En kioscos: Noviembre 2019
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

“Tragicomedia del Ande”: historia y teatro recobrando la memoria. Por Paquita Rivera y Alex Ibarra

Los aportes de la Compañía Tryo Teatro Banda a la comprensión de nuestra historia son innegables, cuentan con una trayectoria bastante productiva en las que se inscriben títulos como: “Kay Kay y Xeng Xeng Vilu”, “Pedro de Valdivia: la gesta inconclusa”, “Cautiverio Felis”, “La expulsión de los jesuitas”, etc. La impronta de carácter histórico fundada en la revisión de relatos de archivos se ve reflejada en el escenario con seriedad junto con aquella delicadeza que permite el encuentro entre el espíritu y la belleza.

“Tragicomedia del Ande” muestra el minucioso estudio que toma con rigor intelectual la búsqueda de la historia. Podríamos decir que se apuesta por una forma de cómo presentar lo acontecido interrogando a nuestra identidad influenciada por un criollismo negador de lo indígena que opera con la estrategia de la invisibilización. En la puesta en escena se derrumban, aunque sea por un instante, aquellas concepciones clasistas y se logra aquella sensación del auto reconocimiento identitario de nuestro componente indio. La obra es claramente una provocación al sujeto colonizado que somos y que cumple una función político pedagógica a favor del desarrollo de la “concientización” propia de nuestro proceso constituyente abierto a la pluralidad que compone el ser nuestro americano.

La interpretación de la obra presentada en una de las salas del GAM excede en virtuosismo y talento creativo. La composición integral de imagen, música, poesía y argumento, colocan en escena un cuidado movimiento acompañado de sonoridades y representaciones. Pocas obras artísticas nacionales alcanzan con tan alta calidad una representación compleja como ésta.

La dignidad del Inka y la brutal dominación quedan testimoniados con absoluta coherencia, no hay ambigüedades a las interpretaciones autocomplacientes. La ruda verdad histórica no aparece maquillada en el escenario. Más bien, apela a nuestra sensibilidad más profunda con escenas como la de las vendedoras de alhajas que en medio de risas y cantos presentan al espectador una cruda escena en donde la sabiduría de la inocencia se contrasta con la ignorancia y amoralidad de la ambición. La sensación de injusticia histórica que genera esta y otras escenas, se ve complementada con una música llena de colores y rítmicas que si bien poseen la raíz Andina, se intuye que no necesariamente ha sido compuesta como “recreación” exacta, sino que probablemente y dada la larga y acuciosa investigación en la que se basó esta obra, ha sido creada sobre la búsqueda de conectar con la empatía del espectador que, como observador del irreparable e injusto fenómeno socio-histórico, es invitado a una suerte de fiesta rítmica y sonora que bajo otros contextos; con unos excelentemente logrados agudos coros femeninos, trombones y percusiones; pudiese interpretarse como alegre, festiva, hasta humorística, pero que en esta instancia se transforma en la perfecta banda sonora de una tragedia que nos identifica y probablemente, incluso nos deja el justo y lógico sabor amargo del espectador prisionero de la historia imposible de ser reescrita.

Hay que reconocer y valorar aquella práctica comprometida con la descolonización que demanda la construcción de las nuevas formas de ciudadanías válidas para que nuestra época en cuanto son un desafío ético-político que exige la transformación espiritual-intelectual alternativa al modelo cultural-económico de la depredación y explotación de la mercancía, pero peor aún del “capital” vivo.

Se apela a la negación de aquella concepción del ser nacional que comprende la existencia de una homogeneidad impuesta por la Colonia y heredada por el Estado-Nación. Aparece un crítico reconocimiento de aquellas capas que componen el subsuelo político que palpita en las manifestaciones emergentes que representan formas del ser americano desplazadas del imaginario cultural, es el grito de los subalternos que siguen como siempre su lucha por la existencia.

Paquita Rivera.
Alex Ibarra Peña.
Colectivo Música y Filosofía:
desde la reflexión al sonido que palpita.

Compartir este artículo /