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Universidades y confianza pública. Por Francisco de Ferari

Por segunda vez consecutiva, las Universidades son las instituciones con las cifras más altas en confianza ciudadana, según el “Estudio Nacional de Opinión Pública Encuesta CEP N°86” (abril-mayo 2022) Como es costumbre, las cifras generan un revuelo mediático que acapara debates públicos durante días. Gobierno y oposición destacan sus propias fortalezas y recalcan aquellas cifras que les sirven para derriban a su oponente. Nada nuevo bajo el sol. No obstante, uno de los datos presentados muestra información que es relevante atender.

Ante la pregunta: ¿Cuánta confianza tiene usted en cada una de ellas? Las universidades alcanzan el 54% subiendo un 7% en relación con la encuesta anterior de agosto 2021. Es la segunda vez que el CEP incorpora en su listado de instituciones a las universidades y en ambas ocasiones ha ocupado el primer lugar.

La pregunta por la confianza en las instituciones público-privadas no es nueva. La encuesta CEP, Encuesta Bicentenario PUC y la ICREO de la consultora Alma Brands, indagan sobre la confianza/desconfianza en las instituciones con resultados que dan cuenta de la instalación de la desconfianza como “motor” de las relaciones humanas y sociales en nuestra sociedad. Si bien en los últimos datos hay una leve mejora en las cifras, esto no significa -necesariamente- que estemos entrando en una nueva etapa.

Las publicaciones sobre el tema de la confianza en las sociedades contemporáneas son vastas y dan cuenta de los acelerados cambios sociales (Habermas, 1975; Luhmann, 1996; Beck, 1998) La confianza/desconfianza van adquiriendo más relevancia política y se constituyen en puntal de la gobernanza democrática. Si embargo, estas características no sólo refieren al modelo de la democracia representativa, sino que se hace extensiva a todo tipo de instituciones: empresariales, religiosas, sociales y educativas. La sociedad demanda la irrupción de la ética -y sus derivadas (accountability)- como “varita mágica” para retejer confianzas y volver a una suerte de orden social esperado (De la Cruz-Sasia, 2008)

El devenir de la sociedad chilena en los últimos años ha sido especialmente intenso y complejo. Los casos de corrupción público-privados; las movilizaciones sociales; las demostraciones de una élite ciega y alejada de la realidad de las chilenas son muestras de la profundidad de la crisis que tiene su punto más alto en el estallido de octubre de 2019 y su agudización con la crisis sociosanitaria por la pandemia del COVID. En este contexto cobra especial relevancia la información de la encuesta CEP que posicionan a las universidades como las instituciones más confiables del país.

¿Por qué la ciudadanía confía en las instituciones de educación superior (IES)? ¿Qué legítimas expectativas tiene la sociedad con respecto a éstas? ¿Cuáles serán las razones por las cuales estas instituciones cobran un rol social y público tan significativo? ¿Será que la confianza de la ciudadanía es una respuesta a la actuación de las IES en medio de las crisis sociales de los últimos años? Si bien no hay una única respuesta al respecto, me atrevo a decir que el rol social y público que una gran cantidad de instituciones ha asumido -tanto en el estallido social, en la pandemia y en el proceso constituyente- son muestras de esa confianza pública en ellas.

Las universidades han ocupado a lo largo de la historia un lugar más que relevante en el proyecto de construcción de sociedad y, ante el escenario actual, han estado a la altura de las circunstancias, siendo verdaderos espacios de diálogo social y fuentes de fidedigno conocimiento y formación que combaten la desinformación. Tal como decía el Cardenal Silva Henríquez en el Claustro PUC de 1971: “Las universidades han de ser un lugar del diálogo y conciencia crítica de la sociedad”. Esto demanda la ciudadanía y las instituciones asumen esa enorme responsabilidad.

Francisco de Ferari, director de Vinculación con el Medio
Universidad Católica Silva Henríquez

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