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Valorar el trabajo y cuidar la vida. ¿Cómo avanzamos en conciliación? Por Lorena Armijo

El proyecto de ley relativo a la conciliación de la vida personal, familiar y laboral, actualmente en discusión en el congreso, modifica el código del trabajo al establecer el derecho de trabajadores y trabajadoras a jornadas de trabajo diaria o semanal en modalidad presencial y telemática, permitiendo el cuidado a menores de doce años o a personas con dependencia severa o moderada. También el Senado ha aprobado una indicación que establece un feriado preferente a esta población durante el período de vacaciones definidas por el Ministerio de Educación.

Tal como se plantea, el proyecto viene a responder a las necesidades de cuidado de las familias bajo la lógica de la corresponsabilidad de instituciones y actores sociales como una responsabilidad colectiva. La incorporación del concepto de conciliación al proyecto de ley pretende enfrentar un problema antiguo y más profundo que remite al conflicto entre las demandas del trabajo asalariado y las responsabilidades familiares de cuidado. Tradicionalmente este conflicto fue resuelto con una rígida división sexual del trabajo, con un hombre proveedor y una mujer ama de casa; sin embargo, la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo supuso - junto a otros fenómenos como la caída de la fecundidad o la ampliación de prestaciones de servicios de atención, y el colapso de este modelo familiar – la búsqueda de nuevas salidas que beneficien a las familias.

La iniciativa en discusión pretende dar igualdad de trato a hombres y mujeres bajo el principio de no discriminación. De esta manera, el Estado chileno reconoce el derecho a dar cuidado de padres trabajadores y cuidadores en sintonía con otros países, los que ofrecen generosas políticas de protección a la maternidad y paternidad y el incremento de días de feriados, a fin de gestionar el trabajo y los horarios personales. Sin embargo, el caso chileno esta distante de esas experiencias internacionales exitosas.

Estudios en tiempos de pandemia muestran que mayoritariamente las trabajadoras chilenas tuvieron que enfrentar el empleo mediante el teletrabajo con la organización minuciosa de las labores ante la ausencia de control del tiempo o la multiplicidad de tareas. Otras madres trabajadoras recuerdan ese periodo de manera negativa, con sobrecarga de tiempos y uso desbalanceado de espacios y escasa corresponsabilidad. Las soluciones privadas de las trabajadoras para enfrentar el teletrabajo revelan la necesidad de legislar sobre conciliar trabajo y familia como se propone actualmente, y también en la necesidad que esta normativa visibilice y valorice la cantidad de tiempo y energías que requieren las tareas del cuidado no monetizadas.

Valorar el trabajo de cuidado, sean estos remunerados o no, significa otorgarles reconocimiento y protección. Su valor radica en el carácter fundante de la personalidad y las relaciones sociales que se forman desde el seno familiar. Un buen cuidado permite desarrollar la autoestima, la seguridad y la confianza, más allá de la supervivencia o reproducción del quehacer de las tareas domésticas y de la familia. Dar valor al cuidado significa no solo la disposición de horas mediante un salario, sino también reconocer el estrés y la sobrecarga dando atención a la dimensión psicosocial de la vida, por medio de una provisión de servicios de atención en salud física y mental a quienes cuidan.

En pandemia y también antes de ese tiempo, las madres trabajadoras percibían sus distintas responsabilidades como una virtud que otorga reconocimiento y el cumplimiento al deber de ser madres y trabajadoras. Pero esta virtud va asociada a un malestar enquistado que se traduce en un lamento permanente sobre sus propias necesidades vitales, incluyendo las carencias afectivas y, que cuando no son respondidas, conduce a un recrudecimiento de sus responsabilidades que se vuelve más problemático en medio de vertiginosos procesos de aceleración de la vida donde no hay tiempo para todo ni vida para cada uno.

Trabajar y cuidar significa en las mujeres un modelamiento disciplinar más estricto en la gestión de tiempos y trabajos personales, familiares y laborales. La autoeficacia se ha vuelto uno de los valores primordiales en las mujeres que refuerza su identidad, a costa de un desgaste emocional, ansiedad, cansancio y estrés, que viven de manera intima o con culpa. Por eso, la propuesta de conciliación que avanza en el congreso no solo debiera poner atención en las condiciones materiales del trabajo y el tiempo que requiere el cuidado, sino también en la dimensión emocional de la vida, ya no desde el tradicional lugar secundario del esquema “condiciones económicas-bienestar psicológico”, sino ubicar ambas dimensiones de la vida en el mismo nivel de relevancia, devolviendo el cuidado al centro de nuestras vidas

Lorena Armijo. Académica e investigadora del Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Juventud (CISJU) de la Universidad Católica Silva Henríquez

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