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Un año sin Víctor Pey. por Clara González

“Yo creo que la vida de cada persona es distinta, cada vida es un mundo. ¿Por qué me tocó a mí todo esto? No fue una cosa planificada, las circunstancias se fueron dando”. Con estas palabras reflexionaba Víctor Pey sobre su agitada vida en una de sus últimas entrevistas. Cada vida es un mundo es también el título de su biografía fílmica estrenada el pasado 7 de septiembre como parte del proyecto de investigación La internacional de Allende. El objetivo: reconocer una vida “siempre al pulso político de su tiempo”.

Aunque él mismo siempre subrayó el peso fundamental del azar en los procesos históricos y en el devenir de su propia vida, lo cierto es que Víctor Pey tuvo una vida marcada por un fuerte compromiso político, lo que le llevó por varios países persiguiendo sus anhelos de justicia e igualdad, siempre guiado por sus fuertes convicciones socialistas.

Fue a través de un mensaje viralizado en Facebook el 6 de octubre como se conoció la noticia: “Hoy murió mi papá”, escribía su hija Coral Pey: a sus 103 años y mientras dormía, la madrugada del 6 de octubre de 2018 Víctor Pey ya no se despertó más. Incluso para este momento, el azar quiso que su deceso no ocurriera un día cualquiera. “Mi papá muere en un día simbólico”, señalaba en ese momento su hija, aludiendo a los 30 años del plebiscito de 1988 que aquel día se cumplían. En aquel momento aprovechó también para lamentar que “la deuda del Estado con mi padre aún siga pendiente”, y anunciar que la familia no detendría las acciones legales emprendidas en el año 1997 por Víctor Pey contra el Estado de Chile por la expropiación después del Golpe Militar del diario Clarín, de quien Pey se declaraba legítimo dueño. Aquel litigio que lleva veinte años sin resolverse, supuso el gran quebradero de cabeza de Víctor Pey hasta el día de su muerte.

Diversas personalidades políticas quisieron rendirle homenaje aquel día: “Ha muerto un gran hombre, Víctor Pey, republicano español, llegó a Chile en el Winnipeg, se comprometió con coraje y fuerza en todas las causas justas y nobles de nuestro país, figura clave en la detención de Pinochet en Londres, ejemplo para todos nosotros. Honor y gloria”, señalaba ese día la diputada Carmen Hertz; “Muere Víctor Pey, republicano que llegó en el Winnipeg, gran amigo y colaborador de mi padre. Comprometido y noble. Legítimo dueño de Clarín que el Estado de Chile desconoció y gran impulsor, junto a Joan Garcés, del juicio a Pinochet. Hasta siempre, amigo", declaraba la senadora Isabel Allende; “Un gran compañero y un allendista inolvidable”, destacó Jorge Arrate. “Hombre valiente y comprometido con la Unidad Popular. En tan simbólico día, nos deja el fundador del diario Clarín, luchador incansable por la defensa de los Derechos Humanos”, mencionaron desde la Fundación Salvador Allende.

Precisamente desde Chile, el país que le había recibido con los brazos abiertos cuando venía huyendo de la guerra y la miseria, se iba para siempre un hombre que hizo de su vida un mundo y que nunca renunció a su compromiso con la libertad y los Derechos Humanos.

VÍCTOR PEY EN ESPAÑA Y SU LLEGADA EN EL WINNIPEG

Hijo del catalán Segismundo Pey Ordeix y la vallisoletana Manuela Casado, Víctor Pey nació el 31 de agosto de 1915 en Madrid, donde se crió al interior de una familia politizada que apoyaba la reflexión crítica y negaba toda forma de autoritarismo, lo que le marcaría profundamente toda su vida. Según señala Pey en una de sus entrevistas, su padre, quien había sido sacerdote y escritor, dejó la vida religiosa por sus escritos anticlericales en los que llamaba a la desobediencia civil.

El Golpe de Estado franquista que condujo al estallido de la Guerra Civil Española el 18 de julio de 1936, llevó a Víctor Pey a enrolarse inmediatamente en las milicias populares en defensa de la República Española, de forma que fue combatiente en el Frente de Huesca desde la legendaria “Columna Durruti”. Poco tiempo después y dada su condición de ingeniero, Pey fue requerido por el Govern de Catalunya para ser parte de la construcción de una industria que pudiera proveer el material de guerra para los frentes, donde fue parte de la Comisión de Industrias de Guerra.

En medio de la contienda de Barcelona, Víctor Pey, por ser miembro de la Subsecretaría de Armamentos del Comité de Defensa Nacional, recibió la orden de dirigirse a Olot (en el norte de España) donde tenían una fábrica de material de guerra que debían proteger para proveer a la resistencia, pero la caída de Barcelona en manos de las tropas franquistas sublevadas en enero de 1939 hizo que la vida de Víctor y la de muchos otros, cambiara de rumbo.

En una entrevista concedida a la BBC en el año 2005, Víctor Pey explicaba las peripecias que vivió durante la Guerra Civil Española: “Todo se precipitó, y en cuestión de días, tuvimos que abandonar Olot e ir hacia la frontera para escapar por los Pirineos, en invierno, y llegar a Francia. Así llegamos al campo de concentración francés de Levolou y de ahí nos trasladaron a Perpiñán, de donde, con ayuda de la masonería española y francesa (sus padres habían sido masones) nos llevaron a Lyon. De Lyon, me fui por mi cuenta a París para tratar de gestionar mi salida y la de mi familia de Francia porque se veía llegar la Segunda Guerra Mundial. Fue ahí donde supe que Pablo Neruda había llegado como cónsul especial para los refugiados españoles, lo conocí y conseguí ser incluido en su cupo de elección personal para venir a Chile en el barco “Winnipeg”.

En otra entrevista recogida en el proyecto de investigación La Internacional de Allende, explica Víctor Pey sobre el cruce a pie de la frontera, acompañado por su hermano Raúl: “felizmente llevábamos con nosotros una brújula y con esa brújula pudimos orientarnos hacia donde estaba Francia, la frontera francesa. Y un día, una noche mejor dicho, al llegar a una cima vimos que estaba alumbrado y ahí había algo. En la parte republicana estaban todas las luces de todos los pueblos apagadas para evitar los bombardeos. Así supimos que estábamos en territorio francés”.

El 4 de agosto de 1939, Víctor Pey y su familia zarpan desde el puerto francés de Poullac rumbo al Puerto de Valparaíso, en donde el 3 de septiembre de aquel mismo año desembarcaron 2.200 refugiados que habían llegado en el barco Winnipeg. Décadas después, recordando aquel momento, señalaría: “Lo que sí recuerdo muy bien es que en el momento en que el «Winnipeg» levó anclas y empezó a navegar, en la popa del barco había un coro que ya habían formado los catalanes y empezaron a cantar L’Emigrant. Me causó una gran impresión que he recordado siempre”.

Precisamente inspirándose en esta historia, la escritora Isabel Allende escribió su última novela, presentada en junio de este año y titulada Largo pétalo de mar: “Oí la historia del Winnipeg por primera vez en Caracas, de labios de Víctor Pey. No alcancé a mostrarle el manuscrito; el libro está dedicado a él”, explicaba la escritora chilena con motivo de la presentación de su libro sobre la historia del Winnipeg.

COLABORADOR DE LA UP Y DUEÑO DE CLARÍN

Poco después de haber llegado a Chile, y tras lograr algunos trabajos primero como topógrafo y luego como ingeniero, poco a poco Víctor Pey se fue haciendo parte de la política chilena, colaborando con artículos para la revista La Hora, en los que comentaba y analizaba la Guerra Civil Española. En Arica conocería a Darío Sainte Marie, fundador del diario Clarín, con quien entablaría una fuerte amistad y a quien posteriormente le compró el diario Clarín en el año 1972. El que era uno de los medios más leídos en el Chile de los años 60, en ese momento y bajo el eslogan “firme junto al pueblo”, el Clarín se convertiría en un medio de carácter abiertamente revolucionario que, comprometido con el programa de la Unidad Popular, sería clave durante el Gobierno de Salvador Allende (1970-1973). Asesor y amigo personal de Allende, Víctor Pey afirmó sobre el Presidente socialista, en posteriores entrevistas, ser un “animal político de autenticidad única a nivel latinoamericano: conocedor de las necesidades profundas de su pueblo, cuya visión democrática y convicciones políticas lo llevaron a tener una concepción republicana respecto a la vía chilena al socialismo, y sobre las salidas a la crisis política a fines de su gobierno”.

El 11 de septiembre de 1973, día del Golpe Militar, a las 4 de la madrugada las oficinas y prensas del diario fueron ocupadas por tropas del ejército, las que impidieron que desde aquel momento circulara Clarín, el cual sería confiscado días después por la Junta Militar. Asilado en la embajada de Venezuela en Santiago, posteriormente Víctor Pey viajaría a Francia y desde ahí a Perú. Tras el fallecimiento de Franco, Pey se instalaría en una España muy distinta a la que había dejado. Sobre aquello, afirmaría: “El cambio que había sufrido la sociedad española era muy profundo: en la manera de ser, la manera de enfocar los problemas. Todavía existía un temor muy grande como resultado de 40 años de franquismo. Me encontré con un pueblo bastante adormecido, temeroso de hacer cualquier pronunciamiento, no había confianza en los amigos todavía, a pesar de que Franco acababa de morir. Después, en los años siguientes, la evolución del pueblo español y de la sociedad española fue vertiginosa”.

En los años 90 y con la llegada de la democracia a Chile, Víctor Pey regresó al que por tantos años había sido su país, donde se mantuvo activo en la lucha por los Derechos Humanos y la memoria de la Unidad Popular. Junto a Joan Garcés, su abogado y personaje clave en la extradición de Pinochet, crearon la Fundación española Salvador Allende. Juntos también, impulsaron la demanda contra el Estado de Chile por la expropiación del diario Clarín. A pesar de que en el año 2008 un Tribunal Internacional CIADI condenara al Estado de Chile al pago de 10 millones de dólares por “haber incumplido su obligación de trato justo y equitativo e incurrido en denegación de justicia”, la negativa de los sucesivos Gobiernos mantienen la causa abierta hasta el día de hoy.

Un año después de su partida, recordamos a Víctor Pey quien, al recoger la medalla rectoral de la Universidad de Chile en el año 2005, señalaría: “Para nosotros Chile representó la libertad, conseguimos prontamente trabajo, aquí trabajé, aquí me enamoré; aquí apoyé al gobierno de Salvador Allende, líder mundial del socialismo sin derramamiento de sangre, la vía chilena al socialismo, con empanadas y vino tinto”.

Clara González es abogada

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