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Una relación más sensible con el agua. Por Rosa Chandia-Jaure

El agua en sus procesos de transformación natural colabora preservando equilibrios en los distintos ecosistemas distribuidos en la tierra, cerrando su ciclo una y otra vez, por miles de años.

Las sociedades entienden el agua como un recurso de consumo, como energía, para diluir o limpiar. Abastece a la población, riega los campos y desplaza todo tipo de residuos. Pasa por la ciudad, por cañerías, como agua lluvia en las calles, por ríos urbanos cruzando los espacios. Retorna a su territorio natural, pero contaminada, adquiriendo un nuevo nombre: agua gris, servida o negra, la cual se mezcla con aguas limpias para formar un cuerpo con nuevos componentes, que los procesos naturales no logran regenerar a tiempo. Vuelve al océano cargada de una nueva composición química. Se evapora y cuando las nubes se vuelven a saturar, la lluvia cae, pero ahora posee nuevos agregados. Se altera permanentemente la tierra, sus ríos, lagos y océanos.

El impacto de los procesos urbanos en el ciclo hidrológico requiere acelerar los acuerdos para una nueva relación, más sensible con el agua. En este sentido, el Objetivo 6 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas habla de asegurar agua limpia y saneamiento para las futuras generaciones.

En Chile, en el año 2018 se aprobó la Ley 21.075. la cual permite que las aguas grises urbanas puedan ser regeneradas para su uso, con el fin de reducir su contaminación en el ciclo hidrológico, reduciendo los impactos negativos de la polución y contaminación en el ingreso del agua a las ciudades.

Sin embargo, a seis años de su aprobación, aún no observamos proyectos que rieguen parques urbanos con agua gris de edificios y no tenemos sistemas de regeneración de agua gris en conjuntos habitacionales; incluso, frente a los incendios no tenemos disponibilidad hídrica para enfrentar el fuego en zonas periurbanas. Lo anterior ocurre porque aún no entra en vigor el reglamento que acompaña a la ley, el cual regula los procedimientos para la ejecución de nuevos proyectos.

Enfrentar la cada vez más creciente vulnerabilidad hídrica del territorio es una necesidad urgente. Se requieren medidas rápidas, alcanzar acuerdos y aunar voluntades entre distintos actores para permitir que una ley tan aplaudida deje de ser letra muerta y se convierta en un instrumento de real aplicación en proyectos.

El Día Mundial del Agua es un llamado a la acción y al compromiso por parte de la sociedad. Hace 31 años Naciones Unidas invita a transformar la relación entre agua y ciudad, de manera que las decisiones sean sensibles al ciclo hidrológico, con el fin de resguardar tanto la biodiversidad como el bienestar humano para el futuro.

Dra. Rosa Chandia-Jaure

Directora Núcleo Aguas de Barrio

Programa ITAT-UTEM

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