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¿Y ahora? Por Francisco Elgueta

Más de 2 meses después del llamado "estallido social", masivo y potente en su génesis, debilitado al día de hoy, muchos se preguntan ¿qué pasó?, ¿por qué ahora hay poca gente en las calles?

Pues bien, al poco andar, queda en evidencia que la considerada principal “ventaja” del movimiento, si es que se le puede llamar a así, terminó siendo su talón de Aquiles: no tener dirección, cabeza ni representantes a los que pudiese corromper. Porque, claro, cuando la masa se manifiesta en contra de los políticos, no quiere ser dirigida por ellos, es natural. El problema es que al no tener conducción ni orientación política, la explosión de energía social se dispersa con la misma velocidad con la que estalla, sin conseguir mucho en el camino. Como dice el dicho popular: "mucho ruido, pocas nueces".

Lo anterior, en todo caso, no es para desanimarse. Fenómenos como éste han ocurrido varias veces en la historia de Chile, de manera que la respuesta a la pregunta de qué hacer, es relativamente fácil de encontrar, sólo basta con revisar algunas páginas y se podrá precisar que, si bien los movimientos sociales inorgánicos no logran grandes conquistas, sí sirven como plataforma para levantar organizaciones que luego encabezan procesos transformadores potentes. Tal es el caso de la "revolución de la chaucha" de 1947, la que años más tarde influyó en la fundación de la CUT, plataforma fundamental para la llegada de Allende a la moneda.

Para nadie es novedad que la masividad e intensidad del movimiento que estalló el pasado 18 de octubre, no tiene comparación con lo que queda ahora, pero aunque duela reconocerlo, es natural que así sea. La gente necesita seguir con sus vidas, no puede pausarse por un período indefinido en el tiempo, entonces, aunque mantiene su apoyo, ya no está masivamente en las calles.

De haber una organización legitimada a la cabeza, ésta podría, por ejemplo, llamar a manifestarse por turnos diarios y unificarlos a todos un sólo día a la semana. De esta manera, no se produciría el agotamiento físico y psicológico de los manifestantes por ir todos los días y se mantendría la presión sobre el gobierno.

Un ejemplo de la importancia de la organización, es el caso del colectivo feminista “Las Tesis”, quienes desde la simpleza de una coreografía viralizada en redes sociales, fueron capaces de producir un impacto nacional e internacional y romper en parte el cerco comunicacional que pesa sobre el movimiento social multisectorial, poniendo de relieve una problemática generalmente invisibilizada. Es que sólo con organización es posible y ellas lo demostraron.

De esta manera, la gran tarea para los días, meses y años próximos, pasa por levantar y fortalecer las organizaciones sociales y políticas de base, para que así, el próximo despertar, no vuelva a ser una bomba de ruido, sino una capaz de golpear con fuerza los pilares del sistema que nos oprime.

Para cerrar, no sería justo ignorar que el pueblo en las calles, estas semanas, logró tensionar a tal punto a la clase política, que se abrieron a la posibilidad de redactar una nueva constitución, aunque no sea a través de una asamblea constituyente. Sin duda, ésta se puede considerar una victoria del movimiento, pero ojo, no hay que dejarse engañar, el proceso para redactar una nueva carta magna estará lleno de piedras y trampas, que sin un pueblo bien organizado, difícilmente dará respuesta a las demandas sociales. Sólo la organización hará posible que Chile alcance para todos.

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