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Teléfono de Hitler… en torno a Vicente Huidobro y los chilenos que olvidan. Por Ricardo Espinoza Lolas

"He pasado trece días en Alemania. No te imaginas qué días, los días más históricos del mundo. Algo vertiginoso. Unos días que valen un siglo de existencia. Llegué al frente con ansias de vengar mis heridas -pistola en mano y con mi Mauser quitado por mí mismo a un oficial alemán".
Carta de Vicente Huidobro a su querido amigo pintor Luis Vargas Rosas, 17 de mayo de 1945.

Ver el Teléfono de Hitler que se robó Huidobro, de la propia casa de los Alpes del nefasto dictador, ahora en su casa museo de Cartagena no tiene desperdicio (un robo de cuando fue Corresponsal de Guerra para la Voz de América, la BBC y otros medios de comunicación: se ‘dice’ que fue el único corresponsal de habla castellana). Y saber si es verdad o no lo del Teléfono no tiene importancia alguna (las leyendas de Huidobro son Huidobro mismo), lo que sí la tiene es el fenómeno Huidobro, el acontecimiento Huidobro para Chile y el mundo que todavía hoy se nos actualiza en nuestra piel y nos conmueve y no nos deja indiferente. ¿Quién fue para nosotros el ‘ladrón’ del Teléfono? ¿El ‘mago’ del Teléfono?, porque debe ser un ‘mago’, como un Altazor, el que pueda hacernos creer ante nuestra mirada estupefacta, después de 79 años, que estamos ante Hitler mismo, el cual hizo llamadas abismales y demoniacas por medio de ese Teléfono, pero que ya nunca más podrá llamar a nadie, porque ahora nuestro ‘mago’ Huidobro lo dejó sin comunicación alguna (el Dictador ha quedado aislado). El Teléfono de Hitler es un poema en y por sí mismo; y tanto que le debe Parra, el Nicanor, y sus Artefactos poéticos y su anti-poesía al ‘mago’ de Cartagena.

Decir que fue un poeta chileno es casi no decir nada, porque al lado de Neruda (uno de sus grandes ‘enemigos’ y muy ‘amigo’ de Tagore para Huidobro como lo ‘indica’ socarronamente con el Poemario de Veinte poemas de amor y una canción desesperada de 1924), que le dieron hasta un Nobel, queda como un poeta de segunda (Huidobro nunca recibió ningún premio importante aunque los irlandeses lo postularon al Nobel en 1926). Y Es cosa de ver cómo está ahora el poeta Huidobro enterrado en su Tumba para darnos cuenta de que a pocos kms de distancia (31), en Isla Negra, está enterrado Neruda junto a su Matilde como si fuera un rey en su casa Única y diferencial (que literalmente nos hace creer que estamos en una Isla), esto es un Nobel para Chile y asesinado por la dictadura de Pinochet en 1973; pero Huidobro muerto a comienzos del 48 (2 de enero por un derrame cerebral que lo sumió en la cama desde el 16 de diciembre del 47, un derrame por ser tozudo y no querer tomar un taxi para no romper la huelga de los taxistas de la ciudad y se fue caminando hasta su casa empinada en la montaña, como dice la ‘leyenda’), enterrado solo (sus mujeres que lo amaron lo olvidaron y lo usaron para generar valor, nombre y dinero y ‘alimentar’ a otros hombres), a lo mejor él habría querido estar junto a su Ximena, pero ella no lo quiso y se fue con otro, ese poeta argentino de apellido Iommi (todo lo que le debe la Ciudad abierta a Ximena y, por ende, a Huidobro), y ver ahí, como digo, a Huidobro enterrado de pie, como dicen (otra ‘leyenda’), mirando hacia su amado mar, en una tumba que no expresa nada (de un mal gusto total y, además, vuelta en un páramo) y desde dónde ya no se ve el mar, sino por detrás de la Tumba unas chabolas y por delante unos árboles sin vida alguna (y a los laterales de ambos lados unas poblaciones gentrificadas), en la soledad más radical y que no le importa a nadie, ni al museo, ni a la Fundación Vicente Huidobro, ni a su Familia García-Huidobro, ni a Cartagena, ni menos a Chile, ni a nadie, es signo de que los chilenos sabemos olvidar lo que es grande de suyo e inolvidable.

Vicente Huidobro, el que se quitó el ‘García’ (para molestar como un tábano a su padre conservador, otro más de los tantos ‘dictadores’ chilenos que por ser millonarios y poderosos quieren hacer lo que les ‘sale de las narices’, esto se repite hasta nuestros días más que nunca), no era un humano de esta tierra, sino de una tierra por venir, de una tierra por hacer, por conjurar y crear. ‘Huidobro’ es una invención de Vicente Huidobro: es el poema como acto por excelencia que realizó consigo mismo y que se nos actualiza a cada uno en la medida que volvemos a repetir el gesto de Huidobro en nuestras vidas (Iommi, a lo mejor por Ximena, aprendió mucho de esto y lo realizó por el mundo hasta el final de sus días en el hotel restaurante Cap Ducal). Y esto adquiere más sentido cuando la propia invención poética de Huidobro, en medio de la nada, como es estar enterrado en esa Tumba de Cartagena hoy, ante esa nada que al parecer absorbe todo porque el capitalismo no ve cómo generar valor ante ese ‘mago’ muerto y olvidado, sigue presente y nos vuelve a conectar en diálogo con Vicente Huidobro (la propia invención recrea y da vida al humano inventor).

Cuando la muerte no puede con algo o alguien es cuando la muerte da paso a la vida y se nos actualiza un instante que da de sí Centauros. Y de algún modo Huidobro, el abandonado por los chilenos, sigue dando destellos multicolores y de este modo actualizaciones para ser chileno, amerindio, europeo, humano, más que humano en tiempos de pereza, de sobrevivencia, de capitalización y neurosis constitutiva: solamente traición. El que se raptaba mujeres, como un Toro blanco mítico minoico, una Teresa para salvarla de Chile (y de su familia que la encerraba y alejaba de sus hijas por ser ‘desequilibrada’ por amar a otro hombre que no era ‘su’ marido) y liberarla en Argentina para fuera la que ella quisiera ser (y que el tiempo y el dolor la perdió a muy temprana edad); una Ximena para también liberarla de Chile y de sus apellidos y compromisos sociales y para que aconteciera como un mito viviente para los chilenos y europeos (que llega hasta nuestros días y se siente su presencia en cada metro de las dunas de Ritoque, del Cerro Recreo de Viña del Mar, de las Hospederías de los arquitectos poetas chilenos…), era un libertador, también de los españoles oprimidos por Franco y las fuerzas conservadoras europeas, un soldado que va al frente con fusil en mano para generar la resistencia, porque no se trata simplemente de barcos y salvados (a lo Winnipeg), sino de que en la misma guerra, dando la vida, jugando con la muerte, (llevaba unas esquirlas de granada en la cabeza) es como se hace creación y no solamente jugando desde la tranquilidad inquietante e irónica del Parra de Las Cruces y de Chile o desde algún teatro de Madrid o París como Jodorowsky haciendo su psicomagia, sino que con ‘esta’ precisa tierra y dolor acuestas que todos llevamos, con un hijo llamado Vladimir que nos recuerda a Lenin (“Un hombre ha pasado por la tierra / Y ha dejado cálida la tierra para muchos siglos”. Vicente Huidobro, Elegía a la muerte de Lenin, 1924), junto a una Ximena que lo deja sumido en el dolor porque ya no lo quiere y por carta en el 45 le comunica que lo deja por otro, en el escándalo constante por donde va y pasa este ‘mago’, el ‘ladrón’ del Teléfono (con revolver en mano, otras con fusil, otras con pluma para escribir y rodeado de su República de Amigos únicos entre ellos Picasso, Arp, Ray y tantos que no se pueden nombrar)… es como se crea: poemas, artefactos, performances, libros, amistades, comunidades políticas, formas de vida y se dan ‘Cañonazos’ a Chile para despertarlo y de pasada a la propia Europa envejecida y zombi. Y, por ejemplo, ya en 1926 en un Viernes Santo de Chile, ahora, al parecer, un Chile laico después de la Constitución del 25, un poeta mago le pide a un dios material que cuide, así como Nick Cave en Into my Arms (1997), a su amada Ximena ante el estupor de una familia conservadora, la de Ximena, de la propia familia de Huidobro, la de su mujer (Manuela Portales Bello, que esos apellidos lo dicen todo, perdón lector no chileno, pero esos apellidos implican mucho para nosotros los chilenos, en especial, el de Portales) y cuatro hijos, la de su familia García-Huidobro, y de Chile mismo: “Señor, perdóname si te hablo en un lenguaje profano / Mas no podría hablarte de otro modo pues soy esencialmente pagano (…) Por sí acaso eres Dios, vengo a pedirte una cosa / En olas rimadas con fatigas de prosa (…) Hay en el mundo una mujer, acaso la más triste, sin duda la más bella, (…) Protégela, Señor, sin vacilar, es ella”. Vicente Huidobro, “Pasión y muerte”, diario La Nación, Viernes Santo, 2 de abril, 1926. Este es Huidobro como invención de sí mismo que como un Diónysos lo perturba todo, lo vuelve movimiento y lo que antes era rígido y muerto ahora deviene vida. Chile no era Chile antes de que Huidobro dejara de ser García-Huidobro.

En realidad no se trata de creación si ésta la entendemos desde el cristianismo, esto es, desde la nada y su Creatio ex nihilo. Se trata de crear, de bailar, de dinamizar lo real, a ‘Cañonazos’ (como diría Huidobro de Chile, con ‘Dinamita’ diría Nietzsche) desde la materialidad misma en toda su finitud, dolor, muerte, alegría, sexualidad, viajes, Guerras, locuras, amistad, amor, etc. Huidobro era un enamorado de esa materialidad y como artista de ella, como un dionisíaco, bailó y bailó, como un ‘Sacerdote del dios ebrio, bailarín y demente’, para ir dando de sí Estrellas danzarinas que nos abrieran posibilidades comunitarias de estar los unos con los otros en un plano libre y abierto para que aconteciera ese amor en toda su radicalidad. Y Así es como termina Altazor, en su Canto VII, en la expresión del volar de las aves, desde las aves mismas, así como las pintaba Miró (otro de sus amigos) en sus abstracciones: “Lalalí
Io ia
iiio
Ai a i a a i i i i o ia”.

Huidobro, el que sabe amar, el que amó a Ximena, desde cuando ella era una chica de 14 años, el que dejó todo por ella y dejó todo, además, varias veces por ese instante dionisíaco que nos dinamiza, y nos mueve para que dejemos de ser neuróticos capitalistas, es el que está enterrado y abandonado en Cartagena, en esa Tumba que en 1992 fue declarada Monumento Nacional en la categoría de Histórico. Y allí mismo hoy lo histórico no acontece y el polvo de la nada cristiana y neurótica lo cubre día a día, pero igual de algún modo nos dice Huidobro: ¡Sí, otra vez!... y Chile sigue y se transforma, con estallidos o no… pero con algún tipo de ‘Cañonazos’ haremos posible otro Chile entre muchos de NosOtros.

“He vivido una vida que no puede vivirse / Pero tú, Poesía, no me has abandonado un solo instante”. Vicente Huidobro, “El paso del retorno”,
Últimos poemas, 1948…

19 de marzo de 2024, Viña del Mar…

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