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Un grito de alerta desde la selva amazónica colombiana. Entrevista a Luz Mery Panche Chocué, representante indígena del pueblo de Nasa en Colombia. Por Guillermo Cotal Ponce[1] y Arturo Castro Martínez[2]

El pasado 7 de mayo en Bogotá se vivía una nueva jornada de protesta, un nuevo capítulo del levantamiento popular iniciado la segunda quincena de abril, en respuesta a las políticas económicas neoliberales asumidas por el gobierno de Iván Duque. Durante la tarde de ese día, yacía en el piso la estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada, quien comandó la conquista de Colombia durante el siglo XVI, acompañado de su ejército, asesinando, violando y haciendo desaparecer los distintos focos de resistencia indígena de mar a selva, donde los pueblos comenzaron a sufrir el más cruel de los calvarios, duradero por más de quinientos años. Es justamente en respuesta a esta violencia que ocurrió el mencionado ajusticiamiento simbólico, puesto que la muerte aún se siembra en territorios indígenas, a fuego, pólvora y olvido. No es de extrañarse que las distintas comunidades se hayan organizado nuevamente en mingas, ocupando las calles de los centros urbanos y las carreteras que cruzan las áreas rurales, adquiriendo un protagonismo evidente en el levantamiento popular actual.

La participación de las comunidades indígenas en las jornadas de protesta es el motivo por el que hemos entrevistado a Luz Mery Panche Chocué, habitante del pueblo amazónico de Nasa, miembro de la Sociedad de Cabildos Indígenas de San Vicente de Caguan en el Departamento de Caquetá en Colombia y parte de la Coordinación Étnica Nacional de Paz (CENPAZ), como encargada de hacer seguimiento a la implementación de los distintos acuerdos de paz en los territorios colectivos de los pueblos étnicos del país cafetero. Panche, como mujer indígena ha visto las consecuencias de las políticas económicas en su territorio, por lo que es un testigo bastante clarificador respecto al origen del actual conflicto social en Colombia.

Esta entrevista fue realizada hace unos días, en una jornada donde la población colombiana fue nuevamente víctima de la violencia estatal. Coincidencia o no, la conversación con nuestra entrevistada se vio interrumpida varias veces, al punto de tener que suspenderla en más de una ocasión. Según cuenta Panche, la inestabilidad del internet y las llamadas telefónicas desde el inicio del conflicto se han vuelto cada vez comunes, aislando a las comunidades indígenas comunicacionalmente y así haciendo difícil la masificación de la información respecto a lo que está ocurriendo no solamente en el Amazonas colombiano, sino que además en los otros territorios donde la manifestación social ha adquirido mayor fuerza. Por estos días los medios de comunicación oficialistas han retraído la información, al punto de evidenciar un mal manejo de lo que está ocurriendo en el país, quedando a nuestra disposición únicamente el relato de la población herida y en búsqueda de justicia contra actos violentos ejercidos por el Estado.

     ¿Cuál es la opinión de la comunidad indígena respecto al conflicto social vigente en la actualidad en Colombia?

“El conflicto social, político y armado que vive Colombia - el conflicto ambiental incluso –, es el resultado de toda esta situación sistemática de mal gobierno que se ha presentado desde los inicios de la República. Estamos hablando de 200 años, donde unas familias que secuestraron el poder económico y político del país se han sostenido allí durante estos dos siglos, utilizando mecanismos como el terrorismo, el miedo, la vergüenza y es precisamente debido a este tipo de situaciones que nos hemos organizado desde la minga, que comenzó el 2019, como el resultado del hastío, de la asfixia que tiene la población del pueblo colombiano, lo que se ha acrecentado y agudizado con la pandemia y que es evidente. No se puede ocultar la grave situación de pobreza y miseria que vive la gran parte del pueblo colombiano y creo que eso es lo que exacerba los ánimos y las ganas también de poder salir, de movilizarse, porque esta es una de las pocas veces en las que la población urbana y la rural nos juntamos pa exigir un cambio total en el Estado y un gobierno”.

         Al igual que durante el estallido social en Chile, en Colombia queda en evidencia el agotamiento de la población frente a las políticas impulsadas por el Estado, siendo una sintomatología arrastrada durante un lapso no menor de tiempo. Ese es el motivo por el que la activación del movimiento social adquirió una evidente radicalidad y transversalidad social, lo que se ha visto en las calles, ocupadas por la población más afectada producto de las últimas reformas económicas y los sectores que han permanecido en el olvido desde mucho antes, como ocurre con el mundo indígena, el que desde la década de los 70’ en adelante se ha hecho presente en momentos de algidez social como el que ocurre en la actualidad.

     ¿Cómo es la relación entre el Estado y las comunidades indígenas?

“La relación del gobierno con los pueblos originarios aquí en Colombia no ha sido una relación basada en la verdad, la justicia o basada en la solidaridad y la fraternidad. Nunca ha tenido estos elementos que son fundamentales en la relación entre un Estado y su pueblo. Nosotros hemos venido desde hace ya 528 años en una política de exclusión, racismo, de invisibilizacion y prácticamente exterminio, físico, cultural y espiritual por parte del Estado.

 En 1991 con la nueva constitución política logramos con todo el esfuerzo de la minga y la movilización que hemos tenido históricamente ser parte de esa carta política. En la realidad no se ha concretado ninguno de los derechos logrados ahí. En este momento nosotros contabilizamos alrededor de 1600 acuerdos que se han pactado en mingas, en las tomas de las carreteras que hemos hecho en los últimos años y ninguno de esos acuerdos firmados por los presidentes, ministros y delegados se han cumplido. Ninguno de los decretos, de lo que se pacta en la mesa permanente.

En el caso de los recursos que se deben asignar del presupuesto nacional en el Plan del Desarrollo Nacional para el Capítulo Indígena. En este período con Duque, esta es la hora en que ninguno de esos recursos ha sido entregado a las comunidades y es poco lo que se trata de hacer por parte del gobierno para quedar bien a nivel internacional con sus políticas de enfoque diferencial. Realmente son cuestiones asistencialistas, nos ponen como mendigos o limosneros en algunos programas del gobierno. Realmente no satisfacen los derechos que hemos logrado nosotros avanzar desde nuestra autonomía, desde el ejercicio y la movilización en la minga, como lo son la reivindicación de algunos de nuestros derechos, entre ellos nuestro derecho al territorio. Seguiremos en esa batalla, porque a este Estado no le interesan los pueblos originarios, por el contrario, lo que quiere el sistema capitalista es acabarnos. Nosotros estamos dando la pelea contra esa superestructura y sabemos contra quien nos enfrentamos. Por eso estamos planteando el reordenamiento de las actividades humanas sobre el territorio. Debe partir desde la ley de origen de los pueblos, que en cada territorio sabemos cómo se debe ordenar, si es que nos queremos realmente reconciliar con la madre tierra, y eso parte con cambiar todo ese modelo económico capitalista que destruye, que mata. Este es uno de los planteamientos, entre muchos otros que venimos haciendo desde nuestros territorios”.

La violencia sistemática estatal en Colombia no es algo nuevo. Ha existido durante siglos y es lo que indica nuestra entrevistada. Ha habido un olvido permanente hacia sus pueblos originarios, los que han sido reprimidos y condenados a vivir en la pobreza, migrar fuera de sus territorios y morir lejos de su cosmovisión, la que ha sido absorbida por las culturas dominantes. Es por esto que la población indígena se ha visto retraída, al punto de desaparecer en algunas zonas. También es el motivo por el que a inicios de los 90´ los pueblos originarios fueron incluidos en la Constitución Política, lo que quedará en palabras y promesas, las que morirán prematuramente, una vez que las políticas económicas y el empresariado comenzaron a envenenar los ríos y secar las selvas.

     ¿En qué han afectado las políticas económicas neoliberales a las comunidades indígenas?

         “Las políticas económicas neoliberales han afectado a las comunidades y pueblos indígenas en Colombia de una manera bastante drástica. Nosotros nos encontramos como pueblos indígenas en este momento en una situación de exterminio físico y cultural. Somos 115 pueblos y de acuerdo con el censo del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE Colombia) teníamos una población en el 2018 de uno 1.905.617 indígenas de los cuales llevamos más de 260 dirigentes asesinados en los últimos años. Tenemos alrededor de 4.000 niños que han muerto por desnutrición en pueblos indígenas como el pueblo wayú, el pueblo Hitnü, el pueblo jiw en la zona oriental en Colombia y en este momento tenemos más de 1.500 fallecidos por la pandemia del Covid – 19. Toda esta situación además de todas las muertes que se vienen dando por el envenenamiento por mercurio, que sucede por el uso de los ríos que están contaminados por este elemento tan tóxico y una serie de afectaciones gravísimas en materia económica, en materia productiva. En materia incluso de reconocimiento de los títulos de resguardo de nuestros pueblos. Entonces estamos totalmente afectados y en peligro de exterminio físico y cultural los 115 pueblos acá en Colombia”.

         Lo que describe la entrevistada es el saqueo, visto en tantas partes de Latinoamérica, lo que ha terminado por expulsar de sus territorios ancestrales a los distintos pueblos indígenas. Por ahí dicen que nuestros nativos sufren en vida dos muertes: la física y la cultural, ambas igual de dolorosas y destructivas, porque además de atacar sus cuerpos los dejamos sin alma y sin habla. Sufren de un mutismo selectivo, el que ha permitido la destrucción de su cosmovisión y el castigo sólo por ser indígenas, nativos de tierras ancestrales y que han recorrido desde siempre, desde mucho antes del nacimiento de los Estados que amenazan con arrebatarles la vida.

     ¿Cómo se ve el futuro del mundo indígena en Colombia?

“El futuro del mundo indígena en Colombia depende de nosotros. Nosotros tenemos que hacer un ejercicio hacia adentro (la minga hacia adentro), para empezar a enseñar con el ejemplo, fortalecer, recuperar, revitalizar desde la ley de origen, desde la palabra de vida, del derecho mayor de los pueblos originarios, todo lo que es el reordenamiento de nuestras acciones sobre el planeta y la madre tierra. Creo que es necesario seguir nosotros en ese ejercicio de pensar, de proyectar y de concretar alrededor del fogón, mambeando en esas malocas para poder hacernos entender. Y estamos seguros de que la verdad y la justicia siempre van a estar por encima, alumbrando en todo este proceso y que a veces se complejiza, pero a la larga la vida es la que gana. EL equilibrio, la armonía, la felicidad, la alegría, la contentura. Porque esa es la vida, a eso fue a lo que vinimos, a no ser esclavos, no a morirnos de hambre y a ser indignos. Nosotros vinimos para ser alegres, a estar tranquilos, a cuidar todo este regalo, con el respeto y el amor de que somos capaces como seres humanos”.

El futuro siempre es complejo de analizar, más cuando el presente y pasado han estado marcados por la muerte y la destrucción. Aun así, los pueblos latinoamericanos han sabido levantarse, desde la esperanza. Panche nos da a entender eso, como mujer indígena, habitante de las selvas, promovedora de su cultura ancestral, amenazada desde que llegaron los invasores en búsqueda del oro y la plata, con la biblia escondida entre brillantes armaduras. En el presente está igualmente amenazada, gracias a una invitación abierta a su olvido, por quienes pretenden ocupar sus territorios.

     ¿Qué arbitrariedades ha cometido el Estado con las comunidades indígenas?

“Estamos en el marco de la minga nacional que empezó el 28 de abril. Ya llevamos con hoy varios días en la minga, y los pueblos originarios hemos salido en diferentes regiones del país, en diferentes departamentos: Caquetá, Putumayo. Bueno, en los 32 departamentos hemos salido con todas nuestras manifestaciones culturales, espirituales, de fortaleza con la guardia indígena que ha ido mostrando toda su capacidad de estar controlando el territorio, controlando al interior de la comunidad y con la comunidad. Hemos sido atropellados, especialmente los que estamos en el Valle del Cauca. En la Universidad del Valle hubo intentos de desalojo por parte del ESMAD. Anoche en el sector de la Luna en Cali fue atacada la Guardia Indígena con armas de fuego. Ahí se lograron defender. Hicieron un ejercicio muy bonito de justicia: atraparon a uno de los agresores, que al parecer hace parte de la policía nacional. Estamos en ese ejercicio de justicia propia y se ha venido haciendo una participación y un reconocimiento por parte de muchos sectores de la población urbana, de los sindicatos, de las comunidades campesinas, hacia la participación de los pueblos originarios de la guardia indígena. En esa tarea venimos avanzando y son muchas las agresiones contra el pueblo colombiano en el marco de esta movilización. Muchas agresiones, muchos atropellos y muchas violaciones a los derechos humanos en los últimos 200, 500 años decimos nosotros, pero ahí estamos batallando hasta que podamos vivir dignamente como lo merecemos”.

El ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios), desde el inicio del conflicto social ha actuado con una violencia desmedida contra todos quienes han salido a manifestarse. Van cientos de muertos y heridos, lo que ha marcado este proceso histórico para Colombia. Nos recuerda otros tantos eventos, donde la población más pobre del mundo ha sido castigada, golpeada hasta la muerte, prisionera de su destino.

     ¿Existe mal uso de los medios de comunicación en este conflicto?

“Los medios de comunicación han sido secuestrados por el poder político y económico, por las elites que se enriquecen esclavizando el pueblo. Para el caso de Colombia, los medio que acá son RCN, Caracol y algunos medios escritos, como el tiempo. En fin, los medios más comerciales prácticamente sólo transmiten y con un lenguaje donde llaman por ejemplo vándalos a quienes nos estamos manifestando en las protestas, que es un derecho fundamental, confundiendo, hablando como que saliéramos a que nos golpearan, cuando acá se trata de la exigencia de derechos y la violencia con que nos responde en Estado y el gobierno colombiano, a través de las fuerzas armadas. Nosotros estamos y hemos denunciado a estos medios, que realmente también ayudan a agudizar la violencia. Son violentos, son violadores también y nos estamos rodeando de los medios alternativos que tenemos también las comunidades, utilizando las redes sociales para poder ir visibilizando lo que realmente pasa y compartiendo a nivel nacional todas estas situaciones. También acá hacemos ese llamado para que se responsabilice a los medios de comunicación que tienen ese poder desinformar y de mal informar para que también asuman sus responsabilidades en las violaciones de derecho que se vienen dando”.

En Colombia la realidad se ha visto trastocada, debido a que ha existido un constante trabajo por parte del gobierno, el que ha buscado deslegitimar el movimiento social, llegando a utilizar los medios de comunicación para cumplir con su objetivo. Luz Mery Panche lo dice explorando su presente y pasado, recordando las cicatrices de su pueblo, de una patria que no es suya, tampoco de sus hermanos.

         En estos últimos días, en una calle de Cali un grupo de indígenas se enfrenta con la policía. La prensa la describe como “una batalla campal, donde la ESMAD se ve sobrepasada varias veces, retrocediendo frente al ataque de vándalos encapuchados”. Estos ocupan palos, con esos se defienden de las balas y lacrimógenas lanzadas desde helicópteros. En la misma imagen se muestra un cartel con la frase “nunca había visto tanto valiente sin armas y tantos cobardes armados”. Haciendo una alusión directa a quienes poseen el monopolio de las armas y han salido a apalear a los pobres, a los marginados y olvidados desde siempre.

Usualmente nuestras memorias se fragmentan, haciendo perder recuerdos de situaciones traumáticas recientes. Es tiempo de recordar que los muertos de Colombia son los mismos de Ecuador, Bolivia y Chile. Son los pobres, campesinos e indígenas los que han sufrido y perecido producto del olvido y las balas desde tiempos muy anteriores. Son los mismos que durante el último tiempo han ocupado las calles de sus ciudades, pueblos y comunidades, en respuesta a una historia cargada por la violencia y la sangre, una característica propia de nuestra hermosa Latinoamérica, en constante resistencia.

         Lo que ocurre en Colombia es el efecto de una serie de malas políticas que han terminado afectando seriamente a su población más vulnerable, relación causa – efecto vista en muchos otros países latinoamericanos, donde un segmento no menor de sus habitantes ha sido forzado a vivir en la miseria, condiciones deplorables de vida y muerte. Son las tierras cafeteras donde hoy en día la población ha salido a manifestarse, donde los condenados de la tierra han ocupado las calles, granjas y selvas. Son las víctimas de la mal llamada modernidad, la que ha avanzado destruyendo todo, inclusive las culturas ancestrales de la manera más cobarde, quemando los bosques y envenenando los ríos con metales pesados. Es precisamente el mundo indígena una de las víctimas de estos procesos, lo que hace entendible su participación activa al interior de la creciente movilización social. Es un grito proveniente desde las ciénagas, desde las montañas y valles selváticos, con la esperanza y contentura que caracteriza a estas personas, en búsqueda de justicia y una reivindicación histórica.

         

 


[1] Profesor en Historia y Ciencias Sociales. Activista indígena mapuche

[2] Profesor y Licenciado en Historia y Ciencias Sociales. Especialista en Historia Contemporánea y Mundo Actual de la Universidad de Barcelona.

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