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“Tenís que tener cuidado” Por Magda Escobar Haro

De mis casi 10 años de vida laboral, más de la mitad han pasado en la administración pública.

Sé que son pocos, pero de acuerdo con esta misma experiencia, no se necesita más de un año para darse cuenta de cómo funciona el sistema. Hablemos de los amiguismos, el matonaje y de la cultura del silencio por temor en los lugares de trabajo.

Digo lugares de trabajo porque sé que este fenómeno se presenta en ambos sectores, público y privado.

Sin embargo, quiero destacar lo que ocurre en el servicio público, principalmente porque este sistema de malas prácticas se dedica a liquidar la vocación de servicio y a enraizar la carencia de compañerismo entre los grupos de trabajo.

Chile no es novato en temas de falta de transparencia y eso todos lo sabemos, pero es tiempo de desnudar las malas prácticas que no tienen relación con el robo de dineros, las licitaciones grises ni los sobresueldos. Porque aunque a muchas de las jefaturas de turno les cueste comprender, existe algo mucho más importante para las y los funcionarios que la remuneración que se recibe mes a mes: la sanidad mental. Tristemente, la realidad de nuestro país nos obliga a normalizar y aceptar situaciones que derechamente no son sanas ni correctas, porque “tenemos que cuidar la pega”.

En mis primeras semanas en el servicio público, al menos dos personas me dijeron las frases “ten cuidado con…” “ese es corta-cabezas” “tal funcionario es peligroso”.

De ahí que me sienta como trabajando para la mafia, donde cualquier cosa que haga o diga y que se encuentre en la vereda contraria a las jefaturas, me puede costar el trabajo o la reputación laboral. Sumemos a esto que soy mujer, por ende, cualquier respuesta seria y enérgica de mi parte se interpreta como conflictividad, bajo el clásico prejuicio de la emocionalidad o histeria femenina.

Durante los últimos meses, mi propia existencia se ha visto estresada y en más de una ocasión he tenido el colon irritado por situaciones que sólo puedo encasillar como matonaje laboral: estar en desacuerdo con alguna figura del trabajo puede resultar en una llamada de atención por parte de la jefatura, y finalmente en alguna medida que se disfraza de protección pero es en realidad marginación. Una realidad que todas y todos conocen, pero que nadie se atreve a revelar, una verdadera cultura del silencio.

Las diferencias de opiniones con “autoridades” de la administración pública, lejos de ser un sano intercambio de posturas profesionales o técnicas, puede terminar en una reunión única y exclusiva contigo para reiterarte que es mejor mantenerse en silencio, que es mejor no generar “problemas”, que las cosas son así y no las vamos a cambiar.

Ahora, ¿cuál es el factor que genera toda esta red de malos tratos? Pues las influencias.

Cada cambio de gabinete, de gobierno o de autoridades ministeriales viene con un terremoto, a veces de más grados, a veces de menos. Terremoto que remueve las redes de las nuevas autoridades, plagando de amigos y amigas que bajo la legalidad de los “cargos de confianza” llegan sin concursos ni sorteos (literalmente, porque no pasan por un concurso público para llegar al cargo) a ocupar posiciones de alta influencia para las y los funcionarios.

Cuando ocurren casos de hostigamiento, acoso, o situaciones de riesgo para la cultura laboral en alguna repartición pública, se nos recomienda seguir los canales formales. Pero en mi experiencia, estos solo terminan por generar tal letargo en los procesos que ni la energía de Pedro Engel aguantaría. A pesar de los intentos de los últimos gobiernos por mejorar y fortalecer los canales y procedimientos de denuncia de maltrato y acoso laboral, estos esfuerzos terminan siendo completamente insuficientes cuando los amigos y los operadores políticos hacen que la balanza toque suelo a su favor. Finalmente, no se puede dejar fuera el factor pandemia y teletrabajo, que vino a intensificar las malas prácticas.

Es derechamente imposible pedirles a las y los funcionarios del Estado que trabajen con motivación y que mantengan su vocación de servicio cuando muchos ambientes están en extremo contaminados por los amiguismos, los operadores políticos y la plena injusticia.

Las personas simplemente queremos hacer bien nuestros trabajos, aportar a la sociedad de manera indirecta o directa, y hacerlo sin presiones en un ambiente laboral sano, y por sobre todo normal.

Cuando las mujeres y, desde octubre 2019 más intensamente, la sociedad en su conjunto dice BASTA, es porque decimos basta a todo: basta de las jefaturas abusadoras, basta de los procesos internos engorrosos, basta de jefes cuyas vidas personales se hacen eco en los lugares de trabajo afectando a equipos enteros, basta de machismos y bromas misóginas en los ambientes laborales, basta de liderazgos poco preparados a cargo de equipos de personas, basta de la impunidad al denunciar, basta del temor a alzar nuestra voz frente a la falta de dignidad laboral. No más cultura del silencio, no más favores políticos que arruinan la carrera funcionaria, y no más culpar a los “millenials” por ser una generación de cristal, cuando francamente, sólo estamos diciéndoles en sus caras lo que las generaciones anteriores tuvieron y tienen miedo de decir.

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