Este año, en Chile se celebra el centenario del conocido y popular equipo de fútbol nacional Colo Colo. Televisoras, radios, redes sociales y marcas comerciales han convertido la efeméride en una fiesta nacional. Hay documentales, camisetas, estadios repletos, vitrinas colmadas de recuerdos oficiales y hasta promociones bancarias que visten de blanco y negro las tarjetas de crédito. El fútbol, una vez más, ocupa la portada, el horario estelar y el relato de identidad colectiva.
Sin embargo, en este mismo 2025, otra institución cumple también 100 años en Chile y en América Latina: la disciplina y profesión universitaria de Trabajo Social. Sin embargo, a diferencia del ruido mediático del fútbol, este aniversario transcurre casi en silencio, no hay campañas millonarias, ni hashtags virales, ni merchandising que convierta en épica el esfuerzo cotidiano de quienes han trabajado, literalmente, con las manos en la herida de un país desigual. Ni una transmisión en cadena nacional, ni una gigantografía en Plaza Italia, ni siquiera un jingle pegajoso que lo instale en la conversación.
Resulta curioso al menos que en un país en donde se encuentra asegurado por ley el cuidado y la garantización de otros derechos en sectores fundamentales como salud, educación y trabajo entre otros, se invisibilice el centenario de una profesión como lo es el Trabajo Social, la disciplina de las Ciencias Sociales más antigua de Chile, que ha construido y acompañado en el territorio y en la academia, la elaboración y aplicación de las políticas públicas y sociales del país, aportando con conocimientos y prácticas sustentadas en evidencia científica para ello.
Esta invisibilidad no es casual ni inocente, puesto que el fútbol, convertido en industria y espectáculo, ha sido instrumentalizado durante décadas como un gran anestésico social: cohesiona en la euforia, distrae en la derrota, y alimenta un relato de identidad que se puede empaquetar, vender y exportar. El Trabajo Social, en cambio, no se puede empaquetar, no entretiene al poder, lo confronta, no es un show, es un espejo incómodo. Nombra lo que incomoda, señala las desigualdades estructurales, denuncia la omisión y complicidad del Estado, y expone las lógicas de empresas que lucran con la pobreza. No se limita a relatar la precariedad, la enfrenta, la desmantela, la politiza y eso no vende entradas ni multiplica audiencias; produce algo más peligroso para el statu quo, conciencia crítica.
Mientras el país se enciende en debates sobre goles históricos, penales dudosos o fichajes millonarios, miles de trabajadoras y trabajadores sociales recorren pasajes donde no entra la prensa, ni la policía, pero donde la violencia, la precariedad y la exclusión son cotidianas. Allí construyen redes de cuidado, median y trabajan terapéuticamente en conflictos familiares, defienden a niños y niñas que no tienen quién hable por ellos/ellas, acompañan a mujeres que escapan de la violencia machista y sostienen comunidades enteras frente al abandono institucional. Todo esto, con salarios bajos, sobrecarga laboral, contratos temporales y una invisibilidad mediática que no es negligencia, es política. Porque mientras menos se hable del Trabajo Social, menos se habla de la desigualdad que combate.
Celebrar 100 años de Trabajo Social, entonces, es un gesto de disputa política, es decirle al país y a América latina que hay otra historia que contar, la de una disciplina-profesión que nació como resistencia organizada contra un orden social que naturaliza la injusticia y que, un siglo después sigue enfrentando la misma maquinaria, ahora más sofisticada.
En su centenario, el Trabajo Social no pide palco ni aplausos, exige reconocimiento histórico, garantías laborales, espacio para incidir en las políticas públicas y un relato que lo saque del sótano de la memoria colectiva. Por ejemplo, es dable recordar que gracias a los conocimientos y prácticas de esta disciplina se pudieron ir diseñando e implementando políticas públicas realmente relevantes en el ámbito contextual e integral de la salud, como lo fue “la gota de leche”, entre otras, que permitió avanzar en dejar atrás la desnutrición infantil. Desde sus inicios el Trabajo Social ha trabajado en la promoción de la salud, como también en el ámbito preventivo y de rehabilitación, mediante la gestión de casos y el trabajo comunitario.
Tan relevante ha sido su acción en este ámbito, que es desde donde se instala en nuestro país mediante la primera escuela universitaria en Chile, Escuela Dr. Alejandro del Río, fundada por este médico higienista visionario de la época que entendió que sin trabajar el contexto y las circunstancias de las personas en imposible alcanzar una salud integral, como plantea la OMS.
En el mismo sentido la Universidad de Chile, tuvo por mucho tiempo a una Trabajadora Social, Lucía Sepúlveda, dictando la cátedra de Medicina Social, y hoy muchos profesionales trabajadores sociales se desempeñan en diversas áreas de la salud y participan académicamente en la producción de conocimiento en esta área.
Del mismo modo, el Trabajo social ha sido un actor relevante en el diseño e implementación de políticas de protección social, como el subsidio familiar, la asignación por hijo/a, sentando las bases además para la elaboración de programas de protección a la infancia vulnerada y a sus familias, trabajando además con ellos en terreno cotidianamente. La inclusión en el ámbito escolar, la prevención de la deserción en este ámbito, al apoyo a estudiantes con necesidades especiales y sus familias, han sido temas claves abordados por los trabajadores sociales en el ámbito escolar, en pro de que niños y niñas puedan acceder a su derecho a la educación digna y de calidad. Lo mismo ha ocurrido en relación con el derecho y acceso a la vivienda digna.
Las/los Trabajadores Sociales están presentes y han aportado valiosos conocimientos y experiencias profesionales para el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas y programas sociales que trabajan en combatir la pobreza y la exclusión social, siempre con una mirada crítica y constructiva que permita a las/los ciudadanas/os acceder a sus derechos y trabajar en conjunto con ellos los obstáculos que les impiden alcanzarlos, mediante un trabajo y desarrollo de conocimiento situado, no para las personas, sino con ellas, privilegiando el desarrollo de las comunidades y el fortalecimiento del tejido social
En síntesis, llevamos cien años como disciplina aportando con conocimientos basados en evidencia y con experiencia como profesión para aportar en el bienestar social, la justicia social y la equidad en Chile y en Latinoamérica. Hoy contamos con el desarrollo de una masa crítica de Doctoras/es que producen conocimiento científico que aportan al país en diversas áreas, como también nos desempeñamos profesionalmente, dentro de equipos interdisciplinarios para buscar y ofrecer respuestas más efectivas, frente a una realidad social cada vez más compleja y fragmentada. Hemos acompañado y sido un actor clave en el desarrollo social y ciudadano de este país, priorizando siempre las garantías de los derechos de las personas.
Es por ello, que visibilizamos y celebramos con orgullo los 100 años del Trabajo Social en Chile y en Latinoamérica y queremos conmemorar públicamente nuestra trayectoria histórica, reconociendo que nuestro desarrollo en la contemporaneidad está profundamente entrelazado con la historia y los procesos sociales de nuestro país y de la región. Del 13 al 15 de octubre, Chile será sede del XXIV Seminario Latinoamericano y Caribeño de Escuelas de Trabajo Social, que reunirá a representantes de 20 países. Allí no se disputará una copa, pero sí ideas, horizontes y compromisos para seguir defendiendo la justicia social como principio irrenunciable.
Si bien el fútbol nos recuerda que una camiseta puede unir a una hinchada, el Trabajo Social demuestra que una comunidad consciente puede transformar su destino. Y eso, aunque no salga en las portadas, es la victoria que decide si somos un país entretenido… o un país más justo.
Dra. Sonia Brito Rodríguez
Directora Carrera Trabajo Social Universidad Alberto Hurtado
Presidenta Asociación Latinoamericana de Enseñanza e Investigación en Trabajo Social (ALAEITS)
Presidenta Asociación Chilena de enseñanza en Trabajo Social Universitario (ACHETSU)
Dra(a). Dra. © Andrea Comelin Fornés.
Docente-Investigadora
Carrera de Trabajo Social
Universidad de Tarapacá
Directora Asociación Latinoamericana de Enseñanza e Investigación en Trabajo Social (ALAEITS)
