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El Papa: crónica de un asesinato anunciado. Por Luis Sepúlveda

(Artículo de Luis Sepúlveda escrito hace un año, el 19 de febrero de 2012, y publicado en www.lemondediplomatique.cl)

Aunque representante de Dios en la Tierra, Joseph Ratzinger es en realidad un hombre enfermo a punto de cumplir 85 años. En expresión de L’Osservatore Romano, “un pastor rodeado por lobos”.

Los cardenales de la iglesia católica, apostólica y romana, solían dirimir sus diferencias a puñaladas o mediante poderosos venenos que manos anónimas metían en las papillas de los ancianos pontífices. Esto se llama tradición eclesiástica y la verdad es que no se debería perder, pero la iglesia católica también se ha modernizado en este aspecto y, aunque la mayoría de los prelados siguen siendo unos fervorosos practicantes de la pedofilia, para eliminar al Papa molesto se han empezado a valer de métodos más sofisticados.

A Karol Wojtyla, pésimo dramaturgo, peor poeta, actor detestable según sus antiguos compañeros de Cracovia, y Papa mediocre (no olvidemos que su único milagro consistió en curar el mal de Parkinson a una monja anónima e invisible), la curia empezó a asesinarlo mediante el “síndrome del endeudado”. El Papa polaco no entendía los negocios de El Vaticano S.A., y el obispo Marzinkus se encargó de pintarle un panorama horrendo para la cristiandad y para su mismísima santidad, si se atrevía a tocarle los sacros escrotos al Banco Ambrosiano. Presa del pánico, el anciano polaco deambulaba apagando luces en la capilla Sixtina o en la iglesia de San Pedro, mientras el obispo Marzinkus y los sicarios de la “Logia P-2” colgaban de un puente londinense a Lucio Geli, el último director del Banco Ambrosiano.

Ahora, al parecer la curia se ha decidido por adelantar paulatinamente la muerte de Benedicto XVI, en una práctica mafiosa de avisos que nos recuerdan la película “El Padrino”. El arzobispo Carlo Maria Vigano, nuncio del Vaticano en los Estados Unidos, divulgó en un programa de televisión una carta en la que advertía al Papa sobre diversos casos de corrupción en El Vaticano, y le pedía que no lo removiera del puesto de secretario general del “governatorato”, el departamento que se encarga de las compras y licitaciones de todo el Estado Vaticano, territorio muy apto para toda clase de chanchullos, y más aún en una empresa cono El Vaticano S.A. regida por una jerarquía tan obsoleta como odiosa. La carta del arzobispo Vigano concluye en una serie de advertencias sobre un complot destinado a dejar solo al anciano Papa alemán, alejando de él por diferentes medios a todos sus hombres de confianza. Y Vigano fue alejado del entorno papal. Desde su nunciatura en los Estados Unidos advierte al mundo que el fin del Papa Ratzinger puede estar muy cerca.

Para dar fuerza a la teoría del complot, el periódico Il Fatto Quotidiano publicó una carta muy reciente enviada al Papa por el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, y en esa misiva el prelado colombiano se desgañita hablando mal del cardenal Paolo Romeo, arzobispo de Palermo (Sicilia). Según el cardenal colombiano, el arzobispo palermitano ridiculiza constantemente al Papa; critica con acidez su estilo desaliñado de llevar la mitra, el efecto pernicioso que provoca entre los fieles verlo arrastrar el báculo, o que tiene los dedos tan flacos que a veces al anillo papal se ve como una pulsera. Y no contento con sus chivatazos sobre temas domésticos, el cardenal colombiano asegura que, durante una visita que el arzobispo de Palermo hizo a China, en una cena muy regada se convirtió en el alma de la fiesta al revelar secretos Vaticanos a sus anfitriones del Partido Comunista.

Entre brindis con vino de arroz y buen whisky irlandés made in China, al arzobispo palermitano contó que el Papa y su número dos, el cardenal Tarciso Bertone, se insultan antes de saludarse, sus madres salen a colación en cualquier tema que tratan, y se acusan de llevar las sotanas sin el debido recato que sus cargos imponen. Los anfitriones del Partido Comunista chino quisieron saber de dónde venía esa sacra bronca, y llenaron una vez más el vaso del arzobispo de Palermo para que siguiera hablando.

Según el achispado arzobispo palermitano, todo nació el día en que el cardenal Tarcisio Bertone comentó en voz alta que, según la progresión matemática de los cargos eclesiásticos, al número dos le esperaba ser alguna vez el número uno. La respuesta de Ratzinger fue: “ruhe du verdammte Hexe” (calla bruja maldita), detalle en alemán que, una vez traducido al chino, causó la hilaridad general de los asistentes.

Entre hipos de alcohol y eructos cargados de ajo, el arzobispo palermitano hizo dos anuncios que enmudecieron a todos. El primero; que Rantzinger, consciente de su cercana muerte, natural o provocada, ya tenía todo atado para que el próximo Papa fuera el actual arzobispo de Milán ,el cardenal Angelo Scola y, segundo; que el Papa Benedicto XVI moriría antes de 12 meses.

La carta de advertencia remitida por el cardenal colombiano al Papa, termina indicando que todo lo denunciado llegó a sus oídos gracias a dos curas jóvenes que despechados por no habérseles permitido unos días de retiro espiritual en un orfanato de Pekín, habían decidido contar a Dan Brown todo lo que dijera el arzobispo palermitano, pero que ante la negativa del escritor en cuanto a compartir los derechos de autor de “El Código Da Vinci II”, prefirieron finalmente confiar en su andina santidad a cambio de unos gramitos de farlopa, petición que, como es habitual en la iglesia, él se negó a satisfacer.

Luis Sepúlveda

19 de febrero de 2012

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