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Unidad para la democracia en Chile. Por Andrés Kogan Valderrama

La reciente inscripción de listas de candidatas y candidatos para la elección del nuevo Consejo Constitucional, el próximo 7 de mayo, es sin duda una buena noticia para quienes aún creemos en la necesidad de un nuevo pacto social para el país, luego de siglos de constituciones antidemocráticas.

Si bien todos los partidos que son parte de la alianza de gobierno no llegaron a un acuerdo para ir en conjunto, pese a los esfuerzos de muchos por sumar para una lista única de fuerzas progresistas (Unidad para Chile), lo más importante durante todo este año de discusión constitucional que se vendrá, es lograr una unidad mucho más transversal ideológicamente, que ponga a la democracia en el centro.

Esto considerando no solo el amplio rechazo de parte del pueblo de Chile a la propuesta constitucional del año pasado, sino también por los bajos niveles de valoración de la democracia misma de las y los chilenos, que de acuerdo a la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), sólo el 49% cree que la democracia es mejor que otra forma de gobierno y el 19% cree que en ciertas circunstancias un gobierno autoritario es mejor (1).

Por lo mismo, la desafección se vuelve algo mucho más estructural y peligroso, que un mero rechazo a los partidos políticos, por lo que nuestra responsabilidad en este momento es tener un proceso constituyente ordenado, sobrio y que pueda devolverle en cierta medida el valor a la democracia, por lo que es clave no solo que los partidos de izquierda que son parte del proceso muestren explícitamente una convivencia armónica, sino también que se abran a dialogar con los sectores de derecha más moderados.

No hay que olvidar lo que pasó el año pasado, en donde las fuerzas transformadoras de la Convención Constitucional literalmente se negaron a cualquier posibilidad de diálogo con todos los sectores de derecha, beneficiando finalmente a la ultraderecha negacionista y reaccionaria, que no le interesó nunca aprobar una nueva constitución que permita dejar atrás una carta magna proveniente de un régimen cívico militar sangriento, que ha dividido al país por décadas.

Es más, el Partido Republicano, en la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado en Chile, seguramente revindicará sin complejos la figura de Pinochet, como un rebelde anticomunista, por lo que su crecimiento dependerá justamente de que se rechace nuevamente el texto constitucional, ya que de esa forma capitalizará ese fracaso para su propio beneficio.

En cuanto a otros partidos que estarán presentes seguramente en el nuevo Consejo Constitucional, como es el caso del Partido de la Gente, si bien no tiene el fanatismo doctrinario del Partido Republicano, es de esos partidos impredecibles y populistas, capaces de pactar lo que sea con tal de sumar votos, y son un peligro en un contexto de poco valor ciudadano a la democracia.

Visto esto, la contribución de los nuevos consejeros constituyente será clave, pero insuficiente, si son incapaces de no caer en las provocaciones de la ultraderecha, que no tardarán en venir, como pasó en el proceso anterior, y que tanto daño generaron con distintas fake news y miradas apocalípticas de lo que se estaba aprobando en la Convención Constitucional.

No obstante, también es importante hacer un llamado a los distintos medios de información, para que esta vez entiendan que tienen un rol público en la sociedad, ya que lo que está en juego es la democracia del país y no una batalla entre enemigos a muerte, más aún en un año tan simbólico como este para Chile, por lo que esperemos que se deje atrás el espectáculo televisivo y se generen programas formativos en serio.

A su vez, en lo que respecta a los movimientos sociales, es indudable su aporte en estos últimos 20 años en Chile, en lo que respecta a movilización, organización y articulación entre diferentes demandas históricas (feministas, socioambientales, anticoloniales, estudiantiles, sindicales), pero el 4 de septiembre nos mostró un Chile que no quisimos ver, lleno de miedos al cambio y con una subjetividad neoliberal que pensamos que había sido afectada con la revuelta social del año 2019.

En otras palabras, finalmente nos hablamos y nos aplaudimos a nosotros mismos, aprobando artículos soñados por muchos y muchas y totalmente a la vanguardia de otras constituciones en el mundo, pero completamente desconectados de las grandes mayorías, que nunca siguieron lo que anhelábamos.

Dicho lo anterior, más que a la vanguardia, necesitamos una constitución a la retaguardia, que se haga cargo de los malestares y miedos de las y los chilenos, pero solo se logrará si ponemos la unidad por sobre nuestros propios marcos ideológicos, para que así el 2023 sea recordado como el año que Chile votó a favor de más democracia en el país.

1: https://www.cepchile.cl/encuesta/encuesta-cep-n-88/

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