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Transformación del siglo XXI, un sueño que sí es posible. Por Luis Osorio

Hay cambios que no sólo son necesarios, sino urgentes y con la importancia del beneficio para el ser humano, se trata de lo no realizado por un largo período de tiempo, y ello en forma intencionada o con notoria falta de voluntad.

Es el haberse aferrado al individualismo y a un modelo que lo ha favorecido, ello no puede dejarse pasar, ya que es parte de una realidad que no amerita justificaciones, cambiar es totalmente posible sin reticencias.

No hay que hacer caso omiso a los acontecimientos del 18 de octubre de 2019, y tampoco haber esperado que el actual gobierno en una imaginación de que la pandemia no hubiera existido, fuese el líder de un cambio con énfasis en lo social. El poder del 1% más rico, no ha tenido, no tiene y nunca va a tener sensibilidad humana. Lo determinante, para ellos, es lo que proporciona el negocio y la permanente búsqueda de la oportunidad para realizarlo aún en las peores condiciones en las cuales las personas se ven afectadas por distintas circunstancias.

Las sociedades cualesquiera sean sus características, pueden determinarse por voluntades de poder y privilegios restringidos, con estructuras no provenientes de la nada, sino que sujetas a criterios totalmente controlados, incluyendo el aferrarse a la teoría económica alejada de miradas de convivencia social, la supremacía de los números, traducidos en dinero y que van conformando distancias de relaciones entre las personas. Lo fáctico, en relación a lo anterior juega un importante rol, y la postergación de muchos es obra de pocos.

En ocasiones, un sistema se torna “un todo perfecto” y bastante “cerrado”, donde no hay el propósito de cambios. Los niveles de desigualdad son aceptados y provocados desde los entes gobernantes que ni siquiera los perciben, y las herramientas bajo las cuales los seres humanos podrían tener a su haber para emerger, en igualdad de oportunidades, son coartadas y se van poniendo techos. Se trata de mantener niveles mínimos de vida, que se traducen en pobreza, la cual se toma como una limitante en el desarrollo de muchos, estableciendo el criterio que hay otros con necesidades más imperiosas.

La estructura vigente, hace que sea necesaria la estratificación, de tal manera que se puedan satisfacer a bajo costo y con grandes diferencias en los ingresos, las actividades y labores que dan tiraje al sistema existente. Ello lleva a un ejercicio puesto en práctica, asociado a los niveles educacionales topes que son requeridos por ciertas actividades, con repercusión en los niveles de ingreso y consecuencias asociadas, ese es un eslabón fuerte que repercute en las características de los sistemas educativos, que en su conjunto va poniendo diferentes niveles límites, por sobre los cuales no se puede acceder.

Lo expresado, y la realidad política en desarrollo, no es aislada. Se circunscribe en un sistema que ha sido modelado de esta forma, desde la dictadura cívico militar en adelante, y que, en ningún momento posterior en los aspectos más sustanciales de tipo estructural, se aplicó ni siquiera un ápice de gradualidad. Ésta sería visible y existente, sólo a condición que a lo largo del tiempo, se haya podido apreciar una construcción de sociedad diferente, como forma de convivencia, sustentada en un pensamiento y la comprensión de lo que derivo después del golpe al Estado el año 73 y la llegada de una supuesta democracia. Pero ello no ocurrió, las expectativas de la época del plebiscito del 88, no fueron atendidas.

El hablar de la necesidad de resetear, no tiene el alcance de borrar todo, ya que en analogía a lo que ocurre con los equipos computacionales, hay un equipamiento base que permanece y eso es la riqueza que puede tener el ser humano, como constructor de un futuro diferente que no había sido visualizado, y tomado en cuenta.

Somos parte de una encrucijada interesante, en que se puede dar el inicio a algo que proviene de un retardo extenso y con una cuota de tensión que no debería existir, expresada en distintas facetas del comportamiento de las personas.

Es el atender la demanda urgente y dar partida a un proceso que nunca fue considerado, que deberá enfrentar un cúmulo de contradicciones expresadas en diferencias de oportunidades, que de manera entendible han generado conductas de desmotivación, y retroalimentan desigualdades de variada gama, abriendo un escenario altamente deteriorado, con descontento justificado.

Se va haciendo imprescindible, modelar distinto y precisar, entre otros, los conceptos de calidad y vida digna, términos que en ocasiones se han quedado sólo en palabras y nunca materializado en intenciones de algo diferente, se aleja de una conceptualización rigurosa, más bien sólo un entendimiento desde posiciones personales que no van en sintonía con las realidades.

Si se busca instaurar una sociedad basada en deberes y derechos, con la relevancia de la justicia social como entorno, la observancia debe realizarse no de cualquier forma.

Lo basal, es la educación, pero ésta requiere mucha claridad conceptual. Hay que entender las más profundas diversidades del territorio nacional, sabiéndolas interpretar con las necesidades por atender y sin discriminar, manteniendo las identidades culturales y potenciando el aporte de las personas, con el conocimiento que otorgan sus territorios diferentes unos de otros.

Si se persigue una sociedad de bienestar para mayorías, la educación se debe entender como un sistema educativo integral y nacional, en el cual los proyectos educativos, experiencias y saberes de establecimientos privados, deben ser abiertos en el compartir, con un estilo colaborativo en esos aspectos, hacia lo público, como signo de aporte al desarrollo país. Tampoco es proyectable ciertos ámbitos de la enseñanza, dedicados a los niveles socioeconómicos más bajos, sólo como mecanismos de atención a la vulnerabilidad y negar la enseñanza-aprendizaje explícito para vidas diferentes, se impone la formación de competencias para el incremento de lugares donde se requiere una mano de obra barata.

Siempre debe haber la claridad, que hay tiempos y recursos considerables por comprometer, y ello es ineludible en un proceso de cambio. Debe haber acciones complementarias por desplegar, como lo es el apoyo hacia los docentes y el rol trascendente de las universidades en la formación inicial profesores, gravitantes en procesos de transformación desde la edad temprana. Se trata de una profesión que proviene de un sistema que retroalimenta sus características, y tiene un grado de influencia en el aprendizaje inicial de todas las personas.

También, hay temas que requieren un reencuentro entre ciudadanos, la atención de salud debe tener la misma prontitud para todos y todas, se trata de subsanar la brecha entre la posibilidad de la atención programada en un plazo breve y su punto opuesto de la permanencia en listas de esperas sin tener la atención oportuna.

Son parte de las grandes brechas que corroen la posibilidad de una sociedad sana de siglo XXI, a las cuales se suman otras.

Materias hay muchas por resolver, y a esta altura ya son evidentes. Cuando desde la acción de escribir, pueden pasar diez o más años aportando a los análisis de la política, y se concluye en que la reflexión crítica es reincidente en los mismos temas, es señal de la convivencia de un país en statu quo. No es la ausencia del todo, pero sí la inmovilidad de lo estructural, evidenciado en la demanda de los ciudadanos que en algún momento estallaron, y se sigue en medio de lo no resuelto.

Hay momentos de esperanzas, y de proyección de futuro en que las nuevas generaciones tienen un rol principal. Es vital que los cambios vayan más allá del corto plazo que dura un gobierno, como aspecto remedial para la sociedad, se debe abordar el largo plazo y en un esquema presidencial como el actual, más la acentuación de las ganas de cambiar, no se trata de imaginar los primeros 100 días, sino el proyectar la continuidad de los mejores logros, para un período gubernamental siguiente, resultante de habitantes que se sienten más motivados con su país al sentir que no se evaden las grandes transformaciones.

Hay un sello, histórico que rodea los acontecimientos actuales, y es la coincidencia entre el proceso eleccionario con el constituyente, que nos acerca a una democracia que podría ser verdadera. Es mucho lo que se juega, todas y todos se lo merecen, reconocer el comienzo de algo muy anhelado, las anchas alamedas pueden ser abiertas y hay mucho por construir, el modelo de una sociedad justa y que no sólo aporte a lo local, sino sea una contribución a la humanidad que inevitablemente debe enfrentar situaciones en conjunto.

No dejemos las puertas abiertas a 30 o más años de postergación.

11 de diciembre de 2021

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