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Un segundo de anticipación: la clave que puede cambiar la vida de millones de personas con epilepsia. Por Patricio Rojas

El cerebro está formado por aproximadamente 86 mil millones de neuronas que se comunican entre sí mediante señales eléctricas, como una orquesta gigante en la que cada instrumento tiene su momento exacto para sonar. Esta actividad eléctrica es lo que nos permite pensar, recordar y movernos. Sin embargo, existen condiciones patológicas en las que grupos de neuronas disparan con mayor frecuencia y de forma coordinada, lo que origina una “crisis epiléptica”: una verdadera tormenta eléctrica en el cerebro. Estas crisis son espontáneas y pueden manifestarse como convulsiones, pérdida de conciencia, sensaciones inusuales o movimientos involuntarios. Entender por qué ocurre este desequilibrio es uno de los grandes desafíos de la neurociencia actual, debido a su alta incidencia en Chile: 114 por cada 100.000 personas al año. Aunque muchos pacientes logran controlar sus crisis con fármacos antiepilépticos, aproximadamente un tercio no responde adecuadamente a ningún tratamiento farmacológico. Esta condición —denominada epilepsia refractaria o farmacorresistente— representa uno de los desafíos más urgentes de la neurología clínica. Las crisis epilépticas son el síntoma más visible de la epilepsia, pero no son la única alteración eléctrica que ocurre en el cerebro. Entre una crisis y otra, el cerebro epiléptico produce de forma continua breves eventos de actividad eléctrica anormal, llamados descargas interictales, que son señales que aparecen en periodos entre crisis epilépticas y tienen consecuencias a largo plazo, como el daño cognitivo acumulativo. A nivel clínico, son un indicador diagnóstico que permite predecir el riesgo de crisis y localizar la región del cerebro desde la cual se originan las crisis epilépticas.

A pesar de su importancia clínica, el mecanismo exacto por el que se generan estas descargas interictales era hasta ahora desconocido. Se asumía que surgían de forma aleatoria, como una especie de "ruido" del sistema epiléptico. Esta suposición cambió radicalmente con un estudio publicado en abril de 2026 en la revista Nature Neuroscience, en el cual investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) utilizaron una tecnología de vanguardia —las sondas Neuropixels— para registrar, por primera vez en seres humanos, la actividad individual de más de 1.000 neuronas simultáneamente durante las descargas interictales. Esto se realizó en pacientes con epilepsia refractaria durante la cirugía, en los cuales se removió el foco epiléptico.

Estas sondas son dispositivos del grosor de un cabello humano, equipados con cientos de electrodos a lo largo de su longitud. A diferencia de la técnica convencional del electroencefalograma, que registra señales globales y superficiales de miles de neuronas a la vez, estas sondas pueden registrar simultáneamente la actividad de neuronas individuales a diferentes profundidades de la corteza cerebral. Esta resolución equivale a escuchar cada instrumento de una orquesta por separado, en lugar de escuchar únicamente el sonido global. El estudio reveló que las descargas interictales no son eventos aleatorios. Por el contrario, siguen una secuencia ordenada y predecible de activación neuronal, organizada en capas y tipos celulares específicos, lo que sugiere que en el cerebro epiléptico existen microcircuitos con funciones distintas dentro del mismo fenómeno. Mientras un primer grupo de células (neuronas excitatorias superficiales) inicia la descarga; un segundo grupo (neuronas inhibidoras) intenta frenarla; y un tercer grupo se activa después. Esta coreografía es consistente de un paciente a otro. Los cambios en la actividad neuronal preceden a la aparición visible de la descarga interictal hasta en un segundo completo, lo que significa que el cerebro tiene circuitos que pueden usarse como "señal de alarma" para detener las descargas. Sorprendentemente, casi el 80% de las neuronas implicadas en las descargas interictales también participan habitualmente en funciones cognitivas, como la percepción del lenguaje. Cuando ocurre una descarga interictal, estas neuronas quedan temporalmente "secuestradas", lo que explica por qué las descargas afectan directamente la cognición y no otras funciones cerebrales. Mediante la actividad de estas neuronas, los investigadores pudieron predecir la ocurrencia de una descarga interictal hasta un segundo ante de que fuera detectable con los métodos actuales, así como anticipar su intensidad y si vendría seguida de más descargas.

En la actualidad, existen dispositivos de neuroestimulación que detectan las descargas y responden con pulsos eléctricos que las frenan, pero son reactivos a la ocurrencia de un evento, requieren entre 2 y 9 años para alcanzar su máximo efecto terapéutico en una minoría de pacientes. El nuevo conocimiento abre la posibilidad de actuar de forma anticipada, detectando las señales neuronales que preceden a la descarga interictal y evitando que se produzca, para prevenirla en lugar de interrumpirla. Dado que las neuronas involucradas en las descargas interictales en este estudio procesan el lenguaje y la memoria asociados a este, prevenir dichas descargas podría traducirse en una mejora directa de los aspectos cognitivos de los pacientes. El hecho de que las descargas interictales emerjan de microcircuitos organizados —con tipos celulares específicos en capas concretas de la corteza— abre la puerta al diseño de estimulaciones más selectivas. En lugar de estimular regiones cerebrales amplias, los futuros dispositivos podrían dirigirse específicamente a las neuronas que inician la descarga, minimizando los efectos secundarios y maximizando la eficacia.

Si bien la aplicación clínica de estos hallazgos requiere aún desarrollo tecnológico y validación en estudios más amplios, la hoja de ruta es clara: dispositivos capaces de registrar neuronas individuales, reconocer los patrones y actuar antes de que las descargas interictales – y las crisis epilépticas – ocurran. Esto podría significar, para muchos pacientes, una reducción drástica de las alteraciones cognitivas diarias, como la capacidad de concentración, la memoria y la comunicación, así como una mejor calidad de vida.

Referencias

1. Silva AB, Marathe SA, Greicius QR, Xu D, Jain S, Chung JE, Yang X, Khambhati AN, Leonard MK, Kleen JK, Chang EF. Laminar organization of cellular microcircuits modulating human interictal epileptiform discharges. Nature Neuroscience. 2026 Apr 30. DOI: 10.1038/s41593-026-02258-4

2. Smith JE. Tiny probes make sense of abnormal bursts in the epileptic brain. Science. 2026 Apr 30. Available at: https://www.science.org/content/article/tiny-probes-make-sense-abnormal-bursts-epileptic-brain

3. Marks R. HD probes show for the first time how epileptic ’brain blips’ occur. UCSF News. 2026 Apr 30. Available at: https://www.ucsf.edu/news/2026/04/431796/hd-probes-show-first-time-how-epileptic-brain-blips-occur

4. University of California San Francisco. Epilepsy "brain blips" revealed by high-definition probes. EurekAlert!. 2026 Apr 30. Available at: https://www.eurekalert.org/news-releases/1125922

5. GBD 2021 Epilepsy Collaborators. Global, regional, and national burden of epilepsy, 1990–2021: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2021. The Lancet Public Health. 2025. DOI: 10.1016/S2468-2667(24)00302-5

6. Ministerio de Salud de Chile (MINSAL). Epilepsia en el adulto: Descripción y Epidemiología. División de Prevención y Control de Enfermedades. Available at: https://diprece.minsal.cl/garantias-explicitas-en-salud-auge-o-ges/guias-de-practica-clinica/epilepsia-en-adultos/descripcion-y-epidemiologia/

Dr. Patricio Rojas
Laboratorio de Neurofisiología, Departamento de Biología, Centro de Biotecnología Acuícola, Universidad de Santiago de Chile.
Vicepresidente Sociedad Chilena de Neurociencia.

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