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Una universidad para cumplir «el sueño de Chile». Por Fernando Vergara

La Universidad Católica Silva Henríquez, la Universidad del legado de una de las figuras espirituales, eclesiásticas y morales más importantes de nuestro país, el Cardenal Raúl Silva Henríquez, cumple 40 años formando personas y profesionales integrales al servicio de la educación, de la juventud y del desarrollo humano para un país más digno, justo y solidario.

Además de las consideraciones bíblicas en torno al número 40 como aquel cambio de ciclo vital, cuaresmático y ante la espera de la promesa divina por la salvación ante el diluvio o la peregrinación desértica; este aniversario nos recuerda nuestro inicio como proyecto universitario, nuestro recorrido como comunidad universitaria y el futuro en tiempos de complejización en el circuito de la Educación Superior nacional con desafíos en el ámbito de la investigación, innovación e internacionalización sin perder nuestro norte que es la formación de profesionales con un marcado sello por la justicia social y la dignidad de toda persona a través de nuestro servicio intelectual y profesional.

Cumplir 40 años al servicio de la sociedad, del país y de todas y todos nuestros estudiantes, profesionales y familias, de todas y todos nuestros académicos, investigadores, trabajadores y trabajadoras que se han apasionado con nuestro proyecto formativo, representa que a una Universidad que ha sabido mantener vivo un legado a través de su sello que surge del corazón de la Iglesia y funda su quehacer en la búsqueda de la verdad a través de un constante diálogo con los avances, desafíos y transformaciones de la sociedad contemporánea acorde a la concepción antropológica cristiana de la persona para contribuir a la evangelización de la cultura desde su convicción por la dignidad de todo ser humano, la búsqueda del bien común y el desarrollo sustentable junto con la promoción de los derechos humanos, el reconocimiento de la diversidad, la amabilidad inclusiva y la fraternidad para una sociedad justa y solidaria.

Su sello hunde sus raíces en el carisma de Don Bosco y en el ideario del Cardenal Raúl Silva Henríquez y asume su herencia pastoral y valórica fundada en cinco principios esenciales, según el “Sueño de Chile”: el respeto, la dignidad, la solidaridad, el amor y la fe en Cristo. El respeto es la base de la dignidad de toda persona que solidariamente se aman y comparten la fe en Cristo.

La Universidad Católica Silva Henríquez asume un legado que se traduce en un compromiso por una formación de calidad para nuestra juventud que aporte al desarrollo humano del país y expresa el compromiso de nuestra comunidad universitaria en su docencia, investigación, innovación y vinculación con el medio y se despliega en tres coordenadas claramente distinguibles y, a la vez, complementarias que brotan del dinamismo evangelizador de la Iglesia y del carisma salesiano según el Sistema Preventivo Salesiano: educación, juventud y desarrollo humano. La formación integral es el medio y fin de todo el quehacer universitario, ya que significa la promoción de la dignidad de la persona humana; la juventud son los interlocutores predilectos de nuestra Misión, el centro de su quehacer y horizonte de su proyecto institucional; y el desarrollo humano significa trabajar por una transformación de las estructuras de injusticia para la construcción de una sociedad justa y fraterna.

Este compromiso se desenvuelve en principios y valores que animan, orientan y dan sentido a todo el quehacer académico, de investigación e innovación, de vinculación con el medio y su gestión en el horizonte de la excelencia. Su centralidad radica en el valor del comprometido trabajo cotidiano de toda la comunidad universitaria, en los diversos niveles de responsabilidad en sus funciones, todos y todas somos corresponsables de que educar para el Cardenal es una labor de justicia social, de igualdad y dignidad y que nadie puede perderse por falta de oportunidades.

En nuestro ciclo vital institucional, cumplir 40 años significa un recogimiento reflexivo para renovar lo esencial de nuestro proyecto, no olvidarlo, atesorarlo y situarlo en los constantes e irresueltos desafíos que nos toca vivir: una desigualdad económica que marca la vida del pueblo que tanto amó el Cardenal, un individualismo indolente e insolente a la dignificación de la persona que tanto anheló el Cardenal; una fragmentación sociopolítica que rompe con la unidad como país por la que tanto luchó el Cardenal; una pérdida de fe y de confianza en el Señor por la que entregó su vida el Cardenal.

Fernando Vergara
Vicerrector de Identidad y Desarrollo Estudiantl UCSH

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