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Vendimia en tiempos difíciles. Por Sebastián Fuentes Germany

En las últimas décadas, las fiestas de vendimia se ha posicionado como un atractivo panorama de otoño. Este año desde mitad de marzo se han llevado a cabo en varios lugares de nuestro país tales como Colchagua, Portezuelo, San Javier y hasta en barrios de Santiago como Plaza Ñuñoa o Pirque. Estas fiestas buscan rememorar la alegría que traían las vendimias de antaño en nuestra sociedad. A pesar del esfuerzo en mantener los tradicionales festejos, la sombra de los malos precios de venta de uva y baja venta de vino tanto a nivel local como mundial, han empañado estas fiestas en el campo. Y tristemente este año no ha sido la excepción, ya que al inicio de la temporada de vendimia 2024 en el hemisferio sur, en Chile específicamente, corrían rumores de que los grandes compradores pagarían entre 85 y 120 pesos por kilo de uva. Para desdicha de los viticultores, el precio pagado está en dichos rangos, convirtiendo los rumores en duras certezas. Estos valores están lejos de ser atractivos para los productores de uva, pero este fenómeno (bajo precio de compra) no ocurre solo Chile. Entre fiestas de vendimias para celebrar la llegada de la cosecha con el público, pareciera que se olvida una pésima temporada. A nivel mundial, se culpa a la sobre producción de vino, intentando sindicar a un responsable de los bajos precios de compra de uva. A continuación explicaremos el contexto de esta afirmación. Actualmente en el mundo, se consume cada vez menos vino y los precios de los considerados masivos o de góndola, son los que más sufren por esta tendencia. Los valores de los vinos a granel han visto una baja constante en el último tiempo. Sin duda hay un atasco entre una alta producción y una baja en el consumo. Esto es reafirmado por la Organización Internacional del Vino (OIV), la que señala que: “En las últimas décadas, el sector vitivinícola mundial ha experimentado una tendencia general positiva de producción y consumo de vinos blancos y rosados, mientras que los tintos han disminuido. Este cambio estructural puede atribuirse principalmente a la evolución general de las preferencias de los consumidores.” En 2024 el consumo mundial bajó en 1% comparado al año anterior, lo que equivale a 200 millones de litros. Desde el año 2018 el consumo ha ido disminuyendo, sobre todo en el caso de los vinos tintos, los cuales pasaron de representar un 48% del consumo a un 43%. En Asia y en Europa se repite el fenómeno de baja en el consumo. Se estima una disminución fuerte en China, que se vio agravada por la pandemia de Covid-19. En la Unión Europea se consumió un 2% menos de vino, equivalente a 11.100 millones de litros, y dichas cifras siguen a la baja por lo cual los arranques de viñas parecen ser una opción bastante viable para intentar solucionar este problema. Lo anterior ha implicado que algunos países líderes en producción vitivinícola, deban tomar medidas para paliar el bajo consumo y sus efectos sobre sus productores de vino. Por ejemplo en España, el gobierno compra vino para destruir y aprovechar el alcohol para otros productos como alcohol hidrogel. Junto con ello, en viñedos importantes y prestigiosos de dicho país, como La Rioja, se proponen medidas más extremas como el arranque de los viñedos y reducción de los rendimientos. La Asociación de Productores de Vino Familiar de Rioja, propone arrancar plantaciones en un periodo de cinco y ocho años de manera selectiva, escogiendo para la aplicación de tal medida las parcelas en las que "no se tendría que haber plantado", esto es, "en suelos con baja aptitud vitícola". Luego proponen para esta vendimia 2024 una fijación de los rendimientos en La Rioja a lo mínimo autorizado por la Denominación de Origen (DO) esto implica limitar los kilos por hectárea. Esta fuerte medida podría implicar la reducción de más del 21% la producción potencial de los viñedos de La Rioja. Estas acciones buscan poder bajar la oferta de vino en busca de subir los precios. No solo en España se buscan soluciones, en Burdeos (Francia) referente mundial del vino, se ha aprobado el arranque de unas primeras 9.500 hectáreas de viñedo con una prima de 6.000 euros por hectáreas, ya que se han financiado hasta 57 millones de euros para ello (38 procedentes del Estado y 19 llegados del Consejo Interprofesional del Vino de Burdeos). El plan de reducción, sin embargo, contempla sacar del mapa hasta 35.000 hectáreas productivas (3% del viñedo) para equilibrar la oferta y la demanda en esta reconocida región vitivinícola. Esto muestra un fenómeno de crisis mundial, independiente de la reputación del viñedo. Es posible que el problema sea la sobreproducción como forma de gestionar el viñedo y sus vinos. No solo en Europa se discuten este tipo de soluciones, en California la situación no es más alentadora, donde el presidente de la Allied Grape Grower Association, Jeff Bitter, declaró la intención de arrancar unas 12.000 hectáreas de viñedo en California para hacer frente al bajo consumo mundial. Según Bitter, en los últimos cinco años se puede apreciar un exceso de oferta de vino que puede considerarse como estructural: la sobreproducción se ha instalado como una forma de ver el negocio del vino. En Chile, especialmente en zonas como Itata, el fenómeno se repite y golpea a todos. Hernán Segura, presidente de la Asociación de Enoturismo, comenta que existen 10.393 hectáreas de viñedos repartidas entre 4.500 productores de uva, lo que se traduce en la producción de 60.000.000 kilos, de los cuales solo 13.000.000 son vinificados en la región de Ñuble y solo un 1,8% aproximadamente es embotellado. Este escenario revela la fuerte dependencia de venta de uva y gráneles del Valle del Itata. Algunas de estas uvas provienen de viñedos patrimoniales o tradicionales de cepas antiguas y cultivadas en secano (sin riego), estas viñas producen pocos kilos por planta, con procedimientos de cultivo y cosechas no mecanizados. Debido a lo anterior, el costo de producción puede rondar fácilmente entre 250 a 400 pesos por kilo de uva según el rendimiento, los insumos y personal de trabajo requeridos por el viñedo. Es decir que estos viñedos no entran en la lógica anteriormente expuesta de viñedos de sobre producción de vino, pero son pagados al mismo precio, ignorando su categoría especial. Es fundamental pensar en una solución para valorizar, potenciar, crear y dar alternativa a estas viñas que han resistido el paso del tiempo en su arquitectura, variedades, localidades y familias de agricultores de tradición chilena como motor de identidad en el territorio. Aquello forma parte esencial de ese Chile profundo del que nos gusta hablar con orgullo, pero al que lamentablemente muchos le dan la espalda cuando está en peligro, sin pensar en que algún día perderemos tesoros intangibles que jamás podremos recuperar.

Sebastián Fuentes Germany
Geólogo-Enólogo
Master Vin Vigne Terroir

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