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Superación del neuroliberalismo: hacia el encuentro de las clases subalternas. Por Alex Ibarra Peña

El neologismo de neuroliberalismo se lo debo al intelectual argentino Hugo Biagini, fue a él quien se lo escuché por primera vez. Básicamente consiste en el reconocimiento de nuestra «dormida» conciencia de hace algunos años atrás en las que aplicaba la sentencia de el «consumo me consume» que da título al ensayo del sociólogo Tomás Moulian. Eran los años de «triunfo» del capitalismo salvaje que permitieron la serie de gobiernos políticos de derecha que seguimos padeciendo y que sentenciaban la muerte de la ideología de izquierda farreada por representantes que traicionaron al pueblo y que se vendieron al mejor postor.

La revolución social comenzada en octubre del año pasado inició un movimiento transformador que estuvo a punto de alcanzar un proceso de democracia directa jamás visto en nuestra historia política a pesar de los distintos momentos históricos en los que se le ha deseado. Hay un subsuelo político que ha estado actuando en favor de un proceso de liberación radical, el movimiento de octubre lo puso en la superficie.

Los procesos revolucionarios sólo alcanzan su maduración cuando las clases subalternizadas se encuentran. En nuestro país ese encuentro se ha visto inconcluso, dado el racialismo incubado por años, por esa visión prejuiciosa del relato entre lo civilizado y lo bárbaro, en favor del colonialismo extremo. Nuestra acostumbrada servidumbre ha sido la repetición de este relato, ha sido lento el proceso de concientización crítica al respecto.

Desde los 90, la democracia fallida continuadora de la dictadura cívico-militar, ha estado interviniendo el wallmapu, siempre violando los derechos humanos en la persecución política al pueblo-nación mapuche que se venía agrupando desde un movimiento de recuperación de la identidad desde lo ideológico. Nuestro racialismo impidió una solidaridad del pueblo chileno con aquella causa.

Hoy el contexto es otro. El pueblo chileno está tomando conciencia de la justa causa mapuche y además tolera menos el autoritarismo de las clases dirigentes. Esto hace que frente a la opresión indebida del Estado, hoy aparezcan mayores manifestaciones de solidaridad con el proceso de liberación mapuche. Este encuentro tiene una profunda fuerza revolucionaria que hemos visto ya en Bolivia y Ecuador, alcanzando procesos de maduración política que causaron peligros suficientes al capitalismo organizado que ha usado todos sus recursos en debilitar aquellos triunfos políticos populares.

Este incipiente periodo de organización social y política ha llevado al actual gobierno a asumir una etapa en la que se les permite mayor liderazgo a figuras políticas relacionadas e implicadas con la dictadura o con el modelo económico de ésta. Este nuevo gabinete, es un intento de fortalecer el modelo de injusticia que hasta antes de octubre era pactado por la clase política dirigente.

Hoy las movilizaciones sociales siguen activas, el pueblo supo recuperar el 10% de sus fondos previsionales del lucro buitre de las AFP, el pueblo ha sido sororario en favor de la defensa de las mujeres que sufren violación y hoy el pueblo está solidarizando con el pueblo mapuche. Seguimos en un proceso de tensión política que si no fuera por el confinamiento de la pandemia nos tendría nuevamente reunidos en las protestas masivas.

La única posibilidad de superación del capitalismo salvaje está en este encuentro de las clases subalternizadas, es ahí donde está la fuerza transformadora para alcanzar la anhelada dignidad que ilumina nuestro horizonte utópico. No hay otra forma de hacer política, es necesario asumir que unidos somos los sujetos protagónicos de la historia. Los condenados de la tierra son sus auténticos dueños, los otros han sido los usurpadores.

Alex Ibarra Peña. Dr. Estudios Americanos.

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