¿Y si hubiera hecho algo distinto? Es una pregunta muy recurrente en la humanidad, es parte de ser seres pensantes. La película El Efecto Mariposa (2004), una cinta pensada para público juvenil, narra una exploración de la pregunta inicial de este texto. Cada cambio buscado por el protagonista para mejorar su vida y la de su interés amoroso acaba mal para él o ella, llegando a un punto muerto donde pareciera ser imposible alcanzar el final “feliz” de las películas de esta índole. ¿Y el vino, dónde está? Quizás hoy todo movimiento o maniobra en el nuevo escenario dejará a varios descontentos; quizás a los productores de los valles más conocidos de estos últimos cincuenta años, mientras valles nuevos y emergentes en la zona austral brillarán, o quizás viñedos antiguos logren resurgir, como los viñedos del “Sur”, que ya no son el límite geográfico austral de la viticultura nacional.
Los viñedos del sur, compuestos por Itata, Biobío y Malleco, durante varios años fueron ese límite invisible para la viticultura. Cabe mencionar que hasta 1975 los tres valles formaban parte de la región del Biobío en su época de la "Gran Biobío", como me gusta llamarla. Actualmente, esos valles están en tres regiones diferentes. Antes de Chile, el límite era el río Biobío, dado que la cultura del vino llegó hasta ahí por razones geopolíticas y climáticas de esa época. ¿Y si el “Sur” hoy es el centro? Recordemos que la mitad de Chile continental está entre Lota y Coronel, en la zona popular llamada Playa Blanca (en Biobío casi todas las playas son de arenas negras). Teniendo a Coyhaique con su Denominación de Origen como lo más al sur hoy, no es rara esta pregunta; esto nos haría pensar si el Valle Central sigue siendo el centro del vino o solo es la zona de mayor producción.
Es indudable que las marcas Colchagua y Alto Maipo son las de mayor arraigo, reconocimiento, prestigio y oferta enoturística. Hacia esta oferta “nueva” es donde el vino mira con esperanzas; esta rama del turismo ofrece ventas directas en un escenario alicaído de comercialización, entre otras varias virtudes. El prestigio de estas dos zonas vitivinícolas es importante, consolidado y mundial; por lo mismo, a mediados de noviembre de este año, Santiago será sede de los World’s 50 Best Vineyards en su edición 2026. Este hito muestra un cambio en la percepción mundial, pasando de la idea del "nuevo mundo" a un destino consolidado para nuestro país. ¿Y si el “Sur” es el próximo destino? Itata lucha desde hace años por emplazarse con una oferta de turismo natural con la idea de "Mar a Cordillera", con Los Nevados de Chillán como un centro de esquí y hoy de bicicletas de descenso con fama mundial, entregando una oferta muy diferente al centro del país. Hoy el Biobío, con una estrategia regional, busca desarrollar una oferta pensada, organizada y participativa gracias a instrumentos estatales como el Programa Territorial Integrado Enoturismo Biobío; por su parte, La Araucanía apuesta por su belleza natural con pequeños proyectos familiares donde el vino es un producto más de la agricultura familiar.
Sin duda, Alto Maipo tiene de los mejores vinos de Chile, tiene una reputación importante y alianzas internacionales, las cuales crearon estas marcas con visión hace años por la participación en estos proyectos de alta gama de grupos extranjeros del vino. Actualmente, estos proyectos están liderados por una camada de enólogos formados en el tránsito de milenio, entre 1990 y 2000, donde les recuerdo que se temía un colapso computacional por el cambio de milenio. Ellos vivían una revolución muy potente en las aulas de sus escuelas de agronomía; era el momento de oro para plantar viñedos y exportar cepas extranjeras, y sería el momento que permite entender lo bien posicionado que está el vino chileno en el mundo actualmente. ¿Y si uno de estos grandes elaboradores afines de los 90 entró a agronomía por una amiga que le tiró la cartilla a su pupitre por broma, para jactarse de su futuro como médico en algún liceo de Santiago, con la canción de moda en ese momento, "Sin Gamulán" de Nicole, de fondo?
Sigamos pensando que esos nuevos enólogos viajaron por el mundo para aprender. Burdeos sería la alternativa lógica, donde en 2001 sonaba "Toutes les femmes de ta vie" de L5, el grupo de chicas salido del programa Popstars que arrasó en las radios juveniles. Era furor, algo diferente a nuestras radios, sin duda; era un mundo nuevo donde salían a formarse estos enólogos. Otros, en esas fechas, partían a zonas menos conocidas para Chile, como Dijon o México, para aprender sobre este vino nuevo por venir. Sin duda, esos viajes son los cimientos del vino actual en Chile.
¿Y si el problema está dado por un cambio de ciclo en el consumo, pero en sus elaboradores también? El mercado del cambio de milenio para el que se formaron ya no existe; quizás el mercado evoluciona a tal velocidad que seguirlo con personas formadas en ese contexto se vuelve inviable. Este vértigo parece llevar esta última década al resurgir de los vinos tradicionales hacia el foco público. Son vinos casi inmóviles, una verdadera declaración de intenciones. Un ejemplo de esto es el Vin Jaune de Jura, una región montañosa del este de Francia, donde con una crianza microbiológica se logra un sabor único y fácilmente reconocible. Se considera un vino inmóvil en el tiempo desde sus cepas antiguas, elaboración, sabor, presentación y maridaje.
En el caso de Chile, los vinos del “Sur” actualmente son premiados internacionalmente con frecuencia por su sabor y originalidad, se hacen fuertes desde la idea de rescatar el “Patrimonio Vitivinícola” de estos valles olvidados durante la revolución de los 90. Son viñedos inmóviles en el tiempo, lo que los vuelve una rareza, un sabor especial y un foco de interés en esta era líquida. Por otro lado, algunos siguen bajando al Sur, sin mirar estos viñedos, en busca de nuevos sabores con cepas de clima frío bajo el brazo. ¿Y si las cepas bordelesas ya encontraron su sitio en Chile? ¿Por qué no mirar lo que había antes de ellas con la intención de encontrar vinos de fuerte arraigo?
En síntesis, el vino está transitando un proceso de cambio que no se asemeja a la época de expansión de cambio de milenio. La pregunta es si la solución se asoma o aún estamos tratando de entender el golpe. Es una búsqueda difícil si solo intentamos no ahogarnos en la tormenta de bajo consumo en los jóvenes, alza de precios de producción para Chile, presiones climáticas en las cosechas y un cambio en el tipo de consumo de alcoholes que da una relocalización de gasto que afecta principalmente el mercado de los vinos a granel masivos. Se ve migración de consumo hacia el café o en bebidas energéticas. ¿Estamos preparados como “el mundo del vino” a buscar una salida de esta crisis de consumo o solo seremos un recuerdo, algo pequeño, marginal, una anécdota bajo la cual queremos recordar las viejas glorias?
Es aquí donde “el Sur” ha vivido más de una crisis, más de un abismo, siguen ahí las plantas, las familias haciendo el vino de siempre, llegan críticos sorprendidos, bajan al “Sur” los enólogos a mirar qué pasa, nacen referentes de su territorio. Quizá desde las zonas olvidadas se puede ver un camino para superar el cambio actual. Sin duda estas palabras escritas no cambiarán mucho. Las palabras se las lleva el viendo, dicen. Aun así, espero que éstas lleguen a alguien a quien le hagan sentido. ¿Y si esta columna fuera solo una conversación de carretera entre dos generaciones mirando el mismo mundo del vino cambiante, pero uno al son de “Lamento Boliviano” de Los Enanitos Verdes y el otro al son de “Nada Fue Un Error” de Coti junto a Paulina Rubio y Julieta Venegas?
Sebastián Fuentes German, Gestor PTI Vinos del Biobío
