El inicio del actual gobierno el año 2022 y a escasos días de finalizar, fue precedido de un clima político y la presencia de un poder que se arrastran por un período muy extendido a lo largo de la historia, se ha marcado una estrategia en desarrollo liderada por sectores ultraconservadores, cuyo arribo a palacio pone en riesgo la convivencia en un sentido humano por el que debe transitar un país.
La imposición del poder no es algo simple, debe entenderse como un asunto complejo inserto en una trama que requiere mucha claridad y conciencia de la forma de enfrentarla y revertirla, cuando éste resulta ser nocivo para las personas.
Observando esta realidad, las actitudes necesarias para cambiar el curso de la historia son muy exigentes y demandan convicción junto a visiones que se proyecten y trasciendan en el tiempo. Se debe comprender la importancia del sentido humano que se pone en juego, el valor de la participación, el entendimiento de la política como algo clave en una sociedad sin hegemonías radicadas en minorías en relación a las “mayorías” que concurren a votar, el educarse para razonar, pensar, inventar, resolver, decidir, construir cultura inspirada en una convivencia simétrica y cercana a las características de los territorios, todo rodeado de una integración colaborativa. Esto habla del futuro que no ha sido considerado de esta forma, por omisión e intenciones personales direccionadas por el individualismo, pieza clave de un modelo con más de 50 años de existencia.
Para proyectar el futuro que empieza mañana, es necesario examinar el pasado, que podemos hacerlo terminar ayer o incluso, en un sentido figurado, el día de hoy. Gabriel Boric, está a punto de ser parte del pasado en estricto rigor respecto de su cargo, pero estará presente en la historia del país. Paradojalmente José Kast no es futuro, es parte de una línea de tiempo que se debe observar de manera regresiva y donde la palabra “democracia” es un término lingüístico sin valor alguno, al predominar más bien la post dictadura.
Desde la última elección presidencial, entramos en un período con sentido histórico de magnitud que bajo ciertas consideraciones se pudiera haber evitado, pero el desarrollo paulatino y premeditado de acontecimientos nos dejan en el punto actual.
Gabriel Boric del pasado, es la responsabilidad directa de un gobierno que no resolvió conforme a expectativas, pero a la vez es la representación de una deuda de arrastre, que escapan de su responsabilidad, en algún momento iba a pasar la cuenta al observar el curso de la historia, donde prevalece la continuidad y se observa un ciclo compuesto de eslabones unidos entre sí que administran lo estructural del modelo.
José Kast, también del pasado, es la representación de un modelo diseñado en la época de Pinochet, aglutina las componentes que caracterizaron ese período. Hay una injerencia una vez más descarada de los Estados Unidos, que ahora exprofesamente se va a buscar y con ello se establece una partida que resulta desagradable, la manifestación de un estilo agresivo en muchos ámbitos.
José Kast no llega a la presidencia por cualidades que lo distingan, sino por la irrupción que sin lugar a dudas utiliza en forma eficiente las redes sociales y medios de comunicación, con un manejo explícito desde el área de la psicología de las comunicaciones propagando el mensaje destructivo.
Se suman hitos gravitantes y que fueron haciendo aparecer a una ultraderecha: estallido social, acuerdo por la paz que confluye en el proceso constituyente y conmemoración de los 50 años del golpe de Estado. Además, algo no menor es que en la elección parlamentaria del 2021, ingresa al Congreso con mayor presencia el partido republicano.
La derecha fue construyendo escenarios en el tiempo, desde los gobiernos de Sebastián Piñera, se incorporan normativas de seguridad que pueden tener efecto en lo delictual, pero también promueven escenarios represivos frente a las demandas ciudadanas, es la práctica de estos sectores a lo largo de la historia.
Quienes inician su mandato el miércoles 11 de marzo se presentan como detractores de la violencia, sin embargo, el 11 de septiembre de 1973 alguien oprimió un botón y las bombas cayeron sobre La Moneda, en ese momento la violencia se siguió expandiendo, bajo la lógica del fin justifica los medios. Es en ese lugar donde José Kast tiene fijada su residencia, desde donde podría blindarse en la misma lógica mencionada y con un entramado que ha ido articulando en estos días con su visita a Trump y la presencia de invitados internacionales al cambio de mando, símbolos de un mundo convulsionado. Asistimos a un tiempo en que el presente se encuentra muy cercano al peor pasado del país en los últimos 52 años y que en la construcción de futuro no se puede omitir.
