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Un año más, que más da. Por Carlos López Dawson y Alejandro Romero Miranda

DELINCUENCIA 2.0

El país ha cerrado un año con una alta sensación de inseguridad debido a los delitos que acaecen cotidianamente. En esta dinámica los medios de comunicación juegan un rol fundamental, rol que reduciendo al máximo la discusión entre adherentes y detractores, oscila entre una cobertura excesiva del fenómeno (modelando y manipulando con ello la sensación de inseguridad) y el derecho ciudadano a la información. Todo ello con el reiterado error de usarlo contra el adversario politico más que lograr una solución científica.

Sin embargo -y trascendiendo esta disparidad-, se observa un acuerdo generalizado en torno al aumento de la violencia en los actos delictivos, lo cual no sólo impacta por su profusión, sino además, por el tránsito en su móvil de acción que abandona el simple amedrentamiento y daño adoptando la muerte y la crueldad como prácticas recurrentes, especialmente esta última, que se posiciona como el sello del crimen organizado y la narco industria.

En efecto, si hemos de discurrir en los aspectos centrales de las nuevas manifestaciones delictuales, más allá de su diversificación y la incidencia de la inmigración, el aspecto central que las aglutina es la desinhibición y la violencia aplicada en su consumación, violencia que ya no se presenta visceral e improvisada, sino, racionalizada y planificada. Es decir, la violencia que imbuye la delincuencia nacional -siguiendo las ideas de Wolfgang Sofsky-, hoy responde a un acto de creatividad, de intelectualización, donde la imaginación se pone al servicio del dolor para hacer del suplicio un acto de poder y sumisión, pero también, un acto pedagógico destinado a reordenar las relaciones y jerarquías sociales. Con esto, la crueldad no sólo se plantea como la cúspide de la violencia, sino además, como un mecanismo descomplejizador (solucionador de problemas) que actúa por medio de imágenes y mensajes visuales auto explicativos que suplantan la comunicación verbal. El cadáver mutilado e incinerado dentro de un bote de basura, el cuerpo sin vida envuelto en alambres arrojado a orilla de la carretera, el disparo a quemarropa sin razón aparente, la bala loca que destapa los sesos de un niño que juega en su casa, son algunos fragmentos de este nuevo mosaico de prácticas delictuales.

EXACERBACIÓN DELICTUAL

De esta manera la delincuencia 2.0 hace de la crueldad un lenguaje mediático que releva el acto por sobre su ejecutante (el sicariato por sobre el sicario, el extorsionar por sobre el extorsionador), y donde el poder ya no descansa en la potestad de muerte o hacer morir -parafraseando a Foucault-, sino en los métodos, en la técnica de su consumación. Es el dolor y padecimiento que emana el cadáver lo que denota la creatividad -y el respeto- que aspira su artífice. De esto saben bien México, Venezuela y Colombia, y ahora también Chile.

Para llegar a estos niveles de crueldad -o violencia absoluta en términos de Sofsky-, es necesario -como se expuso en los párrafos anteriores-, transitar del daño visceral, fortuito, no planificado al daño reflexivo, imaginativo, esto es, creativo, pero, además, se torna igualmente relevante contar con la tranquilidad necesaria producto de la inacción del Estado para la cavilación infernal. En la medida que el crimen organizado y la industria narco no sienten el asecho estatal, su imaginación actualiza los métodos, intereses y expande su influencia. La crueldad entonces se nos presenta como el vástago de la creatividad delictual y la placidez estatal.

Esta lógica de la crueldad –o colonización delictual-, no sólo busca el redito y lucro para su mantenimiento y expansión, sino, además, la obtención de un respeto que sólo cobra sentido -y se agota-, en los espacios sociales donde interactúan sujetos guiados por las mismas representaciones, discursos e imaginarios. Esto no equivale a reflotar a Albert Cohen y la vieja teoría subcultural del delito, por el contrario, invita a considerar a esta delincuencia 2.0 como una nueva diáspora dentro de este archipiélago llamado postmodernidad, esto es, a concebirla como una realidad intrínseca que se enfrenta con otras realidades por la imposición de sentido y control en medio de un tiempo marcado a fuego por el relativismo.

EL CAMBIO DE LAS CAUSALES

Hoy por hoy, la mayor parte de la delincuencia que nos mantiene en vilo no se justifica por hambre ni por necesidades básicas no resueltas, sino más bien, por el hedonismo exacerbado (iconizado en la drogadicción) y la llegada a Chile del capitalismo gore -utilizando el término de Sayak Valencia-, es decir, la instalación y expansión del crimen organizado como parte del mercado. La crueldad entonces debe ser pensada más como una estrategia extrema de negocio-gore que como una patología creativa. Así, la inspiración y la inventiva de esta delincuencia 2.0 surgen de la socialización y asociación de los sujetos, más que de sus disposiciones psicológicas individuales. No obstante, debemos tener presente que las conductas delictuales están influenciadas por culturas extranjeras socializadas por los medios de comunicación y fortalecidas por el contacto criminógeno de los delincuentes.

De lo anterior se desprende un elemento clave para el análisis de la delincuencia organizada y la industria narco; su quehacer y crueldad no son autorregulables, por ende, todo intento de apelar a la reconsideración de sus prácticas – de abogar por la auto deconstrucción de sus prácticas-, no sólo carece de funcionalidad, sino que además peca de una inocencia extrema.

De esta manera, el abordaje del delito 2.0 no puede apelar a la lógica delictual premoderna (los códigos de choro-ladrón), pues hoy el delito es un asunto de grupos o bandas que hacen del miedo -y la muerte- un modo de acción per se. Atrás quedo la imagen del ladrón solitario que buscaba burlar a la fuerza policial y a su víctima. Hoy el negocio dicta su eliminación y la sumisión de todos quienes participan del juego, incluido el propio Estado.

Para hacer frente a este aumento y desinhibición de la violencia, se hace necesario establecer directrices que contribuyan a su control, entre ellas: establecer y delimitar claramente los delitos asociados a la industria narco (distribución, venta y diversificación) y al crimen organizado, así como unificar causas y ampliar el cuerpo de fiscales. En la misma línea, complementar el trabajo de seguimiento de la venta callejera de droga (como acciones de extorción) con el análisis bancario e incautación temprana del patrimonio, además, se hace necesario desarrollar una estrategia nacional destinada a controlar y reprimir la narcocultura (desde movimientos musicales que ensalzan el delito, pasando por la destrucción de mausoleos hasta la prohibición de funerales narco), así como la creación de una fuerza policial especialista en combate narco y crimen organizado con la participación de la PDI y la milicia (fuerza mixta), y el fortalecimiento del sistema carcelario tornándolo impermeable a la influencia narco, y capaz al mismo tiempo, de contrarrestar la subcultura carcelaria a fin de reposicionar a la prisión como un espacio eminentemente institucional (y no como una realidad paralela). De manera complementaria, es necesario desarrollar un proyecto de seguridad ciudadana y prevención del delito que mixture visiones clásicas de abordaje con elementos progresistas (de la izquierda reflexiva), que saquen al sistema capitalista (y al mercado) como principales culpables de la trayectoria delictiva del sujeto-victima, abriéndose a lecturas menos ideologizadas como la de Vincenzo Ruggiero, para quien el delito no sólo se explicaría por las carencias que experimentan los sujetos, sino también, por la abundancia que inunda sus vidas (ambos extremos se transforman en factores de riesgo delictivo).

Finalmente, una premisa que desde su sinceridad levanta polémica y debe ponerse en la mesa, a su haber; se debe asumir el hecho que combatir la narco industria y el crimen organizado llevará en más de una ocasión a tensionar los derechos humanos (por la ya citada incapacidad de autorregulación de la delincuencia 2.0), momento donde se necesitará altura de miras y unidad política (como en el caso de las reglas del uso de la fuerza RUF), pues, esta tensión no puede ser asumida por el gobierno de turno ni por caudillos políticos bien intencionados, sino, por el Estado en sus múltiples manifestaciones. Luchar contra quienes no respetan la vida y utilizan la creatividad para dañar, conlleva muchas veces -de manera indeseada-, valerse de algunos elementos de su misma lógica para contrarrestar su accionar. Ello conduce necesariamente a una solución democrática participativa donde prime la razón y la ciencia, de lo contrario no habrá seguridad y ganaran los gritones incultos.

COMO SANCIONAR

Se debate si la mera prisión o el tratamiento del delincuente es el camino de la sanción ejemplificadora. No cabe duda que la ubicación de las cárceles en las ciudades facilita a los delincuentes seguir involucrando a sus amigos y familiares en actos delictuales. Se critica a Bukele , presidente de El Salvador por haber usado medidas de emergencia para combatir a grupos delictuales conocidos como las Maras, lo que permitió detener los homicidios y otros delitos en su pais. Cada sociedad tiene sus propios métodos, no obstante, hay reglas universales que requieren ser respetadas, como el debido proceso. No se trata de poner obstáculos a la justicia, sino de perfeccionar la persecución penal.

Es importante tener presente que el delincuente persistente (es decir, aquel que hace del delito un estilo de vida), no es solo un simple infractor de ley sino también un sujeto cuyo sentido de la realidad y las relaciones sociales requiere ser tratado, pero también aislado. Algunos Estados han construido sus cárceles lejos de las ciudades y no permiten las visitas habituales. Todo parece indicar que el problema es médico y no de humanismo, es de tratamientos diversos, psicológicos, de trabajo, de nuevos aprendizajes. También debemos recordar que están las víctimas de los delitos que deben ser reparados por el delincuente.

EL COSTO DEL DELITO.

La delincuencia tiene a su vez un alto costo económico para la sociedad, para la víctima y para el propio delincuente. Con el delito todos pierden, salvo cuando hay impunidad para el delincuente. Es obvio que el Estado financia el sistema de justicia, instalaciones de tribunales, jueces y personal, lo que requiere parte importante del presupuesto nacional, también financia el sistema carcelario que incluye alimentar a miles de delincuentes. Eso lo pagan todos los contribuyentes, incluidos los consumidores, con sus impuestos. Cuando el delincuente es juzgado pierde su libertad, puede ser condenado al pago de los daños causados y desde luego no podrá recibir ingresos a menos que acepte trabajar en prisión. Cada preso tiene un costo para el Estado y por tanto para toda la comunidad que debe financiar el sistema de justicia y mantener a una persona privada de libertad. Además, están las pérdidas materiales de las víctimas de delitos, que muchas veces son irrecuperables. Son altos costos.

DEMOCRACIA Y DELINCUENCIA

Unos de los problemas serios que nos aquejan, posiblemente no exclusivamente, es la tolerancia al delito, es aceptar convivir con delincuentes que no han sido tratados y/o sancionados. Da la impresión que la tolerancia social al delito influye en los que denominamos la puerta giratoria, en las bajas penas para muchos delitos, en sanciones simbólicas a delincuentes de cuello y corbata, a delincuentes de clases sociales altas, etc.

Expresión de tal tolerancia son los indultos a presos condenados, es cierto que es una forma de desvirtuar la acción de la justicia, y su justificación es que las sentencias o son una exageración o eran erróneas. Como sea los Presidentes de la República indultan y mucho. Durante la administración de Sebastián Piñera, 9 mil reos que cumplían condenas por delitos graves fueron indultados y varios de ellos volvieron a delinquir. Entre los "beneficiados" se encuentran 800 por homicidios, la misma cantidad por haber cometido delitos contra la Ley de Drogas, 250 por delitos sexuales y otras 13 por accidentes de tránsito con resultado de muerte. Respecto de los indultados, tanto por el entonces Presidente Piñera, como por el Presidente Boric, en particular de casos de delincuentes con prontuario abundante, demuestra que esta institución heredada de sistemas monárquicos, requieren una revisión profunda, incluso su eliminación. Ello puede conducir a una revisión de los procedimientos penales, de la duración de las penas y de cómo cumplirlas.

La democracia requiere ser fortalecida y modernizada, hasta lograr una democracia participativa. Mientras tanto, con lo que hay, es necesario mejorar las políticas de seguridad para un mejor control de la delincuencia, escuchando a los expertos, no solo a los expertos en represión, sino a los psicólogos, los educadores, los cientistas políticos, etc. También, observar las experiencias comparadas, como las empleadas en ciudades de la Republica Popular China, donde la instalación de sistemas de cámaras de seguridad redujo en 70% la tasa de criminalidad, además de ayudar a otras tareas comunitarias. La delincuencia tiene causas multifactoriales por lo que requiere propuestas del mismo nivel y no solo pensando en lo inmediato sino a largo plazo, allí donde vivirán nuestros hijos. Y las claves siguen siendo justicia social y educación.

___   Los autores son Doctores, académicos e investigadores de Universidad La República.

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