Este mes de marzo es especialmente significativo para la vitivinicultura chilena es el hermoso momento de las cosechas, germen que alimenta el anhelo de todos aquellos y aquellas que colocan sus dones, capacidades creativas y su existencia para la elaboración de esa variedad de vinos que existen en nuestros territorios con esa gran cantidad de cepas que poseemos y que nos convierten en una potencia en este rubro, que sin duda requiere de una responsabilidad agroecológica que sólo puede sustentarse en una toma de conciencia que va en crecimiento junto con la formación de una identidad comunitaria.
Por distintos lugares del país hay una serie de actividades en torno al vino, que en lo general se reducen a una estampa un tanto cliché que aporta poco a la cultura del vino. Lo interesante es que al menos es relevante que se mantenga activo un circuito en torno al vino que colabore a fortalecer una difusión sobre las bondades de este alimento presente en culturas antiguas orientales y occidentales que le permiten ser un producto de gran universalidad. El vino chileno está presente en la escena mundial entre los grandes países productores de mosto, aunque poco se sabe sobre lo auténtico y lo genuino de éstos incluso entre nosotros mismos.
No todo es negativo, varios productores que se han ido distanciado de las líneas más comerciales que imponen las corporaciones del vino, vienen creando una revolución del vino, rescatando prácticas más agroecológicas, con conciencia del patrimonio, un testimonio sobre los quehaceres, conciencia histórica, etc. Estos proyectos, varios personales y a la vez familiares han logrado la elaboración de vinos de alta calidad, menos alcoholizados, destacando el valor de la fruta respetando la idea de generar vinos vivos. Conocer los vinos en su manifestación más honesta es un privilegio al que podemos acceder al reconocer a los grandes cultores del vino y a los gestores que difunden un espíritu más alternativo en la cultura del vino. Por mencionar a algunos que me resultan más cercanos están Rocío Alvarado, Nadia Parra, Alan Grudsky, Camila Mosca, Sebastián Fuentes, Álvaro Tello y Gonzalo López, que han alcanzado un conocimiento un reconocimiento indudable en el mundo del vino.
La cultura del vino es un eje que permite generar espacios para un fortalecimiento de lo que somos, aquí son importantes restaurantes como el 99, la Pulpería Santa Elvira, Damajuana, Liguria, Buriana, Casa Brother Wood, La Zaranda, entre otros. Las ferias de vino Chanchos Deslenguados, Tiny Tasting, Tardes de Patio, El Vino Resiste, etc. Todos estos lugares y espacio están comprometidos con difundir y fortalecer la cultura del vino, permitiendo que nuestro conocimiento del vino se vea mejor fundado. Es importante señalar que aquí confluye nuestras tradiciones culinarias y la posibilidad de tertuliar en conversaciones que no eluden lo político, lo sagrado, lo pagano, las artes, etc. En la última Tiny Tasting en el Liguria de Manuel Montt, disfruté de la conversa desde la entrada con un sommelier amigo del local, conversaciones de fotografía y de música, especialmente con Julio Donoso, Paco Leyton y Gonzalo Santibáñez, pude saludar a un tremendo enólogo como J.P. Martín, aunque lo más importante, disfrutando exquisitos vinos de cepa Semillón, País, Carignan y Pinot Noir, entre otras.
El recorrido el mundo del vino esconde unas historias de trabajo que merecen sus relatos, los años de investigación van trayendo consigo distintas visiones que contribuyen a la revolución del vino con destacadas trayectorias con una generación de vitivinicultores y enólogos que han tenido la paciencia de compartir sus conocimientos, entre varios menciono a algunos como Carolina Alvarado, Arturo Herrera, Manuel Moraga, Juan Carlos Palma, Renán Cancino, Sergio Amigo, Viviana Morales, Léster Rojas, Ricardo Lowick, César Luppo, Sebastián Albornoz, Gonzalo Matta, Mauricio Veloso, los hermanos Hernández, José Sepúlveda, Clara Arteaga, Javiera Órtuzar, etc. Este listado puede ser mucho más extenso la selección indicada es a partir de las personas con las que más he interactuado con opiniones o comentarios, y en quienes además reconozco un ánimo activista que fortalece la cultura del vino.
El relato de la cultura del vino en Chile está pendiente, lo cual es una deuda que se debe asumir colectivamente, escapando de los criterios más comerciales que enfatizan las individualidades y las competencias. Que estos tiempos de vendimias se conviertan en un momento que pueda estimular mayores encuentros con el fin de darle un sentido más cultural que al menos hoy se encuentra latente aunque con escaso relatos y consensos que ayuden a una visión histórica que sin duda dignifican nuestra identidad. Tenemos la privilegiada oportunidad de conocer nuestros vinos, sus historias y aportar a un relato vivo sobre su pasado y presente con la esperanza de un mejor porvenir para todos aquellos que hacen una irrupción en el mundo del vino más allá de la hegemonía de la élite que sigue intentando controlar el mercado del vino con prácticas cuestionables y con poco aporte a la cultura nacional.
Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra
