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Territorio, democracia y nueva constitución: una ecuación de dignidad humana. Por Federico Arenas Vásquez* y José Orellana Yáñez**

 

La Nueva Constitución, entendida como un Nuevo Pacto Social logrado en democracia, que organizará la vida de las chilenas y los chilenos por varias décadas más, debiese tener en la persona humana y su dignidad el centro de preocupación, postergado desde la constitución de 1980. Si ese es el supuesto articulador del Nuevo Pacto Social, el mismo debiese considerar definiciones éticas, ecológico-ambientales y geográficas mínimas que dieran contenido a los principios de territorio y democracia y por defecto entonces, desembocar en un país y república más tolerante, solidaria, fraterna y libre, que permita a las personas desarrollarse en dignidad como consecuencia básica del nuevo ordenamiento constitucional.

Relevar la cuestión del territorio, resulta hoy por hoy, un asunto insoslayable para alcanzar la dignidad humana y un sistema político democrático genuino. No hay que olvidar que las personas, como indicaría Aristóteles, traen en su esencia la necesidad de la POLIS, esto es, la capacidad y necesidad de organizarse, que en el caso que planteamos es imposible - como siempre lo ha sido por lo demás - sin hacer referencia al espacio geográfico como formalización de las interrelaciones de las personas con sus entornos en diversidad de lugares y escalas, indicaría Immanuel Kant, con su noción de espacio relativo. Por lo tanto, es urgente entender que las personas traen en su esencia la necesidad de territorio, en cuanto posibilidad de desarrollo integral que, convengamos ha sido para el caso chileno, en particular, una de las variables que no ha estado en la significación y ponderación necesaria bajo el ordenamiento constitucional vigente, reflejándose de ese modo en el tipo de estado subsidiario que conocemos y el diseño de Política Pública – Estado, en todos los sectores que permite la sociedad.

Así, a riesgo de que este planteamiento sea considerado un esencialismo incomodo de administrar, no hacerlo, es equivalente a renunciar a la POLIS de Aristóteles, negando la capacidad y la necesidad de organización democrática de las personas y su necesidad de apego al lugar. Territorio es democracia y democracia es territorio, es una ecuación básica y completa para avanzar en la dignidad que ha sido negada para las mayorías del país. Si esto es considerado como un supuesto plausible, entonces las siguientes líneas, entre varias más por supuesto, son las que se deberían considerar como variables funcionales a un mejor país, un mejor Chile:

1.  Desde el punto de vista de la disciplina geográfica, es esencial que se considere la dimensión territorial, como telón de fondo de ese nuevo país que se busca construir en donde la búsqueda del desarrollo garantice los elementos básicos de la sustentabilidad, la inclusión social, la protección ambiental y el crecimiento económico.

2.  Lo anterior obliga la revalorización de la diversidad geográfica, ambiental y cultural-étnica que caracteriza a nuestro país, haciendo estratégica la idea de que la diversidad y los valores culturales, tal como los recursos naturales, son parte de la riqueza común de una nación.

3.  Así, se conminaría a avanzar en la construcción de las bases de un país con descentralización efectiva, con un nuevo mapa de responsabilidades institucionales, con claridad de quién hace qué por niveles, de cuál es la mejor escala de intervención según tipo de problema y, todo esto bajo una regla elemental: que no se busque intervenir en la solución de un problema a determinada escala, cuando éste se pueda resolver a la escala inmediatamente inferior.

4.  En lo Institucional es necesario que la nueva constitución deje espacio para permitir los ajustes necesarios entre las condiciones geográficas de base (que son móviles en el tiempo y que incluyen no solo el piso físico natural sino además lo construido y modificado), y la respuesta institucional, tanto desde el punto de vista normativo como de las instituciones y de los instrumentos, particularmente, los de planificación territorial y de gestión.

5.  En materia de decisiones, debe propiciarse una nueva gobernanza, más anclada en los desafíos para los territorios, incluyendo aspectos relacionados con su estructura y funcionamiento, lo que supone desde el punto de vista de la política pública, no solo mejorar la articulación sectorial y por niveles de intervención sino, sobre todo, instalar la dimensión territorial, entendiendo al territorio como el producto resultante de todas las intervenciones humanas y no solo como un contenedor de ellas. Tenemos que transitar de la aproximación sectorial que ha caracterizado al país hasta ahora, a una aproximación territorial, poniendo en el centro de las preocupaciones al espacio geográfico, con sus estructuras, interacciones, jerarquías e intercambios.

6.  La región, como espacio intermedio entre la mirada a escala nacional y aquella de carácter local, encabezada por alcaldes y alcaldesas con sus respectivos concejos municipales, debe impulsar, sobre todo a partir de la elección directa de su máxima autoridad, una función de articulación entre ambos niveles, ya que su escala de intervención permite dar cuenta de manera más adecuada de un importante número de desafíos, ya que muchos problemas ambientales y territoriales pueden intervenirse a la escala regional, pero esto obliga a establecer en la nueva constitución, un nuevo trato Estado-Región que permita asegurar la descentralización y la mirada diferenciada, que será la clase de una nueva forma de desarrollo.

7.  Las anteriores y siguientes temáticas exigen una educación geográfica pertinente y asertiva en los planes de estudio de enseñanza básica y media, que contribuya a una formación ciudadana centrada en el valor del territorio como aspecto angular en la construcción, fortalecimiento y diversificación democrática. Implica conciencia espacial y territorial ciudadana.

8.  Sobre la base del punto anterior, tanto tsunamis como terremotos, inundaciones, sequías, cambio climático/calentamiento global y otros fenómenos propios de la geografía física siempre imbricados con la geografía humana, serán parte esencial de las políticas públicas que permitan prevención y reducción del riesgo de desastres y catástrofes socio-naturales y no meros antecedentes de la historia del país en esta materia.

9.  En el plano de la política exterior, y por defecto en la inserción de Chile en un mundo globalizado, el nuevo pacto debe replantearse la revaloración del territorio, ya no desde las clásicas nomenclaturas geopolíticas, sino que desde la flexibilidad que ello exige, salvaguardando los intereses nacionales desde concepciones más comprensivas y complejas de las relaciones internacionales. Chile país tricontinental y oceánico, en cuanto imaginario geopolítico de futuro.

10. A propósito de la POLIS… derecho a una ciudad justa, con instrumentos de planificación territorial, evaluación de impacto ambiental y evaluación ambiental estratégica, que permitan espacios urbanos nutritivos, que aseguren el derecho al suelo y la vivienda digna para las mayorías del país, impidiendo la segregación y fragmentación espacial o territorial.

11. Con lo anterior, generar los espacios que permitan los micro, pequeños y medios emprendimientos, potenciándolos en los instrumentos de planificación territorial para que deriven en espacios y asentamientos integradores que potencien desde el pequeño almacén de barrio, pasando por las ferias libres, hasta la mediana empresa, en condiciones territoriales que aseguren la mayor calidad de vida posible para la sociedad en su conjunto.

A modo de síntesis, la Nueva Constitución, con los principios y variables aquí expuestos, debiese tender a un Ordenamiento Territorial Democrático, cuya Gobernanza se exprese en todas las escalas, las clásicas y las nuevas, teniendo en cuenta que el Estallido Social junto con la Geografía de la Multitud desplegada, funcional a una sedimentación de energía social y política de indignidad, emergió desde la vivencia del territorio. No emergió desde el vacío, sino que lo hizo desde cada rincón del país, desde cada cuadra, cada barrio, cada comuna, cada región.

Territorio es democracia, democracia es territorio, el principio territorial es inherente a la persona humana, no es un esencialismo maniqueo, es una realidad inmanente de la existencia humana.


*Doctor en Ciencias Económicas y Sociales, mención Geografía, Universidad de Ginebra, Suiza. Actualmente, Director del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile

**Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA-USACH, Magister en Ciencia Política de la Universidad de Chile, Geógrafo y Licenciado en Geografía por la PUC de Chile. Académico de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Academia Humanismo Cristiano

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