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En este numero:

- La única certeza es que estamos indignados por Marco Silva Cornejo
- Festival Internacional de Cine de Iquique 2016
- Una insoportable resistencia Presentación de libro de José Bengoa: Mapuche, colonos y el Estado nacional. Por María Emilia Tijoux

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El mineral de la muerte. Por Alicia Gariazzo

En Chile ignoramos lo que pasa en el mundo, bombardeados con la propaganda de las ocho familias dueñas del país que a través de sus medios de comunicación nos llenan de banalidades y estupideces. Gracias a las redes alternativas y una u otra noticia que se les escapa, apenas podemos enterarnos de lo que pasa en nuestro país. Jamás de otros mundos y otras realidades más crueles que la nuestra.

Sabemos que todo el desarrollo económico actual se basa en la industria digital, pero no sabemos que en ella es básico el coltán, mineral no renovable mezcla de columbita y tantalita, que se da muy escasamente en la naturaleza. De ellos se extraen el tantalio y el niobio, utilizados en distintas industrias de aparatos eléctricos. El coltán es imprescindible para la industria aeroespacial, las telecomunicaciones, los ordenadores portátiles, celulares, videojuegos, satélites, estaciones, vehículos espaciales, misiles, armas inteligentes, aceleradores de partículas, trenes magnéticos, baterías y aleación del acero para oleoductos. Por su superconductividad y carácter ultrarrefractario, almacena carga eléctrica temporal y la libera cuando se necesita. Tiene alta resistencia a la corrosión y a la alteración, que lo hacen idóneo como material privilegiado para el uso extraterrestre en la Estación Espacial Internacional y, por supuesto, en futuras plataformas y bases espaciales. Sin coltán no tendríamos la tecnología de hoy, ni siquiera los celulares sin los cuales ya no podemos vivir.

Si no investigamos en Internet o leemos literatura especializada, tampoco podemos saber que el 80% de las reservas de coltán, se encuentran en la República del Congo y que este es extraído en minas a cielo abierto por niños de ocho a quince años a los que les pagan 25 centavos de euro diarios, si es que les pagan. Por término medio un trabajador congoleño cobra 10 dólares mensuales en otros trabajos, mientras en las minas, si saca un kilo de coltán al día, puede llegar hasta a 50 dólares semanales. El mineral llega a más de 500 dólares el kilo, así que no es rentable trabajar en agricultura o ganadería, lo que hace a los jóvenes abandonar la agricultura y la ganadería para ser explotados en las minas.

Por el coltán, como antes por el oro y los diamantes, las multinacionales han impulsado por años luchas fratricidas en la zona, donde solo entre 1998 y 2007 murieron 5,4 millones de congoleños[1] invadidos por Rwanda y Uganda. Luego China ofreció explotar los yacimientos ofreciendo entregar al país el 30% de las ganancias, lo que generó un levantamiento guerrillero y una cuasi guerra civil. La ONU ha afirmado que la guerra civil es dirigida por «ejércitos de empresas» para hacerse con los metales de la zona, acusando directamente a Anglo-América, De Beers, Standard Chartered Bank y cien corporaciones más. Miles de toneladas de coltán salen del país ilegalmente sin que su Estado reciba un peso, ya que la mayor parte es extraída por contrabandistas y soldados de diversas banderas en distintas partes del país. El ejército rwandés, por ejemplo, transporta el coltán a su país, donde lo trata y purifica en la Sociedad Minera de Rwanda, antes de ser exportado a Europa y Estados Unidos. Con esto Rwanda exporta al menos la mitad del mineral que llega a los mercados internacionales con la etiqueta “Made in Rwanda”, de acuerdo con cálculos citados por el experto en el Congo Michel Nest en su obra “Coltan”. El presidente de Rwanda, Paul Kagame, niega que el coltán exportado por su país proceda del Congo, pero un dato ofrecido por la organización independiente, The Enough Project, crea la duda. Analizando las cifras del propio Gobierno rwandés, la organización descubrió que mientras la producción nacional de minerales había aumentado el 22% entre 2010 y 2011, las exportaciones se habían incrementado en un 62%.[2]

En 2012, un informe confidencial de un panel de expertos de Naciones Unidas sobre el conflicto en el Congo apuntó una vez más a que Rwanda ha financiado y proporcionado hombres, entrenamiento y armas a varios de los más de 40 grupos armados activos en los congoleños Kivu Norte y Kivu Sur, de los que algunos, como el oficialmente disuelto M-23, están acusados de crímenes de guerra contra la humanidad y de saquear el maná del coltán. En las montañas del parque Nacional Kakuzi Biega, donde se extrae el mineral, se han exterminado además cientos de gorilas en peligro de extinción, perdiéndose para siempre poblaciones muy importantes para su supervivencia. Para declarar a dicha zona como Parque Nacional, se expulsó a las tribus indígenas que lo habitaban, abandonándolas a su suerte. Los niños mueren de enfermedades y malnutrición cada día porque carecen de hospitales. Miles de civiles han huido al interior de la selva, donde se enfrentan al hambre y a las enfermedades. Otros miles acabaron con sus manos mutiladas, violaciones a menores y hasta la incalificable aberración de obligar a padres a cometer canibalismo con sus propios hijos una vez asesinados.

Mercenarios extranjeros alimentan los frentes en guerra con el negocio de las armas, obteniendo metales en pago. Muchos de los mercenarios son pagados por empresas del mundo civilizado, el mismo que utiliza las materias primas y que se horroriza de las matanzas, mandando a los cascos azules, que también hacen sus propias fechorías como violar a mujeres y niñas. Más aún, países occidentales siguieron ayudando a Uganda y Rwanda, los invasores de la República del Congo, tanto militarmente como a través de cuantiosas “ayudas para el desarrollo”. La agencia de ayuda británica (DFID) anunció en septiembre del año 2000 un préstamo de 95 millones de dólares sobre un periodo de tres años para ayudar al Gobierno rwandés. Hace unos diez años, HBO, presentó un documental sobre la situación en la República del Congo, debido al coltán, pero la película se concentró en la situación de la mujer. Describió con datos y grabaciones fidedignas que los hombres de ambos bandos violaban a las mujeres de todas las edades, incluso finalizaban sus actos con bayonetas, porque eso “les daba vida y fuerza para la guerra”. Las mujeres violadas luego de haberlo sido, eran rechazadas por sus comunidades y expulsadas a la selva donde en caso de embarazo debían parir o morir solas.

Se necesitarían más de dos páginas y un análisis más profundo y serio que este que me permito, para relatar la crueldad que viven miles de inocentes en la República del Congo, pero lo que es claro es que el coltán se produce en un 80% en dicha República y que este país, produciendo un mineral imprescindible para el mundo actual, sigue siendo más pobre que nunca.

Diversos ONG y organizaciones de ayuda humanitaria han exigido que las minas de coltán sean controladas, que solo se acepten las legalizadas y que en estas se respeten los derechos laborales y humanos, sin embargo gran parte de estas funcionan en la ilegalidad para poder continuar con el avasallamiento y el robo de un mineral que se va a acabar. Así como muchos chilenos defendemos al medio ambiente, a los animales, muchos jóvenes se desviven por los perritos callejeros abandonados, ¿por qué no podríamos exigir a las empresas dueñas de la industria digital que muestren la situación de las minas donde obtienen el coltán? ¿Por qué no nos informamos, mejor de lo que lo estoy haciendo yo ahora y denunciamos las aberraciones que se han hecho contra los congoleños? ¿Por qué las mujeres no solidarizamos con las mujeres que viven en el Congo?

La lucha del siglo XXI, será la lucha contra la crueldad, esté donde esté.

[1]International Rescue Committee

[2]Ver diversas notas sobre El Mineral de la Muerte en Internet.

 
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