Hace casi un siglo el suplementero Manuel Plaza obtuvo el segundo lugar en la maratón de los juegos olímpicos de Amsterdam en 1928: la primera medalla en la historia del deporte chileno. Este logro, y sus triunfos sudamericanos por casi una década, motivó y aceleró la construcción del Estadio Nacional, el que fue finalmente inaugurado en 1938 y que merecería llevar su nombre[1].
El Estadio fue construido incluyendo una pista de ciclismo de cemento de 500 metros (que rodeaba la de ceniza de atletismo). Lamentablemente, por la prioridad que tuvo siempre el fútbol profesional, el ciclismo tuvo que seguir utilizando las pistas de tierra de los estadios Santa Laura y San Eugenio. Finalmente, en 1960 la pista de ciclismo fue eliminada para ampliar la capacidad del Estadio Nacional para el mundial de fútbol de 1962. En uno de los últimos torneos realizados, el campeón chileno Andrés Moraga triunfó en una competencia internacional de “24 horas a la americana”.
El ciclismo en pista continuó en el “tierródromo” de San Eugenio que se reinauguró en 1960 con otro triunfo de Andrés Moraga. Pero los dramáticos accidentes que allí se producían presionaron para que se cumpliera la promesa de construir una nueva pista. Finalmente, hace 60 años, en diciembre de 1965 se inauguró el Velódromo del Estadio Nacional (con una pista de cemento de 333 metros) que fue considerado entonces entre los mejores del mundo y una notable obra de arquitectura e ingeniería[2].
Y en ese velódromo, a fines de los años 60, comenzaron a correr Sergio Tormen y Luis Guajardo. Sergio, de familia ligada al ciclismo y vecina al Velódromo. Luis, brillante estudiante del Liceo Manuel de Salas y después de ingeniería de la Universidad de Chile. Sus destacados rendimientos deportivos los llevaron a ser preseleccionados, y entrenados por Andrés Moraga[3], para los juegos panamericanos de 1975 que se realizarían en Santiago y que la dictadura finalmente canceló. De hecho, Sergio Tormen había representado a Chile en los juegos panamericanos de Cali en 1971 y fue campeón nacional en los años 1972 y 1973.
Luis y Sergio, compañeros en el club Centenario, forjaron una entrañable amistad y compartieron el deporte con el compromiso social y político. Por su valiente entrega, la dictadura los secuestró el 20 de julio de 1974 junto a su entrenador Andrés Moraga y a Peter Tormen, hermano de Sergio, un niño de 14 años. Desde entonces, la desaparición de Luis y Sergio constituye un caso inédito en el ciclismo y el deporte mundial que se suma al asesinato en 1940 del campeón alemán Albert Richter por parte del régimen nazi y en cuyo honor el Velódromo de Colonia lleva su nombre desde el año 1977[4].
La búsqueda de Luis y Sergio por parte de sus madres y familias fue impactada en 1975 por la publicación en la prensa oficialista de la “lista de los 119” (¿11-9?): vergonzoso y cruel montaje de la DINA, antesala de la red Cóndor. Las indagaciones por su paradero continuaron incansablemente incluyendo las que, valiéndose de sus éxitos deportivos, realizaron infructuosamente los hermanos de Sergio: el campeón chileno y panamericano Richard Tormen en 1979 y el triunfador de la Vuelta a Chile Peter Tormen en 1987.
La transición democrática posterior logró algunos avances: el informe Rettig registró el caso, hubo juicios y condenas a algunos de los responsables, pero no se progresó en dar con su paradero. Al respecto, preocupan las opiniones e iniciativas actuales de indultar a los culpables y de cuestionar y limitar los recursos al Plan de Búsqueda.
A comienzos de este siglo comenzó la campaña por rendir homenaje a Sergio y a Luis en el Velódromo de Ñuñoa o en el de Peñalolén que se inauguró en 2013[5]. Después de cartas públicas, columnas y diversas gestiones, y con la comprensión y apoyo de los Ministros del Deporte Alexandra Benado y Jaime Pizarro, en abril de 2023 se consiguió reinaugurar el Velódromo con el nombre de Sergio Tormen Méndez y con una placa que recuerda a los dos ciclistas mártires.
El Velódromo Sergio Tormen Méndez[6] es ahora un lugar donde las familias de Sergio y Luis, y todos los que empatizan y solidarizan con ellas, pueden percibir el legado social y deportivo de estos jóvenes deportistas. Al respecto, un grupo de ciclistas urbanos termina en el Velódromo su “ruta patrimonial” anual simbolizando que “solo se muere el que se olvida”[7].
El Velódromo se designó como un Sitio de Memoria histórico-deportivo lo que significa una obligación del Estado por protegerlo y mantenerlo, pero también representa una responsabilidad de la sociedad chilena por difundir lo que representa y las dolorosas razones por las que fue declarado como un memorial. Desde el año 2025, después de finalizadas las últimas pericias por las huellas de disparos y de su utilización como lugar de tortura, el recinto exhibe hermosos carteles con el nombre de Sergio Tormen Méndez en sus dos accesos.
El Velódromo fue construido en 1965 cuando Santiago tenía dos millones y medio de habitantes. Hoy, con una población que se acerca a los siete millones, y en que la bicicleta se ha masificado y el ciclismo se ha popularizado, corresponde que se destinen recursos para promover y facilitar su uso deportivo, recreacional y cultural.
Referencias
1. Manuel Plaza y los Juegos Olímpicos: la deuda aún pendiente - Diario y Radio Universidad Chile, julio 2024
2. Velódromo del Estadio Nacional: a medio siglo de su inauguración – Diario y Radio Universidad de Chile, febrero 2016
3. “Al maestro con cariño”: homenaje a Andrés Moraga - Diario y Radio Universidad Chile, mayo 2025
4. Un siglo cuesta arriba – Historia popular y política del ciclismo. Ramón Usall, 2024
5. Un Velódromo para Sergio Tormen y Luis Guajardo – Diario y Radio Universidad de Chile, junio 2013
6. Deporte y Memoria: Velódromo Sergio Tormen Méndez - Diario y Radio Universidad Chile, abril 2023
7. “Solo se muere el que se olvida” - Diario y Radio Universidad Chile, julio 2024
