EL DEBER DE EMPATÍA
El Estado de Chile ha rechazado la política del Presidente Donald Trump de EE.UU. por violar el derecho internacional, los derechos humamos y la soberanía de Venezuela. Para muchas personas lo que hizo Trump es un acto de guerra, hipócrita, que viola la ley de su propio país y el Derecho Internacional Público (DIP) al ser una agresión amplia que incluye desde bloqueo hasta intervención militar unilateral sin mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, vulnerando la soberanía de Venezuela y las normas de no injerencia.
En los múltiples actos similares realizados por los EE.UU. de América su gobierno ha mentido, resultando en pérdidas humanas y económicas significativas, el desmantelamiento de los ejércitos y la instalación de gobiernos títeres pro-estadounidense, dejando a los Estado invadidos en la miseria total.
Los fundamentos del Derecho Internacional Público (DIP) para ilegalizar actos de guerra residen en el Derecho Internacional Humanitario (DIH), que se basa en principios clave como la Distinción (entre combatientes y civiles), la Proporcionalidad (daños incidentales no excesivos), la Necesidad Militar (solo lo necesario para un objetivo legítimo) y la prohibición de causar Sufrimientos Innecesarios, buscando siempre proteger a personas y bienes no combatientes, basándose en Convenios (Ginebra, La Haya) y costumbres, para limitar la barbarie y humanizar el conflicto armado.
GUERRA HIPÓCRATA
Un acto de guerra se vuelve ilegal cuando viola principios fundamentales del derecho internacional, por ejemplo: atacar directamente a civiles, hospitales o infraestructuras civiles (violación de Distinción), usar armas desproporcionadas o indiscriminadas (violación de Proporcionalidad), torturar prisioneros o no tratarlos humanamente (violación de Humanidad), cometer actos no justificados por la necesidad militar, como secuestrar al presidente de un Estado (violación de Necesidad Militar).
Estos actos pueden constituir crímenes de guerra, que son delitos graves bajo el derecho internacional, perseguibles por tribunales nacionales e internacionales. Lo que se diga es poco, solo los traidores pueden alegrarse de que un Estado invada a su Estado.
LA DESINFORMACIÓN
Además de los actos de agresión máxima, como lo sucedido con el Presidente Nicolas Maduro, la política de EE.UU se basa en la desinformación, y eso quiere decir mentir mentir, mentir. En eso el actual presidente de EE.UU. solo es un continuador, Trump ha continuado utilizando tácticas como la desinformación, la manipulación y la fuerza para imponer su voluntad, lo que ha llevado a una pérdida de confianza en las instituciones democráticas. Por ello Trump ha sido acusado de actuar como un dictador, utilizando el poder ejecutivo para silenciar a la oposición y controlar la información. Ha difundido teorías conspirativas y ha cuestionado la legitimidad de las elecciones, lo que ha generado confusión y desconfianza en la población y ha debilitado las instituciones democráticas y ha generado un clima de polarización y desconfianza. La política exterior de Trump es continuación de la política exterior del Estado que ha generado preocupación en la comunidad internacional, con algunos países expresando su apoyo a Maduro y condenando la intervención estadounidense. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Estados Americanos (OEA) han pedido una solución pacífica y democrática para la crisis en Venezuela.
LA MENTIRA IMPARABLE
La mentira en la geopolítica es una herramienta estratégica deliberada que utiliza información falsa o sesgada para manipular la opinión pública, debilitar adversarios y lograr objetivos políticos, a menudo a través de la propaganda y la desinformación, explotando emociones y prejuicios, y socavando la confianza en las instituciones y los hechos, lo que complica la toma de decisiones y polariza a las sociedades, especialmente en la era digital y de conflictos híbridos, siendo un desafío constante para la democracia. Por ello es que se trata de un acto deliberado de difundir falsedades para causar daño o influir en el comportamiento, a diferencia de un error inconsciente. Todos los conflictos iniciados por EE.UU. han sido cubiertos con narrativas sesgadas, donde medios alineados presentan a Venezuela de forma desfavorable, publicando comunicados oficiales como si fueran noticias objetivas. Un aspecto deplorable es la manipulación emocional de la gente, explotando sus miedos y deseos para que acepten ideas falsas. La desinformación se usa en "zonas grises" para confundir, erosionar consensos y sembrar dudas sobre la verdad, haciendo que los hechos parezcan meras hipótesis, mientras que las plataformas digitales amplifican las mentiras, que generan más reacciones que la verdad, y se utilizan para diseñar campañas a medida para dividir a las sociedades.
Las consecuencias de estas políticas rompen la línea entre la mentira política y el error lo que se difumina, y la mentira se convierte en una forma de gestionar la realidad para algunos.
TANATOCRACIA
Chile debe estar atento a las políticas mentirosas de la potencia vecina, la soberanía no puede tener ideología, es un deber esencial de los nacionales, de manera que la aplicación de las políticas imperiales borra la idea de patria. La invasión a Venezuela y el secuestro de su presidente se suman a las operaciones de bloqueo comercial, económico y acciones militares estadounidenses, violando de manera flagrante el derecho internacional e instaurando un régimen de TANATOCRACIA en el sistema internacional, es decir el dominio a través de la muerte y el miedo, que imponen terror (Fobos), que se manifiesta también en la manipulación de crisis (alimentarias, energéticas) para control social; y, en un sentido más figurado y contemporáneo, en la toma de decisiones políticas donde el miedo a la catástrofe (nuclear, climática) legitima medidas autoritarias. Las permanentes amenazas del Presidente Trump al resto del mundo son una clara expresión de su voluntad de regir el sistema internacional mediante el miedo y el terror, lo que no es una novedad, ya que América Latina lo ha sufrido a lo largo de su historia, Chile incluido, por si lo han olvidado.
Los organismos internacionales no deben callar ante las innumerables violaciones de las normas de derecho internacional cometidas por EE.UU., a saber, del artículo 2, inciso 4, de la Carta de las Naciones Unidas, del artículo común 3 de las Convenciones de Ginebra de 1949, y de los artículos 51, 52 y 57 del Protocolo I a las Convenciones de Ginebra y los derechos consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, en la Convención de San Francisco, en los Pactos Internacionales de Derechos Humanos violados; además, los organismos internacionales y los Estados deben declarar que los Estados Unidos violaron los principios de no intervención, la inviolabilidad de la soberanía y los derechos humanos amparados por la Carta de la ONU, la Convención de Ginebra, los Protocolos de Ginebra, conforme a sus obligaciones de acatar el derecho internacional.
