nucleares y la lucha contra el terrorismo. Cada uno de estos regímenes es administrado por un comité de sanciones presidido por un miembro no permanente del Consejo de Seguridad. Además, hay 11 grupos y equipos de seguimiento que apoyan el trabajo de 12 de los 15 comités de sanciones1.

El Consejo de Seguridad también está cada vez más consciente de los derechos de las personas afectadas por las sanciones. Se han establecido procedimientos claros y justos para imponer y levantar sanciones, y se han creado mecanismos como el Punto Focal para las Solicitudes de Supresión de Nombres de las Listas y la Oficina del Ombudsman ante el Comité de Sanciones contra el EIIL (Daesh) y Al-Qaida1.

El camino aconsejable para un pais que ha violado una sede diplomática y derechos humanos es reparar el daño causando. No es solo una cuestión normativa, tampoco ideológica, propia de alguna corriente en particular, sino consecuencia del humanismo cultural que hemos logrado, y que todos los Estados, grupos políticos y personas sostienen como faro de su personalidad, es hora de practicarlo.

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