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Un regimiento de policías para detener a una niña mapuche de 7 años y unas supuestas matitas de marihuana. Por Tito Tricot

El Estado chileno es especialista en inventar guerras. Y las guerras inventadas no avisan, simplemente te clavan con estalactitas a la tierra para intentar que no te levantes jamás. Lo hizo cuando Chile despertó para la Rebelión Social a partir de octubre de 2019, y las consecuencias fueron dramáticas: torturados, heridos, mutilados, presos. Pero existe otra guerra, una permanente, centenaria, invisibilizada, cuyo único responsable es el Estado chileno que usurpó territorio mapuche en el siglo XIX. Esa es la verdad, todo lo demás es poesía, lirismo, palabras hilvanas que urden una ideología racializada oculta bajo un manto denominado Estado de Derecho.

Recién asumido su cargo como ministro del Interior del Interior, Rodrigo Delgado declaró que creía “fuertemente en el rol de las policías”, asimismo, en relación a La Araucanía sostuvo que esa región “merece y necesita vivir en paz”. Por eso quizás, para garantizar esa paz –solamente para algunos es dable suponer, donde ciertamente no están incluidas las comunidades mapuche– 850 efectivos de Investigaciones (PDI) allanaron con vehículos, helicópteros, drones y armamento de guerra, la comunidad mapuche de Temucuicui. El insólito despliegue masivo de tal contingente de PDI proveniente de distintas partes del país se justificó pues correspondería a un operativo contra el tráfico de drogas. Sin embargo se realizó el mismo día que en los tribunales de justicia declararon culpable del asesinato del comunero Camilo Catrillanca, ocurrido en noviembre de 2018, al sargento de Carabineros Carlos Alarcón. Esto no puede ser coincidencia porque la policía en el contexto del conflicto chileno-mapuche ha elaborado varios montajes ¿Será este otro más? No lo sabemos; hay cosas que nunca se saben, pero que en verdad se saben, como la desaparición de los desaparecidos. Lo que sí se conoce es la dolida palabra del hermano del detective muerto por la violencia del allanamiento. “¿Por qué se realiza operativo en el mismo momento en que se lee veredicto por el cobarde asesinato de Camilo Catrillanca?” dice “¿Dónde están las pruebas de presencia de drogas al interior de las comunidades? El Gobierno y la PDI deben demostrar que esto no es más del terrorismo de Estado que se viene practicando sistemáticamente contra el pueblo mapuche. ¿Cuánta violencia y cuántas vidas por 1000 plantas de marihuana? Esto simplemente no tiene sentido”.

Es la razón del sinsentido, de las guerras inventadas, de aquellas que te clavan con estalactitas a la tierra para intentar que no te levantes jamás. Las que mataron a Camilo Catrillanca, las que ayer detuvieron violentamente a su madre Teresa Marín Melenao, a su viuda Katherine Antin y a su hija Guacolda de tan solo 7 años, todas de Temucuicui. Tres generaciones mapuche, la misma violencia. Nada nuevo bajo el sol para un pueblo que, paradójicamente, nació bajo la lluvia, y que el Estado no logra entender cómo puede seguir resistiendo a pesar de todo y contra todos. Esto último no es metafórico porque el director de la PDI, Héctor Espinosa, admitió que los 850 funcionarios portaban cada uno 30 tiros, es decir un total de 25.500 balas. ¿Para incautar unas supuestas plantas de marihuana? ¡Nunca en la historia de este país se había visto algo así! Esto solo puede suceder en el País mapuche. Como los varios montajes elaborados por Carabineros que han resultado en la detención de comuneros mapuche absolutamente inocentes de los delitos que se les han atribuido. La Operación Huracán es una de estas acciones. Nada tuvo que ver con vendavales ni borrascas tropicales, sino que fue un montaje tramado por los aparatos de inteligencia del Carabineros para desarticular al movimiento mapuche. Fue planificado desde Santiago e implementado en Temuco. Espiaron a centenares de personas, chilenos y mapuche, interceptaron teléfonos y correos electrónicos; pero la Operación Huracán no fue una tormenta perfecta, sino que fue tan mal organizada, coordinada e implementada que se desmoronó como un castillo de naipes. El problema es que los afectados –comuneros mapuche– fueron igualmente detenidos, vejados y, una vez más, mostrados ante la opinión pública como miembros de una organización terrorista o culpables de actos violentos antes siquiera de haber sido sometidos a juicio. Exactamente lo mismo que se hizo cuando asesinaron a Camilo Catrillanca aduciendo un enfrentamiento que nunca acaeció, ocultando información y evidencias claves. En esa oportunidad desde un helicóptero les dieron orden de detener al joven Camilo y a su acompañante, aun menor que él, ya que supuestamente habían participado en el robo de un automóvil. Lo mataron de un disparo en la cabeza. Jamás había participado en delito alguno. Ahora su madre, viuda e hijita de 7 años detenidas por la fuerza ¿Por qué razón? ¿Tráfico de drogas? No se conoce el arresto de ningún narcotraficante hasta el momento, únicamente que hubo resistencia al allanamiento, que la policía no lo esperaba, que todo su poder de fuego fue incapaz de incrustar esas estalactitas a la tierra. Es que hace tiempo la historia ha cambiado y Temucuicui también, aunque seguramente seguirán inventando guerras porque no saben hacer otra cosa. Y el pueblo mapuche continuará resistiendo pues tanto Camilo como su hijita Guacolda nacieron, vivieron y seguirán viviendo con la amenaza de esos 25.500 tiros y la dignidad es su única defensa.

Dr. Tito Tricot

Director Centro de Estudios de América Latina y el Caribe-CEALC

Valparaíso Chile

8 enero 2021

titotricot.cl

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