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¡Viva Chile!, ¡Jallalla* Bolivia! Por Gustavo Gac-Artigas

Dos países fueron el centro de atención en Latinoamérica en la última semana al vivir dos momentos cruciales en su historia. Dos países separados hace más de cien años por la guerra del Pacífico y la consecuente pérdida de sus territorios y de su acceso soberano al mar en el caso de Bolivia.

En uno, Chile, en el centro del país, Manuel Rodríguez, el guerrillero, se disfrazaba, desaparecía, atacaba, quizás fuera un obispo, quizás fuera solamente el viento sobre la nieve uniéndose a Juana en el terreno de los sueños por la independencia.

En el otro, Bolivia, Juana Azurduy de Padilla, comandante de montoneros, heroína de la lucha por la independencia, galopaba en la altura.

Dos países separados por 136 años desde la guerra, y rencores de más de cien años son difíciles de sanar. Dos países que conocieron momentos de democracia y momentos de dictadura, dos países que conocieron momentos de esperanza y momentos de desespero, dos países cuyos pueblos originarios sufrieron discriminación, dos países hermanos fueron a votación en el espacio de 7 días.

Bolivia el 18 de octubre, Chile el 25. Uno elegía a su presidente, el otro la posibilidad de terminar con una constitución impuesta por la dictadura y comenzar un proceso constituyente que refleje las aspiraciones de un pueblo viviendo en democracia.

En Chile, donde hay 14.796.197 electores registrados, el balance con el 99.84% de las mesas escrutadas registra: 7 millones 560.893 votantes, el 50.9% del electorado, superando el 49% de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2017. Cabe hacer notar que en Chile el voto es voluntario.

Los votos emitidos dan un claro triunfo al “Apruebo”, 5.885.384 votos, 78.27%, y un 78.99% en favor de una convención constitucional con personas elegidas en votación directa para redactar la nueva constitución. El alto porcentaje del “Apruebo” muestra que la mayoría de la población quiere una salida a la crisis que atraviesa el país y no se siente interpretada por su estructura política actual. La votación muestra igualmente una alta votación de los jóvenes que desataron y encabezaron las protestas el 18 de octubre del año pasado.

El “Rechazo” contó un 21.73%,1 millón 633 mil 868 votos y un 21% en favor de una convención mixta constitucional, parte elegida por votación directa, parte nombrada por los partidos y el Congreso lo que muestra la desconfianza de la población con respecto al Congreso y a los partidos políticos.

El balance de los votos emitidos en los 65 países en que los chilenos registrados podían votar en el exterior (59.522), con un 49.8% de los votos emitidos escrutados, 29.623 dan un 82.20%, a favor del “Apruebo una nueva constitución y por una convención constitucional” y 17.80% para el “Rechazo”. En los Estados Unidos, incluyendo 45 votos en Puerto Rico, el 59.49 votó “Apruebo” y el 40.53% “Rechazo”.

Esta nueva situación definirá las próximas elecciones presidenciales, y los partidos políticos comienzan a sacar cuentas alegres, o cuentas tristes, pero más importante, este nuevo cuadro político definirá el camino que Chile seguirá: si la nueva carta magna no refleja las esperanzas y el sentimiento mayoritario, la crisis actual se agravará, la confrontación se agudizará.

Lo que sigue: el domingo 11 de abril del 2021 se procederá a la elección paritaria de los 155 miembros de la Convención Constitucional, separados por distrito. A mediados de mayo se realizará la primera sesión y tienen hasta mediados de febrero del 2022 para entregar la nueva carta magna, y durante el primer semestre del 2022 se realizará un nuevo plebiscito para aprobar o rechazar la nueva constitución. El voto esta vez no será voluntario, será obligatorio.

Ayer, se abrió el paso hacia la nueva constitución en Chile y en cada voto emitido venía el rostro de un desaparecido, de un mapuche segregado, de una mujer violada, y no era su culpa, ni dónde andaba ni cómo vestía, el violador eres tú, nos recuerdan las Tesis. En cada voto se reflejaban las marchas estudiantiles, pajarillos libertarios igual que los elementos, en cada voto se reflejaba el sufrimiento y la esperanza.

Chile votó por liberarse de las cadenas de la constitución dejada por el dictador Pinochet y redactar una nueva constitución.

De todos es sabido que sacudirse las cadenas de una dictadura no es tarea fácil, que a veces toma 30 años, 30 años en que las heridas aún están frescas.

Sin embargo, el 25 de octubre una abrumadora mayoría se pronunció por una nueva constitución, por cambios profundos, por una sociedad más justa, más inclusiva, por ponerle fin al poder del dinero y al tráfico de influencias, por el fin de las lacras del autoritarismo, contra la centralización del país. Manuel, ayudado por Juana, guiaba nuestro lápiz; sí apruebo, quiero una constitución que refleje los sueños de mi país, y de todos es sabido, concretizar los sueños no es fácil y además, no todos soñamos lo mismo. ¡Viva Chile!, se escuchó en las calles de Chile

Siete días antes, en las alturas, un pueblo hermano, Bolivia, retomaba el camino del cambio, de la justicia. Un gobierno prometía corregir los errores del pasado, personalismo, arrogancia y corrupción.

En el altiplano se escuchó “viene bajando la Juana, galopando en su corcel”, quizás era el viento, el viento apoyado por Manuel desde el borde del mar.

En Bolivia ganó el candidato del MAS, Movimiento al Socialismo, Luis Arce, con el 55.10% de los votos. El expresidente, Carlos Mesa, principal líder opositor obtuvo un 28.3%. El otro partido opositor, Creemos, liderado por Luis Fernando Camacho, obtuvo un 14%.

En sus primeras declaraciones el nuevo presidente dejó en claro que no es un regreso al pasado inmediato, que su gobierno será de unidad nacional, y marcó su independencia diciendo: “Si Evo Morales quiere ayudarnos será muy bienvenido, pero eso no quiere decir que él estará en el gobierno. Será mi gobierno”. Su vicepresidente, en el mismo sentido planteó que no querría ver los mismos ministros de antes gobernando, que se necesitaba una renovación al interior del MAS.

Bolivia retomó el camino de la esperanza, de la justicia social, de la representatividad de la mayoría de su pueblo. Las polleras ganaron, los raídos ponchos ganaron, los mineros ganaron, los estudiantes ganaron, Bolivia, ganó.

¡Jallalla Bolivia!, se escuchó desde El Alto al Beni en Bolivia.

Dos países, uno, Chile, quiere enterrar su pasado y busca el camino hacia una sociedad más justa. El otro, Bolivia, quiere regresar a un pasado cercano de justicia pero sin los errores de ese pasado. En ambos la esperanza de una sociedad mejor está en juego, en ambos el pueblo marcó el camino, en ambos la democracia salió fortalecida, en ambos la ciudadanía triunfó.

¡Viva Chile!, ¡Jallalla Bolivia!

*Jallalla es una palabra quechua-aimara que significa: por la vida y une los conceptos de esperanza, festejo y bienaventuranza.

Gustavo Gac-Artigas es escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Reside en Nueva Jersey, EE UU.

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