“…hay que andar con el alma hecha un niño
comprenderle el adiós a las hojas
y acostarse en su sueño amarillo”
(Jorge Sosa)
Estamos en los días en que se están terminando las vendimias, época en el que quiénes trabajan el vino viven entre las viñas y las bodegas, jugándose un momento significativo para sus mostos, sobre todo para aquellos que buscan expresar el territorio desde el auténtico sabor de la fruta. Las hojas de las parras van dejando su verde y comienzan a desplegar maravillosos colores que serán parte de un nuevo ciclo de vida, reflejo de la renovación que le trae su propio destino, una manifestación que expresa la palpitación como si de un corazón se tratara.
Las vendimias son una fiesta, por lo tanto, algo de ritual tienen, más allá de una folclorización, encontramos en ellas la relación entre el viticultor y el enólogo con las uvas que serán el sustento del vino que disfrutaremos al descorchar la botella revelándonos su misterio. La cosecha es una fiesta que porta gran contenido significativo, al ser esta un momento que implica jornadas extensas de trabajo y de entrega siendo una expresión amorosa vital y de agradecimiento como esa antigua celebración de la vinalia rustica.
“Tinta Tinto” es una viña que tiene su bodega y lugar de creación en Algarrobo, ahí a los pies del mar que acaricia nuestro largo territorio. Las uvas son extraídas de viñedos localizados, principalmente en el Valle de Casablanca, marcando una diferencia con los vinos mayormente industrializados de esa zona. Este proyecto no es el ostentoso de las grandes viñas que lucen sus salones de eventos tratando de llamar la atención de los turistas. Esta bodega se hace con el pulso del corazón que manifiesta con honestidad el amor que profesan Roberto Carranzá, Javiera Fuentes Lois y sus hijas, rodeadas del entorno natural y social en el que conviven, es aquí donde el arte y la técnica encuentra un compromiso centrada en la motricidad humana que incluye hasta la preocupación en las etiquetas.
Tenemos en estos vinos nobles la manifestación de un sello de calidad y originalidad con cepas bien trabajadas y destacadas en sabores, entre ellas Pinot Noir, Sauvignon Blanc, Chardonnay, Syrah y País. Vinos que vienen cautivando paladares en Chile y que han encontrado espacio en otros mercados como Inglaterra, Francia, Dinamarca, Austria, Canadá y Brasil. Aquí encontramos una muestra de que cuando el trabajo de la vinificación se hace con sabiduría, amor y convicciones logra tributar expresiones honestas para las realizaciones más sublimes de la condición humana. Salud y larga vida a aquellos que siguen elevando la cultura del vino chileno.
Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra
