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Una fase más a recorrer en la evolución actual de la nación. Por Manuel Acuña Asenjo

EL PLEBISCITO QUE SE APROXIMA

En dos meses más, y luego de acallados los ecos de la luctuosa conmemoración de los 50 años del golpe, la ciudadanía deberá, nuevamente, concurrir a las urnas para pronunciarse sobre la labor realizada por el llamado Consejo Constitucional y los otros dos organismos establecidos en el denominado ‘Acuerdo Por Chile’ —a saber, la Comisión Experta y el Comité Técnico de Admisibilidad—. La convocatoria no tiene su origen en la voluntad comunitaria sino en el referido documento que, por lo demás, fue suscrito por la generalidad de las organizaciones políticas existentes en el país, a pesar, incluso, que algunas de ellas no estaban reconocidas aún por ley, como Amarillos por Chile, Demócratas y Unir. La comunidad nacional deberá marcar su preferencia en un voto que contendrá dos propuestas: ‘A favor’ o ‘En contra’, de acuerdo al art.159 de la constitución, según el cual:

“En el plebiscito señalado, el electorado dispondrá de una cédula electoral que contendrá la siguiente pregunta, ‘¿Está usted a favor o en contra del texto de Nueva Constitución?’ Bajo la cuestión planteada habrá dos rayas horizontales, una al lado de la otra. La primera de ellas, tendrá en su parte inferior la expresión ‘A favor’, y la segunda, la expresión ‘En contra’, a fin de que el elector pueda marcar su preferencia sobre una de las alternativas”.

Será una votación obligatoria, por lo que, de incumplirse, acarreará la aplicación de multas, las cuales, si no son enteradas en tiempo oportuno, permitirán perseguir al deudor y encarcelarlo.

UNA NUEVA FASE EN LA EVOLUCIÓN DE LA COMUNIDAD NACIONAL

En consecuencia, podemos señalar que, luego de la conmemoración de los 50 años del golpe militar de 11 de septiembre de 1973, se abre una nueva fase en la evolución de la sociedad chilena, que hemos querido denominar ‘constitucional’, en la que la escena política nacional centrará su atención en la suerte que ha de correr el plebiscito de 17 de diciembre del presente año. Se trata de una fase en la que, por consiguiente, la actividad de ese estamento estará orientada a resolver los innumerables avatares que puede generar en la ciudadanía la entrega del trabajo efectuado por ese Consejo.

Y es que la escena política nacional va a intentar, por todos los medios a su alcance, salvar el proceso en cuya aprobación se encuentra empeñada, misión que —jamás se debe olvidar—no es casual: el nuevo proceso constituyente es su obra, no una que nace del trabajo de la comunidad organizada.

RASGOS QUE IDENTIFICAN EL INICIO DE ESTA FASE

Los rasgos más distintivos de esta fase en el ámbito político son:

1. Convoca la ‘élite política’. Su convocatoria es hecha, una vez más, por la escena política nacional y, en especial, por su ‘élite política’. No hay participación ciudadana. Ni siquiera en la forma mezquina que se hizo con la Convención.

2. Predominio del partido Republicano. De los 50 miembros que componen el Consejo, 22 de ellos fueron elegidos por el partido Republicano. Demás está decir que su trabajo ha sido extremadamente agresivo pues en todo momento han hecho valer su inobjetable derecho a ser mayoría. Por consiguiente, echaron por tierra las pretensiones del oficialismo en cuanto a suponer o creer en la posibilidad de acuerdos o pactos pues la teoría de la estrategia enseña que sólo pactan o acuerdan quienes carecen de poder, facultad de la que hacen gala los republicanos en esa instancia. En política, la candidez no es la mejor consejera; tampoco la ingenuidad. En consecuencia, todo ha sucedido como debía suceder: el partido Republicano, en el ejercicio del derecho que le confiere ser mayoría, impone sus puntos de vista, subordinando al resto de la ‘derecha democrática’.

“[…] el Pleno del Consejo fijó las primeras líneas de lo que pretende ser la segunda propuesta de nueva Constitución en ser sometida a plebiscito. Dado el predominio del Partido Republicano en la composición del órgano, no fueron pocos los que pensaron que Chile Vamos jugaría un rol más preponderante en la búsqueda de consenso, a fin de arribar a un texto que fuera el fruto de acuerdos, tal como lo hizo la Comisión Experta. Sin embargo, más allá de los casos puntuales de algunos consejeros de Evópoli y RN, dicha coalición hasta ahora ha terminado por sumarse a las mayorías republicanas, eludiendo así –según diversas fuentes– la responsabilidad histórica de construir puentes para una casa común”[1].

3. Un oficialismo con posiciones divergentes. A esa oposición, hegemonizada en lo político por el partido Republicano, se enfrenta un oficialismo con posiciones por entero divergentes. Para muestra un botón: el Gobierno no quiere, en modo alguno, que el proceso fracase, como lo señaló el presidente Boric en su reciente viaje a USA:

“Me preocupa el proceso constitucional porque estoy convencido de que Chile necesita una nueva Constitución”[2].

Y es lógico que así lo exprese, pues es necesario no olvidar que fue él quien puso en manos del Congreso la nueva hoja de ruta para redactar una Constitución que debía conseguir un apoyo mayoritario[3]. Y esa es su opinión. Que no es la de quienes le acompañan, como el alcalde de Recoleta Daniel Jadue:

“Vamos a tener que, seguramente, votar rechazo. Yo voy esperar lo que defina finalmente el partido pero ya las señales son tantas que esto se ha ido acumulando y creo que va a llegar el minuto en donde no va a quedar otra que sencillamente desahuciar este proceso”[4].

Algo muy similar a lo que expresara Lautaro Carmona, presidente del PC a un medio alternativo a fines de septiembre:

“Todos los indicadores que están usando y los argumento que tienen quienes los defienden nos dicen que esa mirada integrista no va a ceder”[5].

También en esos días, quien preside el propio partido del primer mandatario Convergencia Social, diputado Diego Ibañez, afirmaba:

“El texto como está hoy lo voto en contra”[6].

Y el senador Juan Ignacio Latorre, presidente aún, en ese momento, del partido Revolución Democrática:

“[…] yo he hablado con nuestros expertos y nuestros consejeros y hay mucha decepción de la manera como se ha llevado hasta ahora el proceso por parte de quienes tienen mayoría”[7].

El Socialismo Democrático, por su parte, ha manifestado su voluntad, simplemente, de querer esperar… (tal vez, la jubilación). Y, en forma parecida, el partido Liberal y el Frente Regionalista Verde Social FRVS.

4. Una oposición pesimista. Por supuesto que esta circunstancia ha tenido efectos en la escena política de la nación que, a sabiendas de haberse involucrado en la realización de un acto no solamente inmoral sino abiertamente ilegítimo, no solamente se siente hoy burlada en sus pretensiones sino persiste, majaderamente, en llegar a acuerdos.

“La cuenta regresiva comenzó para que el Consejo Constitucional entregue el proyecto de nueva Carta Magna y el ánimo general es de pesimismo. El Partido Republicano ha impuesto su mayoría –con el apoyo de Chile Vamos–, cerrando de esta manera la posibilidad de llegar a acuerdos. Las continuas encuestas que anticipan un fracaso del segundo intento constitucional, hicieron que desde Chile Vamos recogieran el guante y comenzaran a operar para construir puentes con otros sectores políticos de centro y centroizquierda”[8].

No debe sorprender que, ante semejante panorama, se haya desatado una febril actividad en torno a buscar acuerdos[9]. Hay razones que avalan esas emociones.

La primera es que nadie obligó a esas organizaciones políticas a suscribir el Acuerdo Por Chile; lo hicieron discrecionalmente, motu proprio, a su entera voluntad, y sin consultar a nadie. Ni siquiera a sus propias bases. Es del caso recordar, por lo mismo, que lo hicieron sin, siquiera, estar facultadas para realizar semejante tarea. Porque no debemos olvidar algo esencial: la potestad constituyente radica, única y exclusivamente, en la ciudadanía, hecho que reconoce, incluso, la constitución impuesta en 1980.

La segunda, que dichas organizaciones, al pactar libre y soberanamente —por supuesto, entre sí—, crearon un hecho político que las liga, un nexo que las une, un código de honor entre ellas, que las obliga a respetar todo lo que en ese engendro se acuerde, por lo que se encuentran constreñidas, en virtud de esa suscripción, a apoyar a los organismos establecidos en ella para llevar adelante el nuevo proceso constituyente y esperar el resultado del trabajo que los referidos organismos realicen. Están estrechamente unidas para impedir que la voluntad popular pueda encontrar canales propicios para expresarse y lo haga estruendosamente. De manera que, repetimos, poco es lo que de esas organizaciones se puede esperar.

5. El poder de las encuestas. Las encuestas siguen ejerciendo fuerte dominio en el mundo de la escena política nacional, como lo demuestra este hecho: el día domingo 24 del pasado mes de septiembre (cifras que se mantienen al 01 de Octubre, en el caso de Cadem), la prensa santiaguina dio a conocer

“[…] los resultados de la encuesta Cadem, que arrojaron que un 59% de la población votaría por la opción “En contra” del texto y un 21% “A favor”. Y ayer se conoció la encuesta Data influye, que mostró un guarismo más drástico. Tal como van las cosas, apenas un 10% votaría “A favor”, según dicho sondeo”[10].

6. Baja aprobación partidaria. No deja de ser interesante insistir en que la escena política de la nación persevera en su labor de intentar representar al ‘pueblo’ pese a mantener su baja aprobación que, como lo hemos señalado en otros trabajos, no se empina por sobre el 4%. En las elecciones de la directiva de Revolución Democrática, el total de votantes alcanzó solamente a 1.151 de un total de 26.624 militantes, lo que equivale a un 4,323 de participación, cifra extremadamente baja[11].

ESCENARIOS QUE PUEDEN ABRIRSE EN ESTA FASE

1. La celebración de un Acuerdo Ciudadano. El primer escenario que puede abrirse en el desarrollo de esta fase es el del acuerdo ciudadano, ese acuerdo soñado que pretende unir a los chilenos en el proyecto de ‘una casa para todos’ y que abarca desde comunistas a republicanos, incluyendo todo el espectro político de la nación. Algo que la generalidad de los analistas considera como imposible.

2. La terminación del proceso constituyente, a la manera que lo sugiere el PPD por boca de sus dirigentes. Esta alternativa se encuentra expresada en una carta al partido que enviaran la jefa y el subjefe de diputados PPD-Independientes Marta González y Jaime Araya, respectivamente, donde se puede leer lo siguiente:

“Es momento de asumir que se ha cerrado el ciclo constituyente. Perdimos una oportunidad histórica para construir un pacto social democrático y moderno […] Es urgente fijar una agenda que atienda las necesidades inmediatas del país que nos permita construir confianza con la población”.

“No hay razón suficiente para aceptar un texto redactado con ánimos de revancha”[12].

3. La cesión al Congreso de la facultad para dictar una nueva constitución por vía de la reforma de la actual. Esta alternativa merece especial mención. Porque refleja el ánimo de los parlamentarios de atribuirse la potestad constituyente que radica, única y exclusivamente, en la ciudadanía, en la comunidad nacional, no en los partidos ni en las instituciones del Estado, usurpación de funciones que no se limita solamente a aquello sino incluye, además, la potestad reglamentaria —propia del ‘poder’ Ejecutivo, es decir, del presidente de la República— al dictar el Reglamento S/N de la Ley 21.533[13]. ¿Raro? No. Corresponde a la decadente composición social de esa institución estatal que, ante la derrota del 4 de septiembre de 2022, no vio otra solución a la misma que retornar al viejo autoritarismo en la acción concomitante de los ‘poderes’ Ejecutivo y Legislativo.

“El pensar que solo el gobierno y parlamento, sin ayuda de nadie, podía producir cambios profundos, cometieron un terrible error de diseño. Entregarse sueldos y privilegios inauditos ni visto en todo el mundo moderno. Privilegios que son además abusados sin control ni penas reales a los abusadores. Esto en vez de atraer gente preparada, de “expertos”, el parlamento se ha llenado de idiotas con diplomas y faranduleros/ras, menos de políticos con algo que proponer al país”[14].

Después de eso, puede suceder cualquier cosa. Como aquella denuncia que la propia presidenta del partido Socialista, hiciera acerca de la propuesta de dos parlamentarios de esa colectividad, luego de la aplastante victoria que, en el Consejo Constitucional, lograban los militantes del partido Republicano:

“[…] por iniciativa propia e inconsulta, anunciaron o dieron la idea de que podría presentarse el proyecto experto a la discusión parlamentaria y eso no lo hemos jamás discutido en las instancias regulares del partido y creemos que además constituye un agravio a la labor que están haciendo los consejeros constitucionales del Partido Socialista y todos los demás”[15].

4. La suspensión del plebiscito, de conformidad al art 91 del Reglamento que rige el funcionamiento de los organismos constituyentes.

El art 91 del Reglamento —dictado por el Congreso Nacional para normar el nuevo proceso constituyente— dispone que la mesa directiva del Consejo debe llamar, a mediados de noviembre, a un pleno en el que, en una sola votación y con un quórum de 3/5 de sus miembros en ejercicio, deberá aprobarse el proyecto presentado a ese pleno. De no alcanzarse ese quórum el plebiscito no podría realizarse por no cumplirse con tal exigencia.

“Una vez terminada la votación de todas las normas que formarán parte de la propuesta de Nueva Constitución, la mesa directiva del Consejo Constitucional citará a sesión, no antes de 72 horas, para votar la totalidad del texto, en una única votación, para cuya aprobación se requerirá de los tres quintos de sus integrantes en ejercicio”.

5. Realización de una nueva convocatoria, dependiendo de la fuerza social o política que se disponga

Es la posición que parece tener el alcalde Daniel Jadue, cuando señaló hace algunas semanas atrás:

“Esta propuesta constitucional como está quedando no tiene ninguna posibilidad. Va a dividir mucho más a los chilenos y va a ser una regresión significativa en derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, en reconocimiento de la diversidad, en reconocimiento de los pueblos originarios, un retroceso enorme en derechos sociales […] a estar trabajando, creo yo, para conquistar por fin una asamblea constituyente de verdad que nos permita escribir una nueva constitución para Chile”[16].

6. Triunfo de la tesis republicana con el apoyo de las fuerzas de Chile Vamos, Amarillos y otros grupos que representan el interés empresarial dominante en el país, fórmula que parece ser la elegida tanto por el propio líder del partido Republicano José Antonio Kast como de quienes están empeñados en la búsqueda de un acuerdo con esa organización[17].

FACTORES QUE PUEDEN INCIDIR EN ESTA FASE DEL PROCESO CONSTITUCIONAL

Esa multiplicidad de caminos puede verse alterada por la presencia de dos sucesos interesantes de destacar, entre varios otros:

a) La presidencialización del proceso constituyente. Este es uno de los problemas que desde ya presenta el proceso constituyente. Este hecho no es ajeno a los actuales avatares, pues la labor del partido Republicano, se ha reducido a tomar el control del Consejo Constituyente a fin de robustecer la posible candidatura presidencial de José Antonio Kast por sobre la de Evelyn Matthei, candidata de la UDI. Por supuesto que estas desafortunadas maniobras tienen un alto costo político; recuerdan las que, en su tiempo, protagonizaron Jaime Bassa y Marcos Barraza, en la Convención Constitucional, en pos de la candidatura de Gabriel Boric.

b) El aniversario de la protesta social. El 18 de octubre se cumple otro año del inicio de las grandes protestas de 2019. Es probable que algunas organizaciones hagan un llamamiento para recordar tal acontecimiento. Si bien es cierto el Gobierno estará ausente en esas celebraciones, ello no implica aseverar que dicho llamamiento no se realizará. El presidente, con toda seguridad, se encontrará aún en China y, probablemente, quienes lo reemplacen nada harán al respecto. Antes bien, hasta pueden hacer uso de la fuerza pública para obstaculizar dicho encuentro.

LAS TAREAS DE LAS ORGANIZACIONES SOCIALES EN LA FASE ACTUAL

El nuevo proceso constituyente es un proceso que, al igual del anterior, adolece de ilegitimidad de origen pues ambas convocatorias partieron desconociendo al sujeto detentador de la potestad constituyente que es la comunidad, el ‘pueblo’. Con una diferencia: en el anterior, las organizaciones sociales toleraron ese vicio; en el actual, las organizaciones sociales no fueron consideradas, fueron marginadas, excluidas; se las consideró entes ajenos a las maquinaciones de la ‘élite política’. En consecuencia, la convocatoria a realizar un proceso constituyente tanto en 2019 como en 2023 fue obra y gracia de la ‘élite política’ del país, no de los movimientos sociales cuya preocupación siempre estuvo orientada a la solución de sus propios problemas. Al no ser ellos los impulsores de dicho proceso no puede decirse de los mismos que han fracasado en su intento de generar una nueva constitución. No. No son los movimientos sociales quienes han fracasado en dicho intento sino la ‘elite política’, que lo hizo la vez anterior y volverá a hacerlo en diciembre, no la comunidad nacional. Porque es ella quien sigue apostando por su propia supervivencia.

Por eso, en esta fase actual que recorre la evolución de la sociedad chilena, corresponde a los movimientos sociales perseverar en el camino propio, denunciando, una y otra vez, la ilegitimidad de origen del proceso al cual se nos ha convocado. Y, puesto que estamos obligados a concurrir para expresar nuestra voluntad en las urnas de una manera específica debemos impulsar decididamente la campaña a votar ‘En contra’ del proyecto espurio, en el entendido que, al no obtener lo que queremos, el proceso por generar una constitución verdaderamente legítima jamás se ha de extinguirse sino permanecer abierto hasta el infinito. Y con él, todas las fórmulas que se han ideado para hacer efectivo el derecho de las grandes mayorías nacionales a decidir su propio destino.

No es una tarea fácil; implica construir una estrategia y orientar los pasos necesarios para llevarla a cabo; incluso, en pensar sobre un nuevo Parlamento, no en el actual ni en sus partidos, sino en algo nuevo, verdaderamente nuevo. En ese empeño puede ayudarnos el apoyo incondicional que a esa clase de iniciativas presta la prensa popular y, por supuesto, trabajos como el de la construcción de un instrumento ad hoc como lo es una Asamblea Constituyente. Como el que dejó inconcluso nuestro buen amigo Gustavo Ruz, multiplicado en todos los rincones del país.

Santiago, octubre de 2023

[1] Córdova, Rodrigo: “Chile Vamos entrega oreja y rabo a Republicanos en el Consejo Constitucional”, ‘El Mostrador’, 25 de septiembre de 2023

[2]Chechilnitzky, Alexandra: “Las diferentes posiciones de os partidos oficialistas que dificultan una postura común sobre el proceso constituyente”, ‘ExAnte’, 26 de septiembre de 2023.

[3] Rivas Molina, Federico y Montes, Rocio: “Gabriel Boric prepara un nuevo proceso constituyente para Chile”, ‘El País’, 05 de septiembre de 2022.

[4]Sanchez, Jaime: “Jadue y el FA condenan a muerte la nueva constitución, pese que aún no se vota el texto”, ‘El Libero’, 15 de septiembre de 2023.

[5] Redacción: “Lautaro Carmona y enmiendas republicanas: ‘Todos los indicadores que están […] nos dicen que esa mirada integrista no va a ceder”, Radio Universidad de Chile, 25 de septiembre de 2023. La negrita es del original.

[6]Sanchez, Jaime: Id. (3).

[7]Sanchez, Jaime: Id. (3).

[8] Córdova, Rodrigo: “Comisión Experta: la última esperanza de una nueva Constitución”, ‘El Mostrador’, 29 de septiembre de 2023.

[9] Lillo, Daniel: “Operación salvataje: El despliegue de los partidos para evitar nuevo fracaso constitucional”, ‘El Desconcierto’, 28 de septiembre de 2023.

[10] Córdova, Rodrigo: Id. (8).

[11] Llanos Chacón, Talía: “Con lista única, elecciones de RD sólo convocan al 4,3 de sus militantes”, ‘El Desconcierto’, 02 de octubre de 2023.

[12]Chechilnitzky, Alexandra: “’Se ha cerrado el ciclo constituyente’: diputados de la bancara PPD marcan postura para el plebiscito de salida”, ‘ExAnte’, 24 de septiembre de 2023.

[13] Esta usurpación de funciones no puede tolerarse. Si bien es cierto que la doctrina reconoce al Congreso o Parlamento la facultad de dictar algunos reglamentos, esta facultad ha de entenderse restringida al ámbito de sus funciones de ‘poder’ del Estado (Poder Legislativo); no el de reglamentar las leyes que dicta.

[14] Cerpa, Rafael Alfredo: “A 50 años del golpe: Sin pueblo ni masas”, ‘El Clarín’, 31 de agosto de 2023.

[15] Vera, Diego: “PS y UDI descartan tramitar en el Congreso anteproyecto elaborado por Comisión de Expertos”, Radio Biobío, 25 de septiembre de 2023. La negrita es del original.

[16] Sánchez, Jaime: “El plan de Jadue tras optar por el rechazo: ‘Trabajar para conquistar una asamblea constituyente de verdad’”, ‘El Líbero’, 21 de septiembre de 2023. La negrita es del original.

[17] Carrillo, Constanza: “De Amarillos a Republicanos: partidos que rechazaron el 4S buscarán destrabar nudos del Congreso”, ‘El Dínamo’, 02 de octubre de 2023.

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