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Un hombre pasa con un pan al hombro... Por Fabián Bustamante Olguín

Deseo comenzar esta breve reflexión compartiendo una experiencia personal ocurrida el sábado pasado. Tras un incidente desagradable en La Serena junto a mi esposa —donde un limpiaparabrisas nos lanzó insultos de forma repentina y sin motivo, al tiempo que golpeaba con violencia un semáforo y me acusaba de ser "adinerado" o "prepotente"—, una honda preocupación se apoderó de mí. Resultó evidente que aquel ataque no tenía un carácter personal; en ese momento, representamos para él lo que identificó como el "sistema", convirtiéndonos en el blanco de su “resentimiento estructural”. Tales manifestaciones de frustración, descargadas contra cualquier ciudadano, son un síntoma inequívoco de la anomia descrita por Durkheim: una alarmante ausencia de normas que regulen la convivencia en los espacios públicos, hoy poblados por individuos en situación de extrema vulnerabilidad, con afecciones de salud mental o adicciones, que luchan diariamente por su subsistencia.

 

Aunque la experiencia fue desconcertante, trajo a mi mente de forma instantánea los versos de Un hombre pasa con un pan al hombro, obra esencial de César Vallejo que había vuelto a leer esa misma mañana. Este choque entre la crudeza del entorno urbano y la agudeza del poeta peruano me llevó a meditar sobre los aspectos del Chile actual que solemos pasar por alto debido a la inercia cotidiana. En la apertura de su composición, Vallejo expone con gran claridad estas contradicciones:

 

Un hombre pasa con un pan al hombro.

¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

 

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo.

¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

 

Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano.

¿Hablar luego de Sócrates al médico?

 

Un cojo pasa dando el brazo a un niño.

¿Voy, después, a leer a André Bretón?

 

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre.

¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Un hombre pasa con un pan al hombro.

¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

 

 

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo.

¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

 

Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano.

¿Hablar luego de Sócrates al médico?

 

Un cojo pasa dando el brazo a un niño.

¿Voy, después, a leer a André Bretón?

 

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre.

¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?[i]

 

El análisis de Vallejo pone de manifiesto una soberbia intelectual que opta por refugiarse en abstracciones teóricas o en la exigencia de productividad académica, ignorando la inmediatez del sufrimiento ajeno que acontece ante nosotros. Resulta imposible no conmoverse; sin embargo, persiste una tendencia social hacia liderazgos que restringen las libertades civiles, amparados en la creencia de que el mercado es la solución definitiva para los conflictos de la sociedad. Bajo mi óptica, la lógica mercantil y sus vacíos ideales de competitividad actúan como propulsores de la anomia. Este escenario no es fortuito, sino el legado de un modelo económico excluyente sostenido durante cinco décadas por grupos que permanecen ajenos a las vivencias cotidianas del país. Como dice Vallejo:

 

Un banquero falsea su balance.

¿Con qué cara llorar en el teatro?

 

Actualmente, Chile atraviesa múltiples crisis que los medios de comunicación suelen reducir a una simple cuestión de delincuencia. Fenómenos como la expansión del narcotráfico, la consolidación del crimen organizado, el aumento del sinhogarismo y la proliferación de campamentos reflejan una anomia social profunda. Esta realidad niega cualquier horizonte de futuro a quienes, en palabras de Frantz Fanon, se consideran los "condenados de la tierra". Existe un sector de la población sumido en una existencia de padecimientos sociales extremos ante los cuales es imperativo que actuemos.

 

Huelga decir que este panorama tan adverso no es producto del azar, sino la consecuencia lógica de una desigualdad estructural que se ha arraigado profundamente. En un contexto nacional caracterizado por una alta concentración de la riqueza y una industrialización insuficiente, las nuevas generaciones se ven sumidas en una precariedad laboral permanente, cuya complejidad se ve hoy potenciada por la irrupción de la inteligencia artificial.

 

La agudización de la desigualdad es una tendencia mundial que trasciende las fronteras chilenas. La historia demuestra que el bienestar social y el desarrollo son inalcanzables bajo el paradigma de un Estado mínimo; sin embargo, el panorama actual es preocupante. El gobierno actual de José Antonio Kast, en alianza con las cúpulas políticas y económicas, persiste en profundizar este esquema. Esto plantea un desafío crítico: ¿cómo resolver tensiones sociales que la autoridad central intenta contener solo con mayor represión y el repliegue de las instituciones públicas?. Aunque esta crisis impacta a todo el país, cobra especial relevancia en el Norte de Chile. Siendo esta zona el epicentro de las mayores urgencias nacionales, parece existir una persistente indiferencia estatal, donde la realidad transcurre bajo una aparente inacción institucional.

 

Fabián Bustamante Olguín. Académico del Departamento de Teología, Universidad Católica del Norte, Coquimbo


[i] https://materialdelectura.unam.mx/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/182-083-cesar-vallejo?start=34

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