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Wallmapu: el racismo es lo de menos. Por: Jamadier Esteban Uribe Muñoz y Ariel León Bacián

Las escaladas cíclicas de violencia en el Wallmapu, una vez más sacuden a la opinión pública chilena. Y con razón, pues los hechos acaecidos la noche del 1 de agosto de 2020, revisten una especial gravedad, toda vez que no fue un enfrentamiento entre la fuerza pública y facciones mapuche, sino un enfrentamiento entre civiles; lo que da cuenta del acelerado proceso de descomposición social e institucional que vive el país.

La violencia ha sido objeto de un repudio casi generalizado, enhorabuena. Sin embargo la cualidad específica de la violencia no ha sido leída con suficiente precisión, lo que puede dificultar aún más la búsqueda de soluciones adecuadas. Se ha hablado de violencia racista, allí donde en realidad hay violencia colonial.

Ciertamente el racismo y el colonialismo, son dos conceptos que van de la mano, en tanto a escala global fueron los pueblos colonizados, los pueblos que a su vez fueron racializados, es decir, que fueron designados como “no-blancos”, en circunstancias que el hombre blanco no es un raza propiamente dicha, sino que más bien designa al humano universal, ubicando a todas las demás diferencias uno, o algunos, peldaños por debajo en la dignidad humana. Racializar a una población significa, en bastantes resumidas cuentas entonces, degradar su condición humana, basándose en sus características fenotípicas y culturales, produciéndola como una ciudadanía de “segunda clase”. En ese sentido ¿hay racismo hacia los pueblos originarios en general y el mapuche en particular? Por supuesto que lo hay, como lo hay hacia la población haitiana.

Sin embargo, ya quisieran algunos que el conflicto entre los Estados nacionales y los pueblos indígenas en América Latina terminara ahí. Si el conflicto fuera un conflicto racial, de lo que se trataría es de ampliar los márgenes efectivos de la ciudadanía, combatiendo prejuicios, asegurando cuotas parlamentarias (¡UPS!), etc. Sin embargo, al afirmar que el conflicto es más un conflicto colonial que racial, las cosas toman un cariz distinto.

Por ello, no es correcto pensar que la «cuestión indígena» en Chile, es homologable a la cuestión negra en los Estados Unidos (¡menos Netflix por favor!).

Cuando decimos que el conflicto es colonial, lo que estamos diciendo es que ya no versa sobre los márgenes de la ciudadanía, sino que se desplaza al terreno de la geopolítica. Es decir, hay un espacio geográfico cuya administración está siendo disputada, en este caso, por el pueblo Mapuche que detenta sobre él derechos ancestrales y por el Estado de Chile, que invadió el territorio valiéndose de distintas estrategia políticas y militares a partir de 1861. Y así ocurre con todos los pueblos originarios.

El punto central es este: si el problema es racial, las soluciones apuntarán a frenar la discriminación por motivos de origen étnico. Pero si el problema es colonial, las soluciones pasan por la restitución de los territorios y su administración autónoma (no necesariamente independiente).

Sería muy difícil, pero quizás llegue el día en que contemplemos con tristeza, como los/las mapuche pidan incorporarse a la nación chilena. Pero por ahora, aún, todavía, de lo que se trata es de que se restituyan las tierras invadidas.

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Jamadier Esteban Uribe Muñoz es psicólogo y analista político, doctorando en psicología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Ariel León Bacián es Aymara-Quechua miembro de la Asamblea Originaria por la Plurinacionalidad y la Descolonización (ASODEPLU).

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