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En este numero:

- ¿Bastará con la educación?
- El compromiso histórico como estrategia
- ¿Socialdemocracia europea contra socialismo latinoamericano?

- Sumario completo enero de 2012





Sobre el autor

Sergio Grez Toso
Historiador, académico de la Universidad de Chile.
sergiogreztoso@gmail.com

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Página de inicio >> Enero de 2012

Chile 2012: el movimiento estudiantil en la encrucijada (en español y francés)

por  Sergio Grez Toso

El 2011 chileno se caracterizó por un renacer de las movilizaciones sociales. Un recuento parcial debe considerar entre las más significativas los paros y protestas regionales y comunales de Magallanes, Arica y Calama; las marchas contra el mega proyecto de HidroAysén, las manifestaciones a favor de los derechos de la diversidad sexual; las huelgas de los trabajadores del cobre (de empresas estatales y privadas); los paros de los empleados fiscales; las acciones del pueblo mapuche por la libertad de sus presos políticos, por la recuperación de sus tierras y por la reconquista de otros derechos conculcados; las protestas de los pobladores de Dichato damnificados por el terremoto y maremoto de 2010 y, sobre todo, el gran movimiento por la educación pública encabezado por los estudiantes de todos los niveles de la enseñanza, que durante más de seis meses conmovió al país, concitando interés en el mundo entero.

Este movimiento fue, sin duda, el de más impacto social, político y cultural. Logró muy poco, casi nada en el plano reivindicativo porque el gobierno sólo “concedió” reformas cosméticas al modelo de “educación de mercado” ya que no podía satisfacer el petitorio de los estudiantes y sus aliados, so pena de poner en riesgo todo el modelo neoliberal. Pero fue muy exitoso en términos de instalar en la opinión pública la preocupación por la educación como tema de prioridad nacional, cuestionando características esenciales del modelo imperante como el lucro, la desigualdad y el rol meramente subsidiario del Estado. Los componentes del movimiento por la educación pública, especialmente los estudiantes, contribuyeron de manera notable durante el año 2011 a delo neoliberal impuesto por la dictadura y consolidado por los gobiernos de la Concertación.

Pero su aporte no se limitó al plano de la educación, también significó una crítica implacable -a veces demoledora- de la institucionalidad y de las prácticas políticas imperantes en el Chile postdictatorial. El carácter tutelado, protegido y de baja intensidad de la democracia neoliberal chilena quedó al desnudo en muchas oportunidades. La “clase política” sin distinciones de partidos ni bloques fue sometida a la crítica más incisiva de las últimas décadas y su nivel de desaprobación ciudadana alcanzó porcentajes récords (1).

Con todo, los estudiantes no consiguieron los puntos principales de sus petitorios. La intransigencia del gobierno, que apostó a la represión, la manipulación mediática, las presiones políticas y financieras sobre los establecimientos públicos educacionales, además del cansancio y desgaste natural de estudiantes, profesores y funcionarios de la educación luego de largos meses de paros, tomas, asambleas y manifestaciones, puso término a este primer período de movilizaciones con resultados ambiguos y sentimientos encontrados de sus protagonistas.

El “empate” con el gobierno era predecible desde el momento en que fue evidente que otros actores sociales no reforzarían al movimiento por la educación pública y que éste, a pesar de las amplias simpatías que concitaba en la ciudadanía, no se traduciría en movilizaciones masivas de trabajadores ni menos en paros productivos. El fracaso del pseudo paro decretado por la cúpula de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) a fines de agosto fue un indicio claro de que los estudiantes no lograrían sumar refuerzos frescos en esa etapa. La ruptura de conversaciones entre los dirigentes estudiantiles y el gobierno ocurrida algunas semanas más tarde y el descenso escalonado de participantes en las manifestaciones luego del receso de las Fiestas Patrias, fue el anuncio del reflujo que se instaló a partir de octubre.

El repliegue: un respiro para agrupar fuerzas

Venciendo las resistencias de sus sectores maximalistas que proponían una política de “todo o nada” y de inmolación ante la intransigencia gubernamental, el movimiento estudiantil universitario inició en noviembre un repliegue que significó el término de los paros y tomas a fin de salvar el año académico, evitar el colapso de sus universidades, mantener becas y otros beneficios que estaban siendo amenazados por las medidas del Ejecutivo. En diciembre, varios colegios “emblemáticos” optaron por una línea similar que implica un respiro, la recomposición de fuerzas y la preparación para un nuevo ciclo de movilizaciones durante el año 2012.

Estas decisiones no fueron fáciles ni unánimes. Serias divisiones afloraron entre los estudiantes, entre estos y los profesores y al interior de las comunidades y estamentos involucrados. Sin embargo, los estudiantes universitarios mostraron mucha madurez en la resolución de sus conflictos internos, procediendo a renovar las directivas de sus principales federaciones en un clima de competencia regulada entre distintas corrientes políticas, de acuerdo a normas y procedimientos incuestionablemente democráticos. La decisión de continuar las movilizaciones de manera unitaria ha sido proclamada por los líderes de todos los sectores representados en las organizaciones del estudiantado universitario, independientemente de sus diferencias. El panorama es más complejo entre los secundarios ya que a las discrepancias entre sus propios referentes (como la ACES y la CONES) se ha sumado la sensación de haber sido “abandonados” por los universitarios. Y hasta comienzos del verano 2011-2012 persiste la ocupación de algunas decenas de colegios por alumnos que no tienen más perspectiva que continuar su acción “hasta las últimas consecuencias” (léase el desalojo policial).

Problemas y desafíos

Para pasar a una nueva fase de la lucha contra la educación de mercado el movimiento estudiantil necesita resolver varios problemas fundamentales.

En primer lugar, debe dotarse de un petitorio unificado que garantice la unidad de todos sus componentes, base para un proyecto educacional alternativo al actual modelo y a las reformas superficiales propuestas por el duopolio hegemónico del poder político (Coalición y Concertación).

Al mismo tiempo debe superar los peligros que lo acechan desde su derecha y desde su “izquierda”. El movimiento estudiantil debe preservar su independencia frente a los cantos de sirena que la Concertación redoblará en un año de elecciones para intentar ponerlo a su remolque y captar el capital político conquistado durante las movilizaciones (2). Sin aislarse ni pretender una quimérica construcción de “poder” de espaldas a la política real, los estudiantes deberían ser capaces de dotarse de sus propias formas de representación política que, en conjunto con otros movimientos sociales, les permitan proyectarse sobre el escenario nacional, sin descartar alianzas con referentes políticos contestatarios del actual modelo de economía y sociedad imperante en Chile. La convocatoria a una Asamblea Constituyente para proceder de manera democrática -por primera vez en la historia nacional- a la refundación de las bases de la institucionalidad, proporciona un horizonte político común para unir fuerzas y movimientos (3). Las condiciones están dadas para trabajar seriamente en esa perspectiva (4).

Pero los estudiantes también deberán hacer un serio esfuerzo por criticar, aislar y neutralizar políticamente a aquellas tendencias que surgen como excrecencias “maximalistas” en su propio seno. Los cultores de la violencia ciega, sin más sentido que el desfogue como reacción a su propia impotencia para formular propuestas y dar direccionalidad política, deben ser objeto de una severa crítica. La pirotecnia “revolucionaria” de pequeños grupos incapaces de asegurar conducción al movimiento y de ganar legítimamente representación en sus organizaciones naturales, sustituyendo la acción colectiva por los actos “heroicos” de minorías iluminadas, tiene que ser condenada por su colusión objetiva con las políticas del poder. Igualmente es necesario que el movimiento estudiantil supere aquellas visiones del “todo o nada”, incapaces de distinguir etapas en el desarrollo de un movimiento y objetivos de corto, mediano y largo plazo.

Sin atribuirse roles mesiánicos, el movimiento estudiantil puede desarrollar acciones pedagógicas de politización hacia el resto de la sociedad chilena. En buena medida ya lo hizo durante las grandes movilizaciones del año pasado. De allí la toma de conciencia ciudadana acerca de la necesidad de cambiar el injusto y catastrófico sistema educacional imperante en el país. En la nueva fase que se avecina, los estudiantes junto a los profesores y trabajadores de la educación deberían profundizar la crítica al modelo, proponer soluciones alternativas y establecer de manera muy didáctica el vínculo entre los males de la educación, el modelo económico neoliberal en su totalidad y la democracia tutelada y de baja intensidad que padece la mayoría de la población.

En este vínculo reside, precisamente, la posibilidad de tender lazos solidarios entre distintos movimientos sociales en base a plataformas convergentes en su oposición al neoliberalismo y en torno a la reivindicación de una democracia plena y sin cortapisas autoritarias. Sólo la conformación de un amplio frente de sectores sociales y políticos opuestos al modelo neoliberal y partidarios de una efectiva democracia política y social, puede aportar las fuerzas adicionales que permitan derrotar al sistema de educación de mercado, ganando también la batalla global contra el neoliberalismo.

Asumir estas tareas implica superar ciertas concepciones que de manera dispersa pero persistente se han difundido en el último tiempo. Las principales y más perniciosas de estas ideas podrían sintetizarse en las siguientes proposiciones: “Vivimos un período pre revolucionario, por ende nuestra política debe ser maximalista e intransigente. Los movimientos sociales no deben participar en el juego político institucional, tienen que construir su propio espacio de poder lejos del Estado, en lo posible ignorándolo, para concentrarse en potenciar su identidad y memoria y en el desarrollo de recursos propios. Los movimientos sociales populares (en este caso el estudiantil) sólo deben deliberar (permanentemente), concordar, imponer y no transar. Los partidos políticos no son necesarios -ni ahora ni más tarde- desde el momento en que las ‘bases ciudadanas’ ejercen su soberanía”.

Sería absurdo negar que ante el descrédito de la política “oficial” representada por los partidos insertos en el juego parlamentario de la actual democracia neoliberal, este tipo de entelequias ha encontrado cierto eco en sectores estudiantiles. No obstante su seductora retórica anti-sistema, este discurso oculta debilidades e incongruencias que es preciso develar para evitar el desarme ideológico y político de los movimientos sociales contestatarios, entre ellos el estudiantil. El enclaustramiento en quiméricos “falansterios”, cultivando una inmanente“memoria popular”, tejiendo paciente mente la tela de su micro “poder” de espalda a las mediaciones y conflictos de la política realmente existente, ignorando al Estado y las correlaciones de fuerza entre los actores sociales y políticos, es un espejismo que sólo puede sembrar derrotas y generar impotencia entre sus seguidores. Su único horizonte es la esterilidad política y el cultivo de una eterna rebeldía que no puede transformarse en poder efectivo. Para evitar ese callejón sin salida, conservando su autonomía, los movimientos sociales pueden y deben abrirse al juego de la política, procurando generar sus propios instrumentos políticos so pena de verse obligados a retirarse a las áridas tierras de la Utopía fundamentalista o a delegar en otros la representación de sus intereses.

Es altamente probable que durante el presente año las movilizaciones por la educación pública asuman formas distintas que en el 2011. Sacando lecciones de la experiencia acumulada, varios líderes estudiantiles han estimado que la estrategia basada en prolongados paros, tomas de establecimientos educacionales y marchas, si bien dio sus frutos, tuvo sus límites y no necesariamente constituirá la mejor línea de acción en los próximos meses. Aunque las marchas y manifestaciones públicas pueden seguir siendo efectivas medidas de presión, los paros de largos meses (acompañados o no de ocupaciones de establecimientos) terminaron por ser inocuos ante la decisión del gobierno de dejar que los colegios muni cipalizados y las universidades estatales se “pudrieran” como resultado de tales acciones. Peor aún, al cabo de varios meses, las tomas y paros, que habían servido para llamar la atención de la opinión pública, comenzaron a convertirse en elementos funcionales a la política gubernamental de erosión de las instituciones públicas de educación. Las tácticas corresponden a determinados momentos de la lucha, no pueden ser fetiches a los que hay que aferrarse a toda costa. El movimiento estudiantil deberá, pues, inventar otras formas de presión. Creatividad tiene de sobra.

1. Un breve análisis sobre estos temas en Sergio Grez Toso, “Un nuevo amanecer de los movimientos sociales en Chile”, en The Clinic, Nº409, Santiago, 1 de septiembre de 2011.

2. Una buena señal en este sentido la ha dado el nuevo Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), quien ha asegurado que el movimiento estudiantil no será el “comando juvenil” de la probable candidatura de Bachelet a la Presidencia de la República.

3. Una revisión histórica a los procesos constituyentes en Sergio Grez Toso, “La ausencia de un poder constituyente democrático en la historia de Chile”, en Varios autores, Asamblea Constituyente. Nueva Constitución, Santiago, Editorial Aún Creemos en los Sueños, 2009, págs. 35-58.

4. Definida acertadamente por Jaime Massardo como la “de un nuevo Chile”, “una Segunda República donde todos podamos vivir en condiciones mejores, forjando un futuro construido por todos”. Jaime Massardo, “Lecciones del movimiento estudiantil. Nace una nueva forma de hacer política”, en Le Monde Diplomatique, edición chilena, N° 121, Santiago, agosto de 2011, pág. 11.

Sergio Grez Toso Historiador, académico de la Universidad de Chile. sergiogreztoso@gmail.com

Publicado en Le Monde Diplomatique enero-febrero 2012


Traducción al francés A’LENCONTRE:

LE CHILI 2012: LE MOUVEMENT ÉTUDIANT À LA CROISÉE DES CHEMINS

Sergio Grez

L’année 2011 chilien a été caractérisée par une renaissance des mobilisations sociales. Un dénombrement partiel permet de considérer parmi les plus significatives les grèves et les mouvements de protestation à échelle régionale et communale de Magallanes, de Arica et de Calama; les marches contre le méga-projet de HydroAysen, les manifestations en faveur des droits de la diversité sexuelle; les grèves des travailleurs du cuivre (des entreprises d’Etat et privées); les grèves des employés du fisc; les actions du peuple Mapuche pour la libération de ses prisonniers politiques, pour la récupération de leurs terres et pour la reconquête d’autres droits qui ont été violés; les protestations des habitants de Dichato lésés par le tremblement de terre et le raz-de-marée de 2010, et surtout le grand mouvement pour l’éducation publique dirigé par les étudiants de tous les niveaux d’enseignement qui, pendant plus de six mois, a ébranlé le pays, suscitant de l’intérêt dans le monde entier.

C’est sans doute ce mouvement qui a eu le plus d’impact social, politique et culturel. Il n’a pas obtenu grand-chose; en fait presque rien. En effet, comme il ne pouvait satisfaire les revendications des étudiant·e·s et de leurs alliés sans mettre en danger le modèle néolibéral tout entier, le gouvernement de Miguel Juan Sebastián Piñera n’a «accordé» que des réformes cosmétiques compatibles avec le modèle de l’«éducation de marché». Mais le mouvement a eu beaucoup de succès en termes d’ancrage dans l’opinion publique de la préoccupation pour l’éducation publique en tant qu’une priorité nationale et de nécessité de remettre en question les principales caractéristiques du modèle en vigueur, tels que le profit, l’inégalité et le rôle uniquement subsidiaire de l’Etat.

Les diverses composantes du mouvement pour l’éducation publique – en particulier les étudiants – ont contribué de manière importante pendant l’année 2011 a délégitimer un des aspects du modèle néolibéral imposé par la dictature et consolidé par les gouvernements de la Concertation. Mais leur apport ne s’est pas limité au domaine de l’éducation. Il a également exprimé une critique implacable – et parfois destructrice – de la structure institutionnelle [issue de la dictature] et des pratiques politiques en vigueur dans le Chili post-dictatorial. Le caractère sous contrôle, «protégé» et de basse intensité de la démocratie néolibérale chilienne est apparu à maintes reprises dans toute sa nudité. La «classe politique», sans distinction de partis ni de blocs, a été soumise à la critique la plus incisive de ces dernières décennies et son niveau de désapprobation aux yeux des citoyens a atteint des taux records [1].

Malgré tout cela, les étudiants n’ont pas réussi à remporter les principaux points de leurs revendications. D’une part, il y a eu l’intransigeance du gouvernement qui a opté pour la répression, la manipulation médiatique, les pressions politiques et financières sur les établissements publics d’éducation. D’autre part, il y a eu aussi la fatigue et l’usure naturelle des étudiant·e·s, des enseignants et des fonctionnaires de l’éducation suite aux longs mois de grèves, d’occupations, d’assemblées et de manifestations. C’est ainsi que cette première période de mobilisations s’est terminée avec des résultats ambigus et des sentiments contrastés chez ses protagonistes.

Le «match nul» avec le gouvernement était prévisible dès le moment où il est devenu évident que d’autres acteurs sociaux ne viendraient pas prêter main-forte au mouvement pour l’éducation publique et que malgré les larges sympathies qu’il a suscité auprès des citoyens, il ne se traduirait pas par des mobilisations massives de travailleurs et encore moins par des grèves dans secteur productif. L’échec de la pseudo-grève décrétée par le sommet de la Centrale Unitaire des Travailleurs (CUT) à la fin août 2011 a été un indice clair que les étudiants ne réussiraient pas à obtenir des renforts nouveaux pendant cette nouvelle étape. La rupture des discussions entre les dirigeants étudiants et le gouvernement, quelques semaines plus tard, et la baisse graduelle de la participation aux manifestations après le recul des Fiestas Patrias [18 et 19 septembre, liées au processus de l’indépendance du début du XIXe siècle] annonçaient le reflux qui s’est concrétisé à partir d’octobre.

Le repli : un répit pour regrouper les forces

En vainquant les résistances de ses secteurs maximalistes qui proposaient une politique du «tout ou rien» et l’immolation devant l’intransigeance gouvernementale, le mouvement étudiant universitaire a commencé en novembre 2011 un repli qui a signifié la fin des grèves et des occupations afin de sauver l’année académique, d’éviter un effondrement de ses universités et de maintenir des bourses et d’autres bénéfices qui étaient menacés par les mesures du pouvoir exécutif. En décembre 2011, plusieurs institutions scolaires «emblématiques» ont opté pour une ligne analogue impliquant un répit, la recomposition de forces et la préparation en vue d’un nouveau cycle de mobilisations pour 2012.

Ces décisions n’ont été ni faciles ni unanimes. Des divisions sérieuses sont apparues parmi les étudiants, et entre ces derniers et les enseignants, ainsi qu’à l’intérieur des groupes et des classes concernées. Néanmoins les étudiants universitaires ont manifesté beaucoup de maturité pour résoudre leurs conflits internes. Ils ont procédé au renouvellement des directions de leurs principales fédérations dans un climat de «concurrence» régulée entre les différents courants politiques, en faisant appel à des normes et à des procédures indiscutablement démocratiques. La décision de poursuivre les mobilisations de manière unitaire a été proclamée par les dirigeants de tous les secteurs représentés dans les organisations estudiantines universitaires, indépendamment de leurs divergences.

Le contexte est plus complexe en ce qui concerne le secteur secondaire, puisque les divergences entre leurs propres représentants (comme la ACES – Assemblée de coordination des Lycéens du Chili – et la CONES – Coordination nationale des étudiants du secondaire) a donné l’impression qu’ils avaient été «abandonnés» par les universitaires. C’est ainsi que jusqu’au début de l’été 2011-2012 on a vu la persistance d’occupations dans quelques dizaines d’écoles du secondaire par des élèves qui n’ont d’autres perspectives que le fait de poursuivre leur action «jusqu’aux dernières conséquences» (c’est-à-dire l’expulsion par la police).

Des problèmes et des défis

Pour passer à une nouvelle phase de la lutte contre l’éducation telle qu’elle est envisagée par le marché, le mouvement étudiant a besoin de résoudre plusieurs problèmes fondamentaux.

Tout d’abord, il doit se doter d’un ensemble de revendications unifiées qui garantisse l’unité de toutes ses composantes et qui pourrait devenir la base pour un projet éducatif alternatif au modèle actuel et aux réformes superficielles proposées par le duopole hégémonique du pouvoir politique (Coalition au pouvoir et Concertation, formée par le PS et la Démocratie chrétienne).

Mais le mouvement doit, dans le même temps, surmonter les dangers qui le guettent aussi bien sur sa droite que sur sa «gauche». Le mouvement étudiant doit préserver son indépendance face aux chants de sirène que la Concertation fera entendre pendant cette année électorale pour tenter de le mettre à sa remorque et pour capter le capital politique conquis pendant les mobilisations [2]. Cela, sans s’isoler ni prétendre à une construction chimérique de «pouvoir» en tournant le dos à la politique réelle ; dès lors, les étudiants devraient être capables de se donner leurs propres formes de représentation politique qui, en lien avec d’autres mouvements sociaux, leur permettraient de se projeter sur la scène nationale sans écarter les alliances avec des représentants politiques contestataires de l’actuel modèle d’économie et de société régnant au Chili. La convocation d’une Assemblée constituante pour procéder de manière démocratique – pour la première fois dans l’histoire du pays – à la refondation des bases du système institutionnel fournit un horizon politique commun pour unir les forces et les mouvements [3]. Les conditions existent pour travailler sérieusement dans cette perspective [4].

Mais les étudiants devront également faire un sérieux effort pour critiquer, pour isoler et pour neutraliser sur le plan politique ces tendances qui surgissent telles des excroissances «maximalistes» en leur propre sein. Les adorateurs de la violence aveugle, qui n’ont d’autre but que de se défouler comme réaction à leur propre impuissance à formuler des propositions et donner une orientation politique, doivent faire l’objet d’une critique sévère. La pyrotechnie «révolutionnaire» de petits groupes incapables d’assurer une direction au mouvement et de gagner légitimement une représentation dans leurs organisations naturelles et qui substituent à l’action collective les actes «héroïques» de minorités illuminées, doit être condamnée à cause de sa collusion objective avec les politiques du pouvoir.

Il faudra également que le mouvement étudiant surmonte ces visions du «tout ou rien», incapables de distinguer les étapes dans le développement d’un mouvement et des objectifs à court, moyen et long terme. Sans s’attribuer des rôles messianiques, le mouvement étudiant peut développer des actions pédagogiques de politisation en direction du reste de la société chilienne. En grande partie, c’est ce qu’il a déjà fait au cours des grandes mobilisations de l’année dernière. D’où la prise de conscience citoyenne concernant la nécessité de changer le système éducatif injuste et catastrophique en vigueur dans le pays. Dans la nouvelle phase qui s’approche, les étudiants devront, aux côtés des enseignants et des travailleurs de l’éducation, approfondir la critique du modèle, proposer des solutions alternatives et établir de manière plus didactique le lien entre, d’une part, les maux de l’éducation et, d’autre part, le modèle économique néolibéral dans sa totalité et la démocratie sous tutelle et de basse intensité que subit la majorité de la population.

C’est en effet précisément dans ce lien que réside la possibilité de créer des alliances solidaires entre les mouvements sociaux sur la base de plateformes qui convergent dans leur opposition au néolibéralisme et autour de la revendication d’une démocratie pleine et sans entraves autoritaires. Seule la formation d’un large front de secteurs sociaux et politiques opposés au modèle néolibéral et partisans d’une démocratie politique et sociale effective peut fournir les forces supplémentaires qui permettront de renverser le système d’éducation soumis au marché, en gagnant également la bataille globale contre le néolibéralisme.

Mais pour pouvoir assumer ces tâches il sera nécessaire de surmonter certaines conceptions qui, de manière dispersée mais persistante, se sont diffusées pendant cette dernière période. Les principales et plus pernicieuses de ces idées pourraient être synthétisées dans les propositions suivantes: «Nous vivons dans une période pré-révolutionnaire, par conséquent notre politique doit être maximaliste et intransigeante. Les mouvements sociaux ne doivent pas participer au jeu politique institutionnel, ils doivent construire leur propre espace de pouvoir loin de l’Etat et si possible en lui tournant le dos, pour se concentrer dans le renforcement de leur identité et de leur mémoire et dans le développement de ressources propres. Les mouvements sociaux populaires (et dans ce cas étudiants), ils doivent seulement délibérer (en permanence), se mettre d’accord (consensus), imposer et ne pas transiger. Les partis politiques ne sont pas nécessaires – ni maintenant, ni plus tard – du moment que les «bases citoyennes» exercent leur souveraineté».

Il serait absurde de nier que devant le discrédit de la politique «officielle» représentée par les partis insérés dans le jeu parlementaire de l’actuelle démocratie néolibérale, ce type de vues de l’esprit a trouvé un certain écho dans les secteurs étudiants.

Malgré sa rhétorique anti-système séductrice, ce discours dissimule des faiblesses et des incongruités qu’il est nécessaire de dévoiler pour éviter un désarmement idéologique et politique des mouvements sociaux contestataires, dont le mouvement étudiant. L’enfermement dans de chimériques «phalanstères», en cultivant une «mémoire populaire» immanente, en tissant patiemment le tissu de son micro «pouvoir», en tournant le dos aux médiations et aux conflits de la politique réellement existante, en ignorant l’Etat et les rapports de force entre les acteurs sociaux et politiques, est un mirage qui ne peut qu’entraîner des défaites et générer de l’impuissance chez ses partisans. Son seul horizon est la stérilité politique et la culture d’une éternelle rébellion incapable de se transformer en pouvoir effectif.

Pour éviter cette voie sans issue, tout en conservant leur autonomie, les mouvements sociaux peuvent et doivent s’ouvrir au jeu de la politique, en essayant de créer leurs propres outils politiques sous peine de se voir obligés de se retirer dans les terres arides de l’Utopie fondamentaliste ou de déléguer à d’autres la représentation de leurs intérêts.

Il est hautement probable que pendant cette année les mobilisations pour l’éducation publique vont prendre des formes différentes qu’en 2011. En tirant les leçons de l’expérience accumulée, plusieurs dirigeants étudiants ont estimé que la stratégie basée dans des grèves prolongées, des occupations d’établissements scolaires et des manifestations, bien qu’elle ait donné des fruits, avait aussi des limites. Elle ne constituera pas nécessairement la meilleure ligne d’action dans les mois à venir. Même si les marches et les manifestations publiques peuvent continuer d’être des moyens de pression efficaces, les longs mois de grèves (accompagnés ou non d’occupations d’établissements) ont fini par devenir inoffensifs lorsque le gouvernement a décidé de laisser les écoles municipalisées et les universités d’Etat «pourrir» suite à ces actions.

Pire encore, au bout de plusieurs mois les occupations et les grèves qui avaient servi à attirer l’attention de l’opinion publique ont commencé à devenir des éléments fonctionnels de la politique gouvernementale d’érosion des institutions publiques d’éducation. Les tactiques correspondent à des moments précis de la lutte, elles ne peuvent pas devenir des fétiches auxquels il faut s’agripper à tout prix. Le mouvement étudiant devra donc inventer d’autres formes de pression. Il a bien assez de créativité pour cela. (Traduction A l’Encontre)

Sergio Grez Toso, historien, coordinateur du doctorat en Histoire, Université du Chili.


1. Une brève analyse sur ces thèmes dans Sergio Grez Toso, «Un nuevo amanecer de los movimientos sociales en Chile», dans The Clinic, N° 409, Santiago, 1er septembre 2011.

2. Un bon signe dans ce sens a été donné par le nouveau Président de la Fédération des Etudiants de l’Université du Chili (FECH) qui a assuré que le mouvement étudiant ne sera pas le «commando jeune» de la probable candidature de Bachelet (Parti socialiste) à la présidence de la République.

3. Une révision historique des processus constituants dans Sergio Grez Toso, «La ausencia de un poder constituyente democrático en la historia de Chile», dans Varios autores, Asamblea Constituyente. Nueva Constitución, Santiago, éditions Aún Creemos en los Sueños, 2009, pages 35-58.

4. Définie avec justesse par Jaime Massardo comme étant celle d’un «nouveau Chili», une «deuxième République où nous pourrons tous vivre dans de meilleures conditions en forgeant un avenir construit par tous». Jaime Massardo, «Lecciones del movimiento estudiantil. Nace una nueva forma de hacer política», dans Le Monde Diplomatique, édition chilienne, N° 121, Santiago, août 2011, page 11.

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