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El futuro lo cambian quienes no se acomodan ni se venden. Por Enrique Villanueva

La derecha y la vieja concertación se atrincheran, ambos comparten el temor por los cambios, los grandes socios en el mantenimiento del modelo neoliberal, sienten que se les empieza a mover el piso y que el ciclo político perverso de “la democracia de los acuerdos y de la justicia de lo posible” llega a su fin, agujereada tambien, por el vinculo de varios de sus principales protagonistas con la corrupción y el cohecho. Mas que lo viejo, lo podrido, empieza a morir, eso es cierto, pero aun falta un trecho largo para que eso permita cambios económicos profundos, la irrupción de nuevas caras y fuerzas, Frente Amplio, al escenario político es un gran estimulo para seguir avanzando.

Pero la política no se hace en el vacío, la posibilidad de avanzar hacia cambios a favor del pueblo, de las mayorías, esta siempre condicionada por la capacidad de organizarse con objetivos propios y por un contexto histórico y político, el que se transforma hoy en una disyuntiva. Esta vez hemos llegado a un punto en el cual quedamos entre dos opciones, seguir avanzando a partir de las reformas logradas en el ultimo tiempo o, aceptar el retroceso de lo obrado, con la derecha, hoy mas radicalizada y nuevamente en el poder.

Resolver esto implica reconocer que la política es el ejercicio de la practica, no es una construcción abstracta, por el contrario influye en la vida de las personas. Por lo que, una definición política que puede ser válida en el pensamiento especulativo, abstracto, también puede llegar a confundir en su vinculo con la practica y restar fuerzas.

Así entonces no da lo mismo quien gobierne a Chile en los próximos cuatro años, es un absurdo poner al mismo nivel, aun con los desacuerdos por lo que este representa, a Guillier, con el candidato símbolo del abuso del poder, de la corrupción y de una derecha especuladora, que se empieza a arropar con las reminiscencias militaristas del pasado.

Ante este nuevo escenario la exigencia es ser claros y consecuentes, los chilenos y chilenas estamos cansados de ambigüedades, de ver y sentir como en política se nos dice una cosa para luego hacer otra a nuestras espaldas. Por eso, ya no queremos mas partidos ni dirigentes políticos bisagras, que con sus discursos de realismo político, de renovación y con sus actitudes, solo aceitan la maquinaria del poder, la política requiere ahora de una conexión directa entre el discurso y la practica, con claridad y sin confusiones.

El escenario político se movió hacia la izquierda, junto con ello la derecha se ha radicalizado, su ideología neoliberal ha sido tocada y puesta en cuestionamiento por la mayoría de los chilenos y chilenas. El justo reclamo en contra de las AFP, la gratuidad y el fin de la educación de mercado, por una nueva constitución abrió un camino. Pero las contradicciones mas profundas entre el capital en manos de unos pocos y la precariedad del trabajo, de los derechos sociales, la estructura de la propiedad y la organización del poder económico, eso empieza ahora.

Las causas de los problemas que tenemos los chilenos y chilenas, radica en el abusivo poder financiero y de la banca sobre nuestras vidas, en la propiedad de las riquezas naturales, del cobre, del litio y otros minerales, en el potencial energético, del agua, de nuestra superficie agrícola. En las capacidades técnicas y de educación que se obstaculizan por un sistema especulador y generador de desigualdades, es el poder al cual la derecha defiende y al cual no va a renunciar voluntariamente.

Por eso entonces es necesario repetir, que hoy no da lo mismo quien gobierne, la cuestión principal hoy, es derrotar al enemigo principal que es la derecha y continuar el camino de las reformas. Es el primer paso para unirse en torno a un programa político que represente el sentir del país, para cambiar las cosas, terminar con la institucionalidad política que sustenta un sistema económico abusivo, es un programa aun por diseñar.

Para quienes quieran proyectarse en el gobierno mañana o en cuatro años mas o ser oposición en el futuro, hay un punto de encuentro, es el escenario político que tenemos enfrente, con la derecha y el oportunismo aun enquistado en el parlamento, lo que requiere de revitalizar y organizar la energía cívica y social en la calle.

Esto exige responsabilidad a la dirigencia política actual y a la emergente, para establecer la agenda de prioridades y proyectar con sentido estratégico sus propuestas, mas allá del horizonte restringido de los cuatro años que dura el periodo presidencial. Sin tomar en cuenta este factor simplemente se caminara por el populismo, incentivando el entusiasmo popular pero a sabiendas que poco de lo prometido es posible cumplir.

El camino a recorrer no es simple, junto con los deseos de avanzar, es de esperar una fuerte resistencia al avance, que cada uno por su cuenta y sin unidad será difícil de vencer, los duros intereses económicos que están detrás de todo el sistema actual, son transversales. Aquí nos enfrentamos al modelo económico pero también, al autoritarismo del pensamiento conservador, que hasta ahora encuentra en la arquitectura de la institucionalidad vigente, los cauces necesarios para seguir proyectándose sobre la cultura política chilena.

La derecha ya leyó la realidad y siguiendo con su tradición conservadora, planea la estrategia a seguir, con su conocida visión apocalíptica, su propuesta es la de siempre, si ellos no gobiernan nadie lo puede hacer. En esta situación reflotaran la "amenaza comunista”, su principal y desgastado caballito de batalla, intentando con esto asegurar además, la simpatía del mando militar y la omnipotencia de los dogmas religiosos. En todo caso ya no tienen el piso político que les dio la Concertación, con dirigentes que actuaban con un doble discurso, validando la continuidad del sistema, amparándose en la credibilidad que se auto endosaron después de la derrota de la dictadura. Eso les permitió camuflarse bajo el rotulo mentiroso de Centro Derecha.

El Chile neoliberal actual esta constituido por una sociedad clasista dura y excluyente, dividida como lo escribió Marx en su manifiesto en 1818, “en una serie de estamentos, dentro de cada uno de los cuales reina, a su vez, una nueva jerarquía social de grados y posiciones”. Y es así, porque nuestra sociedad fue construida como la sociedad modelo del neoliberalismo moderno, creando nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, pero también nuevas modalidades de lucha, que debemos saber interpretar y que han venido a sustituir a las antiguas.

Así están las cosas, por eso es que los vientos nuevos son bien venidos y estamos contentos de percibir el inicio de un ciclo político de cambios, las ideas que nutren su ideario empiezan a dibujarse en el horizonte. Cambios importantes, que han cuestionado todo lo que la derecha hizo para exterminar un pensamiento de izquierda, de progreso, que incentiva el cambio social profundo. Vuelve Salvador Allende, a repetirles lo que les dijo el día que lo asesinaron, que “no se detienen los procesos sociales ni con el crimen, ni con la fuerza”.

Para otros, la izquierda, la reflexión sobre su papel en la lucha anticapitalista, hoy en contra del modelo neoliberal, exige nuevas visiones y nuevas capacidades para entender lo que estamos viviendo, con unidad, sin dogmas y con capacidad de mirar hacia el futuro. Tampoco se trata solo de sentirse herederos de las herencias de la historia del movimiento social y revolucionario, a beneficio de inventario, eludiendo las deudas del pasado, solamente para recibir el haber del presente.

El desafío va mas allá del diagnostico, el país siempre contó con un pensamiento de izquierda con vocación de poder, para avanzar en cambios para su condición de vida y bienestar. Un desafío que requiere de la unidad política, viejo problema pero que no es una utopía. La izquierda tiene que terminar de organizarse, formando parte de una identidad plural, acorde con los tiempos actuales, una identidad que surja de su tradición histórica y de la necesaria apertura a las nuevas realidades, lo que a mi entender implica asumir los nuevos símbolos que representan un mundo distinto al que vivimos en las décadas pasadas.

El replantearnos desde los ideales solidarios de la izquierda, con honradez y transparencia, recuperando la vocación de poder, es el único camino hacia la validación de nuestros argumentos, los que sin lugar a dudas son justos e indispensables en esta hora de lucha y dignidad.

Por ultimo, la izquierda chilena, los héroes que murieron por este país por su libertad, nos legaron que el futuro lo cambian quienes no se acomodan, que repudian la injusticia y que pelean sin de dejar de soñar. Estamos convencidos que la verdadera emancipación de la esclavitud capitalista moderna, exige de nosotros una mirada honesta, con valores que por su legitimidad y aceptación construyan el futuro.

Enrique Villanueva M

 
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